Entrevista: Strambotic, Diario Público

Entrevista: Strambotic, Diario Público

Este mes de agosto, Iñaki Berazaluce demostró que no escarmienta, y volvió a echar un rato hablando conmigo. Así que quedamos una mañana muy calurosa de Madrid, porque yo soy el tipo de listo que se va de vacaciones a Madrid en una ola de calor en agosto. La entrevista se ha viralizado mucho, y podéis leerla aquí.

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De la falsedad del psicoanálisis y Freud.

De la falsedad del psicoanálisis y Freud.

Ayer encontré este artículo (1) que me puso los pelos como escarpias, y he decidido hablar (una vez más) del tema del psicoanálisis, la más antigua y prominente de todas las pseudoterapias que siguen floreciendo y tratando de meterse bajo el paraguas de la psicología.

Frederick Crews ha escrito “Freud: The Making of an Illusion”, una obra en la que desvela hasta qué punto lo que ya se sospechaba o sabía es cierto. Más de 40 años de investigación y 11 de escritura, desde que, igual que Aaron Beck cuando desarrolló la terapia cognitiva, pasó de ser psicoanalista a desengañado de la secta. Muestra de qué manera Freud y sus editores falsearon y manipularon datos, testimonios, mintieron sobre casos resueltos e hicieron lo necesario para seguir ganando dinero a costa de ese invento que es el psicoanálisis.

A día de hoy, ninguna terapia psicoanalítica se cuenta entre las terapias apoyadas por la evidencia, recopiladas por la división 12 de la APA (2). Sólo aparece la terapia psicoanalítica para el trastorno del pánico, y como podéis ver, su estatus es “controversial”, o sea, la evidencia no es concluyente. Esto es lo mejor que han podido hacer en más de un siglo, estos vendehumos.

Cito al magistral Jorge Tamayo:

Es que ni ellos mismos lo creían en 2002.

Pero el artículo va más allá. Crews ha tenido acceso a correspondencia de Freud con su prometida, Martha Bernays, y es escalofriante.

Freud era un cocainómano:

Cuando la cocaína le causó necrosis de la membrana nasal, lo trató aplicando más cocaína. Lo prescribía como panacea para todo. La usó para tratar la adicción de un paciente a la morfina, y lo dejó adicto a ambas cosas. Y entonces afirmó que el tratamiento había sido un éxito. Y en sus informes se refirió a otros casos exitosos que nunca existieron.

Freud participó junto con su mentor Charcot, al que adoraba como un cultista a su gurú, en sádicas prácticas con los enfermos del manicomio de Salpêtrière. Maltrató pacientes, especialmente a las mujeres, dado que era un misógino. Los trató con tratamientos que sabía que no funcionaban, y luego pretendió haber dejado de usar esos tratamientos mucho antes.

Se inventó el trastorno de histeria, un problema que, casualmente, sólo tenían personas ricas, mayormente mujeres, y que era adecuadamente incurable, de modo que pudiera sacarles el dinero sin límite. Cuando luego se descubría que algunos pacientes tenían problemas orgánicos que causaban sus síntomas, siguió insistiendo que la histeria era una de esas causas. Los hacía visitarle varias veces por semana, durante años. Admitió que, probablemente, nunca había curado a nadie.

Sobre el caso más emblemático narrado por Freud, el caso de Anna O:

Uno de los casos fundacionales del psicoanálisis, el prototipo de cura catártica, fue el caso de “Anna O”, descrito en un libro de Breuer y Freud. Dijeron que se había recuperado tras el tratamiento de Breuer, pero no era cierto. De hecho, empeoró y tuvo que ser hospitalizada. Tras dejar el tratamiento psicoanalítico, mejoró por sí sola y consiguió llevar una vida exitosa como activista contra la prostitución y la trata de personas. ¡Esto fue interpretado en términos psicoanalíticos como una manera de desear inconscientemente que su madre tuviera relaciones sexuales con su padre! Probablemente ni siquiera tenía una enfermedad psiquiátrica, sino una neurológica, y muchos de sus síntomas fueron causados por la adicción a la morfina que Breur le inflingió. La interpretación del caso de Freud contradecía los hechos: o bien mentía, o alimentaba su propio delirio.

Una vez Freud le dijo a una paciente que su tos era causada por el deseo inconsciente de hacerle una mamada a su propio padre.

Los editores de Freud colaboraron en mantener sus mentiras, eliminando o distorsionando pasajes en su obra que podían dejarle mal. De la correspondencia de Freud con Fliess (289 cartas) sólo 168 fueron representadas en la obra, y todas menos 29 fueron alteradas.

En correspondencia con un amigo, le dice:

He told a friend, “we do analysis for two reasons: to understand the unconscious and to make a living…we certainly cannot help [the patients].”

(Hacemos análisis por dos razones: entender el inconsciente y ganarnos la vida… ciertamente no podemos ayudarles).

Freud creía en lo paranormal, la numerología, el ocultismo, los sueños como medios mágicos de entender la mente, cuando en realidad se inventaba cada vez un significado nuevo, pero siempre sexual. La mujer de Freud consideraba el psicoanálisis una forma más de pornografía.

El código deontológico de los psicólogos dice claramente:

el/la Psicólogo/a no utilizará medios o procedimientos que no se hallen suficientemente contrastados, dentro de los límites del conocimiento científico vigente” (art. 18).

El psicoanálisis no es un procedimiento contrastado. No lo ha sido en más de un siglo, y probablemente nunca lo sea. Sabemos a ciencia cierta que está basado en falsedades, en inventos de un tipo que quería mantener su medio de vida y su adicción a meterse cocaína. No hay ninguna razón válida para practicar psicoanálisis, como no la hay para la terapia gestalt, la bioneuroemoción, las constelaciones familiares o cualquier otra chorrada que pretenda meterse bajo el paraguas de la psicología.

Sólo hay una psicología, que es la que usa el método científico. Si no usa el método científico, no es psicología, del mismo modo que si no sigue el método científico no es química, sino alquimia.

Y hay mucha, mucha gente, practicando esta patraña. La Sociedad Española de Psicoanálisis se fundó en 1959, y Barcelona, donde yo vivo, tiene a más de 300 de estos charlatanes practicando esta pseudoterapia sin control alguno. No sé cuántos habrá en todo el país, pero los que sea, son demasiados. Para más insulto, recientemente el COPC aprobó la creación de una comisión de psicoanálisis, integrando la charlatanería en su propia estructura, en contra de su propio código deontológico (3). Y bueno, aquí tienen que ser psicólogos o psiquiatras. En otros países, como Argentina, para ser psicoanalista basta con unos estudios de 3 años, que culminan con te haces una paja por escrito que se llama autoanálisis, y si tu tutor lo aprueba, pues ya puedes meterte a joderle la vida a la gente.

(CORRECCIÓN: Me informan que según parece, desde hace unos años el título en Argentina se obtiene como posgrado, requiriéndose un título universitario – cualquiera – para poder cursarlo. Tampoco es que mejore, pero bueno).

En fin. Esto no convencerá a los ya persuadidos de que el psicoanálisis no tiene valor. Ayer mismo un tipo en Twitter recurría a todo tipo de contorsiones mentales en una discusión conmigo y otros compañeros para justificar que es psicólogo y hace psicoanálisis, porque evidentemente no te vas a reconocer a ti mismo que lo que haces es una estafa. No espero que una obra como la de Crews haga que nadie que se ha autoconvencido de que el psicoanálisis vale de algo cambie de idea.

Pero este post lo escribo para el que no sabe, para el que duda, para el que se ha planteado recurrir a un psicoanalista porque asume que la psicología es eso, porque lo ha visto en películas, porque como un cáncer se ha propagado por nuestra cultura. Para que sepa que si entra en un despacho, pregunte, y si el psicólogo hace psicoanálisis, que se marche. Allí y en ese momento.

ENLACES

  1. Freud was a fraud: A triumph of pseudoscience.
  2. Terapias basadas en la evidencia (división 12 de la APA).
  3. De los lobos cuidando de las ovejas (II).

Del propósito de los trastornos mentales.

Gracias a la estupenda página de Facebook Objetividad y Psicología (1), que no puedo recomendar lo suficiente, encuentro este maravilloso texto:

“Yo no creo que el problema psicológico sea un intento de adaptación sin éxito al medio; por el contrario, es un intento exitoso de adaptación. Lo que ocurre es que el objetivo a corto plazo de esa conducta funcional no coincide con el objetivo a largo plazo. Es imposible pensar que una persona tiene depresión y no ha conseguido adaptarse al medio durante 30 años, eso es absurdo. Se ha adaptado, y se ha adaptado con conducta depresiva; la depresión es una adaptación. Esto es así: el problema psicológico es un problema de adaptación que choca con lo que espera el contexto de esa persona [amigos, pareja, esposos, etcétera] o que choca con los objetivos a largo plazo que tiene esa persona. Cuando una persona se siente en depresión y se queda acostada en la cama, su conducta es completamente adaptativa a corto plazo.”

María Xesús Froján Parga, 2013.

A la hora de definir los problemas psicológicos, hoy nos encontramos entre dos propuestas. La primera es el modelo biomédico, que considera que los trastornos mentales son enfermedades, esto es, tienen una causación biológica, sea una alteración estructural en el cerebro o bien un desequilibrio en los neurotransmisores del mismo, o similar, y que por tanto se puede y debe tratar con intervenciones médicas, habitualmente psicofármacos, pero pudiendo usarse también psicocirugía o terapia electroconvulsiva y otros procedimientos.

¿El problema? A día de hoy no tenemos un sólo marcador biológico para los trastornos mentales. Las causas biológicas, si existen, no se conocen, ni se han encontrado. No hay resultados en análisis, neuroimágenes, autopsias, EEG, nada, que nos diga si hay una causa biológica para los problemas de conducta. Quizá la haya, quizá no, pero a día de hoy no se puede afirmar de manera tajante que tal cosa es así.

Por el otro lado se oponía el modelo biopsicosocial, que postulaba que no sólo las causas biológicas podrían causar el trastorno mental, sino que podía haber factores de aprendizaje o del entorno social del paciente en la raíz de los problemas de conducta. Esto es, que un trastorno mental no implica que pase nada en el organismo del paciente en términos de desviación, sino que puede ser el resultado de la interacción del organismo con su entorno. Numerosas intervenciones se engloban en este modelo, con más o menos apoyo empírico, así como muchas pseudoterapias.

En este momento, las terapias de más reciente aparición y que están recabando más evidencia y mayores apoyos son las terapias contextuales, un cuerpo de procedimientos terapéuticos provenientes en su mayor parte de la terapia y modificación de conducta, que se basan en el contextualismo funcional. Desde esta posición filosófica, se considera la conducta de las personas en su contexto y no de forma aislada o fraccionada. Para ello, se pone el foco en la función que cualquier evento llega a adquirir. Esto incluye la función que la propia conducta tiene para otras conductas, y la función que genera por el significado o contexto general en el que se ubique. O sea, ¿para qué sirve esta conducta? Además, no se busca sólo poder predecir el comportamiento, sino también influir en él, usando los conocimientos que tenemos sobre las  leyes que gobiernan la conducta humana (porque, en efecto, la conducta humana está gobernada por las mismas leyes que la del resto de organismos y animales, no somos especiales). Dicho de otra forma, se pretende identificar los determinantes y efectos de la conducta para ser mucho más efectivos en la intervención que se requiera.

Y esa es para mí la clave de todo esto. Una persona tiene una depresión, o desarrolla un problema de ansiedad, por una razón. Y esa razón es útil en un momento dado, a corto plazo, pero luego se vuelve insostenible y por eso acaba por ser un problema. Cuando el paciente viene a consulta, la meta no es desenterrar las “causas subyacentes” porque no hay tales cosas, eso es excusa de psicoanalistas y farsantes, lo que ocurre es que una respuesta que el paciente da a su entorno ha dejado de ser útil, y el paciente necesita adquirir habilidades y conductas nuevas para afrontar lo que su entorno demanda. Y ya está. Y nuestro trabajo es ver por qué el paciente hace lo que hace, y enseñarle a hacer otras cosas. Y eso es lo que hacemos en la terapia cognitiva con la conducta verbal del paciente, eso es lo que hacemos con la activación conductual, o en la terapia de aceptación al compromiso. “Cuando estés en esta situación, en vez de hacer esto, haz esto otro.”

La terapia es, simplemente, aprender nuevas conductas. Todo lo demás es cuento.

 

De lo que creemos que ellas quieren, y de lo que quieren realmente.

Pensé en usar la imagen que pongo a continuación en la conferencia sobre relaciones de pareja del 12 de enero, pero por una cosa o por otra, se quedó fuera. Este es uno de esos pequeños detalles en la convivencia que muchas veces los hombres en parejas heterosexuales no manejamos bien, que es el atribuir a nuestras parejas unas expectativas irreales sobre nuestra conducta.

Traducido para aquellos que no pueden con el inglés:

Lo que los hombres temen que las mujeres esperamos: perfección

“Te he hecho una comida de 3 platos, pillado billetes para las Bahamas y limpiado toda la casa.

Lo que realmente queremos: simplemente esfuerzo.

“Intenté hacerte la cena y ahora todo está en llamas.”

(Ella le abraza amorosamente)

Por otro lado, no es como si las mujeres no tuvieran expectativas incorrectas sobre las cosas en las que nos fijamos los hombres, por ejemplo, en el aspecto.

(Ella se preocupa por diferentes defectos percibidos en su físico. Él acaba de preguntarse si siempre ha tenido el pelo negro).

Es mucho más fácil tener una buena relación de pareja cuando dejas de suponer y te preocupas de averiguar qué es exactamente lo que tu pareja necesita. Cuando tratamos de adivinar lo que el otro piensa, o sus motivaciones, muchas veces lo que estamos haciendo es meramente asumir que el otro piensa como nosotros, valora lo mismo que nosotros, busca lo mismo que nosotros.

En resumen: mira, no necesitamos ser perfectos, cocinar como Dios ni nada por el estilo. Sólo hace falta intentarlo de veras. Así que fregad los putos platos, que es el mejor afrodisíaco que hay.

Entrevista: Salimos en la radio

Entrevista: Salimos en la radio

El próximo día 14, día de San Valentín, me entrevistan Javier Gallego y Natalia Ruiz en el programa especial de ciencia de Carne Cruda Radio (1), para hablar acerca de amor, relaciones de pareja y demás temas que traté en la conferencia del 12 de enero(2).

De modo que si os interesa escuchar la entrevista, prestad atención al programa Carne Cruda el miércoles día 14 de febrero, de 10 a 11.

Nos escuchamos por ahí.

ENLACES

  1. Carne Cruda Radio.
  2. Conferencia “Por qué fracasan las parejas” del 12 de enero.

De castigar aquello que es bueno

De castigar aquello que es bueno

Mi amiga Gemma me mostró esta joya de post (1), y pensó que daba para una entrada. Y tenía razón. El texto dice:

No castigues la conducta que quieres ver más a menudo.

Quiero decir, es bastante evidente cuando se explica así, ¿verdad?

¿Pero cuántas familias, cuando un niño o un miembro introvertido hace un esfuerzo por socializar, dicen con sarcasmo, “Vaya, así que has decidido unirte a nosotros”?

¿O cuando alguien hace algo que le ha costado hacer, le dicen “¿Por qué no puedes hacer eso todo el tiempo“? (Eso me ha pasado frecuentemente, también.)

O cualquier frase que contiene la palabra “por fin”.

Si alguien da un paso, un paso pequeño, en una dirección que deseas animar, anímale. No te quejes de que no es suficiente. No saques el pasado. Anímale.

Porque os juro por el puto Dios que no nada que mate más tu alma, que aplaste más tu motivación, que intentar tener éxito y darse cuenta de que tanto el éxito como el fracaso son castigados.

Hay una cosa que a muchos pacientes no les gusta oír, y que sale con especial frecuencia en la terapia de pareja. Y es el hecho de que muchas veces la conducta de las personas a nuestro alrededor está controlada por la nuestra, y por ello, muchas veces nosotros reforzamos cosas que no queremos (como el niño que recibe atención y golosinas cada vez que monta una rabieta), o no reforzamos (o sea, que extinguimos) las conductas que sí queremos ver, o incluso a veces, como indica el texto citado arriba, las castigamos. En definitiva: con mucha frecuencia, para cambiar la conducta de los que están con nosotros, hemos de cambiar nuestra conducta primero. Esto es algo elemental, en realidad, es lo más básico en modificación de conducta: la conducta está gobernada por sus consecuencias (2).

De todos los posibles refuerzos de una conducta, el refuerzo social es uno de los más poderosos, especialmente por parte de las personas más cercanas. Y por eso mismo, la falta de ese refuerzo o los estímulos aversivos ejercen un esfuerzo muy potente sobre la conducta. Lo que hacemos es aún más importante a la hora de modificar la conducta de aquellos a los que queremos.

Si queremos que alguien haga algo de manera diferente, además de pedirlo hemos de asegurarnos de recompensar y reforzar esa conducta cuando se produce, cada vez que se produce. Y no, los comentarios correctivos no ayudan. Hazlos en otro momento. Pedir que se haga en más ocasiones no ayuda. Hazlo en otro momento. Recordar todas las veces que la persona no lo ha hecho bien no ayuda. Hazlo en otro momento. Porque lo que estás consiguiendo es convertir la conducta deseada en una conducta castigada por pura asociación.

Martin Seligman acuñó junto con Overmier en 1967 el término “indefensión aprendida” en un experimento clásico de aprendizaje animal, para describir un estado en el que un organismo percibe que no hay relación de contingencia entre su conducta y las consecuencias de la misma. Esto es, que haga lo que haga uno, da igual porque las consecuencias están fuera de su control.

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Martin Seligman

En los experimentos de Seligman y Overmier, se sometía a los perros a descargas eléctricas, que podían evitar en uno de los grupos experimentales de diferentes maneras (presionando una palanca, o pasando de una parte de una caja dividida en dos por una barrera baja a la otra). Los perros de este grupo rápidamente aprendían a evitar las descargas.

En el otro grupo experimental, los perros no podían evitar las descargas, hicieran lo que hicieran. Seligman y su equipo observaron que los perros de este grupo mostraban un estado de apatía en el que abandonaban todo intento de evitar las descargas, y se limitaban a gemir. Esto llevó a Seligman a pensar que los perros mostraban una conducta similar a los pacientes diagnosticados con depresión, y por ello buscó replicar estos experimentos en humanos.

Seligman replicó este experimento poniendo a los sujetos en situaciones en las que tenían que afrontar pequeñas descargas, o ruidos desagradables o, posteriormente, el tener que resolver problemas que, en realidad, no tenían solución. Los sujetos en condiciones de indefensión mostraban un déficit conductual, motivacional y emocional, similar al observado en perros, que llevó a Seligman a formular la indefensión aprendida como una teoría explicativa de la depresión.

La teoría de Seligman ha recibido bastantes críticas (3)(4), e igual otro día hablamos del movimiento que formó en los 90 llamado Psicología Positiva y que es, en mi opinión, un tumor bastante fuerte. Sin embargo, hay una idea que sí reviste validez y que es importante tener en cuenta: si pensamos que da igual lo que hagamos porque no vamos a conseguir nada, o vamos a ser castigados hagamos las cosas bien o mal, el incentivo para hacer esas cosas desaparece por completo. Y a menudo somos nosotros los que provocamos este estado en los demás, no siendo capaces de reforzar los intentos del otro de cambiar su conducta a mejor.

Así que, cuando alguien hace algo que piensas que es bueno, recompénsalo. Sin peros, sin matices, sin más. Lo que tengas que criticar o matizar, en otro momento. No conviertas una conducta deseable en una conducta castigada. 

ENLACE

  1. Post de Tumblr de Olofa.
  2. “Modificación de conducta: qué es y cómo aplicarla”. Martin, G y Pear, J. Pearson Educación (2008).
  3. Crítica de Vázquez-Valverde y Polaino-Lorente al modelo de Seligman.
  4. Crítica de Palenzuela.

Conferencia: Por qué fracasan las parejas

Conferencia: Por qué fracasan las parejas

El pasado 12 de enero di una charla en la librería y tienda de juegos Kaburi, con el título de “Por qué fracasan las parejas.” Intenté condensar (probablemente mal, porque muchísimas cosas se quedaron en el tintero) las investigaciones del doctor John Gottman en materia de relaciones de pareja, que constituyen el cuerpo de investigación más detallado y fascinante que he encontrado sobre el tema.

Así mismo, por peticiones que me han llegado por diferentes canales, incluyo alguna bibliografía que considero interesante sobre el tema de relaciones de pareja. Hay bastante más, pero esta me parece particularmente relevante.

  • John Gottman:
    • The science of trust.
    • Why marriages fail.
    • 7 reglas de oro para vivir en pareja.
    • A man’s guide to women.
    • ¿Qué hace que el amor perdure?
  • Michelle Weiner-Davis:
    • Divorce Busting.
  • Esther Perel:
    • Inteligencia erótica.

Y ya sin más, os dejo el vídeo de la conferencia. Espero que lo disfrutéis. Probablemente escribiré alguna cosa más por aquí sobre el tema en las próximas semanas. Veremos.