De Santandreu y sus chorradas.

Rafa Santandreu es un psicólogo que, con la excusa de la psicología cognitiva, a veces dice unas gilipolleces de un calibre tipo cañón de acorazado. Básicamente, presenta una versión de las ideas de Aaron Beck y Albert Ellis llevadas hasta el absurdo, y sazonadas con mierdecitas de autoayuda que ayudan a vender libros y salir en la TV.

Iba a escribir un artículo más largo sobre el tema, pero el compañero Carlos Sanz Andrea lo ha hecho con mucho detalle y mucha elocuencia, así que mejor leed su excelente artículo, al que poco se puede añadir.

 

De castigar aquello que es bueno

De castigar aquello que es bueno

Mi amiga Gemma me mostró esta joya de post (1), y pensó que daba para una entrada. Y tenía razón. El texto dice:

No castigues la conducta que quieres ver más a menudo.

Quiero decir, es bastante evidente cuando se explica así, ¿verdad?

¿Pero cuántas familias, cuando un niño o un miembro introvertido hace un esfuerzo por socializar, dicen con sarcasmo, “Vaya, así que has decidido unirte a nosotros”?

¿O cuando alguien hace algo que le ha costado hacer, le dicen “¿Por qué no puedes hacer eso todo el tiempo“? (Eso me ha pasado frecuentemente, también.)

O cualquier frase que contiene la palabra “por fin”.

Si alguien da un paso, un paso pequeño, en una dirección que deseas animar, anímale. No te quejes de que no es suficiente. No saques el pasado. Anímale.

Porque os juro por el puto Dios que no nada que mate más tu alma, que aplaste más tu motivación, que intentar tener éxito y darse cuenta de que tanto el éxito como el fracaso son castigados.

Hay una cosa que a muchos pacientes no les gusta oír, y que sale con especial frecuencia en la terapia de pareja. Y es el hecho de que muchas veces la conducta de las personas a nuestro alrededor está controlada por la nuestra, y por ello, muchas veces nosotros reforzamos cosas que no queremos (como el niño que recibe atención y golosinas cada vez que monta una rabieta), o no reforzamos (o sea, que extinguimos) las conductas que sí queremos ver, o incluso a veces, como indica el texto citado arriba, las castigamos. En definitiva: con mucha frecuencia, para cambiar la conducta de los que están con nosotros, hemos de cambiar nuestra conducta primero. Esto es algo elemental, en realidad, es lo más básico en modificación de conducta: la conducta está gobernada por sus consecuencias (2).

De todos los posibles refuerzos de una conducta, el refuerzo social es uno de los más poderosos, especialmente por parte de las personas más cercanas. Y por eso mismo, la falta de ese refuerzo o los estímulos aversivos ejercen un esfuerzo muy potente sobre la conducta. Lo que hacemos es aún más importante a la hora de modificar la conducta de aquellos a los que queremos.

Si queremos que alguien haga algo de manera diferente, además de pedirlo hemos de asegurarnos de recompensar y reforzar esa conducta cuando se produce, cada vez que se produce. Y no, los comentarios correctivos no ayudan. Hazlos en otro momento. Pedir que se haga en más ocasiones no ayuda. Hazlo en otro momento. Recordar todas las veces que la persona no lo ha hecho bien no ayuda. Hazlo en otro momento. Porque lo que estás consiguiendo es convertir la conducta deseada en una conducta castigada por pura asociación.

Martin Seligman acuñó junto con Overmier en 1967 el término “indefensión aprendida” en un experimento clásico de aprendizaje animal, para describir un estado en el que un organismo percibe que no hay relación de contingencia entre su conducta y las consecuencias de la misma. Esto es, que haga lo que haga uno, da igual porque las consecuencias están fuera de su control.

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Martin Seligman

En los experimentos de Seligman y Overmier, se sometía a los perros a descargas eléctricas, que podían evitar en uno de los grupos experimentales de diferentes maneras (presionando una palanca, o pasando de una parte de una caja dividida en dos por una barrera baja a la otra). Los perros de este grupo rápidamente aprendían a evitar las descargas.

En el otro grupo experimental, los perros no podían evitar las descargas, hicieran lo que hicieran. Seligman y su equipo observaron que los perros de este grupo mostraban un estado de apatía en el que abandonaban todo intento de evitar las descargas, y se limitaban a gemir. Esto llevó a Seligman a pensar que los perros mostraban una conducta similar a los pacientes diagnosticados con depresión, y por ello buscó replicar estos experimentos en humanos.

Seligman replicó este experimento poniendo a los sujetos en situaciones en las que tenían que afrontar pequeñas descargas, o ruidos desagradables o, posteriormente, el tener que resolver problemas que, en realidad, no tenían solución. Los sujetos en condiciones de indefensión mostraban un déficit conductual, motivacional y emocional, similar al observado en perros, que llevó a Seligman a formular la indefensión aprendida como una teoría explicativa de la depresión.

La teoría de Seligman ha recibido bastantes críticas (3)(4), e igual otro día hablamos del movimiento que formó en los 90 llamado Psicología Positiva y que es, en mi opinión, un tumor bastante fuerte. Sin embargo, hay una idea que sí reviste validez y que es importante tener en cuenta: si pensamos que da igual lo que hagamos porque no vamos a conseguir nada, o vamos a ser castigados hagamos las cosas bien o mal, el incentivo para hacer esas cosas desaparece por completo. Y a menudo somos nosotros los que provocamos este estado en los demás, no siendo capaces de reforzar los intentos del otro de cambiar su conducta a mejor.

Así que, cuando alguien hace algo que piensas que es bueno, recompénsalo. Sin peros, sin matices, sin más. Lo que tengas que criticar o matizar, en otro momento. No conviertas una conducta deseable en una conducta castigada. 

ENLACE

  1. Post de Tumblr de Olofa.
  2. “Modificación de conducta: qué es y cómo aplicarla”. Martin, G y Pear, J. Pearson Educación (2008).
  3. Crítica de Vázquez-Valverde y Polaino-Lorente al modelo de Seligman.
  4. Crítica de Palenzuela.

De los enlaces al final de los artículos

De los enlaces al final de los artículos

Algún lector me ha preguntado el por qué de un tiempo a esta parte, en los últimos artículos, los enlaces se incluyen al final, en vez de insertarlos en el texto, como suele ser habitual en blogs y otras páginas de internet. La razón es un artículo de Nicholas Carr (1).

Nicholas Carr fue uno de los primeros en escribir sobre los potenciales riesgos cognitivos que podía tener el uso de internet, los smartphones y tecnologías similares, en un artículo que se titulaba Is Google making us stupid? (2) A partir de ahí, Carr y otros, cada vez más, han empezado a escribir sobre cómo el uso de los smartphones y las redes sociales afecta a nuestro funcionamiento psicológico, un tema que me interesa especialmente porque yo soy, básicamente, un adicto a Facebook que trata de rehabilitarse (3). Y del que preveo hablar extensamente en el futuro.

El artículo de Carr presenta que el tener el enlace inserto en el texto promueve el picar en él e interrumpir la lectura del artículo actual para abrir otra ventana. Aunque tengamos la intención de volver inmediatamente al original para seguir leyendo, la distracción ya ha tenido lugar, y ya incurrimos en un coste atencional, esto es, una penalización en la capacidad de concentración por haber cambiado de tarea. Tienes que decidir si picas o no, e incluso si no picas en el enlace el coste cognitivo ya se ha pagado. Está demostrado que leer en hipertexto produce peor comprensión y retención de la información. Y cuantos más enlaces en el texto, peor comprensión.

Algunas personas, tal y como describe Carr, han probado a hacer el pequeño experimento de poner los enlaces todos juntos al final, para facilitar y mejorar la lectura y comprensión de sus artículos, y los resultados parecen ser satisfactorios. Evidentemente esto no es evidencia científica, pero me pareció lo bastante interesante como para hacer la prueba yo mismo. A mí el resultado ya me ha gustado, quizá los lectores queráis darme vuestra opinión.

ENLACES

  1. “Experiments in delinkification” por Nicholas Carr.
  2. “Is Google making us stupid?” por Nicholas Carr.
  3. “De la maldita adicción” en este blog.

De la imagen de ti mismo y la maldad del verano

De la imagen de ti mismo y la maldad del verano

Hoy leo por un sitio y por otro a bastantes mujeres (y ocasionalmente hombres) comentar que el verano es una época mala porque te das cuenta de que no estás buena (o bueno). De que no te quieres poner la ropa de verano, porque enseñas cosas que no están bien. Esto se lo he leído hoy, en concreto y entre otro montón de gente a la que he leído en un rato corto, a un par de amigas mías que son, básicamente, diosas.

Cuerpos que no están bien. Digerid eso.

Mi mujer es una de las mujeres más hermosas, si no la más hermosa, que me he encontrado en mi vida. También está a término del embarazo de nuestra segunda hija, y lleva consigo un bebé de cuatro kilos, en este momento. Por un lado, es capaz de hacerse fotos divertidas para mostrar su tripa al lado de un graffiti que representa a la Venus de Willendorff, porque su tripón es genial, ella tiene sentido del humor, y lo enseña.

Por otro lado: estrías, soy una morsa, no puedo ponerme nada, me veo deforme.

Yo tampoco me escapo. Aunque estoy en la mejor forma física en la que he estado en mi vida, a menudo miro mi vientre con desagrado, porque la barriga sobresale. A pesar de que puedo coger un peso de 32 kilos y levantarlo sobre mi cabeza con una mano sin mucho problema, a pesar de que puedo hacer dominadas – nunca había podido – veo mis brazos y me parecen delgados, porque siempre fui muy delgado.

El problema no es el verano, y el problema no son nuestros cuerpos, y el problema desde luego que no es la ropa, suponiendo que tengamos una salud normal. Pero eso ya lo sabemos todos. En realidad lo sabemos todos. Y picamos igual.

Los mensajes de aprobación de los demás, el poner un autorretrato y recibir 700 millones de comentarios positivos de nuestros amigos o de extraños que pasan por ahí no son parte de la solución, son EL PROBLEMA. Una persona que se ve a sí misma como gorda cuando no está gorda no mejorará jamás su autoestima por mucho feedback positivo que reciba, porque el problema es depender de la valoración de otros, sea buena o mala, no importa cuál. Y es un problema porque verás, todo este rollo de la valoración de los otros tiene un punto de verdad, lo cuál hace tan perverso todo esto y que sea tan fácil picar. Así que pones un selfie para que todos te digan que estás muy buena y lo que haces es empeorar todo. ¿Pero qué vas a hacer? ¿Qué opción tienes?

A menudo nos aproximamos al problema desde el punto de vista equivocado, porque nos decimos cosas como que la belleza es interior, o que las opiniones de los demás no importan porque lo que importa es cómo nos vemos. Y las dos cosas son falsas, porque la belleza es un fenómeno que construye el observador, no es una cualidad que tú tengas. Lo de la belleza interior es, sencillamente, una chorrada como la de que tú eres guapa si dices que lo eres. Tú no eres guapa ni fea en ti misma, eres guapa o fea para alguien, para otro que te ve, no, borra eso, para alguien que construye una representación mental de ti que, por lo que sabemos, ni siquiera se parece a tu verdadero aspecto. A mí me gustas, al de al lado le das igual, al otro le desagradas. Y tu opinión no influye para nada en eso. Da igual lo guapo o feo que te veas, eso no afecta a tu atractivo porque es una cualidad percibida por cada persona.

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Ilustración de Lorelyn Medina.

Así que sí, es verdad, la valoración de otro es lo que constituye la belleza, pero depender de ello no tiene sentido porque pensamos que la valoración de los otros es, de alguna manera, un estándar objetivo. Y no lo es, es tan subjetivo y falso como el nuestro cuando nos miramos al espejo. Te sirve para decidir si alguien te gusta, muy bien, estás en tu derecho, pero no dice nada sobre ti.

Cuando dices “mis piernas son muy gruesas,” y no tienes un problema de salud, es como si dijeras “si farcias del carordias, no te remuerden las leporcias.” No tiene sentido. ¿Gordas según qué? ¿Para quién? Y sobre todo, ¿para qué? ¿En qué será mejor tu vida cuando seas más delgada, más atractiva? ¿Qué crees que será lo que cambie?

Mi hija tiene 4 años y ahora pasa de todo, pero es muy probable, hay una probabilidad significativamente mayor de cero de que dentro de otros 4 años se plantee que tiene que hacer dietas. En EEUU, el 80% de las niñas de 10 años han hecho alguna dieta. El 80% No tengo números en España, pero es razonable suponer que la tendencia será similar, aunque sea menor. Si alguien los encuentra, que me los pase.

Y si eso pasa, si mi hija a la que adoro quiere hacer dietas con 10 años y se odia, no será culpa de Zara, los anunciantes, ni del patriarcado ni de sus muertos. Será culpa nuestra, porque mi hija habrá crecido rodeada de personas, hombres y mujeres, que consideran que sus cuerpos están MAL. Habrá crecido escuchando a papá y mamá, y a los amigos y amigas de sus padres hablar de cómo hay que hacer dieta, que siempre hay peso de más, que la barriga es el mal y debe ser castigada, que la piel no debe colgar. Habrá visto tiras cómicas en Internet donde se habla de comer pan como de tener una relación peligrosa con un delincuente, que te llevará por el mal camino, porque no tener abdominales marcados es un signo de inmoralidad. Como no tenemos ideologías porque ahora las ideologías son Satán, hemos convertido el IMC y el porcentaje de grasa corporal en la medida de nuestra moral. 

La gente de Zara no hace la mierda de ropa que hace, con la mierda de tallaje que hacen, porque tienen un plan malvado para lucrarse a costa de que os sintáis mal. Eso es imbécil. Zara pierde dinero haciendo prendas que una gran parte de la población no se puede poner. Lo hacen porque están igual de jodidos que nosotros, porque son gente como nosotros, que tiene la misma percepción absurda y distorsionada. Nadie hace estudios estadísticos para ver lo que es una talla mediana en España, ni en ningún sitio. Basamos nuestra idea de lo que está bien en fotografías, que en estos tiempos no son fotografías sino ilustraciones impresionistas hechas con una cámara. Cuando tú miras a una mujer u hombre esculturales en prensa, o en una película, podrías estar mirando a esa persona, o a un camionero de Oviedo comiendo cachopo, o a un Decepticon, y da igual, no importa, tú nunca lo sabrías, NO SABES LO QUE ESTÁS VIENDO. Es trivial coger a Optimus Prime y convertirlo en Scarlett Johansson, y lo sabemos, y a pesar de ello seguimos pensando que lo mejor que podemos hacer es intentar parecernos a una representación mental de una ilustración que es a su vez una representación mental de la representación mental de una persona diferente acerca de algo. Es como intentar sacar un modelo de imagen corporal del dadaísmo. Pero vamos y lo hacemos, y después flipamos porque los críos cada vez más se obsesionan con la delgadez y le echamos la culpa a la sociedad, a lo que sea, cuando nuestros hijos a quienes oyen todo el día quejándose de nuestros cuerpos es a NOSOTROS.

Es a nosotros a los que oyen todo el santo día dando por culo con que hay que ponerse a dieta, con que los excesos de las Navidades, con que la operación bikini, con que hay que ir al gimnasio. Y cuando pecamos – y cómo y con cuánta frecuencia y culpa pecamos – lo tenemos que vestir de ironía, hacer bromas al respecto, en esa especie de comunidad, de hermandad de los infractores. Operación Transgorder lo llama, mi ingenioso amigo Yeray. Y me río, y le doy un bocado a la pizza, mientras una voz dentro de nosotros nos dice que no deberíamos, pero hacemos coñas para no escucharla. Al final, el mejor texto que he encontrado sobre dietas es el de una humorista americana. Paradójicamente, lo poco que he ido leyendo sobre dietas es tan contradictorio que, aparte de cuatro nociones que parecen ser comunes a todas (come más proteínas, limita los carbohidratos y poco más), lo que parece más importante parece ser modificar la relación que tenemos con la comida, y reeducar los mecanismos de saciedad del cerebro. Pero claro, qué cojones vamos a reeducar.

Yo no sé cuál es la solución a esto, de verdad que no, no lo sé. Ojalá lo supiera. Lo que sé es que vivo rodeado de gente extraordinariamente bella y nadie, ninguna de ellas ni ellos parece capaz de darse un respiro, nadie parece capaz de verse de otro modo que como una masa de deformidades, grandes o pequeñas. Y ahora que tengo una hija, y otra a punto de venir, que además siendo mujeres sufrirán una presión salvaje, aún mayor que la que sufrimos nosotros – aunque gracias a las maravillas del sistema, la presión se va igualando y pronto estaremos todos unidos e igualados en la gilipollez y el autodesprecio – pienso qué puedo hacer porque no quiero que sufran, porque son perfectas, y seguramente serán perfectas de la manera que sea que crezcan, y porque no quiero que vivan su vida obsesionadas por conceptos y baremos estéticos que son tan ficticios como la concepción sin sexo o la resurrección de los muertos.

P.S.: Os dejo un enlace a un breve e interesante enlace a un artículo sobre reestructurar la relación con tu cuerpo de un brillante psiquiatra cuyo blog, titulado “Fuck your feelings” hace pensar en mí a mucha gente.

Si le roban, el robado no es culpable.

Según parece, una serie de personas famosas (fundamentalmente mujeres, lo cual es importante como veremos más adelante) han visto cómo una serie de fotos suyas de naturaleza sexual han sido robadas y difundidas por internet. La única que me sonaba es Jennifer Lawrence, pero eso es lo de menos, quién o quiénes sean. Lo interesante es otra cosa.

El ladrón nunca es tan simpático como en la foto.
El ladrón nunca es tan simpático como en la foto (pincha para el original).

En este asunto se ha dado un proceso similar al que ocurrió en el asunto de la chica que denunció una agresión sexual múltiple en Málaga, y más aún parecido a lo que ocurre con toda la trama Bárcenas, donde presuntamente la mayor parte de la cúpula del PP ha cobrado sobornos (no sobresueldos, sobornos) procedentes de donativos irregulares de empresarios, y curiosamente nadie parece tener el menor interés en denunciar, juzgar o investigar al sobornador: sólo al sobornado. Recordemos una cosa: aceptar sobornos es delito, pero es más delito ofrecerlos. 

Del mismo modo, en el caso de la chica de Málaga se han leído toneladas de tonterías salpicadas del mismo machismo repelente que impregna el caso que nos ocupa de las fotos robadas: básicamente, que la responsabilidad en la comisión de un delito (presunto en el caso de Málaga, dado que parece que no se encontró motivo para proceder al juicio) es de la víctima, no del delincuente. Que si no quieres que te violen, no debes vestir de cierta manera, o salir a ciertas horas. O no te debe gustar el sexo, porque según una de las hipótesis la chica podría haber tenido relaciones consentidas y luego haberse arrepentido, lo cual la convierte en una zorra y hace bueno cualquier cosa que la pandilla de chicos decidiera, desde obligarla a continuar con el sexo a subir el vídeo a Internet.

Del mismo modo, en el caso de estas actrices o famosas o lo que sean, el problema no es que haya habido un robo y una divulgación ilícita de material privado: el problema es que estas personas, en su intimidad, decidieron hacerse fotos eróticas para ellas mismas, sus parejas, o lo que fuese. Por lo visto eso legitima el robo, de acuerdo con la mentalidad de muchos apologetas del mismo. Seguramente estas mismas personas no dirían lo mismo si el ladrón hubiera entrado en casa de las mujeres, robado las fotos de una caja fuerte y luego las hubiera enviado a los periódicos, pero esto es Internet, la maravillosa tierra del todo gratis y el porque yo lo valgo y claro, un robo no es un robo si me la puedo cascar con ello, ¿no?

Dudo que la misma reacción de justificar el robo se hubiera dado si las víctimas fueran hombres. 

Recordemos una cosa: todo el mundo (sí, los famosos también) tiene derecho a la intimidad. Y en esa intimidad tienen (tenemos) derecho a hacerse las fotos que deseen, como deseen: desnudos, practicando cualquier actividad sexual, o vestidos de lagarterana. Y esas fotos que son privadas nadie tiene derecho a robarlas y difundirlas, ni está justificado en caso alguno, ni porque sean personas públicas, ni porque hayan salido desnudas en películas o fotografías públicas (donde estas personas libremente aceptan posar desnudas), ni nada.

Y último, y es lo más importante: esas fotos son un producto robado. Si te pones a verlas, eres un cómplice de los ladrones. Uy, sí, ya, soy exageradísimo. A ver si hay suerte y un día alguien cuelga las fotos de tu hermana, a ver si te hace gracia que todos tus amigos las vean y pinchen en los enlaces. A ver entonces tu retórica dónde queda. 

E impagables, por supuesto, los comentarios de gente que dice que chicas como Jennifer Lawrence están gordas y que están por debajo de ellos. Probablemente no se les haya acercado una chica así en la vida, pero el cuñao no es nadie si no trata de quedar como el aceite.

Claro, técnicamente es cierto que la única manera 100% infalible de que no haya fotos tuyas desnuda circulando es no hacerlas nunca. Pero es que esa no es la solución: la solución es tratar los robos como robos, y entender que lo que la gente hace en su vida privada sigue sin ser de tu incumbencia porque lo hayan subido a internet.

Libertad según para qué.

En Facebook, una conversación sobre aborto toma los rumbos que cabe imaginar a lo largo de más de 400 comentarios, y no se deja un tópico sin tocar. Lo normal. 

Entonces interviene mi amigo Jesús Landart, que es un tipo brillante y plantea esto:

Aquí es evidentísimo que todo el debate puede resumirse en contestar a una pregunta muy escueta: ¿Es una persona un feto? Responder a esta pregunta lo es todo. Personalmente me pasma la facilidad con la que mucha gente encuentra la respuesta. A mi me cuesta muchísimo. Llevo media vida pensando en ello, y aún no he encontrado la respuesta. Debe ser que copié en el test de CI. Lo más cercano a una respuesta que me satisfaga es la existencia de actividad cerebral. Si no la hay, yo veo claro que “no hay nadie ahí”. ¿Pero si la hay?

Este debate sobre la actividad cerebral viene a cuento, entre otras cosas, de los plazos que la ley prevé para permitir abortar y demás. Sin embargo, la actividad cerebral o la capacidad de sentir no te convierten en persona. Mira a la ministra de Trabajo. Yo discrepo con Jesús, por mal que me sepa, porque la pregunta clave no es esa. Creo que es la siguiente.

La pregunta es, ¿por qué una mujer no tiene derecho a decidir acerca de algo que pasa en su propio cuerpo? Así de claro.

Si a Jesús le dijeran: “Jesús, vamos a implantar en tu organismo otro organismo que crecerá en él, y será un proceso doloroso, agotador, y además durante la intervención para extraerlo correrás un riesgo considerable”, nadie, empezando por gente que se considera antiabortista, considerará que no tienes derecho a negarse. Es su cuerpo, joder, ¿cómo no va a tener derecho a decidir qué pasa con él y en él?

Pero una mujer se queda embarazada de repente ya no tiene derechos sobre su propio cuerpo. Y la diferencia es que en el caso que le planteo a Jesús, él es un señor con toda la barba. Y se trata nada más que de eso.

A lo que Jesús, lúcidamente, contesta:

De hecho, yo estoy de acuerdo en todo lo que decís y veo meridianamente claro el derecho de las mujeres sin ninguna duda. La cuestión es poder afirmar que no hay más derechos ahí dentro, incluso en un nasciturus, como dicen los letrados, casi a término.

Pero antes de que yo pudiera contestar, le contestó Esther con el argumento que habría hecho yo, y que ella formula muy bien por lo que la cito a ella:

Pero es como el caso del tipo que necesita el hígado, pero peor, porque el necesitado de trasplante SÍ es una persona con todos sus derechos. Y aún así, nadie se cuestiona que tenga ninguno para exigirle a nadie que le dé medio hígado. Y lo mismo pretenden que pueda exigírselo un feto a su madre.

Exacto. Nadie puede obligarte a donar un órgano, por más que la otra persona lo necesite, porque se entiende que tu derecho a decidir qué pasa con tu cuerpo precede al derecho de cualquier otra persona, incluso si es el derecho a la vida. Si yo decido que no quiero donar médula, tengo ese derecho aunque el otro se muera. Y no se discute.

Que sí, que como hay bebés implicados lo perdemos todo de vista porque los bebés son algo brillante, maravilloso y lo más normal es querer protegerles a toda costa. Yo soy padre y lo sé. Mirad:

Mi hija, enseñando lo que es ser una intelectual.
Mi hija, enseñando lo que es ser una intelectual.

La cuestión aquí es que, si el derecho a decidir sobre tu cuerpo es sagrado e incuestionable para un tío, también debe serlo para una mujer. Y recordemos también que defender el derecho de las mujeres a decidir sobre si quieren seguir un embarazo o no implica obligar a nadie a abortar, ni implica que quien quiera seguir adelante con un embarazo no deba tener todas las garantías de que va a poder hacerlo. Eso es retórica antiabortista de tarados.

Qué bien me ha sentado esto, hacía tiempo ya.

 

El nuevo nombre de la estafa

La palabra emprendedor es el síntoma de la estafa. Bueno, en España casi todo es un sinónimo de estafa.

Si este llega a vivir en España, el iPhone no existiría.
Si este llega a vivir en España, el iPhone no existiría.

Un montón de personas, la mayoría de las cuales no han trabajado en su puta vida y menos aún empezado un negocio, ahora nos van a decir que lo bueno es montar empresas. Mientras mantienen unas legislaciones y unas regulaciones que te estrangulan. Estas personas son políticos, claro. Recordemos que muchos nunca han trabajado fuera del partido, nunca han pasado un proceso de selección normal ni han montado nada.
En los demás países de la EU los autónomos pagan conforme facturan. Se paga el IVA cuando lo cobras, y las cotizaciones o bien son una cantidad baja o están ligadas a la facturación como las retenciones de IRPF. Montar un negocio, sobre todo si es un negocio con pocos gastos estructurales, es algo de relativamente poco riesgo. Por tanto, probar es más fácil.

Aquí yo pago 300 € de autónomo (que es casi como la parte de hipoteca que pago), facture o no. Cuando trabajaba en algo con IVA pagaba el IVA hubiese cobrado las facturas o no, con lo que al cobrar con clientes como Renfe a 90 días, les adelantaba yo la pasta del IVA. Y así con todo. Ojo, y a cambio de esos 300 pavos mensuales tendré derecho a una pensión mínima y a asistencia sanitaria, y eso si cuando me jubile hay pensiones.

Cuando vas a Hacienda no te ayuda ni el potato. ¿Sabes que España es única en el negocio de las asesorías a PYMES? Ese negocio existe para solventar un problema creado por los políticos. Si la regulación fuera clara, todos podríamos hacernos la declaración de la renta, pero cuando tienes más de un pagador te dan por el culo. Y por eso existen las gestorías, que son algo que en muchos otros países no existen. Como los notarios. Pero es que nos van las castas.

Explicadme ahora qué va a ser esto de la mierda de la cultura del emprendedor, si no otro robo. Es la enésima estafa. Es tratar de convencer a la gente de que tire el dinero unos meses para que así, durante esos meses, no sean parados. Y así maquillamos las estadísticas de la EPA, porque está claro que tenemos niveles de paro tercermundistas. 

¿Por qué crees que aquí todo dios, fontaneros, albañiles y demás facturaban en negro? EN ESPAÑA CUMPLIR LA LEY ES PERJUDICIAL Y SE CASTIGA. Defraudar se recompensa, POR LEY. Sobre todo si defraudas de 120.000 € para arriba. Luego queremos austeridad, claro que sí.