Decisiones, decisiones.

Decisiones, decisiones.

Daniel Kahneman es un gran psicólogo. Ha ganado un premio Nobel de economía por su investigación en toma de decisiones bajo incertidumbre, y es uno de esos gigantes que hacen que sienta orgullo de mi profesión. Además de eso escribió una obra magistral llamada Pensar deprisa, pensar despacio, donde sintetiza esa investigación de modo asequible para todos.

De errores del pensamiento hemos hablado ya mucho y mucho y no voy a dar la lata más por ahora. Cito a Kahneman porque tiene una frase maravillosa sobre nuestra capacidad de tomar decisiones y de sacar conclusiones:

Un aspecto sorprendente de tu vida mental es que casi nunca te quedarás sin palabras. […] Tu estado de ánimo normal hace que tengas intuiciones y opiniones acerca de casi todo lo que se te plantea. Las personas te caen bien o mal mucho antes de saber gran cosa sobre ellas; confías o desconfías de los desconocidos sin saber por qué; crees que un negocio funcionará sin analizarlo.

O sea, que todos tenemos tendencia a ser unos cuñados. ¿No?

Bueno, según Kahneman sacamos conclusiones precipitadas porque prestamos demasiada importancia a la información que tenemos delante. Y siempre hay cosas entre bastidores que no conocemos, que no investigamos. A esto él lo llamaba no hay más que lo que ves, la tendencia a pensar que sabemos cuanto hay que saber. Esta tendencia afecta mucho nuestra toma de decisiones.

Los hermanos Heath, que sacaron hace tiempo un par de libros estupendos sobre cómo cambiamos y cómo enviar mensajes eficaces (ya hablé de ambos libros), sacaron hace no mucho un tercer libro llamado Decídete (en castellano), que presenta un modelo para la toma eficaz de decisiones. Y me ha gustado mucho, y quiero comentarlo más. Y eso es lo que voy a hacer.

En su obra, ellos usan la idea de Kahneman para decir que esa tendencia la podríamos comparar con un foco: aquello que está iluminado por el foco es aquello que tenemos en cuenta a la hora de decidir. Y, a menudo, se nos olvida que podemos mover el foco e iluminar más cosas.

Beats Antique at Cervantes
¿Ves algo fuera del foco? (Foto de Zoe Jakes)

En realidad, para ser algo que hacemos constantemente, no somos tan buenos tomando decisiones. Por ejemplo, un equipo de consultores estudiaron cientos de fusiones y adquisiciones de empresas, para ver en qué porcentaje el resultado de la operación (que es de las más arriesgadas) era bueno para los accionistas o no.

En el 83% de los casos, no hubo beneficio para los accionistas.

Jajajaja, ejecutivos idiotas con sus MBA caros, claro que se equivocan. ¿Es eso, no? No. En lo personal damos pena también. El Colegio de Abogados de EEUU descubrió que el 44% de los miembros no recomendarían estudiar Derecho como una buena opción para sus vidas. Analizando la contratación de 20.000 directivos se halló que el 40% son despedidos, dimiten o fracasan antes de 18 meses. En Filadelfia, un profesor tiene el doble de posibilidades de dejar su empleo que un alumno de dejar los estudios.

No vamos a volver a todas las veces que decidimos cambiar y no lo hacemos.

Mirad, lo importante en la toma de decisiones es el proceso, mucho más que el resultado. Y en cada uno de los pasos de ese proceso hay una tendencia a cometer un cierto tipo de error. Debería ser algo así:

  1. Te encuentras ante una decisión.
  2. Analizas las opciones.
  3. Tomas una decisión.
  4. Vives con ella.

Pero esto es el ideal, la realidad viene a ser algo más como:

  1. Te encuentras ante una decisión. Pero como tienes una perspectiva muy estrecha, se te escapan muchas opciones.
  2. Analizas las opciones. Pero en realidad, gracias al sesgo de confirmación, sólo analizas aquello que confirma la decisión que ya has tomado.
  3. Tomas una decisión. Y a menudo las emociones que sientes en el momento te empujarán a cometer un error.
  4. Vives con ella. Y a menudo descubres que tu capacidad de predecir el futuro es nula y que hay muchos factores que no habías considerado.

Y de esto es de lo que me gustaría hablar en las próximas semanas. Veamos qué sucede.

Leyendo a Epicteto

Epicteto es uno de mis filósofos favoritos, desde que estudiaba. Y gracias a una compañera me hice con una copia del Manual de Vida en un formato verdaderamente de bolsillo, con lo que lo he leído miles y miles de veces, sobre todo en momentos difíciles. En un manual tan breve y condensado, las perlas abundan. Y aunque escribí acerca de ello hace unos pocos años, no está de más recordar algunas de las cosas que más me han gustado. Porque cuando se me olvidan, lo paso mal.

Epicteto ahí, pensando.
  • Ocúpate de tus propios asuntos. Presta atención únicamente a tus propias preocupaciones y da por sentado que lo que pertenece a los demás es asunto suyo, no tuyo. Si obras así serás impermeable a la coacción y nada te podrá retener. Serás libre y eficaz, pues darás buen uso a tus esfuerzos en vez de malgastarlos criticando u oponiéndote a los demás. Si conoces y prestas atención a tus verdaderas preocupaciones, nada ni nadie te hará actuar contra tu voluntad; los demás no podrán herirte, no te ganarás enemigos ni padecerás ningún mal.
  • Veamos las cosas tal como son en verdad. Las circunstancias no se presentan para satisfacer nuestras expectativas. Las cosas suceden por sí mismas. La gente se comporta como realmente es. Aprovecha lo que realmente obtienes.
  • Los acontecimientos no nos hacen daño, pero nuestra visión de los mismos nos lo puede hacer. No podemos elegir nuestras circunstancias externas, pero siempre podemos elegir la forma en la que reaccionamos a ellas.
  • Ni vergüenza ni culpa. Las cosas son sencillamente lo que son. Los demás que piensen lo que quieran; no es asunto nuestro.
  • Crea tu propio mérito. No dependas nunca de la admiración de los demás. No tiene ningún valor. El mérito personal no puede proceder nunca de una fuente externa. No lo encontrarás en las relaciones personales, ni en la estima de los demás. Es cosa probada que las personas, incluso las que te quieren, no estarán necesariamente de acuerdo con tus ideas, no te comprenderán ni compartirán tu entusiasmo. ¡Madura!¡A quién le importa lo que los demás piensen de ti!
  • Tu voluntad está siempre bajo tu poder. En realidad nada te detiene. La enfermedad puede desafiar a tu cuerpo, pero ¿acaso eres sólo cuerpo? Tu voluntad no tiene por qué verse afectada por ningún incidente a no ser que tú se lo permitas.
  • “Cuando llamas a tu hijo, debes estar preparado para que no responda, y si lo hace, tal vez no haga lo que le pidas. En tal caso, tu inquietud en nada le ayuda. Tu hijo no debería tener la facultad de causarte ningún trastorno.”
  • Evita adoptar los puntos de vista negativos de los demás.
  • Nadie puede hacerte daño. La gente no tiene la facultad de hacerte daño. Incluso si te denigran a voz en grito, tuya es la decisión de considerar lo que ocurre como insultante o no.
  • Querer agradar a los demás es una trampa peligrosa.
  • No entregues tu mente. Si alguien pretendiera entregar tu cuerpo a cualquier transeúnte, te pondrías naturalmente furioso. Entonces, ¿por qué no tienes pudor en prestar tu valiosa mente a cualquier persona que desee influenciarte?
  • Define claramente la persona que quieres ser.
  • Apártate de los entretenimientos populares. Casi todo lo que se acepta como legítimo entretenimiento es inferior o ridículo, y sólo atiende o explota las debilidades de la gente. La vida es demasiado corta y tú tienes cosas más importantes que hacer.
  • El mero hecho de que la gente sea amable contigo no significa que debas pasar el tiempo con ellos.
  • Abstente de defender tu reputación o tus intenciones. Sólo los moralmente débiles se sienten obligados a defenderse o explicarse ante los demás. Deja que la calidad de tus actos hable en tu nombre.
  • Adopta una actitud firme. Después de deliberar y determinar que un curso de acción es el acertado, jamás pongas en duda tu juicio.

 

 

 

Porque Begoña me lo pidió: Tim Ferriss y por qué los geeks tienen la culpa de todo.

Esta chica tan guapa es Begoña Martínez. Pincha en el enlace para saber más acerca de en qué trabaja y por qué tienes que llamarla si necesitas traducir algo, garrulo/a:

Begoña o @Minibego, según donde preguntes.

El caso es que esta chica y yo, que nos conocemos – poco – por una amiga común, tenemos aficiones literarias similares, y los dos estamos en Goodreads, que es un sitio muy majo para compartir qué libros te gustan, obtener recomendaciones sobre libros, y cosas así. Es, de hecho, la única red social que a día de hoy no me produce orquitis a los 15 minutos de estar en ella, ni me da gana de guantear a mis amigos en ella.

Begoña leyó un libro de un gurú de esto del lifehacking llamado Tim Ferriss, y lo odió. Yo he leído ese libro y le he dado 5 estrellas. El libro es este, para que decidas si lo quieres o no. Como digo, ella lo odió, y expuso sus razones en esta review que escribió. Como lo que escribe está bien escrito, tuvimos una interesante discusión, que podéis leer en los comentarios. De esa discusión surgió una apuesta  sobre quién convertiría esta conversación en un post de blog en español, porque la discusión estaba en inglés – no me preguntéis por qué, no lo sé – y los idiomas son el punto fuerte del español medio. Ella ganó, y decidió que lo hiciera yo, y como soy un listo, además de poner (resumida) la conversación en la lengua de Cervantes, voy a añadir mis opiniones sobre ello. Así que, como vamos a hablar de libros, poneros vuestro batín de leer, encended vuestra pipa y poned algo de música preciosa, como esta pieza o esta otra de la BSO de Braid. ¿No sabes lo que es Braid? No quiero hablar contigo.

Begoña: Odié este libro, principalmente porque vende como ciencia el sesgado, estadísticamente insignificante y pobremente diseñado experimento vital de este tipo. Es menos entretenido que un accidente de coche, pero tiene algo del morboso interés acerca del daño que puede causar a la sociedad. Por no mencionar la part sobre el sexo, que es patética en su definición, alcance y resultados deseados. Por suerte, las mujeres con más criterio esa parte le marcará como un amante inepto. Leí la primera parte del libro, lo dejé un año, y luego he leído el resto en diagonal: nada llama mi atención. No más Ferriss para mi, jamás.

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Ramón Pérez   Incluso estando en desacuerdo contigo sobre la utilidad de sus libros (algunas de sus ideas en este libro y en La Semana Laboral de 4 horas son muy sólidas), entiendo totalmente cómo a muchas personas el tono de est tipo le puede parecer repulsivo. Especialmente a una mujer.Además, es 100% predecible en la manera de escribir cada capítulo, con una estructura repetitiva que no tiene alma y parece totalmente ensayada para producir el máximo efecto, y que a veces consigue aburrirme a muerte.De hecho, este tío es una de las razones por las que odio tanto a los geeks, y encuentro realmente preocupante la prevalencia que están ganando como modelos sociales, especialmente por el daño que pueden causar a la sociedad. Pero eso es tema para otra discusión. Dios, cómo odio a los putos frikis.

Yo compraré y leeré su próximo libro, pero puedo entender cómo alguien puede odiarle a muerte. Gran review.

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Begoña   Estamos de acuerdo en la solidez de alguna de sus ideas, pero para mi el ratio ideas/chorradas es demasiado bajo. Nuestro concepto de éxito no podría ser más diferente. Para Ferriss, parecer atractivo es más importante que no ser un capullo. Dos claves:
—En La Semana Laboral de 4 horas, la buena idea es: enfócate en lo clave, externaliza el resto, vive con menos, y disfruta. No te dice: Si eres lo bastante listo para hacer esto, no necesitas este libro. Si no lo eres, fallarás. El espíritu del libro, con el que estoy en profundo desacuerdo: tener un proceso (completamente externalizado, desconectado, haciendo dinero para ti) NO es lo mismo que crear una buena empresa (un enfoque original sobre un problema, resuelto con un cierto estilo, que genera dinero).
—En este libro, la buena idea es: puedes mejorar tu vida dramáticamete si prestas atención a esto – gana músculo y pierde grasa, y lo demás viene seguido. Pero pasa por encima de todo y de todos (la encantadora gente en la clínica de Nicaragua a las 3 AM) para tener mejor aspecto, incluyendo pasar por encima de sí mismo o de su pareja.
Es un desecho social.
No se preocupa de ser un buen acompañante en un restaurante: está demasiado ocupado comprobando su medidor de glucosa. Alguien debería darle un idiotómetro. ¿Me estoy portando como una idiota ahora? ¿Dónde está el sabor? ¿Dónde el comer comida sana como una actividad social compartida? En ninguna parte. Oh, espera, puedes jugar con la anorexia y la bulimia. Eso mejorará tu vida si ya tienes problemas con tu imagen. No.
La mayoría de la gente no tiene problemas con decidir qué comer, sino la dificultad para controlar qué, por qué y como comen. Son las emociones, estúpido. Y este libro carece de ellas.
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Ramón Pérez   A eso me refería con el tono. Ferriss es el geek definitivo: todo puede y debe convertirse en un procedimiento detallado, y el estilo antes que la sustancia el 90% del tiempo. No necesitas ser excepcional si puedes hacer una buena aproximación. Y eso es lo que veo el 90% en Twitter, Facebook y demás, y es una de las cosas que me preocupa acerca de cómo la tecnología se está desarrollando. Básicamente, estamos cogiendo a frikis casi amorales y socialmente ineptos (ineptos en el sentido de carecer de empatía, un buen desarrollo emocional y autoestima) y los estamos entronizando como modelos de conducta porque, desde la burbuja de las dot-com, ser un friki tecnológico es un buen modo de ganar cantidades indecentes de dinero. Así que coges a un completo subnormal como Mark Zuckerberg y todo el mundo y su puto perro se postran a adorarle. En serio, sólo una generación de putos frikis puede ver Mad Men y pensar que Don Draper es digno de admiración, un modelo de conducta. El día que vi a gente con un trastorno de personalidad ser un objeto de admiración, es el día que se confirmaron mis ideas sobre el narcisismo.Claro que no hay emociones, este tío no ha encontrado aún un algoritmo para tratar con ellas, porque aún no debe haber descubierto a Goleman, e incluso si lo ha hecho, los aspectos emocionales de nuestras vidas difícilmente pueden ser “hackeados” porque se construyen sobre hábitos que requieren mucho tiempo para cambiarse. Mucho tiempo.Aparte, si tú eres de Murcia y yo de Granada, ¿por qué demonios estamos discutiendo esto en inglés? XD
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Begoña    ¡Lo hacemos por el bien común! SI quieres, podemos echar una moneda y el ganador / perdedor convierte esta conversación en un post de blog en español  ;-P
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Y la cosa es que yo perdí, así que Begoña decidió. Además de eso, Diana añadió un interesante enlace de una chica (Penelope Trunk) que odia a Tim Ferriss conociéndole personalmente y tal. Hay más discusión, pero he descubierto que traducir es un trabajo muy duro que me da una pereza espantosa.

Así que venga, ¿cuál es el problema? El problema es que, en realidad, ambos tenemos razón. No es un problema porque los dos podemos estar en desacuerdo y no sentirnos amenazados. Quiero fijarme en 2 cuestiones: ¿podemos desligar una obra de su autor? ¿Y dice algo este libro sobre la sociedad a la que se vende?

Begoña se siente legítimamente agredida por este tío. Y tiene razón en todo. Ferriss es, probablemente, una especia de frikibot que, en presencia de una chica como ella, se pondría a ejecutar algoritmos de apareamiento. Puede que funcionen, puede que no. Y al vender con éxito este libro, puede persuadir a otros de que el medio importa más que el fin.

A mi me da igual por varias razones: una es que no soy una chica, de modo que para mi es más fácil ignorar cómo a lo largo del libro las trata como objetos. La otra es que yo, desde siempre, he separado totalmente a los autores de sus obras. A mi me da igual si Freddy Mercury era una buena persona o un absoluto hijo de puta. Queen es la banda de música más grande que hay. ¿Por qué no habría de disfrutar del trabajo de un autor porque sea un capullo? No voy a tratar con él en la mayoría de casos. De modo que mi primer instinto sería decirle a Bego que no tiene razón, como respuesta a la primera pregunta. Sí, podemos y debemos – a la hora de juzgar una obra – separarla del autor. De lo contrario, podríamos odiar a Quevedo porque era un antisemita., y odiar a los judíos está mal, ¿no?  Es lo que hacía Hitler, ¿verdad?

Sin embargo tiene razón porque ella no entra a juzgar si el libro es verdaderamente útil o no (a fin de cuentas lo ha leído por encima y no ha puesto ninguno de sus consejos en marcha). Lo que sí, hace, y muy bien, es explicar por qué lo que se trasluce del autor le resulta repugnante. Y en eso coincido con ella, porque yo creo que Ferriss es un geek asqueroso y un ejemplo quintaesencial del narcisismo social del que tanto he escrito.

Ferriss nos enseña, básicamente, que todo es un algoritmo al servicio de la molonidad. No nos equivoquemos, en el fondo lo somos, (algoritmos), igual que nuestros cuerpos. Nadie es tan único ni tan impredecible que no se sujeta a ciertas reglas de conducta. Si no, ¿cómo podríamos tener psicología? ¿O medicina? Lo que pasa es que Ferriss no se da cuenta de que el resto de la gente no son extras en su película. Los libros de Ferriss tratan sobre cómo ser Ferris Bueller, sobre cómo ser el protagonista de una película en la que todo el mundo es un secundario y tú haces lo que te sale de la polla sin preocuparte por ellos, porque son putos extras. Nadie importa, lo que importa es que tú moles, pero como se mola en las pelis: con un montaje corto de entrenamiento y a molar, que es lo importante. O sea, nada de joderse durante años aprendiendo a ser el mejor, cuando hay un atajo que te permite parecer mejor sin toda la castaña y la frustración de serlo.

Los frikis han llegado y se han adueñado del mainstream, y si no, mirad The Big Bang Theory y escuchad a la gente babear diciendo cuánto mola Sheldon Cooper cuando en realidad lo que necesita Sheldon es un montón de farmacología y que no le dejen vivir con nadie, nunca, en el mismo piso. Y eso es malo, muy malo, sobre todo si eres una chica, claro. A mi me da mucha cosa, la verdad.

Los frikis nos enseñan que la identidad virtual es más importante que la real, porque en la red una persona puede parecer mucho más interesante y competente que en la realidad. En la red tienes tiempo de pensar lo que has de decir, la higiene no es un problema, nadie es tartaja, y de hecho, puedes tener el aspecto que quieras. Ferriss trata de extrapolar esto a la vida real, porque cree que la realidad es como Internet, donde basta con poner un enlace a la Wikipedia para que parezca que sabes de algo, o que tienes razón, o lo que sea.

Y este es el problema con los geeks: la cultura geek es terriblemente narcisista, porque está convencido que la superficialidad basta, y es más cierto conforme nos volvemos más superficiales gracias a que, probablemente – ojo, esto es una hipótesis sin verificar -, nos volvemos más incapaces de mantener la atención y procesar de manera profunda porque nuestro cerebro se adapta a pensar en el formato que le damos de comer todos los días. Malas noticias para los que estamos muy conectados.

Ferriss no es una causa, pero es un síntoma. Y llevo muchos muchos posts hablando de ello. Así que lo siento, Begoña, espera ver más y más Ferriss de la vida echándote la caña, en los bares, en el trabajo, y cosas así. Porque además, el hecho de que – por suerte – las mujeres usan Internet tanto como los hombres convence a muchos de estos frikis de que es gracias a ellos y que todo esto funciona. Y cuando les digas que son unos imbéciles, su sesgo de confirmación – que todos tenemos – y su propio narcisismo te descartarán como una aberración estadística, convencidos de que algo como Twitter puede ser un medio de transmitir ideas verdaderamente relevantes (no, no lo es a no ser que seas Alain de Botton), y de que el que mucha gente le de a Me gusta significa que es algo bueno.

Hay más que decir sobre esto, pero en parte lo he dicho ya en otros sitios y además mi amor me dice que ha hecho la cena. Uno no pasa de una llamada así.

Wyrms, de Orson Scott Card

– Paciencia: Hay gente que hace cosas por miedo al látigo. Hay gente que hace cosas por temor a perder sus familias o sus vidas. Hay gente a la cual es posible comprar y vender. ¿Acaso no son esclavos?

– Voluntad: Son esclavos de sus pasiones. Su miedo les gobierna. ¿Qué poder tienes sobre mi si tu látigo no me da miedo? ¿Soy tu esclavo si no temo perder a mi familia? Te obedezco de forma completa y fiel porque así lo he escogido: ¿soy tu esclavo? Y cuando llegas a odiarme porque soy libre y mi libertad es mayor que la tuya, y me ordenas hacer lo que no pienso hacer, entonces me alzo ante ti y no obedezco. Castígame entonces; he escogido ser castigado. Y si el castigo es superior a lo que estoy dispuesto a consentir, entonces usaré cuanta fuerza sea necesaria para hacer que pares de castigarme, y no más. Pero nunca, ni por un instante, he hecho nada que no haya escogido hacer voluntariamente.

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Portada de la edición de Júcar

Un criterio como cualquier otro

De Tiempo para amar:

El que no pueda hacer frente a las matemáticas no es del todo humano. En el mejor de los casos es un tolerable ente subhumano que ha aprendido a llevar zapatos, bañarse y no hacer sus necesidades por toda la casa.

Je. Esto me hace pensar en cómo en nuestra sociedad actual no pasa nada por ser un inculto en materia de ciencias, pero es “criminal” no saberse de memoria un montón de cosas de humanidades.

Luego vienen las crisis financieras, las familias hipotecadas más allá de lo posible, o los políticos que dicen que hay que bajar los impuestos para hacer más cosas, y la gente no se da cuenta.

Camiseta de Network Osaka
Pincha en la foto para ver los originales

Gatetes y monetes, digo… libros y pelis

Para tomarme un descanso de narcisismo, voy a hablar de libros que he leído recientemente y de películas que he visto hace poco (ayer, para ser exactos).

El Hombre de los Dados, de Luke Rhinehart (pseudónimo)

Psicoanálisis o azar, lo mismo da.

Si quieres ridiculizar el psicoanálisis, deja que un psicoanalista escriba sobre ello. A menudo olvido eso.

Este libro me lo regaló The Walking Man (autor de esto) cuando estuvo recientemente pasando unos días por casa. Pensó que me gustaría, y acertó en su mayor parte. De hecho, en la próxima tertulia literaria probablemente lo proponga para reabrir el tema.

El libro se publicó en los 70 y fue un éxito bastante importante. Trata sobre un psicoanalista neoyorquino llamado Luke Rhinehart, casado y con un par de niños, que está hasta los cojones de su exitosa vida porque uno no puede creer en el psicoanálisis sin tener muchas insatisfacciones vitales. Una noche de poker en su casa, que anda bastante borracho, decide que va a tirar un dado, y que si sale un uno bajará al piso de abajo y violará a la mujer de su socio de despacho, que está bastante bueno. Tira el dado, sale un uno, baja al piso de abajo y viola (bueno, no, porque ella se deja un montón) a esta mujer.

Desde ese momento decide que lo que hay que perseguir es la desintegración total del yo, dejando que sean los dados (uno o dos) los que tomen todo tipo de decisiones por él, acabando por su propia identidad. O sea, en cada punto de decisión, escribe una lista de opciones (asignándoles la probabilidad que le sale del cimbel) y tira el dado para ver qué hace. Para que sólo sea trampa a medias y no del todo, siempre ha de incluir al menos una opción que no le mole, pero vaya, que no deja de ser trampa porque asigna las probabilidades como quiere.

El libro le va siguiendo conforme se hunde más en este rollo, lo propaga, y monta centros de terapia para que la gente que no está enferma se cure haciendo el panoli, que es básicamente el psicoanálisis en una frase. Por supuesto, los análisis de su conducta que hacen los psiquiatras que se le oponen son igual de ridículos que los que hace él, pero al menos el protagonista tiene razón en una cosa: si vas a tener al paciente viniendo 3 veces/semana durante 2 años sin garantizar ningún progreso, tanto te da tirar los dados.

El libro es bastante divertido al principio, pero se alarga demasiado abundando en las mismas chorreces. Llega un momento en el que ya no tiene gracia ver la enésima viñeta de “en qué lío se mete este idiota tirando dados.” Además, es como una de las pelis de Woody Allen de la época, en el sentido de que si has visto una es como si te hubieras leído este libro.

Conclusión: no está mal, pero no saca buena nota para mi.

La vieja guardia, de John Scalzi.

Cuanto más viejo, más molas.

La ciencia ficción en este país suele dar alegrías, y esta no es una excepción. Me la recomendó Jambrina hace muuuucho, y ahora la he leído, ergo gracias. Claro que por otro lado también me hizo leer aquella mierda de Kitchen de Banana Yoshimoko, así que una cosa cancela la otra, supongo.

En esta obra se nos presenta un futuro donde la humanidad se ha expandido por las estrellas, ha encontrado muchas especies inteligentes y avanzadas, y la mayoría se nos quieren comer. Literalmente. De modo que las Fuerzas de Defensa Colonial (FDC) libran sus guerras en muchos planetas defendiendo a la especie de todo tipo de especies rivales.

¿La gracia? No puedes alistarte hasta los 75 años. Esta es una sociedad donde, cuando eres muy viejo, si quieres, puedes alistarte y, de alguna manera que en la Tierra se desconoce (y que yo no destriparé aquí), te dan la capacidad de luchar al menos 10 años más. Si sobrevives.

Esta es la historia de John Perry, un hombre que ha perdido a su mujer y que por ello decide alistarse y descubrir de qué va todo esto. Pasa por el proceso de entrenamiento, combate, y se lleva unas cuantas sorpresas acerca de lo que hay realmente ahí fuera. Hay abundantes reflexiones sobre si está bien o mal competir con otras especies por el espacio vital, que se resuelven como cabe imaginarse. El final es emotivo sin flaccideces ni moñerías, y bien resuelto.

El ritmo es ágil, los diálogos brillantes, la trama un homenaje a Tropas del Espacio que no se avergüenza de serlo (y así lo dice en la dedicatoria), y una obra muy sólida para ser la primera novela del autor. Hay más novelas en este universo, pero no las he leído.

En resumen: una obra muy recomendable para aficionados a la ciencia ficción, que sin llegar a ser La Fundación o Forastero en Tierra Extraña está bastante por encima de la típica literatura de piscina. Que también leo de eso.

Una nota: el autor tiene un blog muy interesante llamado Whatever donde escribe diariamente sobre todo tema posible. Esta entrada sobre la pobreza en los EEUU es escalofriante.

Ahora gracias a Gío me voy a leer el primer tomo de La Saga de Fantasía Definitiva (o eso dicen), que no puede hablar de sí misma sin compararse con otras que, de todos modos, no tienen nada que ver con ella salvo el formato de libro de papel. Es la saga Malaz: El libro de los caídos de Steven Erikson. Para más inri, la saga pretende ser de 10 libros de Erikson (lleva 6), 5 de su amigo Cameron, y algunas novelas cortas. Y encima es una saga basada en el mundo de sus partidas de rol. Pa-fli-par-lo. Ya os contaré.

Y hablando de Gío, ayer se pegó el día en casa con nosotros y, dado nuestro extremo deseo de no hacer nada de esfuerzo, nos fuimos rotando por diferentes posiciones del sofá Muerte Social II, viendo películas. En general, quedamos contentos con las 3, que fueron:

The Wolfman (2009)

The Wolfman
¿CÓMO QUE QUIERES QUE ME DEPILE?

Esta película demuestra lo que hablamos Rapun y yo hace tiempo cuando vimos aquel truño que es Van Helsing. Si la película sabe lo que quiere ser, es muy probable que sea buena. Van Helsing a ratos quiere ser una peli de terror gótico, a veces quiere ser una de Will Smith, y falla en todo. El Hombre Lobo lo tiene claro: es un homenaje al clásico de terror, y va a saco por ello.

Escenografía, fotografía, actores, diálogos, todo sigue el esquema de una novela gótica del siglo XIX. Nada de gadgets, artes marciales, chistes modernos o concesiones a la molonidad (término inventado por SuperSantiEgo que uso como los Pitufos USB en Avatar). La peli mantiene un nivel de suspense excelente, y para mi gusto sólo abusa de lo que se ha convertido en un hábito odioso y por cojones, que es colorear las películas enteras por ordenador, creando paisajes muy bonitos para un cuadro, pero que no pueden existir en ese color ni con esa luz.  Aparte de eso, sólo hay grandes interpretaciones (estupendo Benicio del Toro, gran Anthony Hopkins, y muy creíble Hugo Weaving como el poli de Scotland Yard), una estupenda BSO de Danny Elfman, y una historia clásica yrespetuosa con aquello que homenajea, sin chorradas Disney ni mierdas. Y sangre y casquería a cascoporro, claro.

Alicia en el País de las Maravillas, de Tim Burton (2010)

Más de lo mismo
Real como la vida misma, porque son ellos mismos

Johny Depp hace de Johnny Depp disfrazado de Lady Gaga, Helena Bonham Carter hace el papel que hace siempre, y es una peli de Tim Burton aún más moña que el resto, que ya tiene tela.

SuperSantiEgo ya hace una disección aquí con la que concuerdo bastante (salvo en el disfraz de Johnny, porque Madonna no es tan ridícula), así que leedla si queréis. Ojo, la peli no me disgustó, lo pasé bien, pero la crítica que hace Santi es totalmente acertada. Visualmente es muy bonita pero, la verdad, nada que se haga hoy día con 4 duros falla en lo visual (salvo Legión, infausto truño). O sea, es bonita de ver y tal, pero muchas veces sería mejor si en estas pelis hicieran un documental tipo “El País de las Maravillas según Tim Burton” y no la película, porque a menudo la gente habla y se jode el invento.

Ah, y el fina con afirmación de las libertades fundamentales de las mujeres adolescentes y su derecho a dirigir empresas en la era victoriana a pesar de no tener ni idea ni experiencia es de traca. Sobre todo la idea narcisista de “como eres quien eres, seguro que lo haces super bien.” Pero ya volveremos a eso luego. La cara que se nos quedó a los 3 fue de pasmo. Habría sido mejor que Alicia no hubiera salido de LSDlandia nunca.

En fin: menos mal que no fui al cine.

Sherlock Holmes (2009)

Sherlock-Holmes-2009
Si no es un colgado, no sé interpretarlo

Esta nos tuvo un rato jodiendo con los subtítulos hasta que, gracias a que Gío recordó cómo retrasarlos y adelantarlos, conseguimos disfrutarla. Y valió la pena.

SuperSantiEgo también habla de esta película, pero no estoy tan de acuerdo con él como con Alicia. Aunque tenga su parte de razón, ciertamente.

Cada vez que se adapta (énfasis en “adaptar”) una obra literaria al cine, el tema de la fidelidad a la obra original sale, y alguna vez se enfoca de manera más o menos razonada (como la de Santi) y las más es simplemente algún fanboy echando espumarajos.

Esta es la película que más me ha gustado de las tres. De largo, como para lamentar no haberla visto en el cine.

Guy Ritchie hace un gran trabajo al traer a Sherlock Holmes a nuestra época y hacerlo suyo. Esto es importante. Cuando vi la película, yo quería ver Sherlock Holmes según lo interpreta Guy Ritchie. No quería ver Sherlock Holmes según Conan Doyle, porque para eso ya tengo los libros y nadie va a hacer un Sherlock de Conan Doyle mejor que Conan Doyle. Eso es ridículo.

Guy Ritchie hace grandes películas de crimen en Londres y esta es una gran película de crimen en Londres, con toda la estupenda manera que tiene Ritchie de contar historias. Robert Downey Jr se sale haciendo de un Holmes huraño, antisocial y bordeando en lo autista, o sea, exagerando sólo un pelín los rasgos del Holmes literario. Judd Law consigue crear con él una química que de verdad hace creíble la camaradería entre estos do personajes. Buenos diálogos, grandes personajes. El trabajo de estos dos es extraordinario.

Santi dice que el Londres victoriano le parece cochambroso y que el piso de Holmes es una cueva. A mi me parece bien, tras haber estado en una reconstrucción del mismo en Londres, y añado que Londres en el siglo XIX debía ser, más o menos, una pocilga enorme. Mucha gente se queja de que tanto Holmes como Watson dan hostias a diestro y siniestro, y yo les invito a que relean los libros, donde encontrarán que muchas veces Watson usa su revólver reglamentario y Holmes relata (si bien Conan Doyle rara vez lo muestra) cómo obtuvo una información o resolvió una situación usando los puños o una pseudoarte marcial de la época llamada bartitsu. Así que tampoco es tan grave.

En las novelas de Conan Doyle la acción se narra de otra manera, porque era otro el signo de los tiempos. Y aunque desde luego la peli tiene bastante de molonidad, creo que criticar una peli de ahora porque se rueda como una peli de ahora es como criticar a Kurosawa por adaptar a Shakespeare a la sensibilidad y forma de narrar de Japón. ¿Es mejor Ran que El rey Lear? Pues no, pero es una gran obra y es bueno que se haya hecho.

Aunque el malo no es Moriarty, el Profesor sí que aparece y dejan abierta la puerta a que haya una secuela donde él sea la némesis. También aparece Irene Adler, en la historia – romance con Holmes que, pese a estar bien contada, es 100% previsible. No mucho que añadir por ahí.

Y esto fue nuestro domingo. Seguiremos con el narcisismo en breve.

Adivinad de qué libro estoy hablando

Un juego gracioso en el que he participado hoy:

Un personaje tranquilo y aburguesado se ve enredado en una historia de venganza, cuando un amigo de su familia le pide que finja ser un veterano criminal. Así empieza una saga de mentiras, secuestros y asesinatos que le harán muy rico… o le matarán.

A ver si sois capaces de acertarlo. Conociéndome un poco, no es difícil.