En realidad sí que lo sabíamos

En realidad, sí que te avisan de todo.

Cuando tienes un bebé hay muchas cosas que no sabes, y que nadie te cuenta. Pero eso no importa. En realidad, todo el mundo te ha avisado de lo importante, y lo sabes. Lo llevas en la sangre, y tras el choque inicial y a pesar de los momentos puntuales de sorpresa o desesperación (¿qué te pasa, por qué sufres, dime qué es y haré lo que sea, lo que sea, por arreglarlo), en realidad es cada vez más fácil. Estamos -la mayoría, la aplastante mayoría-, hechos para ello.

No sé si fuimos demasiado conservadores al ponerte tu nombre, porque es un nombre cómodo, el nombre de la madre de tu madre, y el de una de las mejores amigas que tenemos, un nombre fácil de pronunciar y hermoso, en cualquier idioma. Quizá me preocupaba el que tu nombre no tuviera suficiente destino, porque cuando te crías a base de la literatura que yo he mamado, esas cosas, como el nombre, importan. No tienes un segundo nombre, o una inicial graciosa (como Q) que haga que la gente te pregunte qué significa. Que te añada un destino adicional.

Y querría que estuvieses armada con todo aquello que pudiéramos darte, porque tu madre y yo te hemos gastado una broma: te hemos traído a un mundo donde, en general, siempre es bueno tener un as en la manga, alguna clase de hoja oculta. En nuestra defensa, hija mía, te diré que este es el único mundo al que podíamos traerte. Para bien o para mal, es lo que es.

Y estás viva, y bien, y eso es cuanto importa. Ojalá pueda llegar a ser digno de ti.

Mira bien a tu alrededor, que hay grandes maravillas y grandes peligros.
Mira bien a tu alrededor, que hay grandes maravillas y grandes peligros.