V de Vendetta, B de Berenjena (2)

AVISO: Este post contiene descripciones del cómic y la película. Si te molestan los spoilers, no leas más.

Así que llega el 5 de noviembre, y la gente por aquí se pone a festejar una fiesta británica. Una fiesta que se origina cuando eran la pérfida Albión, nuestros enemigos jurados y demás. Es un fenómeno curioso, que se basa en primer lugar en destripar y vaciar de significado aquello a lo que nos adherimos, para quedarnos con el envoltorio y tirar el regalo.

Hace ya 3 meses expliqué cómo un autor culto, un conocido crítico literario, se apropiaba y deformaba una cita de Thomas Carlyle para justificar la decisión de la revista TIME de coronarnos a nosotros, los usuarios de Internet, como la Persona del Año 2006. No se trataba de que este autor (Lev Grossman) no supiera quién era Carlyle o cuál era la cita. Es que Carlyle, su mensaje o lo que sea no es importante. La verdad no es importante, lo importante eres tú.

En V de Vendetta Alan Moore nos presenta un futuro cercano en el que, tras una guerra nuclear, el Reino Unido es gobernado por los fascistas, un partido llamado Fuego Nórdico. El estado de las cosas es el que cabe esperar, con abusos de la autoridad, racismo / homofobia / xenofobia, cámaras en todos los rincones, censura rampante, secuestros / detenciones a media noche y un líder carismático y totalitario.

Un terrorista enmascarado que se hace llamar V y se caracteriza como Guy Fawkes entra en escena, y comienza una campaña de terror y destrucción orientada con precisión quirúrgica contra el poder y sus representantes. Apuñala policías, vuela edificios, secuestra una emisora de TV para dar sus mitines (casi provocando un baño de sangre entre los técnicos inocentes), y hace lo que tiene que hacer. En el camino abduce a una chica llamada Evey Hammond, a la que adopta como seguidora, adoctrina y acaba torturando en un capítulo sobrecogedor de la obra, con objeto de que ella alcance ese lugar más allá del miedo a la muerte que existe cuando te das cuenta de que hay libertades que no pueden quitarte. Parece, como le pasó a Victor Frankl, que el único modo de llegar ahí es pasar por algo así como Auschwitz. Y lo consigue, porque las últimas dudas que ella tenía desaparecen.

Finalmente, V se deja matar una vez cumplida su misión, y pasa el testigo a Evey (disfrazada como él) que vuela Downing Street una vez que todos los fascistas han muerto, y le deja muy clarito al pueblo de Inglaterra que son libres de hacer lo que les rote, sea volver a las cadenas, o vivir como hombres libres. El comic no resuelve qué pasa después, ya que la historia acaba ahí, pero lo deja en una revuelta bastante importante.

La película es un producto de Hollywood, lo cual quiere decir que es en algunos aspectos un producto de consumo para frikis y narcisistas. Muchas de las historias colaterales desaparecen (una decisión comprensible por el tiempo), y luego se coge al personaje y se le despoja de su ideología anarquista, conviertiéndolo en un luchador por la libertad al uso. Convenientemente, V pierde la única cosa que lo define, porque en el cómic V no tiene otra cosa que el ansia de vengarse y el ansia de acabar con todo gobierno. Y es conveniente porque, si vacías al personaje de identidad, puedes rellenarlo con lo que quieras. Y venderlo.

El anarquismo exige un montón de responsabilidad personal. A los narcisistas no les gusta la responsabilidad personal, no sienten culpa o arrepentimiento, sólo vergüenza. Así que es perfecto como emblema de una generación de narcisista convencidos de que su ideario de no tener ideas y la sustitución de la realidad con la virtualidad son el camino para una vida exitosa.

London_QVS_April_12_2008_0010_Anons
Así afirmamos nuestra identidad individual. ¡Somos seres únicos!

No importa quién era Guy Fawkes. No importa que esa máscara simboliza al equivalente católico de un mujaidín que se ata explosivos al pecho, adelantando a los de AlQaeda unos cuantos siglos. No importa que lo que se celebra en la fiesta es que el terrorista fracasó y fue capturado, de modo que los protestantes pudieron seguir oprimiendo a los católicos unos cuantos años más. No importa que esa máscara se quema en efigie en la fiesta, que es algo a destruir.

Guy Fawkes no es un símbolo de libertad, ni de anarquismo. Sólo puede ser concebido así por gente que lo ha vaciado previamente para convertirlo en un eslogan de la identidad que quieren transmitir. Guy Fawkes quería matar al rey y acabar con el Parlamento para poner otro rey y otro parlamento en su lugar, eso sí, afines a su secta preferida. Y luego llevar a cabo su propia represión, claro. No hay nada admirable en ese tipo, y lo que se celebra es que lo pillaron con las manos en la masa y lo ahorcaron.

Básicamente, es como ponerse una careta de Osama bin Laden y festejarlo como el salvador de los oprimidos en Oriente Medio. Claro, no es tan fácil desposeer de contenido a Osama Bin Laden porque aún no ha tenido la decencia de morirse. En unos pocos años veremos a los jóvenes gafapasta llevando camisetas d Bin Laden como se ve ahora al Che. Y he ahí que se ve al personal en una fantástica celebración del terrorismo – que – no – es – terrorismo porque no queremos que sea así. Queremos vernos como gente comprometida con la libertad, no gente comprometida con el terrorismo. Es normal. Es mucho mejor si no pensamos qué significa lo que hacemos y decimos.

Qué demonios, los famosos Anonymous que salen en la foto oponiéndose a la Cienciología son la misma mancha de troll de 4chan que han amenazado y acosado a personas hasta el borde del suicidio, y que son el equivalente virtual de los punkis perroflautas de la glorieta de Arabial de Granada, gorreando dinero para calimocho y con el eslogan de “anarquía y cerveza fría.”

¿Ha supuesto la película o el cómic un cambio en las ideologías de los que las leen? Claro que no. Nadie va a considerar acercarse al anarquismo (o al fascismo) para entender mejor el conflicto que se presenta en la obra. La gente se quedará con el pavo de la careta que lanza cuchillos, y con alguna de las citas del cómic para fardar con los amigos frikis.

Vivimos en una sociedad de peleles culturales e identitarios, porque la verdad se debe supeditar a aquello que queremos pretender ser. Incorporamos alegremente a nuestro papel cualquier elemento que se nos venda con el hype suficiente, sin cuestionar y sin considerarlo. ¿Considerarlo respecto a qué? ¿Nuestra escala de valores? No tenemos de eso, somos muy postmodernos y todo es relativo y “yo soy yo y mi circunstancia” y hombre, es sólo una fiesta y qué más da. Tener un sistema de valores es de fascistas y carcas.

Fijaros qué fiestas y qué conductas se exportan y cuáles se importan. La cultura hispana se exporta por todo el mundo. ¿Sí? ¿En serio? Exportar tortillas de patatas no es exportar cultura, del mismo modo que la proliferación de restaurantes hindúes en Gran Bretaña no llevará a una sociedad de castas. Por cada cosa que exportamos recibimos quince, y recibimos más porque desde fuera se nos exporta molonidad (SuperSantiEgo dixit).

Y ahí es donde les ves: los frikazos escépticos racionales de la muerte que se ríen de los papanatas que llevan pulseras PowerBalance, el 5-N se ponen en fila a manifestar su adhesión inquebrantable a algo que no tiene la más mínima relación con su identidad, su cultura o las personas que importan en su vida, pero que sí tiene que ver TODO con estar al día con los iconos culturales a los que hay que prestar atención en el mundillo en el que uno se mueve, repetir las consignas adecuadas, y molar para que se vea que uno cumple con los requisitos de ser el personaje principal de la película.

Uno de estos amigos que se afilió a “hacer proselitismo del comic” decía el otro día que el celebraría Halloween cuando en los EE.UU. se celebrara el Bando de la Huerta de Murcia. Cosas veredes, Sancho. Cosas veredes. Nos queda mucho examen de conciencia por hacer, y molaría mucho saber de una puta vez si los gestos del personal tienen algún valor más allá de la pose.