El ahora es la envidia de todos los muertos

El ahora es la envidia de todos los muertos

Vía el siempre maravilloso Austin Kleon [1], llegué a este corto, The World of Tomorrow, de Don Hertzfeldt. Este es el tráiler, y el enlace del vídeo os lleva a la web donde podéis verlo bajo demanda. Merece la pena.

Trailer de World of Tomorrow

Uno de los personajes, Emily, tiene este tremendo monólogo:

Do not lose time on daily trivialities. Do not dwell on petty detail. For all of these things melt away, and drift apart within the obscure traffic of time. Live well, and live broadly. You are alive and living now. Now is the envy of all of the dead.

No pierdas el tiempo en trivialidades cotidianas. No te quedes en los detalles insignificantes. Porque todas estas cosas se funden y desvanecen en el oscuro tráfico del tiempo. Vive bien, y vive ampliamente. Estás vivo y vives ahora. El ahora es la envidia de todos los muertos.

Emily, en The World of Tomorrow, de Don Hertzfeldt.

Yo qué sé, a mí me sobrecoge por la verdad que contiene. Así que me dan ganas de imprimir la imagen que inicia el post y ponerme una copia en casa y otra en la consulta, qué queréis que os diga.

ESTATUS

Trabajo: No, gracias, al menos hasta la semana que viene.
Música: Un poco de todo, porque las vacaciones me hacen mucho menos sistemático. Sobre todo revisitar clásicos de ahora y antes.
Leyendo: No se me ha dado nada mal. En libros, revisité John Dies At The End y sigue siendo muy divertido. En cómic, Bitch Planet y Paper Girls han sido dos hallazgos que voy a seguir. De hecho, si miras aquí puedes ver que voy 30 libros retrasado sobre mi meta para este año.
Jugando: Pues estoy Pues estoy revisitando el remake de Wolfenstein empezando por la precuela, The Old Blood, y me sigue encantando tanto a nivel mecánico como a nivel narrativo, por lo tarantinesco de todo ello. Así mismo, matar nazis.
Comida: Demasiada.

ENLACES

  1. El blog de Austin Kleon.

De cómo Nick Cave es un tesoro de la humanidad

De cómo Nick Cave es un tesoro de la humanidad

He escrito ya recientemente sobre las bondades de seguir blogs, newsletters y otros medios de expresión consolidados. Una de estas newsletters es la de Nick Cave, el cantante. Se llama The Red Hand Files.

The Red Hand Files tiene una idea muy sencilla: Puedes escribirle un email a Nick Cave, y en cada número de la newsletter Nick coge y contesta a uno o más de sus seguidores. Contesta de manera delicada y personal, con las tripas, sin guardarse nada y sin editar. A menudo las respuestas son de una profundidad sorprendente. Debe decirse también que, en general, las preguntas están muy a la altura: entiendo que debe recibir montones de emails y seleccionará quizá los mejores. Pero aún así es fascinante ver un contacto tan directo entre artista y audiencia.

En el último número, Nick Cave contesta a un fan de Croacia que le pregunta si reza, quizá con su familia o amigos. La respuesta me dejó sobrecogido, no sólo por su humildad, sino por la tremenda calidad del pensamiento de Nick Cave, y su (probablemente) involuntario análisis de la conducta de rezar, una conducta que a menudo a los no creyentes nos puede llenar de estupor.

Nick Cave no sabe si alguien escucha la oración o no. Cree que sus seres queridos, por quienes reza, se benefician de alguna manera, pero admite que no tiene la menor evidencia de ello. Por otro lado, lo ve como una manera de enfocar toda su atención sobre un problema, y de esa manera obtener guía cuando ha de decidir. La conducta de rezar sería entonces una conducta enfocada a poner su atención bajo control. Es un ritual que sirve como disparador de una conducta, siendo el reforzador la sensación positiva de claridad y una mejor resolución de problemas.

Al margen de esto, no me digáis que su conclusión acerca de si el mundo es cruel no es demoledora. A la pregunta de si el mundo es cruel, Cave afirma que no es tal, sino indiferente, y concluye:

If one acknowledges this state of affairs, then it sets up a situation that allows us to make a simple choice – either we respond to the indifference of the universe with self-pity and narcissism – as if the world has in some way personally betrayed us – and live our lives in a cynical, pessimistic and self-serving manner; or we stand tall, set our eyes clearly upon this unfeeling universe and love it all the same – even though, or especially because, it doesn’t love us. This act of cosmic defiance, of subversive optimism, of unconditional and insubordinate love, is the greatest act of human beauty we can perform. To stand before this great, blank, heartless cosmic event and say: ‘We believe in you’. ‘We love you’. ‘We care for you’. This is the definition of grace, Gianelli, and this is the epiphany you speak of. We create our own divinity, our own Godliness, through our ferocious need. We yearn the heavens awake, and if we are quiet, in prayer or in meditation, sometimes we can feel the heavens stirring, breathing our fragile and reckless love back through us. 

Nick Cave en The Red Hand Files

La poesía en esa descripción es sorprendente, y es algo magnífico. Bola extra de bondad y belleza si queréis: aquí podéis leer cómo Nick Cave contesta a un fan australiano de 10 años. La cara del chaval debió ser para verla.

Por otro lado, y ya que hablamos de tesoros de la humanidad, hay otro que resalta especialmente para alguien como yo, a quien no le suelen gustar los musicales y que no sabe bailar, este alguien es Fred Astaire, vía el maravilloso Alan Jacobs.

Jacobs cuenta que hace años vio una entrevista con el gran Baryshnikov donde este decía que ver a Astaire en una película lo dejó hundido porque pensó Si hasta la gente de las películas baila así en América, qué posibilidad tengo yo de llegar a ser grande. Por suerte, acabó por darse cuenta de que sólo Astaire era capaz de hacer lo que hacía. Ese hombre de facciones corrientes, que se iba quedando calvo, con una cabeza un poco como una bombilla, no era normal. En palabras de Zadie Smith, era trascendente. Del mismo modo que la escritura y la música de Nick Cave, es algo que vemos que es físicamente posible porque un humano lo hace, pero al mismo tiempo sabemos que es una idea fantástica porque nadie nunca podrá hacer lo que ellos hacen.

Haceos un favor y mirad este corte de 1937 donde Astaire baila con una batería entera, y decidme si, como a mí, cualquier mal humor no se os va al contemplar esto. A mí me ha alegrado.

Me quedan en promedio 12426 días de vida. Mejor invertirlos bien 😉

De no subir la montaña.

De no subir la montaña.

Austin Kleon es uno de estos tipos con una newsletter que yo sigo religiosamente porque nunca sabes qué vas a encontrar. Y en la última, aparece un enlace a su blog con un artículo llamado On (not) climbing the mountain. Y me parece interesante y relevante porque habla muy bien de cómo muchas veces el fijarnos en la meta nos desvía de algo más importante.

Un concepto que conocí leyendo a Jonathan Haidt acerca de la psicología de la felicidad es el concepto de sesgo de impacto: la tendencia que tenemos a pensar que un solo suceso va a tener una importancia enorme en nuestra vida, cuando la realidad es que, debido a la adaptación hedónica, nuestro bienestar vuelve a sus niveles habituales al cabo de un tiempo: si te suben el sueldo, al cabo de un tiempo te has habituado a esa situación y estás tan contento o descontento como antes. Si pierdes un miembro en un accidente, al cabo de un tiempo te adaptas a tu nueva situación y sueles volver a tu bienestar anterior. ¿Por qué? Porque al final nuestro bienestar depende de la cantidad de reforzadores disponibles en nuestro entorno, nuestra habituación a los mismos, nuestra capacidad percibida para influir en nuestro mundo, y un solo acontecimiento no es tan clave, a no ser que modifique el acceso a reforzadores positivos de una manera significativa. Por ejemplo, puede que conseguir un nuevo trabajo te haga más feliz, pero no sólo por el nuevo trabajo, sino porque además conoces a gente nueva y haces nuevas relaciones que van más allá del trabajo, y reduces el tiempo de desplazamiento, y…

En la entrada, Kleon cuenta una experiencia tratando de llegar a la cima de un volcán extinto en Edimburgo llamado Arthur’s Seat, bastante popular. Y lo que ocurre es que, cuando llega a la cima, está hasta los cojones. Ha visto un montón de sitios chulísimos subiendo, en las faldas del volcán, y pensado ¿No es este un buen sitio para llegar? ¿No es suficiente? ¿Necesito llegar a la cima? Y cuando llega arriba, se encuentra con un lugar con unas vistas menos interesantes que algunas que descubrió en la subida, y que está petado de gente que casi se despeña tratando de hacerse selfies. Y piensa en esas colas de gente arriesgando la vida para llegar a la cima del Everest, cuando a menudo la cima es una mierda de sitio.

Pisando cadáveres, no lo olvidemos.

Y aquí aprovecho para poner una cita de David Lee Roth que me recuerda a mi amigo Javier G. Recuenco, que solía ser para mí el Capitán Napalm, y que describe muy muy bien el propósito de esta entrada:

When you get to the top of the mountain it’s cold and you’re alone and the only way back is down.

Cuando llegas a lo alto de la montaña hace frío, estás solo y la única forma de volver es hacia abajo.

David Lee Roth, entrevistado por Debbie Millman.

En breve: no hagáis más caso de la meta que del proceso. Porque en el entorno inmediato es donde están los reforzadores, y la expectativa de refuerzo es, a menudo, engañosa. La felicidad es un concepto poco útil y como meta difícil de agarrar. Es un proceso irónico, cuanto más te preguntas si eres feliz menos feliz te vas a sentir. Así que no hagáis caso de los gurúes de la felicidad y la psicología positiva. La felicidad no es una meta. La cima es una mierda de sitio, a menudo.

ESTATUS

Trabajo: Reuniendo penosamente toda la documentación para los impuestos y el cierre de curso.
Música: Estoy bastante obsesionado con Let’s rock de Black Keys.
LeyendoEndymion de Dan Simmons sigue progresando, pero es largo. Nobilis de Jenna Moran (antes Rebecca S. Borgstrom) debe ser el juego de rol más complejo de imaginar que he leído.