De los expertos y las ratios base.

De los expertos y las ratios base.

Es lógico, pensando en la entrada de ayer (1), preguntarse acerca de los expertos y para qué sirven. Decenas de expertos están prediciendo qué pasará en Cataluña. Vamos a ampliar un poco algunas cosas que sabemos gracias a la psicología.

Phil Tetlock, psicólogo y profesor de la Universidad de Pensilvania, recibió en 1984 una invitación a participar en una iniciativa del Consejo Nacional de Investigación: se trataba de evaluar qué podían aportar las ciencias sociales para evitar lo que parecía una inevitable guerra nuclear, ya que Reagan acababa de calificar a la URSS como “un imperio del mal.”

Si estudiamos algo de historia, sabemos lo que pasó: al año siguiente Gorbashev ascendió al poder en la URSS, iniciando la perestroika, y poniendo fin a la Guerra Fría. Nadie había podido predecir eso.

Lo que llamó la atención a Tetlock es que ninguno de los expertos admitieron su error. Ninguno de los que habían sostenido que la guerra nuclear era inminente aceptaron su fallo, sino que aducían que América había tenido suerte o que sus predicciones seguían siendo válidos porque “casi” había habido una guerra. Fijaros: aunque me he equivocado, casi podría haber pasado lo que predije, por tanto tengo razón.

Exasperado, Tetlock buscó 284 expertos a los que pidió que hicieran predicciones sobre política o economía. Gente que se ganaba la vida opinando. Las predicciones eran del tipo:

¿Cree usted que el crecimiento del PIB se acelerará, ralentizará o se quedará como está?

En 2003 había recopilado más de 82.000 predicciones, y dos años después el análisis de las mismas, en un libro llamado Expert Political Judgment: How Good is it? How can we know? (2) Las conclusiones son demoledoras.

Hasta los mejores expertos rindieron peor que lo que Tetlock llamaba un burdo argumento de extrapolación, que consiste simplemente en coger las ratios base de un suceso (por ejemplo, el porcentaje de restaurantes que fracasan en una zona), y presuponer que las cosas continuarán igual que la tendencia de los últimos años. Esto es, si estás pensando abrir un restaurante de cocina tailandesa en un el barrio de Sant Andreu, y te enteras de que el 60% de los restaurantes en ese barrio duran menos de 3 años, la ratio base está en tu contra. No puedes saber con certeza si tú tendrás éxito o no, pero a priori parece arriesgado.

La formación adicional no mejoraba el rendimiento. Los doctores no rendían mejor que los no doctores. Es más, si a un adolescente le dabas una calculadora y las ratios base de los sucesos, sus predicciones eran al menos tan buenas como las de los expertos. La experiencia tampoco mejoraba el rendimiento. Los expertos con dos décadas no rendían mejor que los novatos.

Sólo una característica tenía valor predictivo: cuanto más aparecía un experto en los medios, peor tendía a ser su rendimiento. Valorad entonces si merece la pena prestar vuestra atención y vuestro tiempo a los Marhuendas, Indas, Lacalles, Rallos, Ferreras, Escolares y demás tertulianos de la vida. Eso era lo único consistente en las predicciones de los expertos, aparte de que tienes más probabilidades de acertar si, simplemente, supones que la tendencia del año pasado continuará.

Ojo, esto no le pasa sólo a periodistas, politólogos y economistas. Psicólogos (sí, claro, también somos gente), médicos, abogados (estos rendían peor que ningún grupo) y hasta mecánicos de coches eran nulos haciendo predicciones en su propio campo.

¿Significa esto que tener conocimientos carece de valor? No, por suerte no. La investigación de Tetlock muestra que, aunque los expertos lo hacen mal (en torno al 45% de acierto, peor que el azar), los novatos lo hacen aún peor (23% de acierto). La investigación nos demuestra que lo mejor es aplicar las ratio base correctamente, seguido pro las predicciones de los expertos (poco fiables) y por último las predicciones que haces en Facebook (ridículamente poco fiables). Pero ojo, hay que entender bien lo que es el ratio base: la probabilidad de ocurrencia de un suceso, no la probabilidad, por ejemplo, de detectar dicho suceso. Veamos un ejemplo del texto de Tetlock, que aparece también en el blog de Economía Fácil de ING, que así mismo lo cita (4):

Supongamos que vamos al médico a hacernos unas pruebas y que, tras recibir los resultados, nos comunica que hemos dado positivo en determinada enfermedad. Al preguntarle al doctor por la fiabilidad del test, nos confirma que tiene una precisión del 95%.

En ese momento, parece lógico pensar que lo más seguro es que tengamos esa enfermedad y debamos empezar a tratarnos pero, por increíble que parezca, es muy probable que no la tengamos, debido a lo que se conoce como negación del ratio base.

La negación del ratio base

La negación del ratio base, en inglés Base Rate Fallacy (3), se debe a que al valorar la eficacia del test estamos ignorando la probabilidad a priori de que ese suceso ocurra. Consiste en que si se nos presenta información de la frecuencia de base (i.e. información genérica, general como la prevalencia) e información específica (información de un caso particular como la validez de la prueba), tendemos a ignorar la información general y enfocarnos en la particular. En el caso de nuestra prueba médica, si la prevalencia de la enfermedad (la probabilidad de que cualquier persona la tenga) es, por ejemplo, de uno entre mil (1/1000 o 0,1%), solo el 2% de los positivos serán ciertos. Lo explico.

Supongamos que hacemos la prueba de la enfermedad a 100.000 personas. Según la prevalencia de la enfermedad, de esas 100.000 personas, solo 100 tendrán la enfermedad, pero aun así el test dará como positivo a otras 4.995 personas que no han contraído la enfermedad (el 5% de esas 99.900 personas que no tienen la enfermedad). Eso nos deja que de la 5090 personas que han dado positivo, solo 95 están realmente enfermas, lo que arroja un porcentaje cercano al 2% (95/5090).

Por otro lado, el test también fallará al no detectar la enfermedad cuando está presente, ofreciendo falsos negativos en el 5% de los caso. Es decir, que de las 100 personas enfermas, 5 recibirán un resultado negativo. En este caso, las posibilidades de estar enfermo recibiendo un resultado negativo de la prueba son muchísimo menores, aproximadamente del 0,005%.

Obviamente estos datos variarán en función de la prevalencia de la enfermedad, con porcentajes menores según sea la prevalencia menor, y también si la elección de los sujetos no es aleatoria, siendo necesario estudiar la prevalencia no en toda la población, sino por ejemplo entre todos los sujetos que presenten síntomas que encajen con la enfermedad.

O sea, que sí te puedes fiar de las pruebas médicas, pero debes ser consciente de la realidad del margen de error.

En conclusión: No merece la pena hacer predicciones si podemos tantear, hacer pruebas o buscar de alguna manera confirmar nuestras teorías. Es mejor saber que predecir, y si no sabemos es más prudente ver qué pasa en vez de anunciar nuestras predicciones, o llenarnos de ansiedad. Pero claro, el mundo necesita conocer nuestras opiniones. Para eso tenemos los blogs y, sobre todo, las redes sociales. Os dejo una canción que me parece muy pertinente en estos días llenos de ruido y furia vacíos en Internet (o sea, cualquier día en Internet).

ENLACES

  1. La entrada de ayer.
  2. Expert Political Judgment: How Good Is It? How Can We Know? Philip E. Tetlock (2006)

  3. Negación del Ratio Base en Wikipedia (inglés).
  4. Artículo de ING sobre la negación del ratio base.
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De la adicción al sexo

De la adicción al sexo

Mi compadre Eparquio Delgado ha colaborado con José Antonio Pérez en un artículo sobre la adicción al sexo (1), que me parece interesante comenzar, debido a la polémica reciente en Hollywood por los casos de acoso sexual protagonizados por el productor Harvey Weinstein.

Dice el artículo:

El productor cinematográfico Harvey Weinstein ha sido acusado de agresión sexual por 44 mujeres, y la lista promete seguir creciendo en los próximos días. Casi desde el mismo momento en que el escándalo salió a la luz, la productora a la que pertenecía se encargó de airear que Weinstein no era un violador sino un enfermo. Una víctima de sí mismo. Incluso se anunció que estaba acudiendo a terapia para tratar de superar su supuesta adicción.

Mi compadre Eparquio es escéptico con la existencia de ese trastorno, y con buen motivo, porque la definición de trastorno mental está bajo bastante crítica, hasta el punto que la última edición del Manual Estadístico de Diagnóstico, el DSM-V ha nacido muerto, debido a la controversia en torno a los criterios de definición.

Básicamente, los trastornos se definen y revisan por el criterio de un comité. No hay más criterios objetivos que esos. Y como cabe esperar, el proceso no está exento de críticas, porque qué puede salir mal si todo el criterio es un conjunto de opiniones. Recordemos que no hay marcadores biológicos para ninguno de los trastornos mentales conocidos, al menos no hasta la fecha. La controversia ha sido tal que el DSM ha dejado de ser considerado válido por la administración de EUU, que no financiará investigaciones basadas en ese manual. Nos queda el otro manual diagnóstico, la CIE-10, que será sustituida por la 11 en enero de 2018. La CIE – 10 no reconoce el trastorno de adicción al sexo, o hipersexualidad.

Este cómic de Penny Arcade lo resume todo muy bien: al parecer Tyger Woods no se tiraba a modelos de bikini (estando él casado con una modelo sueca de bikini) porque, simplemente, le gustaba el sexo extramarital. Es que tenía que tener una enfermedad.

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Penny Arcade lo clavan siempre.

 Y ese es el problema con los trastornos de adicción no ligados a sustancias. No se trata, a mi entender, tanto de si existen o no, como que al estar tan pobremente definidos en términos de conducta, son la excusa perfecta para que un tipo de depredador sexual o un violador lo use como excusa atenuante en un juicio. A fin de cuentas, veamos los criterios del DSM – V que Eparquio y José Antonio Pérez citan en su artículo:

Según el DSM, hay cuatro criterios para determinar si un paciente sufre un “trastorno de hipersexualidad”:

1. Presentar fantasías, impulsos o conductas sexuales intensas y recurrentes durante al menos seis meses.

2. Presentar un malestar significativo o un deterioro social o personal notable que tenga como origen esas fantasías, impulsos o conductas sexuales.

3. Que esas fantasías, impulsos o conductas sexuales no sean producto de agentes externos como drogas.

4. Que la persona tenga más de 18 años.

Esto, como dicen en Cataluña, es can pixa, que es como decir en mi tierra el coño de la Bernarda. El criterio 1, todos los adolescentes lo cumplen, según como lo miren. El segundo criterio es completamente vago: ¿qué es un deterioro “notable”? ¿Lo que diga el paciente? ¿Lo que le parezca al médico? El criterio 3 pues bueno, lo diferencia de las drogas. OK. Y el cuarto es arbitrario. ¿Por qué una persona de 15 años no podría mostrar este trastorno?

Y ya puestos a seguir: ¿por qué no considerarlo como una variable del Trastorno Obsesivo Compulsivo? Tiene muchísimos elementos en común. Además, la eficacia de los tratamientos en las adicciones no ligadas a sustancias es bastante dudosa. Si es cierto que de verdad el paciente experimenta pérdida de control sobre su conducta, hay herramientas eficaces. Y qué curioso es que los trastornos de adicción al sexo parecen diagnosticarse sobre todo a personas ricas que se ven implicadas en delitos de índole sexual.

La definición de la “adicción al sexo” forma parte de una tendencia a la medicalización de conductas que no tenían por qué ser consideradas patologías. Hoy día, de acuerdo con el DSM – V,  a poco que un niño sea un niño, puede diagnosticarse con un TDAH. Y esto es una realidad preocupante. Abajo tenéis un demoledor artículo de Allen Frances, el coordinador del DSM – IV, y uno de los principales críticos del DSM-V, argumentando el por qué esto es un desastre metodológico y científico (2).

En general, soy muy escéptico de las personas que aluden a adicciones no debidas a sustancias como excusa de sus conductas criminales. La única excepción sería la ludopatía, que es un trastorno de la conducta bien descrito y correctamente tipificado. Pero cuestiones como la adicción al sexo, que a menudo acaban siendo simplemente una excusa de tipo judicial, deben mirarse con cuidado.

ENLACES

  1. “Existe la adicción al sexo?” de Jose Antonio Pérez y Eparquio Delgado.
  2. “Críticas al DSM-V” por Allen Frances.

De la distancia en el tiempo y el manejo de emociones

De la distancia en el tiempo y el manejo de emociones

Una de las cuestiones que más frecuentemente encontramos en las consultas es qué hacer para manejar la ira que a veces nos come cuando ocurren chuminadas como que alguien nos ha hecho una pirula en el tráfico, o que la cafetera no funciona, o que tus niños no quieren desayunar.

Este tema es tan importante que la APA (la Asociación de Psiquiatría Americana) tiene una sección dedicada sólo a ello (1). Y si la leéis, puede que os deis cuenta de que no es nada nuevo. Muchos de los consejos para el manejo de la ira vienen de la psicología cognitiva, y la psicología cognitiva (particularmente la Terapia Racional Emotivo Conductual de Albert Ellis) están fuertemente influidas por el pensamiento de los estoicos, que es un tema que, por supuesto, nunca hemos tratado aquí. De hecho, Séneca escribió un tratado llamado Sobre la ira que habla justamente de esto.

Para los estoicos, la ira es una especie de locura temporal. Los psicólogos no vemos esto así porque nuestro criterio de definición de la locura es bastante más estricto, pero esa idea cala tanto que todavía hoy se puede utilizar la enajenación transitoria como defensa en un tribunal. La idea de que una emoción puede ser momentáneamente tan intensa que puedes acabar haciendo cosas que normalmente no harías. Internet es un magnífico ejemplo de esto, y Twitter es la quintaesencia. Nadie habla a otras personas en su cara como se habla en Internet. Temas que cara a cara se discuten cordialmente incluso en desacuerdo escalan a lo bestia en Internet. Mi mujer me contó que ella ha visto discusiones en foros sobre ganchillo acabar en amenazas de muerte. Discusiones acerca de ganchillo. Aunque bueno, yo llevo décadas viendo cosas iguales en foros de juegos de rol, videojuegos y otros hobbies. Si estás dispuesto a amenazar a alguien por una disputa sobre la mejor manera de interpretar a un elfo, ya da todo igual.

Mi amiga Gemma me señaló un excelente artículo del filósofo Massimo Pigliucci llamado “Anger is temporary madness: the Stoics knew how to curb it.(2) Ese artículo fue el que me dio la idea de escribir este, sobre todo porque al final, el autor da una lista de consejos basados en la filosofía estoica, y pensé que sería interesante señalar cuáles de ellos tendrían más validez de acuerdo con la psicología.

Antes de analizarlos hay que entender algunas cosas: en primer lugar, como toda respuesta emocional, la ira es un proceso fisiológico que tiene una meta muy clara, que es aumentar nuestras probabilidades de sobrevivir a una situación determinada, en este caso, prepararnos para la agresión física. La ira es útil si vas a matar a alguien o alguien te intenta matar a ti, y nada más. Y las consecuencias fisiológicas de la ira sostenida en el tiempo, como las consecuencias fisiológicas de cualquier estrés sostenido en el tiempo, son bastante severas. Básicamente, la ira nos daña. Epicteto decía:

 Recuerda que es a nosotros a quiénes atormentamos, quienes creamos dificultades para nosotros mismos – esto es, nuestras opiniones las crean. ¿Por ejemplo, qué significa ser insultado? Ponte junto a una roca e insúltala, ¿y qué has conseguido? Si alguien responde al insulto como si fuera una roca, ¿qué ha ganado el que insulta con sus palabras?

Y no, no es cierto que desahogar la ira físicamente golpeando un cojín o rompiendo cosas o chillando nos haga sentirnos mejor. No es cierto que decirle a un gilipollas por Internet lo gilipollas que es nos haga sentirnos mejor y nos quedemos más a gusto. De hecho, la investigación demuestra que es justo lo contrario: desahogar nuestra agresión física o verbalmente nos hace más propensos a ser más agresivos la próxima vez (3)(4).

Así que vamos a repasar los consejos del señor Pigliucci a ver qué tan adecuados son.

  • Dedica tiempo a la meditación preventiva: piensa sobre las situaciones que disparan tu ira, y decide con antelación cómo las manejarás. Correcto. La reestructuración cognitiva o la intención deliberada se basan justamente en esto y han mostrado ser eficaces. El cerebro se beneficia de ensayar en imaginación respuestas a ciertas situaciones.
  • Maneja tu ira en el momento que empieces a sentir sus síntomas. No esperes, o tomará el control. Correcto. Una vez la respuesta fisiológica llega a un cierto nivel, mantener el control es casi imposible.
  • Asóciate con personas serenas, tanto como puedas; evita a las personas irritables o furiosas. Las emociones son infecciosas.  Correcto. Las personas adaptamos nuestra conducta a las personas a nuestro alrededor. El ejemplo más claro es el de los adictos, pero hay muchos más. 
  • Toca un instrumento, o dedícate intencionadamente a cualquier actividad que relaje tu mente. Una mente relajada no se enfada. Correcto. Se trata de sustituir la conducta indeseada por una conducta incompatible. Esta terapia se usa exitosamente en muchos trastornos, como la onicofagia (comerse las uñas). 
  • Busca entornos con colores agradables, y no irritantes. Manipular las circunstancias externas tiene un efecto en nuestras emociones. Correcto. La investigación ha mostrado que pintar las cárceles de color rosa disminuye la agresión entre presos. (5)
  • No discutas cuando estás cansado, serás más propenso a la irritación, que puede escalar a ira. Correcto. Cuando estamos fatigados, nuestro estado fisiológico dificulta el pensar con claridad y tomar buenas decisiones.
  • No discutas cuando estás hambriento o sediento, por las mismas razones. Correcto.
  • Usa el humor autocrítico, nuestra principal arma contra la impredictibilidad del universo, y la predecible agresividad de algunas personas. Correcto. Es una técnica habitual en entrenamiento en conducta asertiva.
  • Practica el distanciamiento cognitivo– lo que Séneca llama “demorar la respuesta” – dando un paseo, retirándote al baño, lo que sea que te permita tomar un respiro de la situación tensa. Correcto. Hay evidencia de que aumentar el tiempo entre estímulo y respuesta ayuda a controlar esta. 
  • Cambia tu cuerpo para cambiar tu mente: ralentiza deliberadamente tus pasos, baja el tono de tu voz, impón sobre tu cuerpo la conducta de una persona calmada. Correcto. Hay abundantes estudios que muestra cómo el cambiar la manera en la que nos sentamos, o nuestro modo de caminar, pueden afectar a nuestro estado emocional. 

De modo que el artículo del señor Pigliucci es excelente. Y yo os dejo, además una técnica cognitiva llamada “distanciamiento temporal.” Esta técnica ha sido valorada en investigación como eficaz para regular las emociones negativas (6). Consiste, simplemente, en imaginar el impacto que una situación negativa tendrá en nuestras vidas a muy corto plazo (10 minutos), a medio plazo (10 meses) y a largo plazo (10 años). Esta técnica la discutimos, por cierto, en la última charla que di sobre toma de decisiones, con el título 10/10/10.

Por ejemplo, si tu hija está dando la vara porque no quiere comerse la verdura y notas cómo te entran ganas de tirarle el plato por la cabeza (situación totalmente ficticia), piensa en qué pasará en 10 minutos (“si no se lo come, se irá a la cama sin cenar“), en 10 meses (“no me voy a acordar de esto en 10 meses y además habrá crecido igualmente aunque un día se salte la cena“) y en 10 años (“igual estoy muerto y dará igual si se comió o no la verdura de mierda esta“). En la gran mayoría de situaciones, las cosas que nos afectan lo hacen porque sobreestimamos su impacto en nuestras vidas y su importancia futura, y por eso nuestros cuerpos producen una reacción fisiológica desproporcionada. Pero en el momento en que pensamos un poco en ello, nos damos cuenta enseguida de que no es tan terrible, y nuestra ira o ansiedad disminuyen. Si un idiota se salta un semáforo y tienes que dar un frenazo, en 10 minutos estarás aparcando igualmente en tu trabajo, y en unos días ni te acordarás de ello a no ser que te pregunten específicamente por ello, y quizá ni por esas.

De regalo os dejo dos cosas. En los enlaces, un maravilloso artículo de la filósofa Martha Nussbaum sobre la ira y Nelson Mandela (7), y un vídeo de youtube que muestra a un montón de fans de Rick & Morty perder los papeles porque un McDonalds no tiene la salsa Szechuan, mencionada por Rick en un episodio de la serie. Y porque considero que los fans, en general, son el cáncer de todas las cosas. Eso también.

ENLACES

1. Consejos de la APA para manejar la ira.

2. “Anger is temporary madness.” por Massimo Pigliucci.

3. “You can’t punch your way out of anger”, por Art Markman.

4. “Internet ranting and the myth of catharsis”, por Scott A. McGreal.

5. Qué pasa si pintamos una cárcel de rosa.

6. “This too shall pass”, por Bruehlman – Senecal y Ayduk (2015).

7. Artículo de Martha Nussbaum sobre la ira.

De vendedores de humo y sus peligros

Enric Corbera es un tipo muy peligroso. Aquí en España es el que ha registrado una pseudociencia llamada bioneuroemoción, la enésima vuelta de tuerca a todas las chorradas acerca de que el pensamiento causa y  cura enfermedades, y que se puede curar de todo sin tratarlo, porque las enfermedades tienen un origen emocional.

Enric Corbera ha sido condenado por el plagio de dos libros de un autor francés, porque es que ni para inventar sus propias estupideces vale. Al menos el charlatán de Freud inventaba las tonterías que escribía. Este no llega. La Audiencia Provincial de Barcelona le condenó a pagar 11.500 euros por vulneración de los derechos de autor al plagiar al francés Cristian Flèche, otro ideólogo de una de estas corrientes pseudocientíficas, dos de sus libros.

El Enric Corbera Institute ha facturado casi 3 millones de euros, de acuerdo con un artículo de El Español (ver abajo), vendiendo cursos, conferencias, sus cosas habituales.

Cito del artículo, porque me hierve la sangre y no voy a parafrasear sin decir barbaridades:

Marisa fue una de muchos. Hacía años que padecía un cáncer que le afectó primero al hígado y luego a los huesos. Siete años atrás había sufrido una metástasis en la clavícula y, cuando parecía que se curaba, la cosa se complicó. Entonces tomó una decisión: lo mejor era no someterse nunca más a quimioterapia. Quería buscar otro camino. Y entonces encontró respaldo en la bioneuroemoción y en uno de sus adalides en España, Enric Corbera. Enric le asesoró, le dijo que, para curarse el cáncer, lo que tenía que hacer era aislarse de su familia, dejarse ir, no tratarlo bajo ningún concepto. En principio, él no entraba en si debía tratarse o no, pero era lo que le sugería con sutileza. Es lo que se llama, en su jerga, ponerse “en cuarentena”.

En octubre de 2014 ofrecía su testimonio junto a él ante un auditorio repleto. Maribel relataba su historia con los ojos hundidos en una mirada demacrada. Aseguraba que, tras comenzar el aislamiento, varias metástasis habían desaparecido después de ver a Enric. “El médico me dijo que para él era un milagro. Para él tendría que haber estado muerta mucho antes de los ocho meses que habían pasado por entonces. Mi vida ha cambiado de arriba a abajo. Hoy en día puedo dar gracias al cáncer, a mi enfermedad. Gracias a ella he entendido muchas cosas y ahora estoy haciendo lo que quiero, prácticamente hago lo que quiero”.

Algo más de un año después, otra noticia pasó desapercibida. En diciembre de 2015 Marisa fallecía a raíz de su enfermedad. El silencio se instaló en torno al caso. El vídeo de la entrevista fue eliminado del canal de Enric Corbera en Youtube.

Si sigues a este tipo, te mueres. Así de claro. Y además, el desgraciado tiene la desvergüenza de decir que “no se mueren los buenos, se mueren los gilipollas.” Si desarrollas un cáncer y te mata, es tu culpa. Ya han muerto varios de estos “gilipollas”, como él los llama. Otros han sufrido complicaciones muy graves en sus enfermedades, pero maravillas de la disonancia cognitiva, siguen siendo fans y dicen que la culpa es suya por no hacer la cuarentena bien, ese período de aislarse del mundo y de su gente que este charlatán reclama.

Este mamarracho sigue los principios de la llamada Nueva Medicina Germánica, que es otra pseudociencia muy peligrosa. También aplica conceptos de la PNL (programación neurolingüística, que es otra pseudociencia sin valor), porque total, qué más da 8 que 80. Y vendía plantas medicinales. Le pega a todo, es un politoxicómano de las sandeces. Hasta un exorcismo ha hecho, dice.

El Colegio Oficial de Psicólogos, por una vez, se ha mostrado firme en declarar este esperpento como lo que es, una pseudociencia, peligrosa además porque invita a los pacientes de enfermedades graves a aislarse de sus familias y abandonar los tratamientos. Por desgracia, el COPC no tiene capacidad de hacer nada más. No sé cuánta gente más tiene que morir para que se puedan emprender acciones legales. Eso sí, como él tiene pasta y abogados, no se corta de demandar e intimidar a algunos como la RedUne (una asociación que vigila la actividad de sectas).

Las pseudociencias, las “terapias alternativas” y demás siempre tienen este tipo de peligros. Siempre. Y son una estafa. Y es inmoral. Y se deben denunciar, siempre. Tened mucho cuidado, no caigáis en las redes de este u otros estafadores parecidos.

ENLACES

Artículo de El Español: “Enric Corbera, el ‘charlatán’ que dice curar el cáncer sin tratarlo y gana así tres millones al año.”

Artículo de El Confidencial: “El plagio del gran magufo: la justicia agita el millonario negocio de Enric Corbera.”

Artículo sobre bioneuroemoción.

Decisiones, decisiones (III)

Decisiones, decisiones (III)

Como decíamos la semana pasada, el primer error que cometemos al tomar decisiones es que limitamos nuestras opciones, pensamos en pocas alternativas.

De la sobrecarga de opciones

Así me siento cada vez que voy a comprar
Yo sólo quería un copazo

Sin embargo, existe una idea de que nuestro cerebro se bloquea cuando hay demasiadas opciones: este es un fenómeno que llamamos parálisis por análisis, o sobrecarga de opciones, como la denomina el psicólogo Barry Schwartz. Uno de los estudios más conocidos sobre este tema es el de Iyengar y Lepper, que mostraban que, si en una tienda ponías 24 tipos de mermelada distintos, la gente compraba menos que si ponías sólo 6. De acuerdo con estos autores, probar 24 sabores era más divertido que probar 6, pero elegir era un suplicio. Y de ahí que muchos gurúes y coaches cuñaos se apunten al carro, diciendo que lo que hay que hacer es dar menos opciones a la gente para que no se raye y tal. De hecho, si veis el programa de Gordon Ramsey en el que va a un restaurante y arregla sus problemas a base de chillarles e insultarles hasta el aneurisma, una de las cosas que hace  es eliminar opciones del menú, con lo que esta idea parece un pepino.

El problema es que, cuando se analizan los estudios al respecto, te das cuenta de que esta parálisis se produce cuando comparas, por ejemplo, 4 opciones contra 20, y cosas así. La sobrecarga podría darse a partir de entre 6 y 20, pero es que no nos hace falta tanto. Lo que parece que basta es tener 3-4 opciones en vez de 1-2. Nada más.

Una regla general es buscar hasta que al menos te enamores de la opción un par de veces. Si sólo has identificado una buena candidata, tu sesgo de confirmación te hará tener unas ganas tremendas de contratarla, y empezarás a poner excusas a los defectos que le veas.

Obviamente, no seas imbécil: no necesitas enamorarte de dos secadores de pelo, y por supuesto para mucha gente no sería buena idea aplicar esta idea a la búsqueda de pareja. Luego no digas que leíste a un psicólogo decirte que necesitabas tres candidatos a pareja perfecta.

Ojo con las falsas opciones

Para que el proceso multipista funcione, las opciones deben ser verdaderamente diferentes. Pero a veces, ya sea intencionadamente o no, presentamos opciones que, en realidad, son la misma con retoques, o presentamos opciones falsas para que la que deseamos que se elija parezca más atractiva. Por ejemplo, muchos vendedores de casas llevan al cliente a ver primero las casas más cutres para que las que desean vender parezcan más atractivas.

El ejemplo más famoso es el del legendario malnacido Henry Kissinger, ex Secretario de Estado de EEUU y uno de los más grandes asquerosos que ha dado el siglo XX. Una de las cosas que hacía para que el presidente Nixon decidiera lo que él quería, era presentar una serie de opciones de las que sólo una era real, tal y como cuenta en sus memorias, publicadas en 1979. Kissinger presentaba un memorando en el que las opciones eran guerra nuclear, rendición ante los rusos en Europa o seguir con la política que los EEUU llevaban en ese momento. Nixon pensaba que estaba decidiendo, pero en realidad no.

Si estás en un equipo y quieres ver si las alternativas son reales, tantea a tu gente. Si hay desacuerdos, quiere decir que las alternativas son realmente distintas. Si todo el mundo está de acuerdo, seguramente es que sólo hay una opción real.

De los diferentes enfoques

Generar muchas opciones es más difícil aún si estás en un determinado estado de ánimo, sobre todo cuando tu mente ha caído en una de dos posibles rutinas. Una de esas rutinas es cuando pensamos en evitar cosas malas, el otro es cuando sólo pensamos en persguir cosas buenas. Cuando estamos en un estado, tendemos a ignorar el otro.

Los psicólogos hemos identificado dos actitudes opuestas que afectan a nuestra motivación y receptividad a nuevas oportunidades. Uno se llama “enfoque de prevención”, que nos orienta sobre todo a evitar problemas. El otro se llama “enfoque de promoción” que nos orienta a buscar los resultados positivos. Fijaos, evitar lo malo no siempre implica perseguir lo bueno.

Ambos enfoques son útiles, pero no somos muy buenos haciendo que coexistan, que es lo mejor para poder generar muchas opciones. Además, el atascarnos en uno u otro puede hacernos fracasar en el largo plazo. Dado que las empresas deciden igual que los individuos, un grupo de investigadores de Harvard analizaron cómo 4700 empresas públicas capearon varias recesiones. Las compañías con enfoque de prevención tomaban medidas defensivas y conservadoras: recortes, reducción de riesgos y similar. Las compañías con enfoque de promoción hacían más apuestas por nuevas líneas de negocio, ampliaciones y demás. A ambos tipos les iba mal. Las compañías que capearon mejor las recesiones adoptaron lo mejor de ambos enfoques, por ejemplo, tratando de recortar gastos superfluos y usando ese dinero para contratar más empleados o poder desarrollar nuevos productos.

Soluciones

Busca a alguien que ya haya solucionado tu problema (incluso si eres tú).

Una forma estupenda de generar más opciones es buscar a alguien que haya estado ante una decisión similar a la tuya y ver qué hizo. Esto lo hacen muchas empresas: miran a ver qué hace la competencia y tratan de incorporarlo o copiarlo en sus prácticas.

Pero no sólo debes mirar hacia fuera: también puedes mirar hacia dentro. Una muy buena estrategia es mirar situaciones previas en las que hayas tenido éxito y ver qué hiciste. Esto es algo muy común en terapia de pareja: a menudo le preguntamos a los pacientes cómo era su relación y, sobre todo, qué es lo que hacían diferente de ahora cuando eran más felices. Entonces les pedimos que hagan más de lo que les funcionaba: igual hacían más viajes, o iban más al cine, o lo que fuera. Si no sabes qué hacer para perder peso, puedes recordar una época en la que estabas más delgado y recordar qué es lo que hacías, para ayudarte a decidir qué hacer para volver a tu peso.

Usa analogías

Kevin Dunbar ha estudiado cómo los científicos desarrollan la creatividad que vemos en sus experimentos, y una de las cosas que los científicos hacen para resolver problemas es usar analogías locales (experimentos similares, organismos parecidos) o regionales (soluciones que no son tan parecidas).

¿Un ejemplo? Fiona Fairhurst quería mejorar los trajes de baño que usan las nadadoras olímpicas, para ayudarlas a recortar unas centésimas en cada carrera. Hasta entonces la idea era hacer los bañadores cada vez más suaves, ceñidos y escuetos. Pero Fiona no se limitó a mirar otros bañadores (analogía local), sino que decidió fijarse en todo lo que se mueve rápido (analogía regional). Por tanto acabó mirando animales acuáticos rápidos como el tiburón, y objetos hechos por el hombre que fueran rápidos, como un torpedo. Y resultó que los tiburones son lo contrario de suaves, y esa aspereza reduce la resistencia del agua y aumenta el impulso. Por otro lado, si el bañador cubría todo el cuerpo y además era muy ceñido, comprimiendo bultos y protuberancias, la silueta del nanador se parece más a la de un torpedo.

El rendimiento de este bañador fue tan bestial que acabó prohibiéndose para poder mantener la igualdad de condiciones entre atletas.

Así que ya sabemos por qué tenemos una visión tan estrecha de nuestras opciones, y cómo ampliarlas. En la siguiente entrada nos meteremos con el segundo problema en nuestra toma de decisiones, el sesgo de confirmación, que da título a este blog. Este fenómeno es tan duro que ya os adelanto que no puede eliminarse, como mucho puede controlarse un poco. Pero algo se puede hacer, y veremos cómo.

Volvemos a la palestra

Volvemos a la palestra

El próximo 10 de marzo, viernes, a las 20:30, hablaré sobre toma de decisiones (el tema que nos ocupa en las últimas entradas), en la librería Kaburi, en Passeig de Sant Joan 11, en Barcelona. La entrada es gratuita hasta llenar aforo, y hay un bar, o sea que os podéis tomar algo mientras me escucháis barbarizar. En cuanto tenga el enlace al evento de Facebook, lo pondré también por aquí.

Lo que esta charla tiene de particular es que, por primera vez, es parte de un ciclo. Quiero tratar cómo decidimos y cómo tomar mejores decisiones, cómo y por qué procrastinamos (y cómo dejar de hacerlo), y finalmente cómo funcionan los hábitos, para que podamos cambiarlos y crearlos más fácilmente. No le he puesto un título global al ciclo, pero creo que son 3 cosas que van juntas, y si somos capaces de hacerlas mejor, nos ayudará un montón a vivir más a gusto.

La segunda charla será en abril, y la tercera será en mayo. La idea es que sean cada 4 semanas más o menos, pero dependerá del local que podamos conseguir. Al menos la primera se grabará en vídeo y se subirá a internet, intentaremos que las otras también estén accesibles.

Así que espero que nos podamos ver por allí. Más noticias en cuanto pueda.

Decisiones, decisiones (II)

Decisiones, decisiones (II)

Uno pensaría que, dado que tomamos muchísimas decisiones al cabo del día, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, decidir debería ser algo que nos saliera súper bien. Sin embargo, los seres humanos, como ya hemos visto, somos máquinas de jodernos la existencia con malas decisiones, que tomamos muchas veces pensando que en aquel momento parecía una idea buenísima. 

De hecho, en su día hice el propósito de iniciar una serie sobre los errores que cometemos al decidir. Porque muchas de nuestras decisiones son una mierda: por ejemplo, casi 7 de cada 10 matrimonios acaban en separación. Pensadlo, una de las decisiones más clave que tomamos, la elección de nuestra pareja (idealmente para siempre), y la mayoría de veces la cagamos. El número se incrementa en segundas nupcias, o sea que no parece que escarmentemos, al contrario.

En el ámbito profesional no somos mejores, como ya vimos en la entrada anterior de esta serie. Da igual la formación (MBA, JAJAJAJAJAJAJA), preparación, o cuántas personas haya en el comité. Como decíamos ayer (ayer hace dos años, por eso me autocito):

Mirad, lo importante en la toma de decisiones es el proceso, mucho más que el resultado. Y en cada uno de los pasos de ese proceso hay una tendencia a cometer un cierto tipo de error. Debería ser algo así:

  1. Te encuentras ante una decisión.
  2. Analizas las opciones.
  3. Tomas una decisión.
  4. Vives con ella.

Pero esto es el ideal, la realidad viene a ser algo más como:

  1. Te encuentras ante una decisión. Pero como tienes una perspectiva muy estrecha, se te escapan muchas opciones.

  2. Analizas las opciones. Pero en realidad, gracias al sesgo de confirmación, sólo analizas aquello que confirma la decisión que ya has tomado.

  3. Tomas una decisión. Y a menudo las emociones que sientes en el momento te empujarán a cometer un error.

  4. Vives con ella. Y a menudo descubres que tu capacidad de predecir el futuro es nula y que hay muchos factores que no habías considerado.

 

Vamos a meternos con el primer factor.

De la estrechez de miras

En general, cuando nos ponemos delante de una decisión, solemos contemplarla en términos binarios. Por ejemplo, ¿rompo con mi pareja o no? ¿PSOE o PP? ¿Playa o pueblo?

De acuerdo con un estudio de Fischoff (1996), los adolescentes a menudo se plantean sus decisiones de manera ya no binaria, sino completamente carente de opciones. En realidad, muchas (la mayoría de) “decisiones” eran en realidad declaraciones de intenciones, como “dejaré de preocuparme de lo que opinen los demás”. El segundo tipo más común de decisiones eran decisiones “sí o no”. Entre ambas, sumaban el 65% de las decisiones descritas por las adolescentes del estudio.

Jajajaja, estúpidas adolescentes, ¿verdad? Pues no, las organizaciones y los adultos seguimos funcionando igual. La decisión se atasca en nuestro foco de atención y, a menudo, sólo contemplamos una opción, un camino. “¿Voy a la fiesta o no?” Igual, si tenemos más luces podemos pensar “¿Voy a la fiesta toda la noche, o voy a ver el partido y luego un rato a la fiesta, o estudio un poco y luego voy un rato a la fiesta?” Ya, pensaremos, es un adolescente, pero por ejemplo, un estudio clásico de Nutt (1993) analizó 168 decisiones diferentes en diferentes empresas, con una metodología bastante exhaustiva, y encontró que sólo el 29% de las decisiones contemplaban más de una opción (las chicas adolescentes del estudio de Fischoff sólo contemplaban más de una opción el 30% de las veces). O sea, las organizaciones decidían de un modo similar a las adolescentes. Nutt también encontró que las decisiones que contemplaban más opciones solían ser más acertadas al final, el riesgo de error era menor.

¿Y esto por qué? Probablemente porque cuando sólo tenemos una opción, lo que hacemos es buscar argumentos en contra y a favor, en vez de preguntarnos si hay otra manera o, más aún, si podemos hacer más de una cosa. Muchas veces, en vez de pensar “¿qué hago, A o B?”, podríamos plantearnos “¿hay alguna manera de hacer A Y B? ¿Hay alguna C que no esté viendo?” A menudo tenemos muchas más opciones de lo que pensamos.

Vale, todo esto está bien, damos asco razonando, cualquier aficionado a la psicología lo sabe. Si nos estamos planteando una decisión como “sí o no”, debería sonar una alarma en nuestra cabeza. OK, estupendo. ¿Qué hacemos para evitar esta estrechez de miras? Hay varias herramientas.

Ensanchar el camino

Piensa “Y, no O”

En cada decisión en que detectes que estás en una situación binaria (hago esto o lo otro / hago esto o no), piensa si hay alguna manera de hacer ambas cosas, o de hacer lo que estás dudando y alguna cosa más. Por ejemplo, si has de estudiar o ir a una fiesta, quizá puedas decidir estudiar hasta una cierta hora, e ir a la fiesta más tarde.

¿Coste de oportunidad? ¿Qué es eso?

El coste de oportunidad es un término económico que se refiere a lo que perdemos cuando tomamos una decisión. Cuando me gasto 40 euros en X, dejo de tener esos 40 euros para gastarlos en Y o en Z.

Shane Frederick se interesó por esto comprando un equipo de música. No sabía si comprar un Pioneer de 1000 $ o un Sony de 700 $. El dependiente le ayudó a decidir al decirle: “¿Qué prefieres, un equipo de música, o un equipo de música y 300 $ en discos?”

Tal cual, el pensar en las alternativas que nuestra elección podría estar desplazando a menudo nos ayuda a tomar mejores decisiones. De hecho, a raíz de ese momento Frederick dejó de estudiar ciencias ambientales para pasar a doctorarse en investigación de toma de decisiones, y eso que ganamos todos.

De hecho, sólo que te planteen que puedes guardar el dinero para comprar otras cosas hace que reconsideres tu decisión de compra más cuidadosamente, al hacerte pensar en otras cosas en las que podrías invertir el dinero. No se te ocurrirán alternativas adicionales si no eres consciente de que las estás excluyendo.

Enfocar la atención va genial para analizar opciones, pero fatal para detectarlas. Así que cuando debas decidir, una forma de evitar este problema es pensar: ¿A qué renuncio al hacer esto? ¿Qué otras cosas podría hacer con este tiempo / dinero / recursos?

Eliminar opciones

Otra posibilidad para buscar más alternativas a tu decisión es suponer que tu opción original no existe. O sea: imagina que no puedes elegir ninguna de las opciones que estás barajando. ¿Qué más podrías hacer?

Cuando visualizamos que no podemos tener una opción, nos vemos obligados a mover el foco mental hacia otra parte, a moverlo de verdad. Muchas veces si simplemente decimos “propón otra cosa”, a menudo movemos el foco 2 cms, o sea, presentamos la misma opción cambiándole el color, o algo así. Hasta que no nos obligan a rebuscar una nueva opción, solemos obsesionarnos con las que tenemos.

Multipista

Aún otra técnica más: si tienes varias personas o equipos, ponlos a trabajar en varias posibles soluciones simultáneamente.

Este estudio con diseñadores web muestra una cosa muy interesante. Estos diseñadores tenían que crear un banner para una revista de webs, y se les asignó al azar uno de dos posibles procesos de trabajo. La mitad de ellos diseñaba los banners de uno en uno, recibiendo críticas en cada nuevo rediseño. Tenían que diseñar un banner, e ir retocándolo cinco veces en función de la ronda de críticas, con lo que acababan creando 6 banners.

A la otra mitad se les pidió que produjeran tres banners diferentes a la vez, luego en sucesivas rondas se reducían a dos (eliminando uno), y luego se elegía el definitivo. Todos los diseñadores crearon el mismo número de anuncios (6), y recibían la misma cantidad de rondas de críticas (5). Pues bien, los banners creados por el segundo grupo fueron considerados de mejor calidad y más creativos, y rindieron mejor en los tests. El tener varias opciones a la vez te permite triangular más fácilmente qué es lo que funciona bien y qué es lo que no, refinando el proceso más rápido que si sólo tienes una idea que tratas de mejorar.

Además, los creativos del segundo grupo se sintieron mejor durante el proceso, más eficaces. ¿Por qué? Si sólo tienes una opción, entonces te centrarás en defenderla y por tanto, las críticas a tu idea son más personales. Si has creado tres modelos, las críticas no son tan graves, porque tienes más de un diseño. El proceso multipista mantiene los egos a raya.

Y no creáis que es un proceso más lento: en realidad, los ejecutivos que sopesan más opciones, toman mejores decisiones más deprisa. La autora del estudio, K. Eisenhardt, propone como explicación que sopesar más opciones te hace tener una mejor idea de la situación, entender mejor el paisaje, lo que aumenta tu confianza en una decisión rápida. Además, parece que sopesar varias opciones debilita las intrigas y politiqueos típicos en una empresa, ya que con más opciones la gente se implica menos en todas ellas. Además, más opciones te permiten generar un plan B por si las cosas se tuercen.

Sin embargo, hay gente que piensa que tener demasiadas opciones puede llevar a una parálisis que nos impida decidir, basándose entre otros en un estudio clásico de Iyengar. Para estas personas, las técnicas de generación de opciones podrían ser un problema porque nos atascaríamos en un bucle de opciones infinitas o algo así. Sin embargo eso no es del todo cierto, y como me gusta discutir mitos, los dejamos para la siguiente entrada, que espero que no sea dentro de dos años. Hablaremos de kissinger, de mermelada, y de dos posibles enfoques, prevención vs promoción.

Recordad, a veces ni El Joker se puede decidir.

Pincha aquí para el original de la foto de cabecera.