De la falsedad del psicoanálisis y Freud.

De la falsedad del psicoanálisis y Freud.

Ayer encontré este artículo (1) que me puso los pelos como escarpias, y he decidido hablar (una vez más) del tema del psicoanálisis, la más antigua y prominente de todas las pseudoterapias que siguen floreciendo y tratando de meterse bajo el paraguas de la psicología.

Frederick Crews ha escrito “Freud: The Making of an Illusion”, una obra en la que desvela hasta qué punto lo que ya se sospechaba o sabía es cierto. Más de 40 años de investigación y 11 de escritura, desde que, igual que Aaron Beck cuando desarrolló la terapia cognitiva, pasó de ser psicoanalista a desengañado de la secta. Muestra de qué manera Freud y sus editores falsearon y manipularon datos, testimonios, mintieron sobre casos resueltos e hicieron lo necesario para seguir ganando dinero a costa de ese invento que es el psicoanálisis.

A día de hoy, ninguna terapia psicoanalítica se cuenta entre las terapias apoyadas por la evidencia, recopiladas por la división 12 de la APA (2). Sólo aparece la terapia psicoanalítica para el trastorno del pánico, y como podéis ver, su estatus es “controversial”, o sea, la evidencia no es concluyente. Esto es lo mejor que han podido hacer en más de un siglo, estos vendehumos.

Cito al magistral Jorge Tamayo:

Es que ni ellos mismos lo creían en 2002.

Pero el artículo va más allá. Crews ha tenido acceso a correspondencia de Freud con su prometida, Martha Bernays, y es escalofriante.

Freud era un cocainómano:

Cuando la cocaína le causó necrosis de la membrana nasal, lo trató aplicando más cocaína. Lo prescribía como panacea para todo. La usó para tratar la adicción de un paciente a la morfina, y lo dejó adicto a ambas cosas. Y entonces afirmó que el tratamiento había sido un éxito. Y en sus informes se refirió a otros casos exitosos que nunca existieron.

Freud participó junto con su mentor Charcot, al que adoraba como un cultista a su gurú, en sádicas prácticas con los enfermos del manicomio de Salpêtrière. Maltrató pacientes, especialmente a las mujeres, dado que era un misógino. Los trató con tratamientos que sabía que no funcionaban, y luego pretendió haber dejado de usar esos tratamientos mucho antes.

Se inventó el trastorno de histeria, un problema que, casualmente, sólo tenían personas ricas, mayormente mujeres, y que era adecuadamente incurable, de modo que pudiera sacarles el dinero sin límite. Cuando luego se descubría que algunos pacientes tenían problemas orgánicos que causaban sus síntomas, siguió insistiendo que la histeria era una de esas causas. Los hacía visitarle varias veces por semana, durante años. Admitió que, probablemente, nunca había curado a nadie.

Sobre el caso más emblemático narrado por Freud, el caso de Anna O:

Uno de los casos fundacionales del psicoanálisis, el prototipo de cura catártica, fue el caso de “Anna O”, descrito en un libro de Breuer y Freud. Dijeron que se había recuperado tras el tratamiento de Breuer, pero no era cierto. De hecho, empeoró y tuvo que ser hospitalizada. Tras dejar el tratamiento psicoanalítico, mejoró por sí sola y consiguió llevar una vida exitosa como activista contra la prostitución y la trata de personas. ¡Esto fue interpretado en términos psicoanalíticos como una manera de desear inconscientemente que su madre tuviera relaciones sexuales con su padre! Probablemente ni siquiera tenía una enfermedad psiquiátrica, sino una neurológica, y muchos de sus síntomas fueron causados por la adicción a la morfina que Breur le inflingió. La interpretación del caso de Freud contradecía los hechos: o bien mentía, o alimentaba su propio delirio.

Una vez Freud le dijo a una paciente que su tos era causada por el deseo inconsciente de hacerle una mamada a su propio padre.

Los editores de Freud colaboraron en mantener sus mentiras, eliminando o distorsionando pasajes en su obra que podían dejarle mal. De la correspondencia de Freud con Fliess (289 cartas) sólo 168 fueron representadas en la obra, y todas menos 29 fueron alteradas.

En correspondencia con un amigo, le dice:

He told a friend, “we do analysis for two reasons: to understand the unconscious and to make a living…we certainly cannot help [the patients].”

(Hacemos análisis por dos razones: entender el inconsciente y ganarnos la vida… ciertamente no podemos ayudarles).

Freud creía en lo paranormal, la numerología, el ocultismo, los sueños como medios mágicos de entender la mente, cuando en realidad se inventaba cada vez un significado nuevo, pero siempre sexual. La mujer de Freud consideraba el psicoanálisis una forma más de pornografía.

El código deontológico de los psicólogos dice claramente:

el/la Psicólogo/a no utilizará medios o procedimientos que no se hallen suficientemente contrastados, dentro de los límites del conocimiento científico vigente” (art. 18).

El psicoanálisis no es un procedimiento contrastado. No lo ha sido en más de un siglo, y probablemente nunca lo sea. Sabemos a ciencia cierta que está basado en falsedades, en inventos de un tipo que quería mantener su medio de vida y su adicción a meterse cocaína. No hay ninguna razón válida para practicar psicoanálisis, como no la hay para la terapia gestalt, la bioneuroemoción, las constelaciones familiares o cualquier otra chorrada que pretenda meterse bajo el paraguas de la psicología.

Sólo hay una psicología, que es la que usa el método científico. Si no usa el método científico, no es psicología, del mismo modo que si no sigue el método científico no es química, sino alquimia.

Y hay mucha, mucha gente, practicando esta patraña. La Sociedad Española de Psicoanálisis se fundó en 1959, y Barcelona, donde yo vivo, tiene a más de 300 de estos charlatanes practicando esta pseudoterapia sin control alguno. No sé cuántos habrá en todo el país, pero los que sea, son demasiados. Para más insulto, recientemente el COPC aprobó la creación de una comisión de psicoanálisis, integrando la charlatanería en su propia estructura, en contra de su propio código deontológico (3). Y bueno, aquí tienen que ser psicólogos o psiquiatras. En otros países, como Argentina, para ser psicoanalista basta con unos estudios de 3 años, que culminan con te haces una paja por escrito que se llama autoanálisis, y si tu tutor lo aprueba, pues ya puedes meterte a joderle la vida a la gente.

(CORRECCIÓN: Me informan que según parece, desde hace unos años el título en Argentina se obtiene como posgrado, requiriéndose un título universitario – cualquiera – para poder cursarlo. Tampoco es que mejore, pero bueno).

En fin. Esto no convencerá a los ya persuadidos de que el psicoanálisis no tiene valor. Ayer mismo un tipo en Twitter recurría a todo tipo de contorsiones mentales en una discusión conmigo y otros compañeros para justificar que es psicólogo y hace psicoanálisis, porque evidentemente no te vas a reconocer a ti mismo que lo que haces es una estafa. No espero que una obra como la de Crews haga que nadie que se ha autoconvencido de que el psicoanálisis vale de algo cambie de idea.

Pero este post lo escribo para el que no sabe, para el que duda, para el que se ha planteado recurrir a un psicoanalista porque asume que la psicología es eso, porque lo ha visto en películas, porque como un cáncer se ha propagado por nuestra cultura. Para que sepa que si entra en un despacho, pregunte, y si el psicólogo hace psicoanálisis, que se marche. Allí y en ese momento.

ENLACES

  1. Freud was a fraud: A triumph of pseudoscience.
  2. Terapias basadas en la evidencia (división 12 de la APA).
  3. De los lobos cuidando de las ovejas (II).
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De Santandreu y sus chorradas.

Rafa Santandreu es un psicólogo que, con la excusa de la psicología cognitiva, a veces dice unas gilipolleces de un calibre tipo cañón de acorazado. Básicamente, presenta una versión de las ideas de Aaron Beck y Albert Ellis llevadas hasta el absurdo, y sazonadas con mierdecitas de autoayuda que ayudan a vender libros y salir en la TV.

Iba a escribir un artículo más largo sobre el tema, pero el compañero Carlos Sanz Andrea lo ha hecho con mucho detalle y mucha elocuencia, así que mejor leed su excelente artículo, al que poco se puede añadir.

 

Del por qué de la divulgación.

Del por qué de la divulgación.

Este hilo de Twitter que pongo al final (pinchar en la imagen para leerlo entero) resume muy bien el por qué de este blog, de las conferencias que doy donde no cobro, del esfuerzo por divulgar. Porque estoy harto de mamarrachos que se dicen psicólogos con su psicoanálisis, su gestalt, su PNL, sus constelaciones familiares de mierda, sus eneagramas por los que cobran un pastizal a RRHH, sus Myers-Briggs, sus coachings de desarrollo gromenauer, del neuromarketing, de las neuromierdas, de si el hemisferio derecho o el izquierdo, de los traumitas y las memorias reprimidas, y mil payasadas más, harto del tsunami de gilipolleces que nunca cesa, alentadas muchas veces por colegas desaprensivos y permitidas y auspiciadas por colegios profesionales que no hacen nada nunca, entre otras cosas porque muchas veces se lucran con toda la pseudociencia y toda la pantomima: sí, COPC, os miro a vosotros y a vuestra comisión de psicoanálisis, que se os tenía que caer la cara de vergüenza. Como si un Colegio de Farmacéuticos tuviera una comisión de homeopatía. Ah no, espera, que ellos tienen más verguenza que vosotros y la eliminan (1). Igual es que claro, la bioneuroemoción no la hacen psicólogos y eso sí indigna, pero la estafa de los descendientes de Freud ya tal.

Sobre todo, estoy hasta las narices de ver a gente dañada después de perder mucho tiempo y mucho dinero en las consultas de esta gente sin haber conseguido nada, o directamente humillados e insultados porque un supuesto profesional les ha provocado un ataque de ansiedad en la consulta, o se ha dedicado a cuestionar su orientación sexual o sus preferencias personales, o a diagnosticarles cosas que no tienen para tenerlos más tiempo en consulta en vez de acabar y ya (muchos pacientes flipan cuando descubren que la terapia cognitivo-conductual puede dar resultados en unas pocas sesiones), o les han vendido terapias de ángeles (esto me lo contó una amiga mía), o reiki, u homeopatía, o… Bueno, es que no acabo.

Así que nada, como bien dice el tuitero esto es, probablemente, una guerra perdida. Una guerra que, además, nos perjudica como psicólogos porque nos arrastra al descrédito, a que la gente lea o escuche una charla sobre psicología y te diga “yo pensaba que esto de la psicología era un cuento” porque no se han visto expuestos más que a mamarrachos. Pero da igual, la batalla la seguiremos librando, y seguiremos dando la turra, porque la psicología es una ciencia fantástica y asombrosa, y poco a poco el tiempo nos va dando la razón en todo ello. Y por eso es importante divulgar: porque nunca vamos a convencer al sectario que cree en tonterías, pero hay muchísima gente indecisa, o que no sabe, que puede ver que la psicología es una ciencia basada en la evidencia como cualquier otra, y los importantes avances que se están realizando. Las nuevas terapias de tercera generación, los avances en psicología social, la contribución a las neurociencias (a pesar de que estas tengan a veces sus propios problemas), el constante trabajo en la comprensión de la conducta y su modificación.

Así que aquí seguiremos, ganemos o no. La batalla es en sí algo digno, y esta guerra una que merece la pena luchar.

ENLACES

  1. El Colegio de Farmacéuticos de Madrid elimina su comisión de homeopatía.

De los lobos cuidando las ovejas (II)

De los lobos cuidando las ovejas (II)

Y justo al hilo de lo que comentamos en la entrada anterior, me ha llegado la convocatoria de Asamblea Extraordinaria del COPC para el 18 de diciembre. Y ahí, en el orden del día, el tercer punto:

3. Ratificación de la comisión de psicoanálisis.

Ahí, con tomate. Comisión de psicoanálisis, porque por supuesto hace falta una comisión de chamanismo en una profesión que es o pretende ser científica.

Esto es lo que dice el código deontólogico del Colegio Oficial de Psicólogos:

Artículo 18º
Sin perjuicio de la legítima diversidad de teorías, escuelas y métodos, el/la Psicólogo/a no utilizará medios o procedimientos que no se hallen suficientemente contrastados, dentro de los límites del conocimiento científico vigente. En el caso de investigaciones para poner a prueba técnicas o instrumentos nuevos, todavía no contrastados, lo hará saber así a sus clientes antes de su utilización.

¿Qué os parece? Porque vamos, dentro de los límites del conocimiento científico vigente el psicoanálisis es una patraña. Pero por lo visto el COPC considera que necesitamos una comisión de patrañas.

Y así está el tema.

De los lobos cuidando de las ovejas

De los lobos cuidando de las ovejas

Hay días que te dan la entrada hecha, como es el caso de hoy. Mi compadre Ángelo Fasce, que se dedica al duro campo de la filosofía de la ciencia, ha publicado este demoledor artículo (1) que explica el por qué la profesión de la psicología se encuentra en tan mala situación, a pesar de que vivimos una época en la que se realizan nuevos y muy interesantes descubrimientos. Porque una cosa es la investigación, donde se dan avances brillantes continuamente (o se redescubren avances antiguos que por diferentes razones han tenido menos crédito del debido, como ocurre con el análisis de conducta), y otra cosa es la selva de la práctica privada, o la enseñanza universitaria. Y por supuesto, la traca que son los colegios profesionales en este país, enésima muestra de lo que ocurre cuando algo público se privatiza.

La situación que describe Ángelo en el COPCV no es diferente de la que hay en el Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña. Por ejemplo, yo me salí de una conferencia sobre depresión perinatal, debido a que las ponentes eran tres psiquiatras, de corte psicoanalítico (pseudociencia), que venían a promocionar su libro (OK), y que decían una barbaridad tras otra, llegando a ser la gota que colmó el vaso el momento en el que una de ellas afirmó que la hipermesis (el vómito excesivo durante el embarazo) indicaba que la embarazada rechazaba inconscientemente al feto. Esa barbaridad se dice en una conferencia auspiciada por el COPC, en las instalaciones del COPC, en clara violación del código deontológico del COP. Si vas a la biblioteca del Colegio Oficial de Psicólogos, uno alucina de la cantidad de bazofia pseudocientífica que se encuentra, y cada vez que el Infocop informa de las nuevas adquisiciones de la misma, no falta nunca el ratio 20/80 de ciencia / mierda.

Lo del PIR es, así mismo, rigurosamente cierto, y es grotesco. Es como si para pasar el MIR te preguntaran sobre los humores del cuerpo, o la cura con sanguijuelas, o las ideas de Galeno. Pero lo que Ángelo omite, y es más chanante aún, es que en la propia rotación del PIR hay un porcentaje no pequeño de conversión a la charlatanería, porque no hay control alguno sobre qué se enseña o qué tipo de terapias y prácticas se usan. En mi prácticum, mi tutor era un muchacho que se había formado como cognitivo – conductual en la universidad, y se había convertido al psicoanálisis en el PIR, dedicando su gabinete a la práctica psicoanálitica. Y supongo que ahí sigue.

Aunque los Colegios Oficiales pueden haber hecho cosas positivas por la profesión, que las han hecho, tienen que hacer una importantísima labor de limpieza interna, aunque sólo sea para cumplir con sus propios estatutos y códigos deontológicos. Que sí, que se denuncia a estafadores como Enric Corbera (2), pero no se hace nada con respecto al psicoanalista, al terapeuta gestalt, al de las constelaciones familiares, al de la EMDR (tengo ahora un paciente que se pegó 6 meses con un psicólogo moviéndole el dedo delante del ojo, y os imagináis el bien que le hizo), o directamente a la gente como los que, en mi barrio, te anuncian psicología de adultos, infantil, reiki, flores de bach, biodanza y terapia de pareja, ahí, todo mezclado, que se vea que somos gente seria.

Vergüenza nos tenía que dar de albergar a tanto payaso.

ENLACES

  1. Pseudopsicología oficial. Facultades, COP, PIR y otras desgracias
  2. Enric Corbera y el peligro de la bioneuroemoción.

Del oscurantismo que pretende ser progreso.

Del oscurantismo que pretende ser progreso.

No puedo alucinar más. Estas cosas no se le hacen a uno a las 6 de la mañana, cuando estás todavía medio dormido.

Resulta que en Argentina se ha puesto a debate una reforma de la Ley de Salud Mental. Y en su artículo 5 enfatiza la necesidad de usar terapias y tratamientos basados en la evidencia.

Por supuesto, los psicoanalistas se oponen. Su argumento es que usar tratamientos basados en la evidencia haría retroceder la psicología 50 años. Es difícil de creer el morro que tiene esta gente, dado que fue el legendario conductista Hans Eysenck el que ya dijo en los 60 que el psicoanálisis había retrasado 50 años el avance de la psicología, y tenía razón. Otros 50 años después, aún no han hecho una sola contribución, y tienen la desvergüenza de decir que se les tiene que seguir dando un púlpito desde el que excretar sus chorradas.

Esto es como si una asociación de homeópatas, una de practicantes de reiki y una de floristas de Bach se unieran para decir que usar medicinas adecuadamente validadas y procedimientos quirúrgicos probados hará empeorar la salud de la población. Es pretender abandonar los hospitales y volver a las cavernas. Es una gloriosa celebración de la ignorancia, es una fiesta del daño  cerebral autoinflingido. Es autoconvencerse de que es mejor saber menos que saber más. Es como matar por la paz, como hacer orgías en defensa de la virginidad. No tiene sentido.

En el artículo que os dejo abajo podréis leer la respuesta de un compañero conductista, que incluye el disparate de manifiesto para que podáis comparar. La expresión “ser más ridículo que un psicoanalista argentino” ha tomado una nueva dimensión, os lo juro. Es imperativo impedir que esa gente y otros como ellos siga estafando a personas con terapias sin eficacia y modelos teóricos sin valor. Los psicólogos tenemos que defender nuestra profesión de estos mamarrachos, igual que los médicos deberían defender su práctica de las “medicinas alternativas” (la medicina alternativa que funciona es medicina a secas, y no alternativa), o los farmacéuticos deberían defenderse de la homeopatía. Hay vidas en juego.

ENLACES

  1. Respuesta de un compañero psicólogo al manifiesto de asociaciones psicoanalíticas, publicado en Psyciencia.

De la bioneuroemoción y el Alzheimer.

De la bioneuroemoción y el Alzheimer.

Me he desayunado (es un decir, yo no desayuno) con este interesante artículo de Javier Burgos sobre la bioneuroemoción y su relación con el Alzheimer (1). Hemos hablado hace poco de la bioneuroemoción, si lo recordáis (2). De nuevo, leed el artículo del señor Burgos, yo os estaré esperando.

¿Ya lo habéis leído? ¿Seguro? Muy bien. Estoy convencido de que os habrá gustado tanto como a mí. Repetid conmigo una vez más: las enfermedades no son la expresión de conflictos emocionales reprimidos. Los conflictos emocionales reprimidos no existen, son una mierda del psicoanálisis que los estafadores e ignorantes usan para dar pábulo a sus memeces. No existen los traumas reprimidos, la memoria no “esconde” los sucesos demasiado terribles, no queremos tirarnos a nuestros padres en secreto, no existe un inconsciente colectivo. Uno de estos días tengo pendiente un artículo sobre todas las cosas que la gente cree del psicoanálisis y que no son ciertas, aunque bueno, podría escribir sólo acerca de las que son vagamente acertadas y acabaría antes.

Es crucial recordar la diferencia entre trastorno mental y enfermedad: la enfermedad se define por unos indicadores biológicos claros. No hay tales indicadores ene el caso de los trastornos mentales. Porque son cosas distintas y separadas. El Alzheimer es una enfermedad porque existen unos síntomas fisiológicos claros, lesiones visibles y medibles y demás. No existe tal cosa en los trastornos mentales, y es más, no se ha encontrado relación entre el estado mental y el desarrollo de una enfermedad (ninguna) o su curación, jamás nunca en la vida. Sí, es cierto, ciertos aspectos psicológicos pueden influir en algunos marcadores de salud, como por ejemplo, el que si tienes estrés habitualmente tu tensión sanguínea esté elevada, o alteraciones digestivas en el caso de la depresión, pero la mente no “crea” ni “cura” las enfermedades. Eso es creer en la magia, ni más ni menos. Una cosa es que tu bienestar psicológico pueda mejorar ciertas medidas fisiológicas, y otra cosa es una enfermedad que, a menudo, tiene un origen que puede ser genético (predisposición a desarrollarla) o contextual (desde agentes infecciosos hasta tóxicos, pasando por el estilo de vida y el entorno en el que vivimos).

¿Sabéis qué es posible, a la luz de la evidencia, que sea el Alzheimer? Un tipo de diabetes 3 que afecta selectivamente al cerebro, y que se solaparía con la diabetes mellitus y la diabetes tipo 2 (3). Empieza a surgir evidencia que apunta a que esta forma de demencia podría estar relacionada con el aumento de la obesidad y la diabetes en la población, debido a la resistencia a la insulina que nos estamos produciendo con nuestros hábitos alimentarios. Y sí, entonces el alzheimer podría prevenirse con unos hábitos adecuados, o cambiando nuestra alimentación, pero lo que no va a ocurrir es que nos curemos el Alzheimer perdonando a nuestro padre por llamarnos inútiles, o abandonando las preocupaciones mundanas. Las enfermedades se previenen con buenos hábitos y manteniendo contextos favorables a la salud, y se curan con ayuda de la medicina. No existen las medicinas “alternativas”, existe la medicina que funciona y lo demás, del mismo modo que no hay “psicología basada en la evidencia” y otras psicologías, hay psicología y gilipolleces especulativas. Basta ya de dar el mismo peso al resultado del trabajo riguroso de los científicos que a la especulación de los charlatanes.

Para una excelente explicación del modelo hormonal de la obesidad, así como una gran guía de la mejor manera de combatirlo, os recomiendo El código de la Obesidad,del doctor Jason Fung (4)(5).

ENLACES

  1. Bioneuroemoción y Alzheimer, por Javier S. Burgos, en la revista Jot Down.
  2. El estafador Enric Corbera.
  3. Revisión de que la demencia de Alzheimer podría ser diabetes de tipo 3.
  4. Libro: “El código de la obesidad”, por el doctor Jason Fung.
  5. Artículo sobre el trabajo del doctor Fung, en El Confidencial.