Del fuego y las llamas (por qué nos gusta lo que nos gusta)

Del fuego y las llamas (por qué nos gusta lo que nos gusta)

Hay muchas razones por las que a uno le pueden gustar las cosas, y muchas razones por las que a uno le siguen gustando, o le vuelven en ciertos momentos. Llevo una racha cansada y agotadora, y tenía pendiente una cosa que hacer para un proyecto, del que no puedo hablar por ahora. Así que me puse Through the fire and the flames, de Dragonforce, que es un hábito que tengo en este tipo de situaciones. Y mientras escribía lo que tenía que escribir, la tenía en bucle

Por qué me gusta la canción.

Por condicionamiento operante. Y mi historia de aprendizaje previa.

A mí me gusta el metal desde hace muchos años. De modo que estoy predispuesto a que un tema de metal me guste. Sin embargo el power metal me suele resultar cansino.

Petarlo al máximo, para siempre, definición gráfica.

En el momento en el que conocí esta canción yo estaba pasando un momento muy complicado. Y descubrí los juegos Guitar Hero, concretamente llegué hasta el Guitar Hero III. Y en el juego estaba esta canción, como una suerte de desafío final.

¿Por qué esos juegos? Bueno, pues porque son tremendamente reforzantes por cómo están diseñados, a poco que la actividad que se propone (hacer como que tocas una guitarra en un grupo de rock) te interese lo más mínimo. El juego modula la dificultad usando dos variables: una es la canción en sí, las hay más fáciles o más difíciles. La otra es el nivel de dificultad que determina cuántas de las “cuerdas” (o sea, los botones de colores que debes pulsar) vas a emplear (3-5) y cuántas notas de las que suenan tienes que tocar realmente. De modo que las canciones más difíciles se van desbloqueando conforme vas consiguiendo tocar las anteriores. Y conforme tú subes la dificultad, vas requiriendo usar más botones.

¿Qué tiene esto entonces de reforzante? Pues que el progreso está perfectamente graduado y cada canción que tocas con éxito es reforzante (el juego proporciona múltiples estímulos sensoriales que anuncian éxito). Como las canciones están perfectamente escogidas, no es hasta un nivel muy avanzado que puedes encontrarte atascado, lo normal es que puedas superar una canción en pocos intentos, sobre todo al principio. Y la percepción de competencia propia es terriblemente reforzante. Notar que mejoras en una habilidad es motivador (y por eso a la gente le cuesta mucho persistir en el gimnasio, o aprender a dibujar).

Así que yo, en mi mala racha, me volqué en esa actividad como una manera de obtener refuerzo y percibir competencia propia en una situación donde, además, me sentía muy poco competente. La conducta de jugar al juego se veía muy reforzada y las canciones del juego se asociaban con esa sensación de competencia, con lo que establecemos asociaciones positivas. Esto es, algunas canciones te van a gustar porque encajan con las que te podrían gustar por tus preferencias, y otras te acaban gustando porque se han convertido en algo positivo por el trabajo que te dio el dominarlas.

Durante aquellos meses, completé el Guitar Hero, Guitar Hero II (que trae Freebird, de Lynyrd Skynyrd, que tiene tela), y llegué al III. Y al final del juego, el último tema, es Through the Fire and Flames, que es el más difícil que había tocado hasta entonces. Y me volqué en dominarla, en el nivel más difícil que pude abarcar.

Al principio, el tema me parecía un soberano coñazo, la típica pajillerada de flipaos de power metal de “mira qué rápido que toco” y ya. Sin embargo, ensayo tras ensayo conseguía hacerlo un poco mejor. Y recuerdo exactamente el primer momento en el que, solo en mi casa, conseguí terminarla con una puntuación perfecta. Y es, claro, una chorrada, pero en aquel momento fue un triunfo.

Así que, en breve, esta es la razón por la que las cosas nos gustan. A menudo los gustos se desarrollan gradualmente, por condicionamiento clásico (un estímulo se asocia con una respuesta agradable de manera más o menos fortuita) y operante (realizamos más las conductas que se han visto reforzadas, y esto aumenta y consolida nuestro agrado por la conducta, como por ejemplo, escuchar una canción). No hace falta más para explicarlo.

Así que esta canción quedó asociada con una sensación de competencia, de sobrepasar un límite, y de triunfo. Y en los momentos difíciles aprovecho ese condicionamiento para, poniéndome la canción, elevar mi estado de ánimo. Y algo más, como explico ahora.

UN TRUCO PARA ESCRIBIR

También puede servir como herramienta para la creatividad.

En el artículo que os enlazo más abajo, Ryan Holiday señala que, al final, para escribir o para cualquier otra actividad creativa, tienes que aislarte. A menudo probamos a tener silencio o un ruido blanco similar. Pero a menudo, tras un tiempo, podemos querer estimulación. La música melódica y repetitiva puede ayudar con eso. Vale, Holiday pone música de la que se avergüenza, hasta que mediante la repetición tienes un estímulo que te coloca en un estado emocional elevado (un arousal elevado, ya que a menudo la música tiene ese efecto), y la canción o canciones que escuchas se funden unas con otras. Realmente no las escuchas, pero tampoco puedes escuchar nada externo y sólo tienes la tarea.

En mi caso, el efecto aversivo de escuchar poperadas que no me gustan es demasiado elevado. Pero unas pocas canciones que me agradan tienen un efecto positivo.

ENLACES

  1. Ryan Holiday explica su truco para escribir mejor.

ESTATUS

Trabajo: Una charla mañana en Alicante en petit comité, y por supuesto el ENEM 2019 en Granada el martes 23. De esta habrá vídeo y lo pondremos por aquí, claro.

Música: Probé a escuchar Attack & Release de The Black Keys, y meh. No es mal disco, pero tampoco hay ningún tema que me haya tocado especialmente. Lo mismo con All that you can leave behind de U2.

Leyendo: Por un lado estoy acabando El Ascenso de Endymion, sólo 100 páginas ya. Por las charlas pendientes, estoy repasando Decídete de Chip y Dan Heath, Pensar deprisa, pensar despacio de Kahneman, y una pila de libros de Gottman sobre relaciones de pareja y matemáticas.

Comida: Hoy hemos ido al Pura Brasa, y se está convirtiendo en uno de mis restaurantes favoritos.

Jugando: Nada. Las vacaciones no dejan tiempo 😦

De colaborar en la radio

De colaborar en la radio

He tenido el gusto de participar, grabando, en dos programas de radio. En uno de ellos la periodista Adela Molina y yo hablamos acerca de mindfulness (fecha de emisión por determinar), y además he comenzado una colaboración que espero sea prolongada con Presen Simón y Carlos Jiménez, en su programa Factoría de Emprendedores. Nuestra idea es realizar una colaboración mensual, y hablaremos de aspectos de la psicología que tienen que ver con el mundo de la empresa, donde hay tanto vendehumos como en las consultas. El programa se emite los sábados de 12 a 14 (hora de Las Palmas de Gran Canaria) e intervendré una vez al mes. El primero se emitió el pasado sábado, y lo podéis escuchar en el enlace, buscando el episodio del 13 de julio (más o menos a partir del minuto 25, son dos horas de programa).

También os comento que, a partir de la semana que viene, el día 22 por la tarde, se empezará a emitir una colaboración que he grabado con David Sierra para el programa Esto me suena en Radio Nacional de España, con una sensación llamada “¿Mente, qué mente?”, que podéis encontrar aquí una vez empiece a emitirse. La colaboración serán seis episodios, que se emitirán cada lunes a eso de las 1740.

Y hay alguna noticia más, de la que por ahora no hablaré, sino a la vuelta del verano. Pero seguimos pensando cosas, yo sólo y con gente como Óscar Huertas para más divulgación y más psicología.

Seguirán saliendo entradas durante las vacaciones, ¿por qué no? Entre tanto, os deseo a todos un muy feliz verano.

ESTATUS

Trabajo: Impuestos pagados, actas cerradas en las universidades, últimos clientes atendidos. Quedará el trabajo de escribir y estudiar.

Música: No importa cuántos años pasen, Achtung Baby de U2 sigue siendo una obra maestra. Mis favoritas (no puedo elegir):

Leyendo: El ascenso de Endymion, de Dan Simmons ya está en su recta final, y sin ser un libro erótico tiene algunas de las descripciones de la intimidad sexual más poéticas y evocadoras que he leído.

De cómo Nick Cave es un tesoro de la humanidad

De cómo Nick Cave es un tesoro de la humanidad

He escrito ya recientemente sobre las bondades de seguir blogs, newsletters y otros medios de expresión consolidados. Una de estas newsletters es la de Nick Cave, el cantante. Se llama The Red Hand Files.

The Red Hand Files tiene una idea muy sencilla: Puedes escribirle un email a Nick Cave, y en cada número de la newsletter Nick coge y contesta a uno o más de sus seguidores. Contesta de manera delicada y personal, con las tripas, sin guardarse nada y sin editar. A menudo las respuestas son de una profundidad sorprendente. Debe decirse también que, en general, las preguntas están muy a la altura: entiendo que debe recibir montones de emails y seleccionará quizá los mejores. Pero aún así es fascinante ver un contacto tan directo entre artista y audiencia.

En el último número, Nick Cave contesta a un fan de Croacia que le pregunta si reza, quizá con su familia o amigos. La respuesta me dejó sobrecogido, no sólo por su humildad, sino por la tremenda calidad del pensamiento de Nick Cave, y su (probablemente) involuntario análisis de la conducta de rezar, una conducta que a menudo a los no creyentes nos puede llenar de estupor.

Nick Cave no sabe si alguien escucha la oración o no. Cree que sus seres queridos, por quienes reza, se benefician de alguna manera, pero admite que no tiene la menor evidencia de ello. Por otro lado, lo ve como una manera de enfocar toda su atención sobre un problema, y de esa manera obtener guía cuando ha de decidir. La conducta de rezar sería entonces una conducta enfocada a poner su atención bajo control. Es un ritual que sirve como disparador de una conducta, siendo el reforzador la sensación positiva de claridad y una mejor resolución de problemas.

Al margen de esto, no me digáis que su conclusión acerca de si el mundo es cruel no es demoledora. A la pregunta de si el mundo es cruel, Cave afirma que no es tal, sino indiferente, y concluye:

If one acknowledges this state of affairs, then it sets up a situation that allows us to make a simple choice – either we respond to the indifference of the universe with self-pity and narcissism – as if the world has in some way personally betrayed us – and live our lives in a cynical, pessimistic and self-serving manner; or we stand tall, set our eyes clearly upon this unfeeling universe and love it all the same – even though, or especially because, it doesn’t love us. This act of cosmic defiance, of subversive optimism, of unconditional and insubordinate love, is the greatest act of human beauty we can perform. To stand before this great, blank, heartless cosmic event and say: ‘We believe in you’. ‘We love you’. ‘We care for you’. This is the definition of grace, Gianelli, and this is the epiphany you speak of. We create our own divinity, our own Godliness, through our ferocious need. We yearn the heavens awake, and if we are quiet, in prayer or in meditation, sometimes we can feel the heavens stirring, breathing our fragile and reckless love back through us. 

Nick Cave en The Red Hand Files

La poesía en esa descripción es sorprendente, y es algo magnífico. Bola extra de bondad y belleza si queréis: aquí podéis leer cómo Nick Cave contesta a un fan australiano de 10 años. La cara del chaval debió ser para verla.

Por otro lado, y ya que hablamos de tesoros de la humanidad, hay otro que resalta especialmente para alguien como yo, a quien no le suelen gustar los musicales y que no sabe bailar, este alguien es Fred Astaire, vía el maravilloso Alan Jacobs.

Jacobs cuenta que hace años vio una entrevista con el gran Baryshnikov donde este decía que ver a Astaire en una película lo dejó hundido porque pensó Si hasta la gente de las películas baila así en América, qué posibilidad tengo yo de llegar a ser grande. Por suerte, acabó por darse cuenta de que sólo Astaire era capaz de hacer lo que hacía. Ese hombre de facciones corrientes, que se iba quedando calvo, con una cabeza un poco como una bombilla, no era normal. En palabras de Zadie Smith, era trascendente. Del mismo modo que la escritura y la música de Nick Cave, es algo que vemos que es físicamente posible porque un humano lo hace, pero al mismo tiempo sabemos que es una idea fantástica porque nadie nunca podrá hacer lo que ellos hacen.

Haceos un favor y mirad este corte de 1937 donde Astaire baila con una batería entera, y decidme si, como a mí, cualquier mal humor no se os va al contemplar esto. A mí me ha alegrado.

Me quedan en promedio 12426 días de vida. Mejor invertirlos bien 😉