Mi buen amigo Darío Pescador me entrevistó el otro día para su sección en ElDiario.es, acerca de los hábitos y cómo se cambian y si la gente puede cambiar en 21 días como dicen los cuñaos de internet, o qué. En un sorprendente giro de los hechos, los cuñaos de Internet se equivocan.
Lo cierto es que se puede cambiar de golpe, o se puede cambiar poco a poco. Y todo puede ser útil: el moldeamiento por aproximaciones sucesivas, donde reforzamos aproximaciones cada vez más similares a la conducta objetivo, es útil. Pero a menudo cambiar el contexto para iniciar un cambio radical también ayuda.
La clave aquí es entender que nuestra conducta es una función de nuestra interacción con el contexto en el que vivimos: esto es, nuestra conducta sirve a una función, siempre, y si hacemos algo es porque obtenemos algo de nuestro entorno o evitamos algo de nuestro entorno. La gente no hace cosas «porque quiere», y esa es una idea nefasta que sirve para desplazar a menudo la responsabilidad desde el entorno y las condiciones del individuo, al propio individuo. No es tu entorno el que te lleva a tener ansiedad, o a consumir droga, es algo que hay en ti. Es perverso.
El Doctor Nicholas Kristakis encontró que, cuando una persona engorda, sus amigos tienen el triple de posibilidades de engordar. Los hábitos se contagian, las conductas se imitan y se contagian. Creemos que elegimos y, a menudo, no es así.
Podéis encontrar la entrevista en el enlace al final, como de costumbre.
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