Es que las mujeres nacen sabiendo

Esto es espíritu navideño.
Esto es espíritu navideño.

Cuando queremos que la niña duerma, seguimos un cierto ritual. La envolvemos en su mantita de dormir, le damos el chupete, la mecemos suave y le echamos un trapito por la cabeza porque así cierra los ojos y se duerme antes. En menos de 5 minutos, por lo general, está profundamente frita, y la llevamos al dormitorio, donde le quitamos el trapito de la cabeza y conectamos la webcam para poder ver cuándo se despierta.

A veces se pega una o hasta dos horas sobando, pero en días que está peleona como hoy, no suele pegar más de media hora. A veces sólo son 10 minutos. En todo caso, si no llora la dejamos un rato, porque poco a poco está aprendiendo a dormirse solita cuando se despierta, y es importante. Si vemos que lleva un rato despierta y no se duerme o que está alterado, vamos para allá.

Entonces voy para el dormitorio, a menudo cansado, o como hoy, con la cabeza estallando porque tengo una infección en el oído derecho que me hace ver las estrellas a ver qué quiere mi niña, cogerla en brazos, consolarla si procede. O si veo que esto no tiene arreglo y que no se va a dormir, llevarla donde estamos nosotros.

A menudo le pregunto “¿Qué es lo que quieres, cielo? ¿Por qué no te vas a dormir de una puñetera vez (véase el ejemplo del vídeo adjunto, narrado por Samuel L. Jackson)?”

Y ella siempre hace lo mismo. Se retuerce un poquito, inclina la cabecita a un lado, y me sonríe, casi burlona. En ese momento me desmonto, me desarma, y tras besarla la cojo en brazos y hago lo que ella quiere. Presiento que esta va a ser la historia de mi vida.

Ellas nacen sabiendo. Lo juro, sólo tiene 3 malditos meses (y medio), no sabe hablar, casi no sabe coger cosas, no retiene esfínteres. Pero sabe sonreír con encanto y hacer que un hombre haga lo que ella quiere.

Creo que es por ese cromosoma extra que tienen, el bastón que convierte el XY en XX. Creo que por eso nos llevan tanta ventaja. Desde que tienen meses.

En realidad sí que lo sabíamos

En realidad, sí que te avisan de todo.

Cuando tienes un bebé hay muchas cosas que no sabes, y que nadie te cuenta. Pero eso no importa. En realidad, todo el mundo te ha avisado de lo importante, y lo sabes. Lo llevas en la sangre, y tras el choque inicial y a pesar de los momentos puntuales de sorpresa o desesperación (¿qué te pasa, por qué sufres, dime qué es y haré lo que sea, lo que sea, por arreglarlo), en realidad es cada vez más fácil. Estamos -la mayoría, la aplastante mayoría-, hechos para ello.

No sé si fuimos demasiado conservadores al ponerte tu nombre, porque es un nombre cómodo, el nombre de la madre de tu madre, y el de una de las mejores amigas que tenemos, un nombre fácil de pronunciar y hermoso, en cualquier idioma. Quizá me preocupaba el que tu nombre no tuviera suficiente destino, porque cuando te crías a base de la literatura que yo he mamado, esas cosas, como el nombre, importan. No tienes un segundo nombre, o una inicial graciosa (como Q) que haga que la gente te pregunte qué significa. Que te añada un destino adicional.

Y querría que estuvieses armada con todo aquello que pudiéramos darte, porque tu madre y yo te hemos gastado una broma: te hemos traído a un mundo donde, en general, siempre es bueno tener un as en la manga, alguna clase de hoja oculta. En nuestra defensa, hija mía, te diré que este es el único mundo al que podíamos traerte. Para bien o para mal, es lo que es.

Y estás viva, y bien, y eso es cuanto importa. Ojalá pueda llegar a ser digno de ti.

Mira bien a tu alrededor, que hay grandes maravillas y grandes peligros.
Mira bien a tu alrededor, que hay grandes maravillas y grandes peligros.