Del propósito de los trastornos mentales.

Gracias a la estupenda página de Facebook Objetividad y Psicología (1), que no puedo recomendar lo suficiente, encuentro este maravilloso texto:

“Yo no creo que el problema psicológico sea un intento de adaptación sin éxito al medio; por el contrario, es un intento exitoso de adaptación. Lo que ocurre es que el objetivo a corto plazo de esa conducta funcional no coincide con el objetivo a largo plazo. Es imposible pensar que una persona tiene depresión y no ha conseguido adaptarse al medio durante 30 años, eso es absurdo. Se ha adaptado, y se ha adaptado con conducta depresiva; la depresión es una adaptación. Esto es así: el problema psicológico es un problema de adaptación que choca con lo que espera el contexto de esa persona [amigos, pareja, esposos, etcétera] o que choca con los objetivos a largo plazo que tiene esa persona. Cuando una persona se siente en depresión y se queda acostada en la cama, su conducta es completamente adaptativa a corto plazo.”

María Xesús Froján Parga, 2013.

A la hora de definir los problemas psicológicos, hoy nos encontramos entre dos propuestas. La primera es el modelo biomédico, que considera que los trastornos mentales son enfermedades, esto es, tienen una causación biológica, sea una alteración estructural en el cerebro o bien un desequilibrio en los neurotransmisores del mismo, o similar, y que por tanto se puede y debe tratar con intervenciones médicas, habitualmente psicofármacos, pero pudiendo usarse también psicocirugía o terapia electroconvulsiva y otros procedimientos.

¿El problema? A día de hoy no tenemos un sólo marcador biológico para los trastornos mentales. Las causas biológicas, si existen, no se conocen, ni se han encontrado. No hay resultados en análisis, neuroimágenes, autopsias, EEG, nada, que nos diga si hay una causa biológica para los problemas de conducta. Quizá la haya, quizá no, pero a día de hoy no se puede afirmar de manera tajante que tal cosa es así.

Por el otro lado se oponía el modelo biopsicosocial, que postulaba que no sólo las causas biológicas podrían causar el trastorno mental, sino que podía haber factores de aprendizaje o del entorno social del paciente en la raíz de los problemas de conducta. Esto es, que un trastorno mental no implica que pase nada en el organismo del paciente en términos de desviación, sino que puede ser el resultado de la interacción del organismo con su entorno. Numerosas intervenciones se engloban en este modelo, con más o menos apoyo empírico, así como muchas pseudoterapias.

En este momento, las terapias de más reciente aparición y que están recabando más evidencia y mayores apoyos son las terapias contextuales, un cuerpo de procedimientos terapéuticos provenientes en su mayor parte de la terapia y modificación de conducta, que se basan en el contextualismo funcional. Desde esta posición filosófica, se considera la conducta de las personas en su contexto y no de forma aislada o fraccionada. Para ello, se pone el foco en la función que cualquier evento llega a adquirir. Esto incluye la función que la propia conducta tiene para otras conductas, y la función que genera por el significado o contexto general en el que se ubique. O sea, ¿para qué sirve esta conducta? Además, no se busca sólo poder predecir el comportamiento, sino también influir en él, usando los conocimientos que tenemos sobre las  leyes que gobiernan la conducta humana (porque, en efecto, la conducta humana está gobernada por las mismas leyes que la del resto de organismos y animales, no somos especiales). Dicho de otra forma, se pretende identificar los determinantes y efectos de la conducta para ser mucho más efectivos en la intervención que se requiera.

Y esa es para mí la clave de todo esto. Una persona tiene una depresión, o desarrolla un problema de ansiedad, por una razón. Y esa razón es útil en un momento dado, a corto plazo, pero luego se vuelve insostenible y por eso acaba por ser un problema. Cuando el paciente viene a consulta, la meta no es desenterrar las “causas subyacentes” porque no hay tales cosas, eso es excusa de psicoanalistas y farsantes, lo que ocurre es que una respuesta que el paciente da a su entorno ha dejado de ser útil, y el paciente necesita adquirir habilidades y conductas nuevas para afrontar lo que su entorno demanda. Y ya está. Y nuestro trabajo es ver por qué el paciente hace lo que hace, y enseñarle a hacer otras cosas. Y eso es lo que hacemos en la terapia cognitiva con la conducta verbal del paciente, eso es lo que hacemos con la activación conductual, o en la terapia de aceptación al compromiso. “Cuando estés en esta situación, en vez de hacer esto, haz esto otro.”

La terapia es, simplemente, aprender nuevas conductas. Todo lo demás es cuento.