De cómo tocarse menos la cara

De cómo tocarse menos la cara

Foto de cabecera de Christopher Campbell on Unsplash

Conocí a Javier Virues cuando nos sentamos juntos, casualidades, el primer día de clase de nuestro primer año en Psicología en la UGR, e hicimos buenas migas. Siempre fue un tío brillante, callado y tranquilo, con un sentido del humor que me gustaba y con el que siempre era agradable charlar de psicología.

Con el tiempo cogimos caminos separados, y de modo nada sorprendente para los que le conocíamos, Javier se dedicó a la investigación y la docencia, haciéndolo muy bien. Y ahora se dedica también a la divulgación del análisis de conducta como miembro de ABA España. Y esto es lo que os traigo hoy, a cuenta del coronavirus.

En este vídeo que ABA España presenta, se explica de manera técnica el por qué de la conducta de tocarse la cara, y se proponen algunas maneras para reducir esa conducta, que puede ser un factor de riesgo en el contagio del coronavirus.

Resumen

Es una conducta de alta tasa, probablemente mantenida por estimulación sensorial, más frecuente en situaciones poco estimulantes. O sea, cuando nos aburrimos, o no tenemos la atención muy enfocada en una tarea que requiera el uso de las manos, la estimulación sensorial refuerza la conducta de tocarse cara y pelo.

¿Cómo reducirla? Pues por ejemplo, usando procedimientos de reversión de hábitos (que se usan en la conducta de morderse las uñas entre otras), donde primero enseñamos a prestar atención a la conducta (toma de conciencia), se entrena relajación si es necesario (muchas de estas conductas aparecen con el estrés), y se introduce una conducta que es incompatible con tocarse la cara (cruzar los brazos, o entrelazar los dedos).

Para la toma de conciencia podemos elegir señales externas, como pulseras que nos recuerden no tocar la cara, o alarmas en el móvil que nos recuerden periódicamente que no debemos hacerlo, para ayudar a tomar conciencia de esa conducta.

Puede parecer poca cosa, pero este vídeo no sólo da unas prácticas útiles en la situación actual, sino que además muestra cómo el análisis funcional puede aplicarse para descomponer cualquier conducta, simple o compleja, y entender por qué hacemoslas cosas y como cambiar lo que hacemos.

ESTATUS

Leyendo: Sigo avanzando con Dune y asombrándome de cómo una y otra vez descubro cosas nuevas en cada relectura. Cada pasada da cosas nuevas. Por otro lado he empezado con The Adventure Crafter, para la serie Mythic, porque estoy hasta los huevos de leer no ficción y quiero leer más rol. Me gustaría poder reactivar el blog de rol para hablar de estas cosas.

Jugando: Preparando Vampiro para el finde, no hay tiempo de videojuegos por ahora. Me gustaría aprovechar que hemos sacado los juegos de mesa para empezar a probar los que tenemos pendientes de jugar más a fondo, como Hive o Azul.

Trabajo: Clases, consulta, clases, consulta. Quiero la Semana Santa ya.

Escuchando: Hoy vuelve a tocar el Violator de Depeche Mode porque es la hostia.

Viendo: El otro día empezamos a ver en la TV (idea de Victòria) Proyecto Rampage, y de verdad, qué gigantesco zurullo que es. A ver, que no es una sorpresa que una película de The Rock sea un mojón, también.

Una entrevista en el balcón

Una entrevista en el balcón

El pasado viernes por la tarde mi ex-alumno Gonzalo Carretero me entrevistó aprovechando Instagram Direct, de modo que quien quiso pudo ver la conversación en directo, y hacer preguntas que traté de contestar lo mejor que pude. Hablamos del libro, hablamos (cómo no) del coronavirus, y algunas preguntas más. Fue una hora (lo máximo que permite IG) muy amena, y se me pasó volando. Y en el balcón se estaba muy a gusto.

De hecho, quedaron las suficientes preguntas en el tintero para poder hacer otra sesión y seguir contestando las preguntas que quedaron y las que se os ocurran, aunque no sé si volveríamos a usar Instagram debido a que las cosas que se emiten y se graban allí parece que permanecen de modo limitado. De modo que las he subido a mi propio canal de Youtube, y ahí se quedará. Ya me diréis en los comentarios si os apetece una segunda ronda, o no.

Dormitorio y balcón, no sé qué más queréis.

ESTATUS

Leyendo: He acabado Come chocolate y no discutas con idiotas, de Jessica Gómez, y me gustó mucho. Sigo avanzando con Dune, claro, aunque el trabajo me hace ir despacio.

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De verdad, qué Dune fue la base de mi vocación.

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Jugando: La partida de Nobilis fue muy bien, aunque es un juego en el que me sigo notando muy torpe y muy novato, pero no hay otro igual. Por otro lado, ha llegado el Animal Crossing: New Horizons a casa, y Victòria se ha entregado con enorme abandono a ser explotada por un mapache llamado Tom Nook. Yo le he echado un ojo, ya que estaba gratis, al Lara Croft GO para Android, y quizá a los Monument Valley.

Trabajo: Qué poco estimulantes son los tutoriales y el trabajo administrativo. Pero se pueden hacer cosas chulas con MS Teams y Google Meet. Y necesito un curso de Moodle.

Comiendo y bebiendo: Estofado de calamares, por ejemplo.

Escuchando: Steam me ofreció por muy poco dinero la BSO del Coteries of New York, de Arkadiusz Reikowski y Brunon Lubas, y es súper disfrutable.

No he encontrado dónde escucharla de gratis, pero la podéis pillar aquí, por ejemplo.

Viendo: Hemos acabado Picard, y ha sido bonito, emotivo, y aunque no está a la altura de La Nueva Generación, Patrick Stewart está ahí, está llena de personajes adorables, y es (al contrario que Discovery) muy Star Trek. También nos hemos apuntado a Disney+, y las niñas por supuesto han demandado ver todo el contenido inmediatamente del tirón. Las cosas que hace una cuarentena.

No, tu letra no dice nada sobre ti

No, tu letra no dice nada sobre ti

Foto de cabecera por  Green Chameleon en Unsplash

Fiel a su tradición de perrodismo mamarracho y alpargatero, el ABC ha publicado un artículo sobre la grafología que no enlazo aquí porque la política de la casa es no enlazar mierdas.

El artículo glorifica la grafología, cuando en realidad es una pseudociencia sin la menor evidencia detrás, y con unas premisas de base completamente disparatadas.

Antes de avanzar más es necesario precisar que no es lo mismo esta mamarrachada que el análisis forense que realizan los peritos para establecer si un documento ha sido falsificado, por ejemplo. Esta es una técnica respetable y empíricamente validada, con una metodología sólida. El trabajo de los peritos grafólogos es un trabajo válido.

Sin embargo, la grafología afirma que puede conocerse la personalidad o incluso el estado de salud de una persona en base a su letra. Fue inicialmente descrita por Huarte de San Juan, un médico y filósofo del siglo XVI. Se le considera el padre (o abuelo) de la psicología diferencial, de la eugenesia y de la orientación profesional. Es el pseudopatrón (ya que no es santo) de las facultades de psicología, aunque no recuerdo que celebráramos una farra como las de San Alberto en Ciencias. Pensaba que se podía seleccionar a la persona adecuada para cada tarea en base a sus disposiciones y capacidades físicas y psicológicas. Esto no es que sea una idea buena o mala, pero el tema es que también pensaba que se podía hacer desde la teoría de los cuatro humores, porque a fin de cuentas era un médico del siglo XVI y daba para lo que daba. Luego, la grafología experimentó un resurgimiento en el siglo XIX, con el interés renovado en la psicología diferencial y la eugenesia, con mamonadas como la frenología y otras sandeces rampando por ahí. Y hasta ahora.

La grafología es una pseudociencia porque, para empezar, trata de vestir de práctica científica algo que carece de evidencias. Hasta la fecha no se ha producido prueba de que haya relación entre estilos de escritura y medidas válidas de personalidad. King y Koehler creen que, simplemente, la grafología se apoya en correlaciones ilusorias por parte del grafólogo. Básicamente, la gente ve lo que quiere ver, y por eso persiste a pesar de que su evidencia es nula. En estudios controlados los grafólogos no obtienen resultados mejores que los del azar cuando tratan de acertar en rasgos de personalidad. Son tan inútiles como los astrólogos. Ven lo que quieren ver, sin relación con las características del paciente.

De hecho, las cosas que aciertan las aciertan los que no son grafólogos, también. Por ejemplo, las personas somos capaces de acertar el género de una persona basándonos en su escritura el 70% de las veces (el trabajo de Adrian Furnham es la mejor referencia).

Los grafólogos creen que la letra manifiesta cosas inconscientes, pero como ya sabemos, el inconsciente no existe. Creen que la inclinación, la presión en el papel y cosas así son muestras de la personalidad, pero esas cosas pueden depender del tipo de bolígrafo o pluma, el papel, y aunque ellos lo niegan, el contenido del mensaje influye en su evaluación (aunque no debería). Y por supuesto, sería facilísimo falsificar la propia personalidad, simplemente escribiendo de una manera deliberada, distinta a la habitual. Obviamente, no tienen el menor método para ver si esto es así.

Por supuesto, no hay ningún modelo teórico consistente detrás de esto. Cada grafólogo decide lo que le peta, como pasa con el test de manchas de Rorschach. La consistencia es nula, y el mismo texto presentado a tres grafólogos da tres análisis diferentes. Daría igual usar una ouija.

REFERENCIAS

Furnham, A. & Gunter, B. (1987). “Graphology and Personality: Another Failure to Validate Graphological Analysis”. Personality and Individual Differences, Vol. 8 (No.3), 433-435.

ESTATUS

Leyendo: Sigo avanzando con Dune, y cada día pondré una foto con una cita que me llame la atención, con que seguramente esto va a ir para largo, muy largo. Qué condenada obra maestra.

Jugando: Espero retomar el Príncipe de Persia, hoy o mañana.

Trabajo: Hacienda no espera a sus trimestrales. Sangre y almas para el señor Arioco.

Escuchando: Media Monkey me presenta hoy el “Let’s rock“, de The Black Keys, lo cual me parece bien. Fue mi disco favorito el 2019, y “Lo/hi” es la sintonía de mi sección en Gente Despierta, en RNE. Pero este tema es, para mí, verano, y espacios abiertos, y todo aquello que echo de menos en el confinamiento. Ya lo he puesto otras veces, pero qué más da. Si un libro es bueno, hay que releerlo. Si un disco es magnífico, hay que escucharlo una y otra vez.

Y eso es todo por hoy. Con un poco de suerte, mañana más. Quedáos en casa y cuidaos.