Más lecciones de democracia de Twitter

Ahora que ya ha pasado un montón de tiempo (en términos de Twitter y tal, claro), voy a opinar sobre lo que ha pasado con las declaraciones de Fernando Trueba. No con las declaraciones en sí, porque son irrelevantes, sino con lo que vino después.

Mirad el rostro del enemigo. Foto de Txema Rodríguez (pincha para ver la web)
Mirad el rostro del enemigo. Foto de Txema Rodríguez (pincha para ver la web)

Trueba ha dicho que tiene 58 años y está hasta los huevos de que existan James Bond, Spiderman y héroes así. Y que el cine está tomado por la imbecilidad. Y que a él lo que le gustan son las comedias como las que hace él. Normal, claro, por eso las hace.

Ahora viene la reacción, que ha sido (por lo que he visto en Twitter) bastante vitriólica. Pero mucho. Cientos y cientos de miles de tweets rabiosos echando espumarajos porque un tipo ha dado su opinión. Me apena ver a amigos míos cacareando con la masa, pero tampoco me hago ilusiones sobre lo que nos gusta a todos un buen linchamiento.

Yo creo que la de Trueba es una opinión errónea y absurda, pero lo que me fascina el nivel de agresividad de la gente, como si Trueba les estuviera hablando directamente a ellos. O como si las productoras de Hollywood fueran a prestarle atención y dejar de hacer la próxima secuela de lo que sea. Lo entiendo, élites intelectuales de Twitter, a veces es difícil saber a quién está hablando, pero aún así. Hala, ya he hecho el chiste de bizcos, ¿soy una twitstar ya? Ah no, que no he mencionado el Samsung Jandemorer y tal. No estoy al día.

Twitter es un sitio donde a la peña se le llena la boca hablando de democracia y cosas similares, pero donde el que alguien exprese una opinión contraria a la tuya sólo merece que le insultes, le desees la muerte, te burles de su producción cinematográfica, y de la madre que lo parió. O le llames bizco. Todo porque ha dicho que Spiderman o James Bond le parecen una imbecilidad. EL DRAMA.

Mi compadre Otis B. Driftwood, que es un ejemplo de mesura, explica su pose de un modo razonable (copio y pego varios tweets, porque Twitter no vale para tener una conversación, ni los que estamos ahí queremos tener una, igualmente):

A mí me parece de puta madre que no le gusten ciertos personajes. ¿Pero es necesario decir que son gilipollas? ¿O sólo vamos a criticar a Pérez Reverte el postureo? No sé, igual soy yo, a mí no me gustan películas del tipo Crepúsculo (por ejemplo) y no se me ocurre despreciarlas.

Sin embargo, no estoy de acuerdo. Aparte, no sé a qué se refiere con Pérez-Reverte, pero eso da igual.

Para él es necesario decir que son gilipollas, porque esa y no otra es su opinión. Y si en vez de decir que son películas gilipollas dice que son películas livianas de poca profundidad entonces está mintiendo. Está censurando su propia opinión para que la tontocracia de Internet no le desuelle. Eso sí que es terrible, y no que un señor exprese libremente su propia opinión.

A mi me gusta mucho mucho el cine de acción, el cine fantástico, y soy un fan irredento de James Bond. No puedo, sin embargo, concebir el irritarme porque un señor exprese que a él esas cosas le parecen una gilipollez. Es su opinión. No pasa nada. ¿O es que resulta que la libertad de expresión sólo está bien para los que opinan como nosotros? 

Para el típico nerd con presencia en Internet, así es, parece. Por supuesto, en todo hay honrosas excepciones.

Si de verdad te crees lo que predicas, entonces las únicas reacciones democráticas posibles ante una afirmación como la que hace Trueba son:

  1. Asentir, encogerse de hombros ante una opinión diferente a la tuya, y aceptar alegremente que hay gente con gustos diferentes a los tuyos sin que tu autoestima sufra por ello.
  2. Si le tienes delante y te interesa de verdad, pedirle que te explique por qué opina eso. A continuación, aplicar el punto 1.

Llevo mucho tiempo diciendo que, a pesar de mis hobbies, los frikis me parecen profundamente pesados porque es un colectivo que, ahora que está empezando a marcar tendencias, ha visto disparados sus niveles de narcisismo (qué pesado soy, ¿eh?) hasta niveles insufribles. Particularmente uno de los dos sexos, pero eso es pan para otra tostada. Con lo de marcar tendencia en realidad lo que ha pasado es que las grandes corporaciones del entretenimiento se han dado cuenta de que la mayoría de los frikis son gente muy dispuesta a gastar dinero en polladas que, a menudo, tienen una calidad ínfima, en tanto que salga su muñeco / personaje de vídeojuego / cómic / lo que sea favorito, y que sí, luego mucho llorar por Internet pero a la siguiente secuela van igualmente. Que se lo digan a George Lucas. O a los que están haciendo la precuela de Watchmen.

Ahora el colectivo friki se cree con el derecho de erigirse en censores y en jueces, dispuestos a descargar su inútil e impotente rabia sobre alguien que se atreva a decir que sus iconos son, en muchos casos, una gilipollez. Porque lo son. Son gilipolleces que nos encantan, pero vamos a ser serios.

E igual que nosotros no tenemos por qué defender ni justificar que nos gusten las pelis de acción o de súperheroes o de cualquier tipo, Trueba no tiene por qué defender ni justificar que a él le parezcan gilipolleces. Es una opinión, y ya.

Me pregunto qué clase de autoestima es necesario tener para que la opinión de un director que tiene cero impacto sobre tu vida en modo alguno y cuyas películas probablemente no ves, de todos modos, te provoque una reacción así. Aquí hay tema para otro post.

Visto en Facebook. Ah, la ironía.
Visto en Facebook. Ah, la ironía.