Conferencia: Streaming de Desgranando 5

Conferencia: Streaming de Desgranando 5

Mañana y pasado, como ya dijimos hace poco, tendrá lugar el Desgranando Ciencia 5, en mi ciudad, donde tendré el honor de codearme con gente de mucho más nivel que yo, hablando sobre ciencia y, en mi caso, de ¿Por qué creemos en mierdas? Va a ser un pepinaco de evento, que no os debéis perder si estáis por allí. 

Como no todos podréis estar en Granada, está la opción de ver todas las charlas en streaming (y más adelante se subirán en vídeo). Mi charla será el sábado a las 16:30, pero hay como para estar los dos días pegados a la pantalla. En la web que os enlazo a continuación, en la misma portada, encontraréis el enlace a la retransmisión en directo. Espero de verdad que os guste. Va a ser una pasada. 

http://www.hablandodeciencia.com/

La mente es plana: Del cuento de Herbert Graf

La mente es plana: Del cuento de Herbert Graf

Hoy os voy a contar una historia extraída de The Mind is Flat, de Nick Chater, que muestra lo peligroso que es creerse las narrativas cipotescas de cada uno. Estad avisados. 

Herbert Graf (1903-1973) fue un legendario director de orquesta austríaco. Cuando tenía sólo 4 años, presenció un suceso que le asustó mucho mientras paseaba con su madre. Un caballo de los que se usaban en los carruajes que eran comunes en Viena tropezó y cayó al suelo empezando a tirar bocados y cocear salvajemente. Herbert temió que el caballo se estuviera muriendo. Como era un crío sensible, este incidente le dejó huella y le produjo un miedo a que otros caballos también pudieran “caer al suelo y morirse” de repente. Este miedo se generalizó y Herbert empezó a tener miedo a los caballos y los carruajes que los empleaban, y específicamente a que los caballos pudieran morderle. Herbert explicaba que le asustaba particularmente “las cosas negras que los caballos llevan en los ojos y alrededor de la boca”, presumiblemente las anteojeras y las bridas que los caballos usaban. Más adelante esta ansiedad se generalizó a un miedo a salir a las calles de Viena, que estaban siempre llenas de carruajes y coches de caballos. Para los padres de Herbert, claro, esto era muy preocupante.

Desde el punto de vista de la psicología conductual, nada de esto requiere una explicación compleja: Herbert experimentó unas sensaciones de ansiedad muy fuertes, que asoció al caballo. Cuando Herbert intenta explicarse el por qué de estas sensaciones, la explicación es que el caballo le podría morder. A medida que Herbert evita la presencia de los caballos, la respuesta de ansiedad se afianza más y más. Una fobia normal y corriente. De hecho, con el tiempo la ansiedad de Herbert acabaría pasando, como suele ocurrir con muchas fobias y miedos infantiles

Pero claro, nuestra habilidad de proyectar explicaciones imaginativas en conductas normales no iba a dejar estar tranquila una cosa así. Y fue el padre de Herbert, Max Graf, el que proporcionó un gran ejemplo de esta tendencia. Max Graf, un reputado crítico musical, estaba muy inmerso en las teorías del momento sobre la sexualidad infantil. Y escribió a un cierto doctor vienés para comentarle que él creía que el miedo de Herbert a los caballos se debía a “haber sido predispuesto por una sobreexcitación sexual debida a la suavidad de su madre, y que el miedo a los caballos estaría conectado de alguna manera con que los caballos tienen un pene muy grande.” No, no es broma, este es un caso real. [1]

El doctor estuvo de acuerdo con esa idea, concluyendo que el crío era “un pequeño Edipo que quería quitar a su padre de enmedio para poder estar a solas con su hermosa madre y poder dormir con ella.” Por tanto, Herbert veía a su padre como un rival por el afecto de su madre y, en realidad, no estaba asustado de los caballos, sino de su padre.

A raíz de esto, Max Graf y el doctor dedujeron que el miedo de las anteojeras y las bridas podía ser en realidad una manifestación simbólica de miedo a las gafas y al mostacho de su padre (joder, me siento sucio escribiendo esto), y que en realidad el miedo a salir de casa escondía un motivo distinto a evitar a los caballos: “el propósito de esta fobia es restringir sus propios movimientos, permitiéndole quedarse en casa junto a su amada madre.”

Esto, como podéis imaginar, no tiene el más mínimo puto sentido: Herbert nunca había tenido la menor ansiedad cuando su madre no estaba cerca, y tenía la misma ansiedad al salir a la calle cuando su madre estaba y cuando no. Lo lógico, claro, si lo que te dan miedo son los caballos y no tu padre, o separarte de tu madre. 

Pero Max y su doctor pensaban que lo que ocurría era que Herbert se ocultaba a sí mismo las razones de su fobia. No podía ser tan simple como que un niño pequeño se asusta de un animal muy grande y le coge miedo a esos animales, no. Tenía que haber una explicación inconsciente. El propio crío, por cierto, estaba en desacuerdo más adelante:

No, eso no es lo que pasó. Lo desarrollé entonces. Cuando el caballo del carruaje se cayó. ¡Realmente me asusté! Ahí fue cuando desarrollé esa tontería (como Herbert llamaba a la fobia).

– Herbert Graf.

Ojo: el padre del crío era un psicoanalista aficionado (que, en realidad, no se diferencian mucho de los expertos), y el doctor desarrolló toda esta teoría a partir de las cartas de Max Graf y una muy corta entrevista con el niño. Porque total, si te vas a inventar todo, tampoco necesitas ni evaluar, ni conocer el caso ni tonterías campestres. 

Meme cortesía de @Li3PO en Twitter.

Este caso merece particular atención, porque Herbert Graf, futura leyenda en el mundo de la ópera, sería conocido como el pequeño Hans. El doctor era, como muchos habréis adivinado ya Sigmund Freud, y esta gigantesca pollada de caso es uno de los más importantes en el canon del psicoanálisis. Como todos los casos fundamentales citados por Freud, el doctor no hizo una mierda por ninguno de sus pacientes, como no lo hizo por Anna O (Bertha Pappenheim), ni sus conclusiones tienen más validez que la especulación literaria. Sin embargo, si miráis la página de Wikipedia de Herbert Graf, esta pequeña fobia infantil ocupa mucho más espacio que su muy importante carrera.

Freud con Herbert Graf, la única vez que se vieron en persona.

Y cedemos la palabra a Nick Chater cuando analiza este caso:

Max Graf y Freud estaban tratando de mirar en los más oscuros rincones de la mente del “Pequeño Hans”; más tarde otros analistas han hecho distintos diagnósticos del caso. El problema con estas disputas no es que discrepen sobre el mundo interior de Herbert sino que Herbert, como el resto de nosotros, no tiene ningún mundo interior, sólo una colección de fragmentos mentales. Preguntarse si “Hans” deseaba inconscientemente matar a su padre para acostarse con su madre no sólo está equivocado en los detalles. No tiene más sentido que preguntarse cuántas rayas tenía el tigre del poema de William Blake, si Tom Sawyer nació o no un martes, o si el número de martinis con vodka que James Bond se ha tomado en su vida es un número primo. Nuestras imaginaciones pueden, por supuesto, rellenar esos detalles y más – pero el producto de nuestra imaginación es, por supuesto, ficción y no hechos. 

Puesto tan claro como es posible: el error de Graf y de Freud fue confundir la creación literaria con la psicología.

– Nick Chater, “The Mind is Flat”, página 106.

No existe el inconsciente. No existe un océano de deseos oscuros y reprimidos, de miedos, creencias, imágenes mentales, argumentos lógicos e ilógicos, justificaciones, emociones, flashes de ira o penas enterradas. Existen conductas aprendidas que ejecutamos de manera automática, pero no hay múltiples yoes enterrados en nuestro cerebro esperando a salir. Y todas las teorías sobre la mente y la conducta que asumen que existe algo así no son más que ficción literaria. Agravado lo de la ficción por el hecho de que Freud mentía constantemente acerca de sus casos, por otro lado. 

Y con este post inicio una serie de entradas en las que presentaré la idea desarrollada por Nick Chater de que el funcionamiento que solemos asumir de nuestra mente no sólo no es correcto, sino que además es imposible debido a cómo percibimos la realidad. Los que anden por la RAM de San Fernando (y vosotros sabéis quiénes sois) este puente de la Constitución podrán escuchar la explicación resumida en una conferencia el sábado 8 por la tarde 😉 El resto podrán ir leyéndolo, espero, durante las próximas semanas. Va a ser una pasada de viaje. Creo que este libro es uno de los más importantes e interesantes que he leído desde que me dedico a la psicología. 

REFERENCIAS

  1. S. Freud, ‘Analysis of a phobia in a five-year-old boy ‘Little Hans’ (1909), Case Histories I, Vol. 8, Penguin Freud Library (London: Penguin Books 1977)

Del conductismo y los problemas existenciales

Del conductismo y los problemas existenciales

Hay días que las entradas las escriben mejor otras personas. Este es un tema que quería tratar hace algún tiempo, pero como mi compadre Ricardo de Pascual lo hace mejor, pues lo leéis a él y eso que aprendemos todos. Pinchad en el primer tweet y leed todo el hilo, por favor.

Lo que Ricardo explica magistralmente es, además, una demoledora destrucción del manido argumento de que el conductismo, o la terapia cognitiva por eso, tratan los síntomas pero no tratan “las raíces profundas” de los problemas. Porque no hay raíces profundas que tratar. Todo eso es mera literatura y pajas mentales.

Vuelvo a recomendar muy muy fuerte la lectura del excepcional “The Mind is Flat”, del psicólogo conductual británico Nick Chater, donde demuestra que el inconsciente, al menos en el sentido coloquial del término, ese océano de deseos, miedos, creencias y demás cosas sumergidas, no existe. 

Y no es malo que sea así, al contrario. Con estudiar la conducta manifiesta y las leyes que la gobiernan ya es más que suficiente.

Foto de cabecera: Photo by Edwin Andrade on Unsplash

De mierdas psicoanalíticas en enseñanza científica.

De mierdas psicoanalíticas en enseñanza científica.

Un amigo mío me ha pasado un fragmento del temario de una asignatura que ha de estudiar para un grado superior de tipo sanitario, en Andalucía. Mi amigo cursa este grado para obtener puntos de cara al acceso a un puesto público de carácter científico.

Les falta la puta frenología.

La idea de que la homosexualidad puede darse como consecuencia de un proceso psicológico mal resuelto es DELIRANTE. No entiendo cómo semejante mamarrachada puede tener todavía un lugar en la enseñanza de ningún tipo, pero ahí lo tenemos. La basura misógina, homófoba y acientífica de Freud, como parte de un temario oficial. En el siglo XXI y aún con esto. No importa cuánto señales lo falso que es, es como las cucarachas.

Bueno, sí entiendo cómo puede pasar esto. Ni universidades ni Colegios Oficiales de Psicólogos han hecho nada aún para sacar esta pseudociencia vergonzosa (ni ninguna otra) de las facultades de psicología, ni para regular el ejercicio de estos vendehumos de mierda. Luego sale la desgraciada de la biógrafa de Lacan diciendo que es que están perseguidos. Poco perseguidos están para lo que debería ser. La cantidad de sufrimiento que han creado es incalculable.

Conferencia: Por qué creemos en mierdas, en Desgrana5

Conferencia: Por qué creemos en mierdas, en Desgrana5

Bueno, pues los chicos de Desgranando Ciencia ya han colgado el programa del próximo Desgrana5, que tendrá lugar en unas semanas en mi tierra. Y será para mí un placer poder colaborar, dando una charla el sábado 15 acerca de por qué creemos en mierdas mágicas, cosas que no son reales y demás. 

Aquí tenéis el enlace al programa que, como podéis ver, es un pepino. Hay un nivelazo enorme entre los ponentes, y no lo digo sólo porque unos cuantos sean amigos míos, que lo son, como Esperanza Amaya o Txema Campillo. Lo digo porque son realmente gente cojonuda que sabe un huevo, y es un honor estar en una compañía tan estupenda.

Así que, si os mola la ciencia y estáis cerca, no os perdáis la oportunidad de asistir a un evento así en uno de los sitios más estupendos del mundo. Van a ser dos días bestiales.

Por otro lado, estoy preparando una conferencia para la RAM de este año sobre por qué probablemente no existe el inconsciente, e iré poniendo notas e ideas por aquí mientras la preparo. Tengo muchas ganas de retomar el blog para algo más que para anunciar charlas. 

4000 días juntos

4000 días juntos

Hace ya un tiempo (más cerca de los 3 años que de los 2), me di cuenta de que llevaba 3000 días con mi mujer. Y me pareció una efeméride graciosa, y digna de celebrar. 

Ayer Victòria y yo cumplimos 4000 días juntos. Mucho ha cambiado desde entonces. Veo las fotos de mi Mónica en la entrada y ya no la reconozco. Y por supuesto, está Valeria. 

Valeria y Firshala. Foto de Victòria Subirana
Las hermanas con su helado. Foto de Victòria Subirana.

Victòria y yo tampoco somos exactamente los mismos, porque en muchos aspectos somos mejores. Nos conocemos mejor, hemos pasado más cosas juntos, y nos entendemos mejor aún.

Para ver a Lenny Kravitz en el Pueblo Español. Selfie de Victòria Subirana

Así que el sábado fuimos al Phenomena Experience a ver Bohemian Rhapsody, luego nos fuimos a cenar sin ganas porque nos hinchamos de palomitas en la película, y cuando dieron las 12 de la noche, me puse de rodillas en un restaurante japonés prácticamente vacío, y como recomienda Beyoncé, I put a ring on it. 

Así que gracias, mi amor, por 4000 días juntos, que han sido los mejores 4000 días de mi vida. Ojalá lleguemos juntos a los 10.000.

De por qué el Myers-Briggs es basura

De por qué el Myers-Briggs es basura

La autora Merve Emre [1] ha sacado el libro The Personality Brokers, donde narra la historia del test de personalidad Myers-Briggs, y me ha parecido un tema interesante para tratar. Aunque aparentemente el test tuvo su época dorada en los 80 y 90, lo cierto es que es una de estas mierdas pseudocientíficas que uno sigue encontrando en empresas y departamentos de RRHH. Porque si de algo os podéis olvidar es de esa idea de que las empresas son sitios ultrarracionales, movidas únicamente por los fríos datos y la evidencia. La autora no cuenta nada nuevo o sorprendente, pero la historia está bien contada e investigada

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La autora, Merve Emre.

Un test de personalidad no puede ser muy bueno cuando lo haces una semana y eres ISTJ y a la siguiente eres ENTP. Pero esto es lo que tiene.

El Myers-Briggs es un test compuesto de afirmaciones a las que debes contestar en verdadero o falso según si crees que se te ajustan o no. En eso se parece a muchos otros tests de personalidad. Así mismo te asigna uno de 16 tipos de personalidad, basado en combinar 4 rasgos: introverted/extroverted, sensing / intuitive, thinking feeling, y judging / perceiving. Las iniciales de cada uno de esos rasgos es lo que forma el perfil.

En los 80 y 90 este test lo petaba mucho en el mundo corporativo (a España llegó algo más tarde). Se usaba para ver qué tipo de carrera era la más adecuada para uno, en RRHH se usaba hasta para decidir sobre contratar o ascender. En algunas compañías llegaron a poner tazas de café para que cada empleado pusiera su “personalidad”, de modo que los demás supieron cómo tratarles, o alguna pollada así.

Las autoras del test, Briggs y Myers, eran madre e hija, y a las dos les molaba mil la psicología. Estudiar psicología ya tal. Katharine Briggs era licenciada en química, algo excepcional en su generación, pero como solía pasar entonces, no ejerció al casarse pronto y quedarse en casa cuidando de su familia. En vez de la química, empezó a estudiar a sus hijos, porque la psicología es algo que hace cualquiera, porque si tienes un problema te tomas unas cervezas con unos amigos y lo arreglas. Eso lo sabe tu cuñado. Lo saben todos los cuñados. 

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Madre e hija, no he encontrado fotos de ambas juntas posteriores.

Briggs quería encontrar un método científico para criar niños inteligentes y educados. Su hija Isabel parecía serlo, así que Briggs empezó a escribir columnas en varias revistas sobre conducta infantil y crianza, gracias a los contactos que tenía. No, seguía sin haber estudiado psicología.

Para compensar que no había visto un manual de psicología ni de canto, se escribía frecuentemente con… Carl Jung. Ya os podéis imaginar por dónde va esto. Y cómo va a acabar.

Los 16 tipos de personalidad reflejan los arquetipos del horóscopo de Carl Jung, porque eso no merece otro nombre. Jung dijo que aquello le parecía súper bien, y que lo estaba petando muy fuerte. Recordemos que esta mujer no hizo nunca una sola investigación, todo eran pajas mentales por correspondencia.

(Bola extra: Jordan Peterson, el psicólogo clínico de moda entre los conservadores, es un devoto jungiano que disfraza sus paparruchas de CENCIA hablando de la serotonina, invocando para ello investigaciones que han sido desmontadas por biólogos. Dios los cría y ellos se juntan [2]).

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El tío se hizo esta foto voluntariamente. En serio, son imparodiables.

El test Myers-Briggs (MBTI) vino después, de la mano de su hija Isabel (que adoptó un apellido diferente al casarse). Al igual que con su madre, sus contactos eran importantes. Entre otros, conocía a Edward Northup Hay, uno de los primeros “consultores de personalidad” en EEUU. ¿Os suena una empresa de RRHH llamada Hay Group? Sí, este era el fundador. No, tampoco era psicólogo. Como podéis ver, estas cosas vienen de lejos.

En 1943, Hay fundó su consultora y permitió a Briggs ofertar el MBTI como parte de los servicios de la compañía, a pesar de que ella no tenía formación ni experiencia. Hay pretendía aprovechar el taylorismo imperante, una filosofía de gestión supuestamente basada en la CENCIA, enfocada en la eficiencia y demás. Matthew Stewart ya desmontó eficazmente la validez de esta aproximación (y de todo el entramado de la consultoría de gestión hasta ahora) en The Management Myth [3]así que no seguiremos por aquí. El caso es que se suponía que las pruebas de aptitud e inteligencia podrían ayudar a seleccionar al mejor candidato a un trabajo.

En aquella época algunos tests prometían filtrar a trabajadores “subversivos” o problemáticos. El MBTI tenía una aproximación diferente, basada en que no había respuestas incorrectas, simplemente gente más adecuada para unas cosas y otras.

A Hay, Myers y Briggs les tocó la lotería cuando la mítica OSS (Oficina de Servicios Estratégicos), la antepasada de la CIA, eligió el MBTI como test para administrar a los espías reclutados en la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, Myers y su hija no tenían ni puta idea de lo que requiere ser un buen espía, ni nadie, ya que estamos. Pero eso lanzó el test, porque mucha gente cree que si un gobierno o una empresa grande adoptan X, es porque eso tiene todas las garantías. Es como cuando en algunas charlas alguien me ha preguntado que, si la telepatía y los fenómenos psíquicos no existen, por qué Stalin gastó millones de rublos en investigarla. 

Luego la universidad de Berkeley usó el test en los 50 para estudiar la creatividad. Así mismo, Myers usó esto para que ETS (nombre desafortunado en castellano), la marca que vende el SAT y otros muchos tests estandarizados que se usan en la educación estadounidense, incluyeran su test en el catálogo.

Los estadísticos que trabajaban en ETS las pasaron canutas, porque las respuestas del test eran muy subjetivas, los rasgos demasiado vagos, y el test era, en general, una mierda como la manga de un abrigo. Además, Myers insistía en que los tests tenían que valorarse a mano, no con una plantilla, para meter más subjetividad en el tema, como si tuviera poca. Los técnicos y psicómetras en ETS nunca consiguieron hacer nada realmente útil con el test, que permaneció con la etiqueta de “experimental”, hasta que lo acabaron abandonando en los 70.

La lotería les volvió a tocar justo entonces, porque la moda de la autoayuda, el “desarrollo personal” y esas polladas empezaba a dispararse justamente en ese momento. La clave es que empezaron a vender el test, no sólo a empresas y escuelas, sino a los propios consumidores, al gran público, como un test que se podía autoadministrar. Y el test explotó. A fin de cuentas, era lo mismo que leer el horóscopo o hacer un cuestionario de una revista. Al comienzo de los 80 habían vendido más de un millón de ejemplares del test.

La autora propone una idea con la que yo concuerdo: antes de los 60, la autoayuda (por ejemplo, el libro clásico de Dale Carnegie Cómo hacer amigos e influir en las personas) se enfocaba en hacer lo correcto. Tras los 60, el foco pasa a convertirse en lo correcto. Polladas como la programación neurolingüística y la autohipnosis vendían que podías transformarte por completo. El MBTI vendía que podías conocerte, y saber dónde encajabas, sin tener que cambiarte.  El tema es que el test y su interpretación son una muestra maravillosa de efecto Forer [4]: todo es aplicable a todo el mundo, dependiendo del momento, por tanto siempre te vas a identificar con lo que lees. 

Es curioso cómo todas las mamarrachadas en torno a la psicología suelen tener una serie de cosas en común. El test refleja una época, del mismo modo que el psicoanálisis refleja el entorno de Freud. Las autoras del test son gente con pasta y ansiosas, y el test refleja sus preocupaciones e ideas. No hay nada más, en cuanto rascas un poco, que la pura expresión literaria de una época. Por supuesto, el proceso para llegar a esas conclusiones no es más que la especulación literaria, sin más comprobación, y sin ningún marco teórico detrás.

El test nunca se tomó en serio en el mundo de la psicología, al menos en la ciencia de la psicología (sobre los compañeros que hacen otras cosas ya hablamos a menudo). Sigue teniendo influencia en el mundo de las empresas, sobre todo en entornos como el de la consultoría, que les gusta mucho hacer seminarios sobre desarrollo personal y esas cosas. Hay gente (bastante) que pone su perfil del test en Linkedin,como podrían poner su horóscopo o su comida favorita.

Cómo no, al final lo que importa es el negocio. Antes de morir, Isabel Myers estableció el Centro para la Aplicación del Tipo Psicológico, que son los que controlan el acceso a todos los documentos como si fueran cienciólogos: Emre cuenta que le pidieron 2000$ por recibir un curso de “asesoramiento” antes de poder siquiera mirar los archivos.  De nuevo, esto es así siempre con estas pseudociencias o sectas. Por ejemplo, todos los papeles de Lacan están controlados por un tipo (Jacques Alain Miller) que no se los deja ver a nadie, sino que va publicando lo que le rota. Cito de la Wikipedia:

Jacques-Alain Miller es el único editor de los seminarios de Lacan, los cuales contienen la mayor parte de su trabajo. “Ha habido considerable controversia acerca de la precisión, la transcripción y la edición”, además de “la negación de Miller a permitir la publicación cualquier edición crítica o comentada”.14​ A pesar del estatus de gran figura de Lacan en la historia del psicoanálisis, algunos de sus seminarios siguen sin publicar. Desde 1984, Miller ha llevado a cabo regularmente una serie de conferencias, “L’orientation lacanienne.” Las enseñanzas de Miller han sido publicadas en los Estados Unidos por la revista Lacanian Ink.

Ya os podéis imaginar el percal. Otro día si eso nos cagamos en Lacan, que eso es la fiesta que no se acaba, aunque viendo la reacción que hubo la última vez que hablamos de Freud, supongo que aquí ya sería el despiporre total (muchos de los defensores del psicoanálisis que vinieron a los comentarios eran lacanianos). De hecho, Lacan es mucho más estafador y mucho más absurdo que Freud. Pero de largo.

Como podéis ver, el MBTI sigue al pie de la letra las características de las pseudociencias que tratan de arrimarse al paraguas de la psicología para vestir sus mierdas de ciencia. No tiene la menor validez interna, ni de constructo, no se ha sometido a validación empírica (y cuando se ha intentado ha salido mal [5]), y sus seguidores se comportan más como miembros de una religión con su fe y su creencia ciega que como personas que intentan estudiar algo rigurosamente.

De modo que si en una empresa o en otro sitio os proponen pasar el MBTI, o el eneagrama, o alguno similar, ya sabéis lo que son. Pilas de bosta que cuelan porque a los departamentos de RRHH no hace falta correr mucho para venderles motos. Véase por ejemplo la avalancha de coaches cuñaos hablando de liderazgo, motivación y mil cosas más (sin abandonar nunca las inevitables neurochorradas), sin la menor formación ni referencia a nada que tenga que ver con la psicología.

ENLACES

  1. Página web de Merve Emre.
  2. Una parrafada que escribí sobre Jordan Peterson.
  3. La página web de Matthew Stewart.
  4. El efecto Forer en Wikipedia.
  5. Falta de validez del MBTI.