De lo que creemos que ellas quieren, y de lo que quieren realmente.

Pensé en usar la imagen que pongo a continuación en la conferencia sobre relaciones de pareja del 12 de enero, pero por una cosa o por otra, se quedó fuera. Este es uno de esos pequeños detalles en la convivencia que muchas veces los hombres en parejas heterosexuales no manejamos bien, que es el atribuir a nuestras parejas unas expectativas irreales sobre nuestra conducta.

Traducido para aquellos que no pueden con el inglés:

Lo que los hombres temen que las mujeres esperamos: perfección

“Te he hecho una comida de 3 platos, pillado billetes para las Bahamas y limpiado toda la casa.

Lo que realmente queremos: simplemente esfuerzo.

“Intenté hacerte la cena y ahora todo está en llamas.”

(Ella le abraza amorosamente)

Por otro lado, no es como si las mujeres no tuvieran expectativas incorrectas sobre las cosas en las que nos fijamos los hombres, por ejemplo, en el aspecto.

(Ella se preocupa por diferentes defectos percibidos en su físico. Él acaba de preguntarse si siempre ha tenido el pelo negro).

Es mucho más fácil tener una buena relación de pareja cuando dejas de suponer y te preocupas de averiguar qué es exactamente lo que tu pareja necesita. Cuando tratamos de adivinar lo que el otro piensa, o sus motivaciones, muchas veces lo que estamos haciendo es meramente asumir que el otro piensa como nosotros, valora lo mismo que nosotros, busca lo mismo que nosotros.

En resumen: mira, no necesitamos ser perfectos, cocinar como Dios ni nada por el estilo. Sólo hace falta intentarlo de veras. Así que fregad los putos platos, que es el mejor afrodisíaco que hay.

Entrevista: Salimos en la radio

Entrevista: Salimos en la radio

El próximo día 14, día de San Valentín, me entrevistan Javier Gallego y Natalia Ruiz en el programa especial de ciencia de Carne Cruda Radio (1), para hablar acerca de amor, relaciones de pareja y demás temas que traté en la conferencia del 12 de enero(2).

De modo que si os interesa escuchar la entrevista, prestad atención al programa Carne Cruda el miércoles día 14 de febrero, de 10 a 11.

Nos escuchamos por ahí.

ENLACES

  1. Carne Cruda Radio.
  2. Conferencia “Por qué fracasan las parejas” del 12 de enero.

De castigar aquello que es bueno

De castigar aquello que es bueno

Mi amiga Gemma me mostró esta joya de post (1), y pensó que daba para una entrada. Y tenía razón. El texto dice:

No castigues la conducta que quieres ver más a menudo.

Quiero decir, es bastante evidente cuando se explica así, ¿verdad?

¿Pero cuántas familias, cuando un niño o un miembro introvertido hace un esfuerzo por socializar, dicen con sarcasmo, “Vaya, así que has decidido unirte a nosotros”?

¿O cuando alguien hace algo que le ha costado hacer, le dicen “¿Por qué no puedes hacer eso todo el tiempo“? (Eso me ha pasado frecuentemente, también.)

O cualquier frase que contiene la palabra “por fin”.

Si alguien da un paso, un paso pequeño, en una dirección que deseas animar, anímale. No te quejes de que no es suficiente. No saques el pasado. Anímale.

Porque os juro por el puto Dios que no nada que mate más tu alma, que aplaste más tu motivación, que intentar tener éxito y darse cuenta de que tanto el éxito como el fracaso son castigados.

Hay una cosa que a muchos pacientes no les gusta oír, y que sale con especial frecuencia en la terapia de pareja. Y es el hecho de que muchas veces la conducta de las personas a nuestro alrededor está controlada por la nuestra, y por ello, muchas veces nosotros reforzamos cosas que no queremos (como el niño que recibe atención y golosinas cada vez que monta una rabieta), o no reforzamos (o sea, que extinguimos) las conductas que sí queremos ver, o incluso a veces, como indica el texto citado arriba, las castigamos. En definitiva: con mucha frecuencia, para cambiar la conducta de los que están con nosotros, hemos de cambiar nuestra conducta primero. Esto es algo elemental, en realidad, es lo más básico en modificación de conducta: la conducta está gobernada por sus consecuencias (2).

De todos los posibles refuerzos de una conducta, el refuerzo social es uno de los más poderosos, especialmente por parte de las personas más cercanas. Y por eso mismo, la falta de ese refuerzo o los estímulos aversivos ejercen un esfuerzo muy potente sobre la conducta. Lo que hacemos es aún más importante a la hora de modificar la conducta de aquellos a los que queremos.

Si queremos que alguien haga algo de manera diferente, además de pedirlo hemos de asegurarnos de recompensar y reforzar esa conducta cuando se produce, cada vez que se produce. Y no, los comentarios correctivos no ayudan. Hazlos en otro momento. Pedir que se haga en más ocasiones no ayuda. Hazlo en otro momento. Recordar todas las veces que la persona no lo ha hecho bien no ayuda. Hazlo en otro momento. Porque lo que estás consiguiendo es convertir la conducta deseada en una conducta castigada por pura asociación.

Martin Seligman acuñó junto con Overmier en 1967 el término “indefensión aprendida” en un experimento clásico de aprendizaje animal, para describir un estado en el que un organismo percibe que no hay relación de contingencia entre su conducta y las consecuencias de la misma. Esto es, que haga lo que haga uno, da igual porque las consecuencias están fuera de su control.

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Martin Seligman

En los experimentos de Seligman y Overmier, se sometía a los perros a descargas eléctricas, que podían evitar en uno de los grupos experimentales de diferentes maneras (presionando una palanca, o pasando de una parte de una caja dividida en dos por una barrera baja a la otra). Los perros de este grupo rápidamente aprendían a evitar las descargas.

En el otro grupo experimental, los perros no podían evitar las descargas, hicieran lo que hicieran. Seligman y su equipo observaron que los perros de este grupo mostraban un estado de apatía en el que abandonaban todo intento de evitar las descargas, y se limitaban a gemir. Esto llevó a Seligman a pensar que los perros mostraban una conducta similar a los pacientes diagnosticados con depresión, y por ello buscó replicar estos experimentos en humanos.

Seligman replicó este experimento poniendo a los sujetos en situaciones en las que tenían que afrontar pequeñas descargas, o ruidos desagradables o, posteriormente, el tener que resolver problemas que, en realidad, no tenían solución. Los sujetos en condiciones de indefensión mostraban un déficit conductual, motivacional y emocional, similar al observado en perros, que llevó a Seligman a formular la indefensión aprendida como una teoría explicativa de la depresión.

La teoría de Seligman ha recibido bastantes críticas (3)(4), e igual otro día hablamos del movimiento que formó en los 90 llamado Psicología Positiva y que es, en mi opinión, un tumor bastante fuerte. Sin embargo, hay una idea que sí reviste validez y que es importante tener en cuenta: si pensamos que da igual lo que hagamos porque no vamos a conseguir nada, o vamos a ser castigados hagamos las cosas bien o mal, el incentivo para hacer esas cosas desaparece por completo. Y a menudo somos nosotros los que provocamos este estado en los demás, no siendo capaces de reforzar los intentos del otro de cambiar su conducta a mejor.

Así que, cuando alguien hace algo que piensas que es bueno, recompénsalo. Sin peros, sin matices, sin más. Lo que tengas que criticar o matizar, en otro momento. No conviertas una conducta deseable en una conducta castigada. 

ENLACE

  1. Post de Tumblr de Olofa.
  2. “Modificación de conducta: qué es y cómo aplicarla”. Martin, G y Pear, J. Pearson Educación (2008).
  3. Crítica de Vázquez-Valverde y Polaino-Lorente al modelo de Seligman.
  4. Crítica de Palenzuela.

Conferencia: Por qué fracasan las parejas

Conferencia: Por qué fracasan las parejas

El pasado 12 de enero di una charla en la librería y tienda de juegos Kaburi, con el título de “Por qué fracasan las parejas.” Intenté condensar (probablemente mal, porque muchísimas cosas se quedaron en el tintero) las investigaciones del doctor John Gottman en materia de relaciones de pareja, que constituyen el cuerpo de investigación más detallado y fascinante que he encontrado sobre el tema.

Así mismo, por peticiones que me han llegado por diferentes canales, incluyo alguna bibliografía que considero interesante sobre el tema de relaciones de pareja. Hay bastante más, pero esta me parece particularmente relevante.

  • John Gottman:
    • The science of trust.
    • Why marriages fail.
    • 7 reglas de oro para vivir en pareja.
    • A man’s guide to women.
    • ¿Qué hace que el amor perdure?
  • Michelle Weiner-Davis:
    • Divorce Busting.
  • Esther Perel:
    • Inteligencia erótica.

Y ya sin más, os dejo el vídeo de la conferencia. Espero que lo disfrutéis. Probablemente escribiré alguna cosa más por aquí sobre el tema en las próximas semanas. Veremos.

De los lobos cuidando las ovejas (II)

De los lobos cuidando las ovejas (II)

Y justo al hilo de lo que comentamos en la entrada anterior, me ha llegado la convocatoria de Asamblea Extraordinaria del COPC para el 18 de diciembre. Y ahí, en el orden del día, el tercer punto:

3. Ratificación de la comisión de psicoanálisis.

Ahí, con tomate. Comisión de psicoanálisis, porque por supuesto hace falta una comisión de chamanismo en una profesión que es o pretende ser científica.

Esto es lo que dice el código deontólogico del Colegio Oficial de Psicólogos:

Artículo 18º
Sin perjuicio de la legítima diversidad de teorías, escuelas y métodos, el/la Psicólogo/a no utilizará medios o procedimientos que no se hallen suficientemente contrastados, dentro de los límites del conocimiento científico vigente. En el caso de investigaciones para poner a prueba técnicas o instrumentos nuevos, todavía no contrastados, lo hará saber así a sus clientes antes de su utilización.

¿Qué os parece? Porque vamos, dentro de los límites del conocimiento científico vigente el psicoanálisis es una patraña. Pero por lo visto el COPC considera que necesitamos una comisión de patrañas.

Y así está el tema.

De por qué creemos en lo imposible

De por qué creemos en lo imposible

Miguel Artime (o Maikelnai, de cuando usábamos nicks) ha publicado en su blog de Naukas un artículo llamado “Cómo convencer a alguien cuando los hechos fallan”(1). Es un muy buen artículo, muy recomendable. La bibliografía que propone es imprescindible para entender cómo funcionan esos fenómenos, y las recomendaciones de Michael Schermer que cito a continuación también son buena práctica. Mis comentarios, en cursiva.

  1.  Mantener las emociones al margen durante el debate. Mantener la calma puede ayudar a la otra persona a mantenerse tranquilo, y evaluar más lentamente tus argumentos y, sobre todo, los suyos.

  2. Discutir, no atacar (nada de ad hominem ni de ad Hitlerum). En el momento en el que la atacamos, se cierra en banda.

  3. Escuchar atentamente y tratar de articular la posición del contrario con precisión. Charlie Munger dice que para poder tener una opinión en un sentido, primero ha de ser capaz de argumentar la posición contraria al menos tan bien como sus defensores. Si tu adversario ve que entiendes su postura al 100% y aún así la puedes refutar, serás más persuasivo. Karl Popper (el filósofo) era muy conocido por esta forma de argumentar.

  4. Mostrar respeto.

  5. Reconocer que entiendes por qué alguien puede sostener esa opinión. La gente no cree cosas raras por ser imbécil ni por estar loca, sino porque razonan correctamente desde premisas falsas. Pero si sus premisas fueran verdad, el razonamiento podría ser sólido. 

  6. Tratar de mostrar que los hechos cambiantes no implican necesariamente cambios en las visiones del mundo.

Hace ya un buen tiempo que yo traté estos temas en diferentes conferencias, que merece la pena rescatar al hilo de este tema y que os coloco aquí para cuando tengáis un buen rato disponible (son vídeos largos). Que ya, que es muy de vagos hacer una entrada en la que uno sólo enlaza una pila de vídeos, pero bueno, aquí me paso varias horas explicando en primer lugar por qué tendemos a ver cosas que no están ahí (como consecuencia colateral de nuestra capacidad de ver patrones en todas partes), y luego por qué esas creencias son tan resistentes a la evidencia que las desconfirma.

En primer lugar, tendemos a seleccionar vía sesgo de confirmación sólo aquellas evidencias que parecen apoyar lo que buscamos. Si ya tenemos una idea preformada, tendemos a fijarnos sólo en una parte de la experiencia. Ese rasgo es tan universal que es lo que da nombre al blog, de hecho.

En segundo lugar, cuando se presenta evidencia contraria a nuestras creencias nos sentimos amenazados por un fenomeno llamado disonancia cognitiva. La disonancia cognitiva es la ansiedad o incomodidad de albergar dos ideas incompatibles, que nos motiva a tratar de resolver esa contradicción de alguna manera. A menudo esa manera, en este caso, es rechazar la evidencia que se presenta en contra como producto de una conspiración, o racionalizarla, o incluso llegar a decir que si no hay pruebas es precisamente la prueba de que esas evidencias han sido ocultadas.

En fin, sin más os dejo con los vídeos, y así los podéis ver durante la semana.

“Paranormalidad: por qué vemos cosas que no están ahí”, en Madrid (Escépticos en el Pub) en 2011.

Aquí tenéis el podcast con la entrevista que me hicieron justo antes de la conferencia anterior, en formato youtube:

“Cuando falla la profecía: por qué demostrar que algo no es real no sirve para nada”, en Escépticos en el Pub en Madrid, en 2013. Esta es algo más breve.

Aquí hay un vídeo notablemente más largo, en dos partes, con la misma charla (“Cuando falla la profecía”), en Escéptics al Pub de Barcelona, en 2014.

ENLACES

  1.  Cómo convencer a alguien cuando los hechos fallan, por Miguel Artime.

De la bioneuroemoción y el Alzheimer.

De la bioneuroemoción y el Alzheimer.

Me he desayunado (es un decir, yo no desayuno) con este interesante artículo de Javier Burgos sobre la bioneuroemoción y su relación con el Alzheimer (1). Hemos hablado hace poco de la bioneuroemoción, si lo recordáis (2). De nuevo, leed el artículo del señor Burgos, yo os estaré esperando.

¿Ya lo habéis leído? ¿Seguro? Muy bien. Estoy convencido de que os habrá gustado tanto como a mí. Repetid conmigo una vez más: las enfermedades no son la expresión de conflictos emocionales reprimidos. Los conflictos emocionales reprimidos no existen, son una mierda del psicoanálisis que los estafadores e ignorantes usan para dar pábulo a sus memeces. No existen los traumas reprimidos, la memoria no “esconde” los sucesos demasiado terribles, no queremos tirarnos a nuestros padres en secreto, no existe un inconsciente colectivo. Uno de estos días tengo pendiente un artículo sobre todas las cosas que la gente cree del psicoanálisis y que no son ciertas, aunque bueno, podría escribir sólo acerca de las que son vagamente acertadas y acabaría antes.

Es crucial recordar la diferencia entre trastorno mental y enfermedad: la enfermedad se define por unos indicadores biológicos claros. No hay tales indicadores ene el caso de los trastornos mentales. Porque son cosas distintas y separadas. El Alzheimer es una enfermedad porque existen unos síntomas fisiológicos claros, lesiones visibles y medibles y demás. No existe tal cosa en los trastornos mentales, y es más, no se ha encontrado relación entre el estado mental y el desarrollo de una enfermedad (ninguna) o su curación, jamás nunca en la vida. Sí, es cierto, ciertos aspectos psicológicos pueden influir en algunos marcadores de salud, como por ejemplo, el que si tienes estrés habitualmente tu tensión sanguínea esté elevada, o alteraciones digestivas en el caso de la depresión, pero la mente no “crea” ni “cura” las enfermedades. Eso es creer en la magia, ni más ni menos. Una cosa es que tu bienestar psicológico pueda mejorar ciertas medidas fisiológicas, y otra cosa es una enfermedad que, a menudo, tiene un origen que puede ser genético (predisposición a desarrollarla) o contextual (desde agentes infecciosos hasta tóxicos, pasando por el estilo de vida y el entorno en el que vivimos).

¿Sabéis qué es posible, a la luz de la evidencia, que sea el Alzheimer? Un tipo de diabetes 3 que afecta selectivamente al cerebro, y que se solaparía con la diabetes mellitus y la diabetes tipo 2 (3). Empieza a surgir evidencia que apunta a que esta forma de demencia podría estar relacionada con el aumento de la obesidad y la diabetes en la población, debido a la resistencia a la insulina que nos estamos produciendo con nuestros hábitos alimentarios. Y sí, entonces el alzheimer podría prevenirse con unos hábitos adecuados, o cambiando nuestra alimentación, pero lo que no va a ocurrir es que nos curemos el Alzheimer perdonando a nuestro padre por llamarnos inútiles, o abandonando las preocupaciones mundanas. Las enfermedades se previenen con buenos hábitos y manteniendo contextos favorables a la salud, y se curan con ayuda de la medicina. No existen las medicinas “alternativas”, existe la medicina que funciona y lo demás, del mismo modo que no hay “psicología basada en la evidencia” y otras psicologías, hay psicología y gilipolleces especulativas. Basta ya de dar el mismo peso al resultado del trabajo riguroso de los científicos que a la especulación de los charlatanes.

Para una excelente explicación del modelo hormonal de la obesidad, así como una gran guía de la mejor manera de combatirlo, os recomiendo El código de la Obesidad,del doctor Jason Fung (4)(5).

ENLACES

  1. Bioneuroemoción y Alzheimer, por Javier S. Burgos, en la revista Jot Down.
  2. El estafador Enric Corbera.
  3. Revisión de que la demencia de Alzheimer podría ser diabetes de tipo 3.
  4. Libro: “El código de la obesidad”, por el doctor Jason Fung.
  5. Artículo sobre el trabajo del doctor Fung, en El Confidencial.