Porque Begoña me lo pidió: Tim Ferriss y por qué los geeks tienen la culpa de todo.

Esta chica tan guapa es Begoña Martínez. Pincha en el enlace para saber más acerca de en qué trabaja y por qué tienes que llamarla si necesitas traducir algo, garrulo/a:

Begoña o @Minibego, según donde preguntes.

El caso es que esta chica y yo, que nos conocemos – poco – por una amiga común, tenemos aficiones literarias similares, y los dos estamos en Goodreads, que es un sitio muy majo para compartir qué libros te gustan, obtener recomendaciones sobre libros, y cosas así. Es, de hecho, la única red social que a día de hoy no me produce orquitis a los 15 minutos de estar en ella, ni me da gana de guantear a mis amigos en ella.

Begoña leyó un libro de un gurú de esto del lifehacking llamado Tim Ferriss, y lo odió. Yo he leído ese libro y le he dado 5 estrellas. El libro es este, para que decidas si lo quieres o no. Como digo, ella lo odió, y expuso sus razones en esta review que escribió. Como lo que escribe está bien escrito, tuvimos una interesante discusión, que podéis leer en los comentarios. De esa discusión surgió una apuesta  sobre quién convertiría esta conversación en un post de blog en español, porque la discusión estaba en inglés – no me preguntéis por qué, no lo sé – y los idiomas son el punto fuerte del español medio. Ella ganó, y decidió que lo hiciera yo, y como soy un listo, además de poner (resumida) la conversación en la lengua de Cervantes, voy a añadir mis opiniones sobre ello. Así que, como vamos a hablar de libros, poneros vuestro batín de leer, encended vuestra pipa y poned algo de música preciosa, como esta pieza o esta otra de la BSO de Braid. ¿No sabes lo que es Braid? No quiero hablar contigo.

Begoña: Odié este libro, principalmente porque vende como ciencia el sesgado, estadísticamente insignificante y pobremente diseñado experimento vital de este tipo. Es menos entretenido que un accidente de coche, pero tiene algo del morboso interés acerca del daño que puede causar a la sociedad. Por no mencionar la part sobre el sexo, que es patética en su definición, alcance y resultados deseados. Por suerte, las mujeres con más criterio esa parte le marcará como un amante inepto. Leí la primera parte del libro, lo dejé un año, y luego he leído el resto en diagonal: nada llama mi atención. No más Ferriss para mi, jamás.

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Ramón Pérez   Incluso estando en desacuerdo contigo sobre la utilidad de sus libros (algunas de sus ideas en este libro y en La Semana Laboral de 4 horas son muy sólidas), entiendo totalmente cómo a muchas personas el tono de est tipo le puede parecer repulsivo. Especialmente a una mujer.Además, es 100% predecible en la manera de escribir cada capítulo, con una estructura repetitiva que no tiene alma y parece totalmente ensayada para producir el máximo efecto, y que a veces consigue aburrirme a muerte.De hecho, este tío es una de las razones por las que odio tanto a los geeks, y encuentro realmente preocupante la prevalencia que están ganando como modelos sociales, especialmente por el daño que pueden causar a la sociedad. Pero eso es tema para otra discusión. Dios, cómo odio a los putos frikis.

Yo compraré y leeré su próximo libro, pero puedo entender cómo alguien puede odiarle a muerte. Gran review.

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Begoña   Estamos de acuerdo en la solidez de alguna de sus ideas, pero para mi el ratio ideas/chorradas es demasiado bajo. Nuestro concepto de éxito no podría ser más diferente. Para Ferriss, parecer atractivo es más importante que no ser un capullo. Dos claves:
—En La Semana Laboral de 4 horas, la buena idea es: enfócate en lo clave, externaliza el resto, vive con menos, y disfruta. No te dice: Si eres lo bastante listo para hacer esto, no necesitas este libro. Si no lo eres, fallarás. El espíritu del libro, con el que estoy en profundo desacuerdo: tener un proceso (completamente externalizado, desconectado, haciendo dinero para ti) NO es lo mismo que crear una buena empresa (un enfoque original sobre un problema, resuelto con un cierto estilo, que genera dinero).
—En este libro, la buena idea es: puedes mejorar tu vida dramáticamete si prestas atención a esto – gana músculo y pierde grasa, y lo demás viene seguido. Pero pasa por encima de todo y de todos (la encantadora gente en la clínica de Nicaragua a las 3 AM) para tener mejor aspecto, incluyendo pasar por encima de sí mismo o de su pareja.
Es un desecho social.
No se preocupa de ser un buen acompañante en un restaurante: está demasiado ocupado comprobando su medidor de glucosa. Alguien debería darle un idiotómetro. ¿Me estoy portando como una idiota ahora? ¿Dónde está el sabor? ¿Dónde el comer comida sana como una actividad social compartida? En ninguna parte. Oh, espera, puedes jugar con la anorexia y la bulimia. Eso mejorará tu vida si ya tienes problemas con tu imagen. No.
La mayoría de la gente no tiene problemas con decidir qué comer, sino la dificultad para controlar qué, por qué y como comen. Son las emociones, estúpido. Y este libro carece de ellas.
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Ramón Pérez   A eso me refería con el tono. Ferriss es el geek definitivo: todo puede y debe convertirse en un procedimiento detallado, y el estilo antes que la sustancia el 90% del tiempo. No necesitas ser excepcional si puedes hacer una buena aproximación. Y eso es lo que veo el 90% en Twitter, Facebook y demás, y es una de las cosas que me preocupa acerca de cómo la tecnología se está desarrollando. Básicamente, estamos cogiendo a frikis casi amorales y socialmente ineptos (ineptos en el sentido de carecer de empatía, un buen desarrollo emocional y autoestima) y los estamos entronizando como modelos de conducta porque, desde la burbuja de las dot-com, ser un friki tecnológico es un buen modo de ganar cantidades indecentes de dinero. Así que coges a un completo subnormal como Mark Zuckerberg y todo el mundo y su puto perro se postran a adorarle. En serio, sólo una generación de putos frikis puede ver Mad Men y pensar que Don Draper es digno de admiración, un modelo de conducta. El día que vi a gente con un trastorno de personalidad ser un objeto de admiración, es el día que se confirmaron mis ideas sobre el narcisismo.Claro que no hay emociones, este tío no ha encontrado aún un algoritmo para tratar con ellas, porque aún no debe haber descubierto a Goleman, e incluso si lo ha hecho, los aspectos emocionales de nuestras vidas difícilmente pueden ser “hackeados” porque se construyen sobre hábitos que requieren mucho tiempo para cambiarse. Mucho tiempo.Aparte, si tú eres de Murcia y yo de Granada, ¿por qué demonios estamos discutiendo esto en inglés? XD
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Begoña    ¡Lo hacemos por el bien común! SI quieres, podemos echar una moneda y el ganador / perdedor convierte esta conversación en un post de blog en español  ;-P
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Y la cosa es que yo perdí, así que Begoña decidió. Además de eso, Diana añadió un interesante enlace de una chica (Penelope Trunk) que odia a Tim Ferriss conociéndole personalmente y tal. Hay más discusión, pero he descubierto que traducir es un trabajo muy duro que me da una pereza espantosa.

Así que venga, ¿cuál es el problema? El problema es que, en realidad, ambos tenemos razón. No es un problema porque los dos podemos estar en desacuerdo y no sentirnos amenazados. Quiero fijarme en 2 cuestiones: ¿podemos desligar una obra de su autor? ¿Y dice algo este libro sobre la sociedad a la que se vende?

Begoña se siente legítimamente agredida por este tío. Y tiene razón en todo. Ferriss es, probablemente, una especia de frikibot que, en presencia de una chica como ella, se pondría a ejecutar algoritmos de apareamiento. Puede que funcionen, puede que no. Y al vender con éxito este libro, puede persuadir a otros de que el medio importa más que el fin.

A mi me da igual por varias razones: una es que no soy una chica, de modo que para mi es más fácil ignorar cómo a lo largo del libro las trata como objetos. La otra es que yo, desde siempre, he separado totalmente a los autores de sus obras. A mi me da igual si Freddy Mercury era una buena persona o un absoluto hijo de puta. Queen es la banda de música más grande que hay. ¿Por qué no habría de disfrutar del trabajo de un autor porque sea un capullo? No voy a tratar con él en la mayoría de casos. De modo que mi primer instinto sería decirle a Bego que no tiene razón, como respuesta a la primera pregunta. Sí, podemos y debemos – a la hora de juzgar una obra – separarla del autor. De lo contrario, podríamos odiar a Quevedo porque era un antisemita., y odiar a los judíos está mal, ¿no?  Es lo que hacía Hitler, ¿verdad?

Sin embargo tiene razón porque ella no entra a juzgar si el libro es verdaderamente útil o no (a fin de cuentas lo ha leído por encima y no ha puesto ninguno de sus consejos en marcha). Lo que sí, hace, y muy bien, es explicar por qué lo que se trasluce del autor le resulta repugnante. Y en eso coincido con ella, porque yo creo que Ferriss es un geek asqueroso y un ejemplo quintaesencial del narcisismo social del que tanto he escrito.

Ferriss nos enseña, básicamente, que todo es un algoritmo al servicio de la molonidad. No nos equivoquemos, en el fondo lo somos, (algoritmos), igual que nuestros cuerpos. Nadie es tan único ni tan impredecible que no se sujeta a ciertas reglas de conducta. Si no, ¿cómo podríamos tener psicología? ¿O medicina? Lo que pasa es que Ferriss no se da cuenta de que el resto de la gente no son extras en su película. Los libros de Ferriss tratan sobre cómo ser Ferris Bueller, sobre cómo ser el protagonista de una película en la que todo el mundo es un secundario y tú haces lo que te sale de la polla sin preocuparte por ellos, porque son putos extras. Nadie importa, lo que importa es que tú moles, pero como se mola en las pelis: con un montaje corto de entrenamiento y a molar, que es lo importante. O sea, nada de joderse durante años aprendiendo a ser el mejor, cuando hay un atajo que te permite parecer mejor sin toda la castaña y la frustración de serlo.

Los frikis han llegado y se han adueñado del mainstream, y si no, mirad The Big Bang Theory y escuchad a la gente babear diciendo cuánto mola Sheldon Cooper cuando en realidad lo que necesita Sheldon es un montón de farmacología y que no le dejen vivir con nadie, nunca, en el mismo piso. Y eso es malo, muy malo, sobre todo si eres una chica, claro. A mi me da mucha cosa, la verdad.

Los frikis nos enseñan que la identidad virtual es más importante que la real, porque en la red una persona puede parecer mucho más interesante y competente que en la realidad. En la red tienes tiempo de pensar lo que has de decir, la higiene no es un problema, nadie es tartaja, y de hecho, puedes tener el aspecto que quieras. Ferriss trata de extrapolar esto a la vida real, porque cree que la realidad es como Internet, donde basta con poner un enlace a la Wikipedia para que parezca que sabes de algo, o que tienes razón, o lo que sea.

Y este es el problema con los geeks: la cultura geek es terriblemente narcisista, porque está convencido que la superficialidad basta, y es más cierto conforme nos volvemos más superficiales gracias a que, probablemente – ojo, esto es una hipótesis sin verificar -, nos volvemos más incapaces de mantener la atención y procesar de manera profunda porque nuestro cerebro se adapta a pensar en el formato que le damos de comer todos los días. Malas noticias para los que estamos muy conectados.

Ferriss no es una causa, pero es un síntoma. Y llevo muchos muchos posts hablando de ello. Así que lo siento, Begoña, espera ver más y más Ferriss de la vida echándote la caña, en los bares, en el trabajo, y cosas así. Porque además, el hecho de que – por suerte – las mujeres usan Internet tanto como los hombres convence a muchos de estos frikis de que es gracias a ellos y que todo esto funciona. Y cuando les digas que son unos imbéciles, su sesgo de confirmación – que todos tenemos – y su propio narcisismo te descartarán como una aberración estadística, convencidos de que algo como Twitter puede ser un medio de transmitir ideas verdaderamente relevantes (no, no lo es a no ser que seas Alain de Botton), y de que el que mucha gente le de a Me gusta significa que es algo bueno.

Hay más que decir sobre esto, pero en parte lo he dicho ya en otros sitios y además mi amor me dice que ha hecho la cena. Uno no pasa de una llamada así.

¿Nos hace Facebook unos solitarios? 2: Electric Bugaloo

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Esto es como el chocolate para los enanos.

Vamos a atacarlo.

Hablar de las redes sociales y el daño que hacen es, como siempre, un ejemplo fantástico de cómo en realidad (o sea, en la realidad que creamos en nuestros cocos), nada es culpa nuestra.

Las redes sociales son una herramienta. En sí, darles una intención o una capacidad es humanizarlas más allá de lo que son. Que es nada.

La gente no abandona sus relaciones personales por las redes sociales. En primer lugar, porque la adicción a las redes sociales está amplia, muy ampliamente, sobrevalorada y sobrediagnosticada. En la entrada anterior de esta breve serie ya desmontábamos esos datos sobre el aumento de la soledad. Pero claro, la narrativa que ellos proponen es más bonita.

En realidad, muchas personas con una intensa actividad en las redes sociales son gente con una intensa vida social cara a cara. Por supuesto, también hay enormes solitarios que sí son muy activos en las mismas. Porque no hay relación alguna, aparte de la que queremos crear. Lo que sí puede haber cambiado es cómo nos comportamos en nuestras interacciones sociales.

Una cosa que sí he observado, en mí y en los demás, es el grado de “presencia” que a veces puede haber en una reunión. Me ha pasado muchas veces estar en una reunión con más personas y ver a algunos más pendientes de su móvil que de lo que ocurre. He visto a gente tweeteando (no sé por qué me parece que esto pasa más con Tweeter que con Facebook), narrando el evento mientras ocurre. Esto simplemente indica una cosa: no estás presente del todo.

Creemos que tenemos una buena capacidad de multitarea, pero nos engañamos. Si estamos tweeteando las cosas que alguien dice en una fiesta, estamos perdiendo la continuación de esa situación. Estamos interrumpiendo algo que es delicado y fácil de perder, como es la conexión con otra persona. De hecho, he estado comiendo con una consultora con la que colaboro mucho, y a veces casi tengo que enfadarme con ella para que deje en paz la puta Blackberry con los putos emails y demás chuminadas de la red. Porque no está ahí, aunque parezca que contesta. He visto a gente en un bar pensando en cómo contar lo que alguien acaba de decir. Me ha pasado a mi.

¿Y esto por qué es? ¿Es por la capacidad intrínseca de las malvadas redes sociales de crear adicción? Es un fenómeno muy sencillo que se llama programa de refuerzo de razón variable aleatoria. Y es la misma razón, en realidad, por la que la gente se engancha a las tragaperras.

Las redes sociales dan algo que queremos: entretenimiento suministrado por nuestros amigos, y refuerzo social cuando alguien nos da la razón, nos dice que molamos, y cosas así. Claro, cada vez que consultas el móvil, puede que haya novedades, puede que no. Cuando suena una notificación – en serio, ¿cómo pretendéis hacer nada cuando le dáis a todo el mundo carta blanca para interrumpiros? – puede que sea interesante o puede que no. No lo sabes, tienes que mirarlo.

Lo triste es constatar que la mayoría de nosotros, aparentemente, no podemos competir en interés con muchas otras personas cacareando a la vez en Internet. No podemos, y esto nos desespera. Así que le echamos la culpa a las redes sociales, en vez de aceptar el hecho de que, muchas veces, no somos tan interesantes para nuestros amigos.  Y que, simplemente, antes estaban contigo y no tenían escapatoria. Ahora pueden, sobre todo si no están a solas contigo, escapar y ver si alguien ha dicho algo gracioso. O decirlo ellos, y que otros se lo jaleen. Tú no estás mal, pero de todos modos estás ahí y no te vas a ir. ¿Y si mientras alguien está contando algo chulo?

Antes estábamos encerrados los unos con los otros. Ahora podemos estar con gente, y a la vez leer sobre todas las cosas chulas que hacen otros a la vez. Esto es más agudo aún cuando tienes grupos de amigos separados por cientos de kilómetros entre sí. Puedes sentirte inquieto y ansioso todo el tiempo, porque en cualquier momento puede llegar algo interesante. Esta activación continua nos gusta, y nos desconecta. Tratamos de estar en varios sitios a la vez. No podemos.

El día 27 empezamos el fin de semana del convite de mi boda con Nur. En vez de hacer un convite al uso, pillamos una masía fantástica y pasamos el fin de semana con los amigos que quisieron y pudieron venir. Y fue memorable, absolutamente memorable y fantástico. Para la mayoría, si no todos, la mejor boda en la que hemos estado. Y hubo una cosa curiosa: no había (aunque debería haber) apenas cobertura móvil ni acceso a Internet.

Evidentemente, no soy tan subnormal de afirmar que “todos lo pasamos muy bien porque no podíamos mirar Facbook, derp, derp.” Y si alguien lo afirma, pues eso. Es una idiotez. Pero sí observé una cosa: todo el mundo, especialmente algunas personas, estaba mucho más presente. Y creo que eso sí contribuyó a lo bien que todos encajaron entre sí, y a la calidad de ese fin de semana. Eso, y que las 25 personas que acudimos éramos buena gente, que era una ocasión gozosa, y… y muchas razones más. Veremos si el año que viene podemos replicar el éxito 😉

Por ahora, llego hasta aquí. Una cosa que mi amada esposa (qué cosa tan curiosa de escribir ahora, ¿verdad?) me comenta es que echa de menos cuando hablaba de mi. O sea, cuando las entradas de este blog eran más una bitácora en la que hablaba de las cosas que me pasaban y menos un púlpito desde el que desvarío sobre temas y los analizo y pedorreo sobre psicología. Y eso me ha hecho pensar más. Y con suerte, aprovechando que andamos de vacaciones, quizá eso se traduzca mañana en alguna de las entradas que tengo a medias sobre este momento que estoy viviendo. Porque aunque creo que no lo menciono mucho (y esto sí se debe más a mi actividad en las redes sociales), me he casado en la MEJOR BODA DE LA HISTORIA. Y además voy a ser padre ya mismo. Casi nada.

Y eso

¿Nos hace Facebook unos solitarios?

Hace un tiempo, cuando publicamos aquí la última entrada (en abril, qué cosas), un amable lector que firmaba como bandujo dejó este enlace. The Atlantic es… bueno, es difícil de clasificar. Baste decir que es la clase de revista que a menudo me da artículos sobre narcisismo ya hechos, porque es un panfleto superficial. Y que tiene un público muy claro.

Sin embargo la idea es interesante porque liga con experiencias que he tenido y sobre las que he discutido recientemente. De modo que vamos a comentar el artículo por un lado, hablar de mi libro por el otro, y a ver a dónde nos lleva.

El artículo empieza como es habitual con una anécdota superficial que en realidad no demuestra ninguna de las conclusiones a las que el artículo pretenderá llegar. Yvette Vickers, ex-modelo Playboy y conocida por su papel en El Ataque de la mujer de 50 pies de altura se muere en su casa y tardan casi un año en darse cuenta y hallar su cuerpo. Eso sí, la señora estaba conectada a Internet, y cuando investigaron sus facturas de teléfono descubrieron que hacía muchas llamadas, pero no a personas cercanas sino a fans que había conocido en convenciones y mediante las redes sociales. O sea, que era una señora vieja que en vez de pudrirse abandonada en su casa, podía al menos contactar con otras personas. Pues vale. Por cierto, esta historia no lleva a ninguna parte ni dice nada más.

A continuación el artículo se explaya sobre el enorme gasto / inversión que se ha hecho en tirar cables para que todo el mundo tenga una conexión a Internet más rápida y potente (aunque esto no tiene que ver con Facebook porque, como el artículo reconoce, se hizo para acelerar 3 ms las transacciones bursátiles, y además, uno no necesita fibra óptica para el uso habitual de Internet). De ahí salta a la conclusión de que estamos más alienados que nunca, porque (cuando se escribió el artículo) Facebook tenía 845 millones de usuarios y hay muchos “me gusta” diarios y usando métricas en Internet uno puede demostrar lo que se quiera. Sobre todo usando el cliché de “empresa muy grande” = “el mal absoluto.”

Al fin se mete a dar algunos datos que pueden tener alguna relación con el supuesto contenido del artículo: el número de hogares donde vive una sola persona ha aumentado. Matiza que los datos muestran que es la calidad de las interacciones y no su cantidad lo que determina si eres verdaderamente un solitario, para a continuación decir por sus cojones “hemos de reconocer igualmente que no sólo aumenta el aislamiento, sino la soledad también, y la soledad nos hace miserables.” Pero lo dice así: aunque los datos no soportan mi hipótesis, la realidad es la que yo digo que es.

¿Os suena de algo? Si lo estás leyendo, es para ti.

Esto es así porque, como tiene que reconocer, los “nuevos estudios” sobre la soledad en realidad no son concluyentes.  Así que vuelve a afirmar, porque sí, que nos reunimos menos con gente, que salimos menos, y añade un dato que menciona que los americanos creen que tienen menos personas de confianza con las que hablar de cualquier cosa.

¿Primera conclusión? Fíjate cómo ha aumentado el número de psicólogos y otros profesionales de la salud mental y el bienestar. Uy, ha subido mucho porque “hemos externalizado nuestro bienestar diario.” Ojo al parche. No tendrá que ver con que la población general ha aumentado, con que la población que puede estudiar ha aumentado, o que, por ejemplo, ahora los negros también pueden ir a un terapeuta. No, es porque estamos muy solitos.

Por supuesto, la soledad tienen consecuencias para la salud y el autor las enumera todas. Y además, añade, los americanos (y por extensión los occidentales, porque God Bless America y tal) pagamos mucho dinero para estar solos: nos mudamos a suburbios alejados del centro, y además “la soledad tiene mucho que ver con el espíritu de los pioneros americanos.” Ahora es cuando me tienen que rematar. No, esperad a que lleguemos a hablar de este tío.

Tras petardear un poco más se mete en harina y cita un estudio de “Australia” (no referencias, no enlaces, ni universidad) que muestra que la gente que usa Facebook (la mitad de la población), reporta menos aislamiento social y en cambio reporta más aislamiento de sus familias. Otro estudio dice que Facebook ayuda a tu capital social si te lo curras un poco y compones comunicaciones escritas, en vez de simplemente darle al “me gusta.” Escribir en tu muro y darle a “me gusta” sin interactuar más parece aumentar la soledad y correlaciona con un incremento marginal en depresión.

Y sin embargo esta investigación tampoco soporta la idea de que Facebook cree soledad. La gente solitaria en Facebook lo es también fuera de Facebook, y ya lo traía puesto.

Tras toda esta pollardez, el autor finalmente se refiere a John Cacioppo, que ha publicado en 2008 un libro llamado Loneliness. Cacioppo muestra que la soledad prolongada tiene efectos fisiológicos negativos. También afirma que las amistades en Facebook tienen un efecto atenuado, no equivalen a la realidad. La conclusión de Cacioppo (por más que el autor trata de retorcerla para adaptarla a lo que quiere conseguir) es que Facebook es, como los coches, una herramienta, que puede o no aumentar nuestras redes de apoyo según cómo lo usemos.

Hemos pasado el 90% del texto y todavía el autor no ha podido presentar un sólo estudio concluyente en la dirección de su artículo. Entonces entra la falsa responsabilidad personal.

El autor comenta que claro, en la tienda nadie le obliga a evitar interactuar con la cajera y otros clientes en vez de usar la máquina de autopago. Que lo hace porque las interacciones humanas son complicadas. Y claro, Facebook y Twitter y similares las simplifican. Es fácil usar Facebook.

Claro, según este autor (recordemos que esto lo saca de la manga) el precio a pagar por tener una socialización más simple es que continuamente tratamos de dar una imagen de que nuestra vida es súper apasionante. Y ese fingimiento es agotador. Cuanto más feliz pretendes ser, menos feliz eres.

Por supuesto encontraron una correlación entre Facebook y narcisismo. Obviamente. Como ejemplo: “mirá cuán casualmente posteo estas fotos de una fiesta, en la que en realidad tiré 300 fotos.”

Esta es la web del autor. A ver qué os dice su cara. Hablamos más en la próxima entrada.

29M – Huelga general: No trata sobre ti

Huelga general, la primera de muchas
Cuatro perroflautas

Vamos a hacer amigos.

El 29 de marzo hubo huelga general. No voy a hablar de los datos, ni de las imbecilidades que los políticos y los medios de comunicación han dicho, al menos no hoy. Voy a hablar de ti. Por eso he esperado tiempo para hablar de ello, porque no quería que este post se ahogara en el mar de posts más o menos oportunistas sobre el tema. Y porque he tenido otras cosas que hacer, también.

Hace tiempo que digo que aunque la cultura popular no te interese, tú le interesas a ella. Muchísimo. Y en pocas situaciones veremos más el impacto que a raíz de esta huelga general.

Vamos a recapitular un poco, ¿sí?

La reforma laboral que se acaba de aprobar no es en sí, nueva, es la culminación de un largo proceso de destrucción de los derechos de los trabajadores y del estado del bienestar, como se demuestra aquí y aquí. Si no lo has leído, léelo antes de seguir aquí. Te estaré esperando.

¿Ya has acabado? ¿Te lo has leído todo? Bien, pues vamos a hablar de medios y de narrativas.

En esto de las huelgas aún tenemos muy inculcada la retórica del siglo XIX de la lucha de clases, y al mismo tiempo la detestamos. No queremos creer en la lucha de clases porque eso es de obreros, y aquí obrero no es nadie. Todos tenemos un título universitario, un master o más de uno, y eso de currar de obreros no va con nosotros, porque somos clase media, ¿verdad que sí?

Así que cuando los sindicatos dicen “eh, chicos, vamos a hacer huelgas y todo eso que nos están atacando en los derechos” mucha gente se revuelve y dice que ellos no participan en la huelga porque ellos están en contra de los sindicatos. O que irán a currar y luego a la manifestación, que es más seguro. O que van a la manifestación pero que cuando llegan los sindicatos se piran, “porque no les representan.”

Oigo esas capulladas y me doy cuenta de que cuando los amos del capital decidan que es hora de reinstaurar la servidumbre de la gleba, estos capullos, que son mayoría, se dejarán marcar y poner el collar encantados. Luego eso sí, irán al bar a quejarse. Pero sin resistencia.

Como siempre, el error fundamental en esos mensajes es que esta huelga no trata sobre ti. Nada trata sobre ti, por más que quieras.

Tú no tienes que estar de acuerdo con un sindicato para ir a una huelga. Tu opinión sobre los sindicatos no importa para la huelga. A los sindicatos no los valida el seguimiento de la huelga, los valida el número de afiliados. Ir a una huelga implica estar en desacuerdo con una reforma laboral, te guste el sindicato o no. Tu gusto es irrelevante.

Si el sindicato no te gusta y te vas de la manifestación cuando llegan los de los sindicatos, estás haciendo el subnormal porque lo que cuentan son las cabezas presentes, y nadie se pone a discutir de quién es cada cabeza. O sea, que si te vas, debilitas tu posición y la de todos, porque es más fácil argumentar que eran 4 perroflautas.

Pero lo que de verdad evidencia que no has entendido nada, pero nada, es cuando dices que “yo voy a currar, pero luego a la manifa.” La manifestación es secundaria, y tiene la misma trascendencia que los culés que van a celebrar la fiesta a Canalejas. Lo que cuenta, el elemento de presión, lo que cuesta dinero es la huelga, el no ir a trabajar. Porque eso es lo que cuesta dinero. Si vas a trabajar, que vayas a la manifestación o te vayas de cervezas es igual, porque tu empresa no se ha visto afectada y en su momento, no presionará a los políticos. Que te manifiestes sale gratis, y además los gastos los vas a pagar tú igual. Si un país se paraliza, los políticos escuchan. Nadie escucha las manifestaciones, porque sirven fundamentalmente para que todos los que van se sientan súper bien.

Pero claro, esas son las cosas que no comprometen tu identidad, que no arriesgan un fracaso. Son las cosas que puedes decir en el bar o en Twitter, y quedar súper chachi, porque no tienes que hacer nada.

Si no te gusta el sindicato, afíliate y cámbialos desde dentro. Así de fácil y así de difícil. Nada curiosamente, la mayoría de personas que ponen el argumento de “no me representan los sindicatos” no están afiliados porque eso es de obreros, y de pobres. Ah, vaya, ¿que es trabajo? ¿Que es difícil? Qué cosas.

Si te parece que la reforma está mal, échale valor y haz huelga de verdad. Porque si suficiente gente lo hace, el mensaje que llega es “quizá no os vote la próxima vez” y ese es el único mensaje que puede preocupar a un político. Ah no, que es un riesgo: por supuesto, es mejor quedarse en casa a ver si así no me despiden hoy, a cambio de la certeza absoluta de que mañana me podrán despedir por tener una apendicitis y juntar suficientes días de baja. Es muy lógico.

Y por supuesto, la medida final: has probado 2 partidos diferentes durante la historia de nuestra así llamada democracia. Ambos han sido incapaces de hacer nada bien, salvo crear burbujas, corrupción, y esquilmarte. Cada 4 años sin embargo tú te quedas en casa sin votar o votas a uno de los dos, con lo que en la práctica les dices “quiero otro plato de esto, buen trabajo.” Piénsalo: al PP lo han votado 3 de cada 10 españoles votantes, que son los mismos, por cierto, que le votan elección tras elección. 4 de cada 10 españoles no votan. Pasmoso ¿eh? Sorprendente que todo siga igual.

Pero claro, todas estas medidas requieren hacer algo, no hablar de ello: todo esto requiere poner tu identida a prueba, mostrar si eres quien dices ser. Enfrentados a esa prueba, la mayoría fallan.

Eso sí, en otros aspectos de nuestra identidad no hay problema. A ver cuándo se vacía Canaletas un día que gane el Barça, o la Cibeles en Madrid.

Scott Adams es un cerdo machista 2: Electric Bugaloo

I. El drama.

Scott Adams, creador de Dilbert, comenzó una especie de controversia feminista, al escribir:

Now consider human males… Powerful men have been behaving badly, e.g. tweeting, raping, cheating… The current view of such things is that the men are to blame for their own bad behavior. That seems right. Obviously we shouldn’t blame the victims….

The part that interests me is that society is organized in such a way that the natural instincts of men are shameful and criminal while the natural instincts of women are mostly legal and acceptable…  Whose fault is that? Do you blame the baby who didn’t ask to be born male? Or do you blame the society that brought him into the world, all round-pegged and turgid, and said, “Here’s your square hole”?

Este es Scott Adams, aparentemente escribiendo el nada original argumento de “los hombres están oprimidos en una sociedad controlada por mujeres”.  Los hombres, de modo natural estarían violando todo lo que se mueve y llevando cascos con cuernos, ¿no? Pero el mundo ya no es así y eso es culpa de las mujeres. Tienen todo el poder e impiden que los hombres actúen según los instintos de su pene.

¿Qué hacen las personas que están en contra de esa idea? Darle la razón.

Esta es la prototípica respuesta “feminista” /petición de censura, en Change.org:

Scott Adams, ha escrito un blog insinuando que el acto de un hombre violando a una mujer es un instinto natural y que la sociedad es culpable de ello, no el hombre que ha cometido la violación.

Que no es lo que el dijo, pero vale, lo que sea.

II. Escribes pero no sabes leer.

Empecemos con Jezebel, quienes, a pesar de tener la superioridad moral y tener empleada a gente que cobra por escribir sobre este tipo de cosas, la joden del todo. Si alguna vez queréis conseguir mejor comprensión o acercar posturas, no hagáis nunca nada parecido a lo que hace la chica de Jezebel.

La respuesta de Jezebel es típica del modo en que los americanos (y la mayoría de gente en Internet) discuten acerca de política y teoría social: falacia del espantapájaros y argumento de autoridad. Es obvio que ella encuentra el post de Adams ofensivo, y acepto que ella quiere que el mundo sea un sitio mejor, pero es que ningún momento hace el menor intento de argumentar por qué lo encuentra ofensivo. Tras citar el texto de Adams escribe:

Uau. Tratas de hacer que tu argumento caiga en la categoría de “teoría de género” mientras afirmas que los chicos están diseñados para ser violadores y mejor nos vamos acostumbrando… No puedo decir qué significa realmente.

Y nada más. Hay más palabras, ciertamente, pero ninguna refuta el argumento de Adams, son sólo ataques ad hominem para engordar el texto. “Es un cabrón por pensar eso.” Estoy seguro de que tus lectoras habituales (¿serían lectoros y lectoras? ¿lector@s? ¿lectorxs? la irrelevancia de los detalles me impide concentrarme), estarán muy de acuerdo, pero para los demás que somos espesos, ¿puedes explicarnos por qué está equivocado, exactamente?

Esto me lleva a pensar que ella no sabe realmente por qué está equivocado, sólo siente que lo está. Y para que nadie se de cuenta de que no está argumentando nada en realidad, ofrece falacias como que “está justificando la violación” para poder acabar con “Ya se ha dicho bastante.”

Este es el problema: Adams no es el único que piensa que las mujeres están arruinando nuestra cultura y que los hombres estamos siendo castrados. Si la meta de Jezebel es simplemente insultarle pues vale, pero es muy aburrido. Pero si su meta es proponer una visión de igualdad social, ha conseguido lo contrario. Lo único que ha hecho es tratar de intimidarle e insultarle. “¡Eres un capullo, acéptalo!¡Te he dicho que lo aceptes!” Pero eso es justamente el poder del que él se queja.  De modo que no sólo no has convencido a Adams (ni a nadie) de que lo que dice está equivocado, le confirmas que tiene razón acerca de vosotras.

Feminazismo
Ambos bandos son igualmente culpables.

III. Sólo sabes predicar a conversos.

Salon pretendía ofrecer una respuesta razonada. Tres párrafos de relleno, y en el cuarto empieza:

Hay 2 importantes refutaciones que hacer aquí.

Al fin, comienza, por favor:

Primero y ante todo: gracias por todos los chistes sobre el casual Friday, pero Scott Adams suena como que se le ha ido la cabeza.

Hmm, interesante e inesperado. ¿Y segundo?

Segundo, como un colega señaló recientemente, ¿recuerdan el viejo argumento machista de que las mujeres no estaban cualificadas para posiciones de poder porque sus hormonas femeninas las harían actuar de manera loca y emocional? Ya no oímos eso con frecuencia, ¿verdad?

Adams, por contraste, representa una versión diferente (extremadamente estúpida) y extrema de la línea de pensamiento sexista. Y a su manera torpe. articula algo que todos hemos oído muchas veces en nuestra vida, que es que los chicos serán chicos. Si se los dejara solos, los hombres aparentemente se dedicarían a violar y saquear todo el día, con pausas ocasionales para hacer barbacoas o ver la ESPN. Simplemente son hombres, y maldita sea esta cosa llamada civilización que se sigue interponiendo.

Eso no es una refutación, es un sofisma y no es divertido. Ella dice “no todos los hombres son violadores.” De nuevo, nadie va a estar en desacuerdo; pero una reelaboración más interesante del argumento de Adams sería si la civilización es el único factor que evita que los humanos caigan n la anarquía más violenta. Una vez se posara el polvo y la civilización desapareciera, ¿habría más violaciones y asesinatos, o menos?  Esa sería una pregunta interesante, una que atacaría muchos temas clave, como la lucha entre justicia y pobreza.

En vez de tener esa discusión, Salon simplemente afirma como un axioma, que Adams es un lunático.

De hecho ese, de un modo mal articulado es el punto clave de Adams. ¿Por qué tiene él que justificar y clarificar y explicar y detallar pero Jezebel y Salon pueden limitarse a declarar de modo axiomático que se equivoca?  ¿Porque controlan la sociedad?

Jezebel y Salon han fallado completamente en convencer a cualquiera que no estuviera ya convencido de que Adams se equivoca; y han reforzado a Adams et al en su creencia de que las mujeres dirigen la cultura. Si quieres contestarme que no es la misión de Jezebel y Salon el cambiar cómo piensa la gente, vale, ¿pero entonces para qué demonios lee la gente esas revistas online?

Imagino además que es innecesario señalar que la única razón por la que alguien está ofendida con Scott Adams es porque es Scott Adams el famoso autor de cómic, y no Scott Adams, dependiente en Media Markt.

IV. A él le engañan como a todos.

¿Qué hay de malo con lo que ha dicho Adams?  ¿Qué argumento podría convencerle de que se equivoca, o ayudarle al menos a expresar parte de esa ira?

Adams parece creer que los hombres son sexualmente agresivos de modo natural, y que las mujeres / la sociedad limitan sus impulsos. Cuánto daño ha hecho Freud. Y esto es lo que Jezebel no entiende: él no cree esto. El desearía esto.

Y cuando él dice que la sociedad es una “prisión” para los impulsos naturales de penetrar a mujeres al azar como en los días de las cavernas, él no se queja realmente de esta prisión. Esto es lo que él querría. Él querría que fuese verdad que la sociedad le impide mojar con la frecuencia que desearía.

Porque si eso fuera verdad, no sería su propia incapacidad de ligar con tías lo que le limita. “Me gustaría poder simplemente acercarme a alguna chica en un bar y llevarla a casa y tirármela” piensa, “pero la sociedad no me deja.” ¿En serio?  Tío, tienes que cambiar de bares.

No ser capaz de ligar con chicas de modo fácil y fluido puede ser enloquecedoramente destructivo para muchos hombres, y es algo que el éxito en otras facetas de tu vida no mitiga. Oímos mucho que los medios crean expectativas irreales sobre el aspecto de las mujeres y demás cosas, pero la contra es que algunos hombres no pueden entender por qué todo el mundo parece poder ligar de forma fácil, divertida, mientras ellos se quedan hirviendo de rabia en una esquina. Enfrentados con esto, tienen 2 opciones: soy inadecuado y no sirvo, o Matrix está contra mí. Los hombres que no quieren suicidarse eligen b.

Por favor, daros cuenta con mucho cuidado, repetidamente, que no he dicho “follar.” La clave no es el acto sexual, es el convencer a alguien de que tenga sexo contigo. Eso, y no el sexo en sí, es la medida de tu valía como hombre. Tu valía ha de ser determinada por otro, de manera externa. Si ella cree que eres válido y además no te conoce, entonces es que eres válido. La parte del sexo es divertida y mejor contra una pared, pero irrelevante.

Hay tíos que se cepillan a tres docenas de mujeres y aún creen que no sabe o pueden ligar porque tienen una explicación para cada una de por qué esa no contaba: estaba borracha, quería vengarse de su ex, quería darle celos al que le gusta…

Fijaros: Adams es un dibujante de cómic de fama mundial… y no es suficiente. Tampoco basta el hecho de que ha convencido al menos a una mujer (su esposa) de que se acueste con él (“ella no cuenta, me quiere”). ¿Por qué? Porque no ha permitido que sus éxitos legítimos le definan (“yo nosoy eso” – que es por lo que además se reinventa como bloguero), y está atrapado en la identidad de un friki informático de antes de ser famoso, que trata de encontrar una escala para su valía personal a los ojos de gente que no le conoce.

Adams no se da cuenta de que ese mundo controlado por mujeres que le niegan su satisfacción y realización, no existe; y que él crea que existe vuelve locas a algunas mujeres, y hombres. Pero él necesita creer que las cosas son así, o todo está perdido.

Estoy seguro de que tiene muchos cómics colgados de la pared de su estudio. Debería reemplazar uno de ellos con un post-it amarillo grande en el que debería escribir estas 6 palabras: te estás engañando a ti mismo.

Tu propia narrativa (14): El hombre más influyente no existe

Don Draper
Lo más importante que hemos de entender es que este hombre no existe.
I.
AskMen elige en 2009 su “Hombre más influyente”; para que tengáis un contexto, el año anterior fue Obama.

En casi cada nivel, el protagonista de esta serie es un ejemplo asombroso de lo que muchos hombres tratan de ser, sin conseguirlo.

Aquí hablan de un hombre, un auténtico hombre. No un crío grande.

…[y son] mucho más niños que hombres, obsesionados como están con la comida rápida, los videojuegos y las funciones corporales. Si los medios están repletos  de representaciones de varones perpetuamente púberes, la magistral hombría de Don Draper resalta por contraste.

A mí me parece irónico que este tipo de retro-masculinidad sea tan honrado por un sitio que se dirige específicamente a ese tipo de hombres a los que desprecia. No es un accidente, claro, es un cebo, como poner fotos de chicas en bikini. El tipo de persona que quiere ser Don Draper es exactamente la demográfica de AskMen. Si lo estás viendo, es para ti.

Comprendo el atractivo, por qué alguien querría ser Don Draper. Pero aquí trataré de explicar por qué no deberías. Este post no es, por tanto, para todo el mundo. Vosotros y vosotras, a quienes está dirigido, sabéis quiénes sois. Y quien pretendéis ser.

Draper es un narcisista.  Esto no es un diagnóstico, es la premisa de la serie. La definición de un narcisista es una persona que crea una identidad para sí y la valora por encima de todo, cada momento de su vida se pasa perpetuando esa identidad, tratando de que todos la crean. Ese es Don Draper, porque él realmente está suplantando la identidad de otro hombre. La serie le da un interesante trasfondo, pero el elemento principal es que el hombre en la agencia publicitaria llamado Don Draper es una identidad falsa, una que él protege celosamente.  Nada es más importante que eso, para él, o para la serie.

Como todo narcisista, Draper no finge: se ha convencido de que él es quien dice ser. A menudo sabotea su trabajo, su salud, sus relaciones sin apenas ponerse nervioso. Pero cuando se amenaza con exponer su identidad real, casi enloquece.

La meta final del narcisismo no es sólo que todos acepten tu identidad ficticia cuando tratan contigo, sino que la perpetúen cuando no estás. El narcisista quiere ser una marca. Él gana cuando la gente confirma su marca, incluso cuando no están con él. Es como cuando alguien le dice a otro en un tren, “Apple hace los mejores dispositivos del mundo.” Ese tío está reforzando la marca Apple. No importaría si en realidad los fabricara Samsung.

Y tampoco le preocupa al narcisista el ser querido, sólo el ser una marca. Puedes odiar el sabor del agua Fiji, mientras admitas que el horrible sabor es porque es demasiado pura y de Fiji. El hecho de que lo odies es un anuncio en sí; apoya a la marca, como algo que tu tipo de persona no aprecia.

Es como con House. En la serie, los demás médicos hablan de él todo el rato, y siempre tomando la misma postura. La gente puede apreciar o sentirse disgustada por esas características, pero nadie las discute. Algunos le odian por esas características.

II.

Draper (el personaje) quiere que todos crean en él.  Bien, ha funcionado. Los lectores de AskMen no sólo creen en él, quieren emularlo.

Podrías pensar que es algo pasivo por parte de Draper (o de cualquier narcisista que conoces): él es hípermolón, y tú quieres ser como él. Error. Está tratando de engañarte para que pienses eso. Draper ha sido votado Hombre más Influyente no porque tenga cualidades duraderas que deban influirte, sino porque su meta es tratar de influirte.

Te estás poniendo muy abstracto, simplemente me parece un tío genial.”  Esto es lo que trato de decirte: él no es genial, pretende serlo.

III.

No quiero ser Don Draper, sólo esa masculinidad clásica que representa.” Draper no representa eso, lo finge. Mira la serie: ¿cómo es que en una serie ambientada en esos “viejos tiempos,” no hay más “verdaderos hombres?” Sólo está él.

OK, vale, pero es masculino, fuerte, elegante…” Dices algo que ni siquiera te crees. ¿Si te encontraras a Draper en la cena de tu empresa, pensarías que es un verdadero hombre? ¿Querrías emularle? ¿Querrías tener su vida? No. Pensarías que es un carca y un facha risible.

Bueno, algunas características…” Casi lo tienes. Quieres ser una versión a la carta de Draper.  Quieres elegir las partes buenas. Cuando es votado Hombre Más Influyente, ellos eligen sólo al tío frío, astuto, elegante, masculino. Eso no es una persona, es una imagen de marca. Si contratas a un ingeniero de Apple sólo porque te gusta cómo fabrican teléfonos, has contratado al tipo equivocado.

IV.

Pero quiero ser un seductor como Don Draper.  Entonces era más fácil, porque las aventuras eran más aceptables.

No, no lo eran. Aparte de la moralidad convencional, cuando engañas a tu pareja (ojo, la engañas, no cuando deseas acostarte con otra gente, la clave es la mentira) eso implica que no has conectado completamente con el otro, o has perdido parte de esa conexión. No necesitas ser Don Draper para hacer eso, la mayoría lo hemos hecho alguna vez. “Bueno, querría ser tan cool como es él, poder ligar con chicas como él.” Es la misma desconexión. Puedes hacerlo, también, sólo tienes que dejar de buscar tener una conexión inmediata con la chica a la que seduces. No puedes tener ambas cosas a la vez. O lo que es lo mismo, Draper liga mucho porque el resto son extras y le dan igual.

Considera a un tío hoy día que dice que no consigue ligar en los bares. El mayor error que los tíos cometemos cuando tratamos de conocer chicas (o sea, follar de forma casual) es interesarnos en exceso, presionar en exceso. Muchos no saben diferenciar un rollete de un noche de una relación. Se acercan a ambas cosas del mismo modo. Cuando estás intentando echar un polvo, no puedes estar desnudando tu alma, o tratando de que ella se abra (espiritualmente, de piernas seguro).  Tiene que ser fácil, divertido, relajado. Y tiene que parecer que no te estás jugando nada, que si ella pasa tú seguirás tan pancho. Los trucos para ligar funcionan muy bien porque retrasan el momento en el que el hombre hace lo que le sale natural, que es ser un idiota y mostrar sus 52 cartas diciendo, “¿Ves? ¡soy valioso (creo)! ¡Escógeme para fecundarte!

Por esta razón muchos hombres que consiguen lo que quieren siguen insatisfechos. Se lían con una maciza en un bar y se convierte en una relación, y están jodidos porque no consiguen rolletes de una noche. Pero si los consiguen, están jodidos porque no pueden convertirlo en una relación (y por supuesto es culpa de ella por ser una guarra, no saber qué quiere, etc.) No puedes tener las dos cosas, al menos no en una relación de pareja convencional. Otros tipos de pareja son otra historia, para otro post.

Así se desintegra la lógica de estos hombres: si estás en un bar y ves a una chica con determinado aspecto, podemos estar de acuerdo que, dadas las circunstancias adecuadas, podría estar interesada en un rollete de una noche. “Sí, pero ella sólo está interesada en un tipo X de tío.” Quizá, pero probablemente se conformaría contigo. “Es que no quiero que se conforme conmigo, yo quiero que me desee.”  Entonces no quieres realmente un rollo casual, ¿no?

Ella ya sabe todo esto.  Igual que tú crees que puedes distinguir las tetas de verdad de las postizas, ella te ha calado a 100 metros.

Así es como se tiene éxito: tienes confianza en ti mismo y tus posibilidades, a la vez que aceptas que en vez de ti podría ser cualquier otro. Si no estás cómodo con esa idea, sal del bar.

V.

Pero esa es la clave de Don Draper – ese tipo de hombre, viviendo en esa clase de época, cuando los hombres eran hombres… era más aceptable tener líos entonces, beber todo el día… Los viejos tiempos cuando los hombres podían ser hombres, incluso si tenían defectos.

Draper seduce fácilmente a las mujeres porque tiene (o finge) confianza y además vive, perpetuamente, en ese estado de desconexión emocional que transmite a una chica que no te vas a poner pastoso con ella. Pero eso significa también que no conecta con su esposa, ni ella con él; por eso las aventuras no son un gran escándalo. No tiene nada que ver con que la serie se ambienta en 1960. Es sólo un mal matrimonio.

Deberíais notar que su desconexión no hace que su mujer esté menos conectada con él (aunque no ayuda). Esa desconexión le condujo a casarse con una mujer que probablemente no pudiera conectar con él.  Generalmente, uno consigue la relación para la que está preparado. Más aún en el caso de los narcisistas.

Y esto no le pasa sólo a Draper. Mirad a Campbell. Puede engañar a su mujer sin sentirse culpable porque ambos están emocionalmente desconectados. Ella no le ama, le necesita como secundario en su película “perfecta madre y esposa.”

La serie no muestra una época diferente; muestra un escenario bastante improbable donde todo el mundo en 200 kms a la redonda es un narcisista.

VI.

Shakespeare creó un personaje realista y tremendo llamado Hamlet.  Cada actor que lo interpreta, lo reinterpreta a su manera. Lo que nadie intenta es emular a Mel Gibson interpretando a Hamlet.

En la versión de 2009 de Star Trek, Kirk es interpretado por Chris Pine. Pero Pine no estaba sólo interpretando a Kirk, estaba (en su propias palabras) interpretando a William Shatner interpretando a Kirk, i.e. usando todos los manierismos de Shatner. Todas las alabanzas que Pine recibe se refieren a su habilidad de imitara Shatner, no de ser Kirk.

Cuando dices que quieres ser como Draper lo que estás diciendo es que quieres ser la persona que Draper pretende ser en un contexto específico. Eso no es real. Dado que Don Draper es un personaje interpretado por Jon Hamm, lo que estás diciendo es que quieres ser lo que un actor está interpretando que finge ser (o sea, un actor que interpreta a un personaje que finge una falsa identidad). Si intentas esto en Halloween, acabas en un psiquiátrico.

VII.

Tú no quieres ser Don Draper. Quieres vivir en su mundo: donde tener aventuras es casi aceptable; donde puedes beber todo el día y no emborracharte; donde puedes decir lo que te de la gana y no ofender de verdad a la gente, no tener consecuencias; donde los hombres creativos tienen una vía de expresar sus ideas, y al menos les pagan muy bien. Donde puedes comer lo que quieras y no engordar. Donde puedes actuar como deseas, como crees que un hombre actúa, y ser admirado.

Lo que quieres es ser el protagonista de tu propia película.

VIII.

Hay quien dice que el deseo de ser Don Draper es en realidad el deseo de vivir en una era más simple con roles de género bien establecidos, una forma de ver el pasado con una lente más romántica. Eso es discurso femenino. Cuando un tío fantasea con vivir en la Edad Media o en otro planeta o en la América de Don Draper (nadie quiere vivir en la España de los 60, claro), no desea un entorno diferente, desea una película diferente. No es la ambientación, es la trama. Nadie quiere vivir en el año 500; quieren estar en la corte del Rey Arturo, con cierto tipo de aventuras, relaciones, quieren estar en algún lugar donde la trama es conocida: quiero que esa historia me ocurra a mi.

Incluso si es una época histórica real, incluso una tan detallada como la de Mad Men, no quieres vivir ahí, quieres estar en ese show. Quieres una peli en la que el protagonista (tú) posee un carácter que todos aceptan, y actuar como te de la gana; y aunque siempre habrán consecuencias y miserias y lo que sea, no importa qué suceda, siempre será acerca de ti.

IX.

Un elemento crucial de la trama de Mad Men es que la masculinidad y chulería de Draper son artificiales, una actuación. Eso está bien, todos fingimos un poco, ¿por qué no molar? Pero cuando eliges tu personaje trata de no emular a alguien que a su vez emula a otro.

Por esta razón, cuando alguien trata de afectar el estilo y manerismos de un personaje que otros conocen, suele ser chirriante; siempre tiende a parecer horriblemente falso. Ya sabemos cómo es el original. Si te metes en un bus para ir a una convención de ci-fi disfrazado de alien, serás juzgado simplemente por lo molón de tu disfraz. Pero si te vistes como un alien conocido y único la gente en el autobús va a pensar que eres un idiota, más cuanto mejor sea el disfraz. Si te disfrazas de pirata, la calidad del disfraz marcará nuestra apreciación. Si te disfrazas de Johnny Depp en Piratas del Caribe pareces un mierda, porque ya sabemos que tratas de ser algo que no eres.

Es aún más difícil con Draper, porque Draper es un personaje que pretende ser otra persona (olvidad al actor Jon Hammpor ahora). Draper (en la serie) se puede salir con la suya porque nadie conoce a la persona que él está simulando ser, de modo que pueden creer que es realmente él. Tú o puedes ser Don Draper porque ya conocemos a Draper.

Ser otro es muy difícil. A veces incluso puede parecer falso ser quien realmente eres. Cuando un viejo rockero trata de volver a ponerse los cuerazos y tachuelas de su juventud da mal rollo, aunque él realmente es una estrella del rock, pero aún así está fingiendo: finge ser quien era hace 30 años. Ya sabemos quién era, y él ya no es esa persona, con lo que esa simulación nos jode. Que lo deje.

Sólo podemos tolerar esto cuando nosotros estamos en un concierto de ese rockero: nosotros hemos envejecido como él, pero a todos nos gustaría pretender ser más jóvenes de nuevo, aunque sólo sea un rato.

X.

¿Ese es el modelo? ¿Un tipo casado con una mujer hermosa que nunca será feliz porque está vacío? ¿No es su esposa? Veamos a la legión de modelos de lencería que este bien dotado semental ha seducido.

No, ninguna. En dos temporadas ha tenido 3 aventuras. Una con una hippie que tiene líos con otros muchos tíos que le gustan más que Draper. Ptra con una preciosa dueña de unos almacenes – que claramente no es un rollete de una noche – que espera convertir esto en un matrimonio. Y otra con una mujer tan marginal y rara como parece. Estas son las conquistas del gran Don Draper. ¿Este es vuestro modelo?

Ojo, y en los tres casos las mujeres le abandonan en el mismo momento que él revela el infinito, negro pozo de dependencia que hay en su interior. “¡Te necesito ahora!” le dice a su amante. Ella no le rocía con gas maza porque no se ha inventado aún.

Don Draper es el peor de todos los hombres posibles. Él no rompe corazones: rompe espíritus. Es un monógamo serial, incapaz de comprometerse con una persona por completo, y a la vez incapaz de comprometerse con la idea de echar un polvo y  dormir. Al menos en ambos casos la posición es clara.

Próximamente: brutalidad policial e ignorancia popular, o como casi me saltan un ojo con una pelota de goma en Plaza Cataluña y lo que uno aprende sobre eso.

Nota del autor: Resulta que esta entrada lleva como borrador desde octubre, como parte de aquella serie sobre narcisismo que me consiguió gloria y fama mundial. Por unas cosas y por otras acabó saliendo aquí y ahora. De modo que no se extrañen por la súbita reaparición de la serie. La idea es que está acabada. Más o menos.

Obsolescencia programada y responsabilidad personal

Disco floppy obsoleto
En serio, ¿quién echa de menos esto?

Uno no siempre puede escribir lúcidas reflexiones sobre psicología. A veces toca reírse de uno mismo, y del mundo.

Recientemente muchos de mis amigos han propagado un documental llamado Obsolescencia programada. Siempre que veo este tipo de documentales, por más verdaderos que sean, me embarga una sensación de cinismo hecho espectáculo, como cuando la reciente desaparición de CNN+. Que por lo visto todos veían, a pesar de sus desastrosas cifras de audiencia. Quizá era un placer culpable, pero es más probable que se tratara de un intento de vender una imagen. Y de eso quiero hablar hoy. Sin usar la palabra que empieza por ‘n’.

Es una moda muy cómoda eludir la responsabilidad por las acciones de uno, en vez de mirarse al espejo y aceptar que tu acciones te definen, y no lo que tú dices que eres. Cuando se explican las tácticas detrás de la colocación de los productos en los lineales de un supermercado, lo primero que piensa la gente es que los supermercados nos manipulan. Es cómodo y nos excusa por no comprar de manera saludable y responsable. Yo quería comprar verdura, pero la colocación de las tartas de chocolate me obligó a pillar 10.

No, no nos manipulan: reaccionan a nuestra conducta, y se adaptan a ella.

Tengo la sensación de que en este caso es lo mismo: no se trata (o al menos no se trata solamente) de que las malvadas empresas fabriquen basura que caduca enseguida porque son malos y odian a las crías de foca. Ciertamente la imagen de un CEO diseñando un plan estratégico para joder simplemente porque sí es un clásico de Hollywood. Pero las narrativas que construimos para explicar la realidad no son necesariamente la realidad. Se trata de que las empresas hacen aquello que nosotros queremos que hagan porque les pagamos por hacerlo. Si las empresas obran así, es porque lo demandamos. LA CULPA ES NUESTRA.

Un profesor que tuve en el master de RRHH lo explicaba muy bien con este ejemplo:

En los años 60 los Cadillac se vendían sobre la base de que, bien mantenidos, estos coches duraban para siempre, y tus hijos y nietos los podrían heredar. La durabilidad era un valor, y era lo que la gente demandaba. Pero la gente cambió (porque os digan lo que os digan, las empresas no pueden predecir las modas) y empezó a querer cambio continuo, y heredar cosas pasó a ser visto como algo de pobres. ¿Quién quiere tener un coche de 30 años? ¿Quién quiere llevar la misma ropa 10 años o más? No, no queremos, queremos ir siempre a la última. Queremos cosas baratas y fácilmente reemplazables que no tengamos que molestarnos en arreglar.

Me parto de risa viendo a muchos geeks (una subcultura pletórica de narcisismo) llenos de falsa indignación con este documental, cuando son a menudo ellos los que, cuando una empresa saca un nuevo modelo de móvil con una polladita absurda más que antes, son los primeros en descartar su terminal (aún válido) porque quieren el nuevo con la chorrada 2.0 de turno.

Las empresas reaccionan a lo que la gente quiere, y si la gente votara con sus bolsillos en otro sentido, entonces las empresas harían otra cosa porque ellos van a donde está la pasta, y no van a hacer cambios sociales. Los cambios sociales son nuestra responsabilidad. Que es muy bonito echar la culpa de todo a las empresas y las conspiraciones ajenas y a… a lo que sea menos a responsabilizarse de lo que uno hace, vaya. Y así nos va. Como sociedad, y como individuos.

Hay muchos ejemplos de empresas (en otros países, claro), que detectaron el interés por las prácticas sostenibles y se orientaron a satisfacer ese nicho de mercado. No se trata de que las empresas alemanas hicieran a esa gente más ecologista, sino que reaccionaron al interés de la gente por el tema, y se posicionaron ahí. Forrándose, por cierto. Empresas que fabrican por ejemplo material de construcción sostenible y lo más importante, más duradero. Los alemanes preocupados por ello aceptaron pagar algo más por ese material. Pero claro, eso es una muestra de gente mostrando verdadera preocupación y votando con el bolsillo, y eso no mola. Mola más echarle la culpa al otro.