De tu teléfono y tu cerebro

De tu teléfono y tu cerebro

Adam Ward es investigador en la Universidad de Texas, y ha publicado este paper (1). Su título es: “Brain Drain: The Mere Presence of One’s Own Smartphone Reduces Available Cognitive Capacity (Drenaje cerebral: la mera presencia del propio smartphone reduce la capacidad cognitiva disponible).”

Seguramente muchos estáis leyendo esto en un móvil. Veréis qué risa.

En el artículo se describen los resultados de dos experimentos que ponen a prueba la tesis del “drenaje cerebral (brain drain), que estipula que el mero hecho de tener el smartphone cerca consume recursos de nuestra atención, empeorando nuestro rendimiento en tareas cognitivas. Los dos experimentos muestran que, incluso cuando las personas tienen éxito en mantener la atención sostenida – esto es, evitar la tentación de mirar sus móviles – la mera presencia de estos les hace rendir peor cognitivamente. Y el coste cognitivo es más alto cuanto mayor se valora la dependencia del dispositivo. O sea, cuanto más enganchado te encuentras al móvil, más afecta tu capacidad de concentración, incluso si no lo estás usando. 

Fijaos: no basta con desconectar las notificaciones. El mero hecho de tenerlo a la vista es suficiente para que te distraiga (es una de las conclusiones del estudio de Ward).

Ya sabemos que las notificaciones tienen un enorme coste en atención, que baja significativamente nuestro rendimiento en un gran número de tareas cognitivas (3). Pero la cosa parece tener un alcance aún mayor. También sabemos que la retención y comprensión de la información es muy superior en papel que en una pantalla, y que las notas manuscritas son superiores a los apuntes en un ordenador.

Las interacciones personales también se ven afectadas por el uso del teléfono móvil y su presencia. En este artículo (2) se muestra que las interacciones sin móvil son consistentemente valoradas como más positivas y significativas cuando el móvil no estaba presente, que cuando estaba en la mano de uno de los participantes o sobre la mesa. Los participantes reportaban mayor satisfacción y empatía. El efecto es más pronunciado entre personas más cercanas, esto es, hablar con gente querida con el móvil a la vista deteriora más aún la calidad de la interacción.

¿Qué podemos hacer?

El artículo de Ward muestra que ponerlo boca abajo pero a la vista es fútil. Tenerlo a la vista, pero desconectado, igual. El único recurso que funciona es la separación física. Esto es, tener el móvil fuera de la vista (y del oído, para las notificaciones por vibración). Deja tu móvil en el bolso, en la chaqueta, en otra habitación (yo tengo una caja para dejar la cartera y demás en la entrada de casa). Pasa de vez en cuando a ver si ha llegado un mensaje, pero no lo tengas delante cuando estás tratando de hacer algo que requiera concentración. Porque te mantendrás hipervigilante, dedicando una parte de tu atención a controlar continuamente si ha llegado algo, si ha sonado algo.

Planeta de adictos.

En promedio, usamos nuestros móviles 85 veces al día, incluyendo lo primero que hacemos al levantarnos, justo al acostarnos, y durante la noche, para una media de 5 horas diarias (3). El 91% de usuarios dicen que nunca salen de casa sin el móvil (Deutsche Telekom 2012), y el 46% dice que  no podrían vivir sin el móvil (Pew Research Center 2015).  In 2007, sólo el 4% de los estadounidenses adultos tenía móvil (Radwanick 2012). En enero de 2017, el 77% de estadounidenses adultos — y el 92% de los menores de 35 años — poseen un smartphone (Pew Research Center 2017). La penetración de los dispositivos es similar en los países occidentales, y aún más alta en naciones de Oriente Medio y Asia. Corea del Sur, por ejemplo, muestra que el 88% de los ciudadanos tiene uno, el 100% si contamos sólo los menores de 35 (Pew Research Center 2016).

Todo esto ya ha pasado, dicen.

gettyimages-3436262-838x0_q80
Hay quien cree que esto es comparable con los móviles.

Si os fijáis en la foto de arriba, es una imagen que se ilustra mucho por parte de los defensores de las nuevas tecnologías para mostrar que es infundada la preocupación por los posibles efectos de estas, ya que otras tecnologías han tenido también a gente prediciendo el apocalipsis y nos hemos adaptado. Yo no estoy de acuerdo.

En la imagen, cada pasajero lee un periódico. Pero, y esto es lo importante, el periódico no reclama tu atención. El periódico no va contigo al baño, a la cama, al cine, al trabajo, a absolutamente todas partes, haciendo ruidos y vibrando para llamar tu atención continuamente. Los artículos del periódico no interactúan contigo en maneras diseñadas para reforzar la conducta de mirar el periódico. Ni la TV, ni la radio, ni nada como los smartphones.

El primer rasgo que marca toda la diferencia es la ubicuidad. Ninguna tecnología anterior ha tenido una presencia tan constante, te ha acompañado a todas partes de modo inescapable. Antes (hace unos pocos años), para navegar por internet y mirar tu correo, tenías que sentarte ante un ordenador. Pero no podías recibir notificaciones en la calle, en el metro, en la cama. Si estabas con tus amigos en un bar, no podías mirar facebook. Si estabas en el cine, no sabías si tenías email o no (y la gente apagaba los móviles normales en el cine; eso ya no sucede).

El segundo rasgo es la interrupción activa de la atención. El teléfono reclama tu atención de manera constante, porque está diseñado para ello. Los desarrolladores diseñan las aplicaciones y páginas web para que el consumidor las use cuanto más mejor. Y cuantas más interrupciones tenemos, peor funcionamos cada vez. Y el impacto no es sólo cognitivo. El uso de móviles afecta también a nuestro estilo de afrontamiento emocional, incrementando nuestro estrés. A más fragmentación de la atención, más ansiedad. Por eso, técnicas como la meditación reducen el estrés. Hay una relación directa entre fragmentación de la atención y aumento del estrés. Podéis buscar las investigaciones de Clifford Naas sobre el tema, que son demoledoras.

Conclusión

Es mi opinión que, en unos años (y mejor ya), tendremos que replantearnos el uso de los smartphones, del mismo modo que antes tuvimos que plantearnos el uso del tabaco. Hay muchísima más tela que cortar en referencia a este tema, porque la investigación sólo ahora empieza a manejar datos significativos. No podemos limitarnos a tildar de ludditas o tecnófobos a los que nos preocupamos sobre cómo nuestra conducta está cambiando en relación a esta tecnología.

A fin de cuentas, incluso los propios diseñadores de estas tecnologías están tratando de dejar de usarlas por temor a sus efectos (5).

ENLACES

  1. “Brain Drain”, por Adam Ward et al.
  2. “The iPhone Effect: The Quality of In-Person Social Interactions in the Presence of Mobile Devices”, de Misra, Cheng, Genevie y Yuan (2014).
  3. Perlow 2012; Andrews et al. 2015; dscout 2016
  4. “The attentional cost of receiving a cellphone notification”, de Stothart, Mitchum y Yehnert (2015).
  5. “Our minds can be hijacked” en The Guardian.
Anuncios

De las ideas falsas sobre la depresión

De las ideas falsas sobre la depresión

Hay días que vas a escribir, pero te han dado el trabajo hecho. Los compañeros Jesús Sanz y María Paz García – Vera han escrito un precioso artículo en dos partes (1)(2) que ha aparecido publicado en el último número de Papeles del Psicólogo, la revista oficial del Consejo General de la Psicología. Y no puedo dejarlo pasar sin comentar este tema.

En el artículo, los compañeros deciden contrastar algunas ideas equivocadas sobre la depresión, porque esas ideas equivocadas obstaculizan que los pacientes acudan a tratamiento y reciban tratamientos adecuados. Así mismo, promueven la medicalización del mismo en detrimento de las terapias psicológicas que han demostrado más efectividad que los fármacos, cuya eficacia está totalmente en cuestión (3). Por desgracia, estas ideas falsas son difundidas por diarios y medios de masas como El Mundo.

Concretamente fue ese diario, a través de su portal Cuidateplus (antes Dmedicina) el que, en 2015, publica un artículo, republicado en 2016, titulado “Ideas equivocadas sobre la depresión”, que está tan lleno de errores que los autores se vieron obligados a escribir la réplica que da pie a este post. No enlazo el artículo de ese portal porque la política de este blog, desde hace un tiempo, es no enlazar mierdas y no dar clicks y dinero a estafadores.

Ese artículo concreto ha sido visitado por 23 millones de lectores aproximadamente. Imaginad el daño que puede hacer que ese tipo de información falsa se difunda. Pensad en cuántos lectores de esa web habrán dado por buenas esas ideas y habrán sufrido perjuicio por ello.

Si bien os invito a leer el artículo entero, porque es excelente y aporta todas las referencias y evidencia necesarias, quiero comentar yo los puntos más salientes del mismo.

Falacias sobre la depresión que se propagan por ahí.

  1. La depresión es una enfermedad. Falso. Los trastornos mentales se llaman “trastornos” precisamente porque no se ha encontrado causa biológica ni marcadores fisiológicos que permitan denominarlos “enfermedades”. La depresión en concreto no tiene alteraciones estructurales o funcionales en el cerebro, y la hipótesis de las monoaminas (que dice que la depresión puede deberse a una bajada en los niveles de sustancias como la serotonina) está siendo objeto de abundante crítica porque, básicamente, no hay evidencia de que sea cierta, e incluso la hay contraria. No hay test biológicos que diagnostiquen trastornos mentales, y las tasas de éxito de los fármacos están entre el 50% y el 60%, que no es mejor que la terapia cognitivo-conductual. El artículo de la web decía que los antidepresivos tenían tasas de efectividad del 90% Ojalá.
  2. Cuando todo te va bien en la vida, puedes deprimirte igual. Falso en parte. La gente a la que le va mal (entendiendo “le va mal” como que ha pasado por acontecimientos vitales estresores) tiene 2,5 veces más probabilidades de deprimirse. Pretender que la relación entre estresores y depresión es débil es falso. Hay una relación fundada y validada entre los acontecimientos vitales estresantes, y la depresión, y de nuevo, negar esa realidad hace parecer a la depresión como una enfermedad biológica que puedes contraer en el metro.
  3. Los optimistas se deprimen tanto como los pesimistas, y los extravertidos igual que los introvertidos. Falso. De hecho, la web defiende que los extravertidos tienen mayor carga de afectividad y por ello están en más riesgo. Lo cual es más falso aún. Las personas extravertidas y optimistas pueden deprimirse, cierto, pero la evidencia indica que la probabilidad es mucho más baja. De hecho, hay una relación casi inversa entre optimismo (medido con el Test de Orientación Vital) y la depresión (medida con el BDI). La extroversión y el optimismo son factores de protección pero claro, no son garantía.
  4. La psicoterapia no cura la depresión. FALSO FALSO FALSO. Hay DÉCADAS de estudios y metaanálisis que muestran que la terapia cognitivo-conductual tiene una eficacia como mínimo igual, cuando no superior, a la farmacológica. La terapia de activación conductual (dentro de las terapias de tercera generación) y la terapia interpersonal han mostrado también eficacia superior al fármaco. Las terapias avaladas por la evidencia según la APA, para tratar la depresión, son en 2016:
    1. Terapia de conducta (Activación conductual).
    2. Terapia cognitiva.
    3. Terapia interpersonal.
    4. Terapia de solución de problemas (un tipo de terapia cogntiiva).
    5. Análisis cognitivo conductual de McCollough (más de lo mismo).
    6. Terapia de autocontrol de Rehm (cognitivo-conductual, basada en corregir un desequilibrio entre estímulos reforzantes y aversivos).
      ¿Qué es lo que no hay aquí? Psicoanálisis, gestalt, sistémica, constelaciones y demás pseudoterapias mamarrachas sin evidencia.
  5. La psicoterapia no es eficaz en depresión grave, sólo en leve y moderada. FALSO. De nuevo, la TCC ha demostrado una eficacia igual o superior a los fármacos en la depresión grave, y de hecho son tan eficaces como en la leve.
  6. La psicoterapia previene peor las recaídas y recurrencias. FALSO. Matadme ya, por favor. Es lo contrario: la TCC es MÁS eficaz que los fármacos en la prevención de las recaídas, medida a 6 y 12 meses. O sea, si practicas TCC, estás más protegido al acabar la depresión que si sigues 1 AÑO tomando fármacos. Y hay evidencia que las otras terapias basadas en la evidencia también tienen un efecto similar.
  7. El tratamiento de la depresión es largo. Falso en parte. Las terapias avaladas por la evidencia son breves, requiriendo en general 16-20 sesiones, lo cual se traduce en 3-4 meses de sesiones semanales. Como mucho, se pueden incluir 3-4 sesiones de refuerzo y prevención de recaídas, lo cual ha demostrado que además tiene un efecto de protección significativo. De modo que, aunque es cierto que algunos casos muy graves pueden requerir tratamientos prolongados, la realidad es que la mayoría de pacientes de psicoterapia superarán la depresión en pocos meses.
  8. El psicólogo no es el profesional que trata la depresión. Mira, yo ya.

Es importante que la información se recabe de las fuentes adecuadas, que NUNCA son portales “de salud” propiedad de un medio de comunicación de masas. Si tienes una depresión o alguien cercano a ti podría tener una, la terapia psicológica es el tratamiento de primera elección para la depresión de cualquier gravedad. Ojo, terapia psicológica, no pseudociencias ni payasadas. Nada de perder años de tu vida con un psicoanalista yendo a sesión 4 veces por semana durante años, o hacer juegos de rol con uno de las constelaciones pretendiendo que tienes anorexia porque tu abuela pasaba hambre.

¿No encuentras un psicólogo serio y fiable, o no puedes pagar un tratamiento. Empieza por comprar el libro Sentirse bien, de David D. Burns (4), que ha mostrado que la biblioterapia puede tener una eficacia comparable a la TCC e igual a los fármacos.

¿No estás seguro de cómo identificar si un psicólogo es un profesional o un vendedor de humo que practica pseudoterapias? Aquí te dejo un fantástico artículo del compañero Eparquio Delgado (5)

Menos coaches, menos PNL, menos Freud, y más modificación de conducta y reestructuración cognitiva. Podría ser el lema del blog, esto.

ENLACES

  1. Parte I del artículo.
  2. Parte II del artículo.
  3. “La invención de los trastornos mentales”, de Marino Pérez y Héctor González (2007).
  4. “Sentirse bien”, de David D. Burns.
  5. 10 claves básicas para elegir un (buen) psicólogo.

De los expertos y las ratios base.

De los expertos y las ratios base.

Es lógico, pensando en la entrada de ayer (1), preguntarse acerca de los expertos y para qué sirven. Decenas de expertos están prediciendo qué pasará en Cataluña. Vamos a ampliar un poco algunas cosas que sabemos gracias a la psicología.

Phil Tetlock, psicólogo y profesor de la Universidad de Pensilvania, recibió en 1984 una invitación a participar en una iniciativa del Consejo Nacional de Investigación: se trataba de evaluar qué podían aportar las ciencias sociales para evitar lo que parecía una inevitable guerra nuclear, ya que Reagan acababa de calificar a la URSS como “un imperio del mal.”

Si estudiamos algo de historia, sabemos lo que pasó: al año siguiente Gorbashev ascendió al poder en la URSS, iniciando la perestroika, y poniendo fin a la Guerra Fría. Nadie había podido predecir eso.

Lo que llamó la atención a Tetlock es que ninguno de los expertos admitieron su error. Ninguno de los que habían sostenido que la guerra nuclear era inminente aceptaron su fallo, sino que aducían que América había tenido suerte o que sus predicciones seguían siendo válidos porque “casi” había habido una guerra. Fijaros: aunque me he equivocado, casi podría haber pasado lo que predije, por tanto tengo razón.

Exasperado, Tetlock buscó 284 expertos a los que pidió que hicieran predicciones sobre política o economía. Gente que se ganaba la vida opinando. Las predicciones eran del tipo:

¿Cree usted que el crecimiento del PIB se acelerará, ralentizará o se quedará como está?

En 2003 había recopilado más de 82.000 predicciones, y dos años después el análisis de las mismas, en un libro llamado Expert Political Judgment: How Good is it? How can we know? (2) Las conclusiones son demoledoras.

Hasta los mejores expertos rindieron peor que lo que Tetlock llamaba un burdo argumento de extrapolación, que consiste simplemente en coger las ratios base de un suceso (por ejemplo, el porcentaje de restaurantes que fracasan en una zona), y presuponer que las cosas continuarán igual que la tendencia de los últimos años. Esto es, si estás pensando abrir un restaurante de cocina tailandesa en un el barrio de Sant Andreu, y te enteras de que el 60% de los restaurantes en ese barrio duran menos de 3 años, la ratio base está en tu contra. No puedes saber con certeza si tú tendrás éxito o no, pero a priori parece arriesgado.

La formación adicional no mejoraba el rendimiento. Los doctores no rendían mejor que los no doctores. Es más, si a un adolescente le dabas una calculadora y las ratios base de los sucesos, sus predicciones eran al menos tan buenas como las de los expertos. La experiencia tampoco mejoraba el rendimiento. Los expertos con dos décadas no rendían mejor que los novatos.

Sólo una característica tenía valor predictivo: cuanto más aparecía un experto en los medios, peor tendía a ser su rendimiento. Valorad entonces si merece la pena prestar vuestra atención y vuestro tiempo a los Marhuendas, Indas, Lacalles, Rallos, Ferreras, Escolares y demás tertulianos de la vida. Eso era lo único consistente en las predicciones de los expertos, aparte de que tienes más probabilidades de acertar si, simplemente, supones que la tendencia del año pasado continuará.

Ojo, esto no le pasa sólo a periodistas, politólogos y economistas. Psicólogos (sí, claro, también somos gente), médicos, abogados (estos rendían peor que ningún grupo) y hasta mecánicos de coches eran nulos haciendo predicciones en su propio campo.

¿Significa esto que tener conocimientos carece de valor? No, por suerte no. La investigación de Tetlock muestra que, aunque los expertos lo hacen mal (en torno al 45% de acierto, peor que el azar), los novatos lo hacen aún peor (23% de acierto). La investigación nos demuestra que lo mejor es aplicar las ratio base correctamente, seguido pro las predicciones de los expertos (poco fiables) y por último las predicciones que haces en Facebook (ridículamente poco fiables). Pero ojo, hay que entender bien lo que es el ratio base: la probabilidad de ocurrencia de un suceso, no la probabilidad, por ejemplo, de detectar dicho suceso. Veamos un ejemplo del texto de Tetlock, que aparece también en el blog de Economía Fácil de ING, que así mismo lo cita (4):

Supongamos que vamos al médico a hacernos unas pruebas y que, tras recibir los resultados, nos comunica que hemos dado positivo en determinada enfermedad. Al preguntarle al doctor por la fiabilidad del test, nos confirma que tiene una precisión del 95%.

En ese momento, parece lógico pensar que lo más seguro es que tengamos esa enfermedad y debamos empezar a tratarnos pero, por increíble que parezca, es muy probable que no la tengamos, debido a lo que se conoce como negación del ratio base.

La negación del ratio base

La negación del ratio base, en inglés Base Rate Fallacy (3), se debe a que al valorar la eficacia del test estamos ignorando la probabilidad a priori de que ese suceso ocurra. Consiste en que si se nos presenta información de la frecuencia de base (i.e. información genérica, general como la prevalencia) e información específica (información de un caso particular como la validez de la prueba), tendemos a ignorar la información general y enfocarnos en la particular. En el caso de nuestra prueba médica, si la prevalencia de la enfermedad (la probabilidad de que cualquier persona la tenga) es, por ejemplo, de uno entre mil (1/1000 o 0,1%), solo el 2% de los positivos serán ciertos. Lo explico.

Supongamos que hacemos la prueba de la enfermedad a 100.000 personas. Según la prevalencia de la enfermedad, de esas 100.000 personas, solo 100 tendrán la enfermedad, pero aun así el test dará como positivo a otras 4.995 personas que no han contraído la enfermedad (el 5% de esas 99.900 personas que no tienen la enfermedad). Eso nos deja que de la 5090 personas que han dado positivo, solo 95 están realmente enfermas, lo que arroja un porcentaje cercano al 2% (95/5090).

Por otro lado, el test también fallará al no detectar la enfermedad cuando está presente, ofreciendo falsos negativos en el 5% de los caso. Es decir, que de las 100 personas enfermas, 5 recibirán un resultado negativo. En este caso, las posibilidades de estar enfermo recibiendo un resultado negativo de la prueba son muchísimo menores, aproximadamente del 0,005%.

Obviamente estos datos variarán en función de la prevalencia de la enfermedad, con porcentajes menores según sea la prevalencia menor, y también si la elección de los sujetos no es aleatoria, siendo necesario estudiar la prevalencia no en toda la población, sino por ejemplo entre todos los sujetos que presenten síntomas que encajen con la enfermedad.

O sea, que sí te puedes fiar de las pruebas médicas, pero debes ser consciente de la realidad del margen de error.

En conclusión: No merece la pena hacer predicciones si podemos tantear, hacer pruebas o buscar de alguna manera confirmar nuestras teorías. Es mejor saber que predecir, y si no sabemos es más prudente ver qué pasa en vez de anunciar nuestras predicciones, o llenarnos de ansiedad. Pero claro, el mundo necesita conocer nuestras opiniones. Para eso tenemos los blogs y, sobre todo, las redes sociales. Os dejo una canción que me parece muy pertinente en estos días llenos de ruido y furia vacíos en Internet (o sea, cualquier día en Internet).

ENLACES

  1. La entrada de ayer.
  2. Expert Political Judgment: How Good Is It? How Can We Know? Philip E. Tetlock (2006)

  3. Negación del Ratio Base en Wikipedia (inglés).
  4. Artículo de ING sobre la negación del ratio base.

Del granjero que no saltaba a conclusiones.

Del granjero que no saltaba a conclusiones.

En toda la debacle esta de Cataluña, con la DUI que no es una DUI que se firmó ayer, y la República que sí pero no, y en Madrid el 155 se ejecuta pero a ver cómo y, en general, siendo todo lo que aquí se denomina can pixa, mi comentario más frecuente ante las predicciones de uno y otro signo es “Veremos.”

Hay quien se sorprende de que se pueda responder simplemente con eso, pero hay una razón, basada como no, en la filosofía estoica. Y es que los estoicos ya reconocían, y la psicología confirmó, que tenemos una excesiva fe en nuestra capacidad de predecir acontecimientos complejos, y eso se acentúa cuando hablan expertos (y las investigaciones de Phil Tetlock sobre el rendimiento de las predicciones de los “expertos” en economía y política ya demostraron que no hay razón para hacerles caso (1)).

Los estoicos, por ello, proponían tomar los acontecimientos como venían, sin asignar la etiqueta “bueno” o “malo” hasta entender completamente las implicaciones del hecho, y delimitando y ocupándose sólo de aquello que uno puede controlar. Esta idea se ilustra con esta fábula, que he visto también atribuida a otras culturas y épocas (por ejemplo, en otra versión el granjero es chino).

Hubo una vez un granjero cuyo caballo se escapó. Esa tarde sus vecinos fueron a su casa a compadecerse de él. Le decían “Sentimos tanto que tu caballo haya escapado. Es muy desafortunado.” El granjero contestaba: “Veremos.” Al día siguiente el caballo regresó trayendo consigo 7 caballos salvajes, y esa tarde todos volvieron a felicitarle: “Qué afortunado giro de los acontecimientos. ¡Ahora tienes 8 caballos!” El granjero de nuevo contestó: “Veremos.” Al día siguiente el hijo del granjero trató de domar uno de los caballos, y mientras lo montaba el caballo lo derribó y le partió una pierna. Los vecinos dijeron “Oh, cielos, qué mala fortuna.” El granjero contestó: “Veremos.” Al día siguiente los soldados de la polis vinieron y se llevaron a todos los jóvenes para alistarlos, pero rechazaron al hijo del granjero por tener la pierna rota. De nuevo los vecinos se reunieron a felicitar al granjero: “¿No es maravilloso?” De nuevo contestó: “Ya veremos.”

El granjero de la historia se niega reiteradamente a considerar los sucesos en términos de ganancia o pérdida, ventaja o desventaja, porque uno nunca sabe. De hecho nunca sabemos de verdad (salvo en los casos más extremos) si algo es una suerte o una desgracia, sólo podemos conocer y controlar nuestras siempre cambiantes reacciones a los siempre cambiantes sucesos.

Por eso, mientras los tertulianos gritan, hacen predicciones que no se cumplen, y anuncian a cada momento un apocalipsis distinto que no llega a suceder, lo único razonable es permanecer en calma y esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Ocuparnos sólo de aquello que está en nuestra mano controlar, y esperar a ver qué sucede, aceptando los hechos como ocurren. Eso no impide que podamos y debamos hacer cuanto esté en nuestra mano por mejorar nuestra situación. Pero para evitar ansiedad y sufrimiento, es necesario recordar hasta dónde llega realmente nuestra capacidad de influencia. Las discusiones en Internet dan sensación de acción y de control, pero no suponen diferencia alguna. En todo este asunto, los únicos beneficiados son los medios de comunicación, que dependen de nuestra ansiedad permanente, y las plataformas como Facebook que ganan dinero a costa del trabajo gratuito que hacemos para ellos, participando en estériles discusiones donde nadie sabe nada.

Buenos amigos míos han manifestado preocupación y pesar por los acontecimientos. Una cosa quiero recordar a todos: Los políticos vendrán y se irán. Los países nacen y mueren. Los imperios que parecían eternos antaño, hoy sólo dejan ruinas o se han olvidado. No sabemos qué sucederá, probablemente ni los principales actores en esta situación lo sepan (es obvio que la improvisación y la incapacidad abundan). Aceptemos los hechos como son ahora, en este momento, y no nos preocupemos del desenlace, que acabará llegando igualmente. ¿O hemos olvidado ya el apocalipsis que iba a ser la gripe A (causó menos fallecimientos que la gripe normal?), el Ébola (tampoco), y tantas otras cosas?

ENLACES

  1. Phil Tetlock en Wikipedia.

Del adoctrinamiento político.

Del adoctrinamiento político.

ACLARACIÓN, SUPONGO QUE NECESARIA: Yo soy andaluz, habiendo vivido 26 años en Granada, 5 años en Madrid y los últimos 9 en Barcelona. Si bien considero que se debería llevar a cabo un referéndum con las garantías necesarias en Cataluña para dirimir qué demonios piensan realmente los catalanes al respecto, no considero que la independencia de Cataluña sea la mejor opción, prefiriendo una reforma del Estado Español hacia una configuración más federal. O sea, que soy pro-referéndum no independentista. Digo esto para que se entienda que no he pasado por la educación catalana que se supone adoctrina tanto (en este post revisaremos esa idea), no consumo prensa catalana o nacional ni sigo TV3 ni nada por el estilo, y no me gusta el fútbol ni soy del Barça.

En estos últimos meses, a raíz del proceso independentista emprendido por la Generalitat, uno de los argumentos que más he leído y escuchado en diferentes foros es que los catalanes que son independentistas, lo son porque están adoctrinados en las escuelas catalanas, y por los medios partidistas de comunicación, como TV3 y, supongo, el Club del Super 3, el Mic y otros programas infantiles que, sin duda, transmiten el odio a España y lo español.

logo-festa-3d
Enseñando a los niños a odiar a ESPAÑA en esos conciertos que hacen, hablando en raro.

La idea y el argumento me dan básicamente cáncer en el cerebro, y una vergüenza ajena que no se puede expresar en ningún idioma, salvo quizá en alemán. No sólo porque chocan con mi experiencia (que no deja de ser evidencia anecdótica), sino porque además se pega de bofetadas con la más elemental psicología social.

En corto: si en las escuelas catalanas se adoctrinara en el odio a España y el amor por una Cataluña independiente (cosa que dudo por mi experiencia de 9 años aquí, pero vale), ese adoctrinamiento habría sido un fracaso completo, ya que en 2006 no se alcanzaba el 15% de la población independentista (1)(2). Si la transferencia de competencias  en Educación es en el 92, y hasta el 2006 no hay cambios en la población independentista, y no se dispara hasta el 2011, entonces la teoría del adoctrinamiento es insostenible porque claramente no se ha logrado nada EN 25 AÑOS. La educación como medio de adoctrinamiento no ha conseguido nada, de acuerdo con esos datos.

Aparte de que, es de primero de psicología social, la transmisión de valores políticos se da con mucha más fuerza en la familia y los iguales que en la escuela, que es fácilmente ignorable (y las últimas investigaciones son aún más marcadas porque parecen sugerir que la inclinación política es genéticamente predispuesta y correlaciona con variables de personalidad y no con entorno). Esta es la razón por la que, por ejemplo, las escuelas religiosas fabrican tantos ateos, o las universidades más progresistas en EEUU están creando muchos conservadores acérrimos (3). Porque formamos nuestras opiniones en casa y con nuestros amigos, y no tanto por lo que diga un libro de texto. Si hay una escalada en independentismo desde 2006 además, la escuela no puede ser, porque se ha dado en menos de 10 años, tiempo insuficiente para que una promoción entera pase por el sistema educativo.

Esto coincide, y lo sabemos todos, con nuestra experiencia personal: muchos hemos pasado por colegios religiosos privados o concertados, donde el profesorado clara y abiertamente ha tratado de transmitirnos unas creencias y unos valores, y en general, las personas que salen de esos centros siendo religiosas, lo son porque en su familia y círculos cercanos son religiosos. El resto, somos ateos (un agnóstico es, conductualmente hablando, un ateo), la asistencia a misa está en niveles bajísimo y, en general, los esfuerzos de la iglesia en los colegios no dan fruto. Igualmente, Euskadi tiene unos niveles muy bajos de independentismo pese a que se suponía que en las ikastolas te lavaban el cerebro. Y los líderes del independentismo se formaron, en no pocos casos, en las escuelas del franquismo. Mi padre se educó en un internado de los salesianos en la España franquista de los años 50, y era comunista y ateo acérrimo. En fin, podemos estar así todo el día. La tesis de los colegios y la educación es insostenible.

Por otro lado, para hablar de adoctrinamiento en los medios (igual que en la educación) lo primero que tendríamos que tener es un aislamiento de la población de aquellos medios discrepantes. La Generalitat debería tener bajo su control todos los medios de comunicación. Pero en Cataluña los medios independentistas no son los únicos, y el ciudadano catalán está expuesto a los mismos medios que el resto de españoles. Por lo que es imposible que TV3 adoctrine, cuando ni siquiera los medios pro independencia son los que tienen mayores audiencias. Aquí se ve RTVE, A3, T5, Cuatro y todas las demás, ¡hasta Intereconomía y 13tv y lo que sea! En cuanto a prensa, el diario más vendido sigue siendo El País (4)(5)(6)(7). O sea, que mal van a adoctrinar los medios cuando los catalanes pueden elegir qué medios consumen, y la mayoría de medios disponibles en Cataluña no son pro independencia.

También en estos días me han comentado cosas como, por ejemplo, que si los medios no tienen esa capacidad de crear opinión, por qué los políticos subvencionan generosamente los de su cuerda y tratan de estrangular los contrarios. Y es una pregunta válida. Pero está respondida. Que los políticos se aferren a sus televisiones pesebreras demuestra que CREEN que funciona. Igual que los políticos creen que las encuestas y sondeos predicen lo que va a hacer la gente, y luego pasa lo que pasa. Y puede funcionar (en el sentido de que puedes dar información falsa) pero sólo si las controlas todas, o con la gente que de todos modos sólo ve tu TV. O sea: tus medios afines funcionan con los ya convencidos, o con la gente que no tiene acceso a otros medios. Stalin gastó millones de rublos en investigar la telepatía, y no por eso la telepatía existe. Y unos medios públicos y verdaderamente independientes (como la BBC) son precisamente necesarios porque los privados siempre van a ser poco fiables al estar a sueldo de una u otra empresa. Recordemos que RTVE tenía un prestigio de objetividad y rigor impecables hasta… anda, mira, hasta 2011. Qué cosas.

Por último, cuando uno mira las gráficas de opinión, uno puede ver claramente que los aumentos en el independentismo han empezado en 2006 (hasta entonces se mantenía por debajo del 15%, lo cual es marginal), y desde entonces cada pico coincide con una actuación del PP (en la oposición o el Gobierno), sin que, además, la crisis económica o los recortes de CDC tengan correlación estadística con nada.

grc3a1fico-12
Gráfica extraída de la página de análisis Debate21. Por cierto, leed las conclusiones del artículo.

En resumen: Las gráficas del CEO muestran una tendencia al alza en el independentismo constante desde 2006, con dos jorobas que coinciden no con el Estatut, sino con la oposición del PP al Estatut y la resolución del TC. No ha habido cambios en la educación que puedan usarse como explicación, ni en la programación de TV3, ni en los medios, ni nada de eso. El único factor que cambia es el Gobierno central, porque la tendencia se dispara de 2011 en adelante, con la entrada del PP en el poder. Y lo único que ha cambiado es el ocupante de la Moncloa. Si todas las variables salvo una son constantes, y hay un cambio en la situación, ese cambio se deberá probablemente a la variable que ha cambiado. Eso es de primero de diseño experimental.

Así que, desde mi punto de vista profesional, la tesis del adoctrinamiento no es más que un intento de resolver la disonancia cognitiva que muchos españoles sienten / sentimos cuando ven que un número creciente de catalanes consideran (acertadamente o no) que estarían mejor por su cuenta. Y como es muy difícil decirse uno mismo “igual están hartos de nosotros y los gobiernos que hemos votado” (porque 11 millones de votos al PP no salen de Cataluña, vamos a recordarlo), pues se busca una explicación más sencilla que nos exculpe (“los han adoctrinao los indepes malos”) y a volar. No se sostiene, no concuerda con la evolución del independentismo, y no se reúnen las condiciones necesarias para que pueda haber un adoctrinamiento eficaz. La comparación de la situación en Cataluña con otros países en regímenes dictatoriales es, sencillamente, sonrojante.

Me dan ganas de grabar en piedra las gráficas del CEO con el crecimiento del independentismo donde se ve EXQUISITAMENTE cómo la hipótesis del adoctrinamiento es un absurdo, atarlas con una copia del manual de Moya de Psicología Social I (450 páginas), y darles en la cabeza a los del adoctrinamiento a ver si absorben información por vía de traumatismo.

ENLACES

  1. Barómetro del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat.
  2. Análisis de La Vanguardia sobre la evolución del independentismo de 2005 a 2016.
  3. Cómo las universidades progresistas dan lugar a conservadores reaccionarios, del NY Times.
  4. Estadísticas de audiencias televisivas en Cataluña: los catalanes ven más TVE que TV3.
  5. Artículo sobre audiencia de TV3 en El País.
  6. Información sobre audiencias en medios de comunicación vía internet y móvil.
  7. Tirada de prensa escrita en Cataluña.
  8. Análisis sobre crecimiento del independentismo en Cataluña.

De la adicción al sexo

De la adicción al sexo

Mi compadre Eparquio Delgado ha colaborado con José Antonio Pérez en un artículo sobre la adicción al sexo (1), que me parece interesante comenzar, debido a la polémica reciente en Hollywood por los casos de acoso sexual protagonizados por el productor Harvey Weinstein.

Dice el artículo:

El productor cinematográfico Harvey Weinstein ha sido acusado de agresión sexual por 44 mujeres, y la lista promete seguir creciendo en los próximos días. Casi desde el mismo momento en que el escándalo salió a la luz, la productora a la que pertenecía se encargó de airear que Weinstein no era un violador sino un enfermo. Una víctima de sí mismo. Incluso se anunció que estaba acudiendo a terapia para tratar de superar su supuesta adicción.

Mi compadre Eparquio es escéptico con la existencia de ese trastorno, y con buen motivo, porque la definición de trastorno mental está bajo bastante crítica, hasta el punto que la última edición del Manual Estadístico de Diagnóstico, el DSM-V ha nacido muerto, debido a la controversia en torno a los criterios de definición.

Básicamente, los trastornos se definen y revisan por el criterio de un comité. No hay más criterios objetivos que esos. Y como cabe esperar, el proceso no está exento de críticas, porque qué puede salir mal si todo el criterio es un conjunto de opiniones. Recordemos que no hay marcadores biológicos para ninguno de los trastornos mentales conocidos, al menos no hasta la fecha. La controversia ha sido tal que el DSM ha dejado de ser considerado válido por la administración de EUU, que no financiará investigaciones basadas en ese manual. Nos queda el otro manual diagnóstico, la CIE-10, que será sustituida por la 11 en enero de 2018. La CIE – 10 no reconoce el trastorno de adicción al sexo, o hipersexualidad.

Este cómic de Penny Arcade lo resume todo muy bien: al parecer Tyger Woods no se tiraba a modelos de bikini (estando él casado con una modelo sueca de bikini) porque, simplemente, le gustaba el sexo extramarital. Es que tenía que tener una enfermedad.

794786247_JpR3M-2100x20000
Penny Arcade lo clavan siempre.

 Y ese es el problema con los trastornos de adicción no ligados a sustancias. No se trata, a mi entender, tanto de si existen o no, como que al estar tan pobremente definidos en términos de conducta, son la excusa perfecta para que un tipo de depredador sexual o un violador lo use como excusa atenuante en un juicio. A fin de cuentas, veamos los criterios del DSM – V que Eparquio y José Antonio Pérez citan en su artículo:

Según el DSM, hay cuatro criterios para determinar si un paciente sufre un “trastorno de hipersexualidad”:

1. Presentar fantasías, impulsos o conductas sexuales intensas y recurrentes durante al menos seis meses.

2. Presentar un malestar significativo o un deterioro social o personal notable que tenga como origen esas fantasías, impulsos o conductas sexuales.

3. Que esas fantasías, impulsos o conductas sexuales no sean producto de agentes externos como drogas.

4. Que la persona tenga más de 18 años.

Esto, como dicen en Cataluña, es can pixa, que es como decir en mi tierra el coño de la Bernarda. El criterio 1, todos los adolescentes lo cumplen, según como lo miren. El segundo criterio es completamente vago: ¿qué es un deterioro “notable”? ¿Lo que diga el paciente? ¿Lo que le parezca al médico? El criterio 3 pues bueno, lo diferencia de las drogas. OK. Y el cuarto es arbitrario. ¿Por qué una persona de 15 años no podría mostrar este trastorno?

Y ya puestos a seguir: ¿por qué no considerarlo como una variable del Trastorno Obsesivo Compulsivo? Tiene muchísimos elementos en común. Además, la eficacia de los tratamientos en las adicciones no ligadas a sustancias es bastante dudosa. Si es cierto que de verdad el paciente experimenta pérdida de control sobre su conducta, hay herramientas eficaces. Y qué curioso es que los trastornos de adicción al sexo parecen diagnosticarse sobre todo a personas ricas que se ven implicadas en delitos de índole sexual.

La definición de la “adicción al sexo” forma parte de una tendencia a la medicalización de conductas que no tenían por qué ser consideradas patologías. Hoy día, de acuerdo con el DSM – V,  a poco que un niño sea un niño, puede diagnosticarse con un TDAH. Y esto es una realidad preocupante. Abajo tenéis un demoledor artículo de Allen Frances, el coordinador del DSM – IV, y uno de los principales críticos del DSM-V, argumentando el por qué esto es un desastre metodológico y científico (2).

En general, soy muy escéptico de las personas que aluden a adicciones no debidas a sustancias como excusa de sus conductas criminales. La única excepción sería la ludopatía, que es un trastorno de la conducta bien descrito y correctamente tipificado. Pero cuestiones como la adicción al sexo, que a menudo acaban siendo simplemente una excusa de tipo judicial, deben mirarse con cuidado.

ENLACES

  1. “Existe la adicción al sexo?” de Jose Antonio Pérez y Eparquio Delgado.
  2. “Críticas al DSM-V” por Allen Frances.

De los enlaces al final de los artículos

De los enlaces al final de los artículos

Algún lector me ha preguntado el por qué de un tiempo a esta parte, en los últimos artículos, los enlaces se incluyen al final, en vez de insertarlos en el texto, como suele ser habitual en blogs y otras páginas de internet. La razón es un artículo de Nicholas Carr (1).

Nicholas Carr fue uno de los primeros en escribir sobre los potenciales riesgos cognitivos que podía tener el uso de internet, los smartphones y tecnologías similares, en un artículo que se titulaba Is Google making us stupid? (2) A partir de ahí, Carr y otros, cada vez más, han empezado a escribir sobre cómo el uso de los smartphones y las redes sociales afecta a nuestro funcionamiento psicológico, un tema que me interesa especialmente porque yo soy, básicamente, un adicto a Facebook que trata de rehabilitarse (3). Y del que preveo hablar extensamente en el futuro.

El artículo de Carr presenta que el tener el enlace inserto en el texto promueve el picar en él e interrumpir la lectura del artículo actual para abrir otra ventana. Aunque tengamos la intención de volver inmediatamente al original para seguir leyendo, la distracción ya ha tenido lugar, y ya incurrimos en un coste atencional, esto es, una penalización en la capacidad de concentración por haber cambiado de tarea. Tienes que decidir si picas o no, e incluso si no picas en el enlace el coste cognitivo ya se ha pagado. Está demostrado que leer en hipertexto produce peor comprensión y retención de la información. Y cuantos más enlaces en el texto, peor comprensión.

Algunas personas, tal y como describe Carr, han probado a hacer el pequeño experimento de poner los enlaces todos juntos al final, para facilitar y mejorar la lectura y comprensión de sus artículos, y los resultados parecen ser satisfactorios. Evidentemente esto no es evidencia científica, pero me pareció lo bastante interesante como para hacer la prueba yo mismo. A mí el resultado ya me ha gustado, quizá los lectores queráis darme vuestra opinión.

ENLACES

  1. “Experiments in delinkification” por Nicholas Carr.
  2. “Is Google making us stupid?” por Nicholas Carr.
  3. “De la maldita adicción” en este blog.