Estaba leyendo La era de la propaganda, el texto clásico de Aronson y Pratkanis, y cómo no, en cualquier texto sobre persuasión te van a hablar sobre la disonancia cognitiva de Festinger. Y presentan un caso tan extraño que os lo quería contar.

Recordad: la disonancia cognitiva es el malestar que experimentamos cuando tenemos dos cogniciones incongruentes. Ese malestar puede ser muy aversivo, con lo que tenderemos a buscar maneras de reducirlo. Aunque hay muchas maneras de hacerlo, la más frecuente es la justificación.

En California los terremotos son frecuentes. El 02/05/1983 hubo un terremoto de intensidad 6,5 en Colindra. Hubo bastantes daños y por ello, el estado de California decretó que las ciudades y pueblos debían valorar el impacto de un terremoto sobre los edificios y tomar medidas. En la ciudad de Santa Cruz se encargó al ingeniero Dave Steeves que hiciera esa evaluación. Identificó 175 edificios de riesgo en caso de terremoto, entre ellos el Pacific Garden Mall en la zona comercial. En esa zona muchos edificios eran de ladrillo no reforzado, y construidos sobre terreno arenoso. Además de eso, Steeves identificó varias soluciones de bajo coste.

Al ayuntamiento no le gustó el informe. Rechazaron el mismo por unanimidad, en 1987, decidiendo que fuera el estado de California el que aclarase la naturaleza de la ley estatal, sus opciones y sus circunstancias jurídicas en relación a la ley estatal.” Si vosotros no lo entendéis, yo tampoco. Se hizo otro comité para estudiar el tema, y se tildó a Steeves de alarmista y de amenazar a la ciudad con la ruina económica. Muchos negaron que un terremoto fuera inminente, o que pudiera llegar. Aquí vemos un esfuerzo potente por reducir la disonancia entre dos cogniciones: hay un riesgo de terremoto, y tomar medidas afectaría a la economía de la ciudad porque muchos tendrían que hacer fuertes inversiones o se tendrían que demoler edificios. De modo que resolvemos la disonancia minimizando o rechazando una de las dos. ¿Os suena de algo? A mí estos días me suena que te cagas.

El 17/10/1989 un terremoto de intensidad 7,1 se desencadenó en Loma Prieta, a las afueras de la ciudad. Murieron 5 personas y hubo más de 2000 heridos, se destruyeron 300 hogares, 5000 sufrieron graves daños. Los edificios que Steeves tachó como de riesgo se fueron uniformemente a tomar por culo. De hecho, su informe había sido optimista.

Imagen de Santa Cruz, 1989

¿Reconocieron su error los funcionarios locales de Santa Cruz? Una polla como la manga de un abrigo. De hecho, un funcionario municipal llegó a culpar a Steeves de la falta de preparación para los terremotos, porque su informe “consiguió que la gente, aterrada, descartara la cuestión.” Inserte aquí su meme de Franco diciéndole a Benito que cómo te quedas, maricón.

Seguro que a muchos os flipa ver el comportamiento de la gente estos días, en la desescalada y antes. Las playas de la Barceloneta y otros sitios a reventar, delante del mismo Hospital del Mar. Los fachas de BOCS y los cayetanos haciendo manifestaciones que les ponen en peligro a ellos mismos y a los demás, después de hincharse de decir que gobierno asesino porque actuó tarde y nos teníamos que haber confinado antes, pero a la vez no podemos confinarnos tanto porque la economía. Bola extra por haber tenido a un político de los suyos ingresado por trombos debido al COVID-19, después de que la misma lumbrera viajara a Italia en plena pandemia y fuera a Vistalegre con síntomas. Al consejero nº 1 de Boris Johnson, que se pegó un viaje de Londres a Durham de 260 millas (unos casi 400 kilómetros), en pleno confinamiento, después de que su jefe acabara en la UCI por COVID-19. Y su polla gorda viajó con toda su familia (esposa e hijo) allí para visitar y quedarse con sus ancianos padres, después de haber desarrollado su esposa síntomas de COVID-19.

No hay nada de flipante en esto. La necesidad de reducir la propia disonancia siembra las justificaciones de la conducta. No es una patología, todos lo hacemos, todo el tiempo, en unas cosas y otras. La tendencia a justificar nuestra conducta anterior nos lleva a racionalizar conductas cada vez más pronunciadas en esa dirección. Para evitar sentirnos estúpidos o inmorales sentamos las bases para aumentar nuestros actos estúpidos e inmorales. Es universal. Nadie se libra. No es una cosa de derechas o izquierdas, listos o tontos. Todos lo hacemos.

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los estadounidenses lanzaron dos bombas atómicas sobre población civil en Japón. Murieron más de cien mil personas, con muchos miles más sufriendo terribles secuelas. Pero una semana después de lanzadas las bombas, un sondeo indicó que menos del 5% de los ciudadanos pensaba que no deberían haberse usado esas armas contra un país que ya había perdido la guerra. Un 23% pensaba, por el otro lado, que se tendrían que haber lanzado muchas más antes de dar a Japón la oportunidad de rendirse (Harris, J., Hiroshima: A study of science, politics and the ethics of war, Menlo Park, CA, Addison – Wesley, 1970). Pensadlo: para casi uno de cada cuatro ciudadanos, no se mataron suficientes civiles con bombas nucleares. Cuando llevamos a cabo un acto de violencia o crueldad, nuestra necesidad de reducir la disonancia por lo que acabamos de hacer justifica hacerlo aún más. Si yo he cometido un acto cruel y violento, no puedo ser malo, tú lo has provocado. Y por ello, mereces esto mismo, y quizá más.

Y les pareció poco, a los cabrones.

Bola extra: cada vez más historiadores coinciden en que no fue, probablemente, el lanzamiento de las bombas atómicas lo que motivó la rendición de Japón, sino la invasión de Manchuria por parte de la URSS el 9 de agosto, horas antes del lanzamiento de la segunda bomba. Los EEUU no esperaban la rendición de Japón. Los japoneses sabían que otro Día D podía ser muy costoso para los Aliados, y que necesitarían meses para una operación así: los soviéticos podían llegar a Hokkaido en días. Sobre toda la propaganda que rodea aquellos años hablaremos otro día. El libro de Aronson está repleto de joyas como esta.

Aronson cree que podemos combatir esto, en primer lugar conociendo que esto existe, y en segundo lugar haciendo acopio de lo que denomina “fuerza del yo” (meh), para reconocer y enfrentar errores que requieren corrección, no justificación. Pero a continuación remarca, creo que acertadamente, el peso que también tiene el contexto sobre esta variable disposicional. que todos tenemos. Cito de la página 65:

Todos sabemos que esto es más fácil decirlo que hacerlo. Vivimos en una cultura en la que no se toleran fácilmente los errores y en la que, en ocasiones, el fracaso se considera pecaminoso; en la que los niños que suspenden un examen son a menudo ridiculizados y en la que los entrenadores de un equipo de fútbol son despedidos después de perder una liga. Quizá, si pudiéramos llegar a ser más tolerantes con el fracaso de los demás, podríamos ser capaces de tolerar nuestros propios errores y cortocircuitar con ello la tendencia automática a justificar lo que hemos hecho, sea lo que fuere.

Elliot Aronson y Anthony Pratkanis: “La era de la propaganda” (1994)

Si pensáis que habéis visto cosas raras, esperad a ver en caso de que haya un rebrote. Va a ser una fantasía el ver con qué vamos a salir todos.

ESTATUS

Leyendo: Bien, es poca sorpresa dado que esta entrada trata sobre el libro que estoy leyendo.

Escuchando: Aunque no he tenido todo el tiempo que hubiera querido, he decidido tratar de volver a escuchar discos enteros en vez de listas, en la medida de lo posible. Y estos días han caído Victorious, de Wolfmother, que es la clase de rock setentero que me gusta a rabiar. Good news from the next world, que es mi disco favorito de los Simple Minds, y una joya que no tiene una sola canción que te quieras saltar. Y el Perfect Dracula Battle II, de Naoto Shibata, que es una cosa maravillosa de temazos heavies sin complejo alguno. Os dejo uno de cada uno, porque sí.

Jugando: Para que Mònica tuviera ocasión de jugar a algo que tuviera un mínimo contenido educativo, decidí ponerle es Scribblenauts Unlimited, que tenía por ahí en Steam y oye, menudo bombazo. ¿Sabías que si escribes Cthulhu, puedes conseguir que se de hostias con un gato para bajarlo de un árbol. También hay shoggoths, pero si los invocas se te intentan comer.

Qué más quieres.

Y luego está el rol, claro, que siempre es grato con la gente estupenda con la que juego.

Trabajo: Me pregunto cómo vamos a hacer las defensas de TFG en Fase 1. Bueno, ya se verá.

Viendo: Cada vez me apetece menos ver cosas, y mientras estemos confinados, menos. Tenemos ahí El Ministerio del Tiempo. Quién sabe.

3 comentarios en “De la disonancia y la culpa de las cosas

  1. Muy interesante lo de California, no lo conocía.

    Más interesante me parece la cita de la página 65, entronca con la incapacidad social/mundial actual para realizar autocríticas constructivas, casi parece que visto que en la cultura global se vende como fracaso no ya el simple hecho de cometer un error nimio y reconocerlo, sino incluso la propia ley básica del autoaprendizaje, que es aceptar nuestros propios errores.

    Es muy interesante, pero creo que me voy a teletrabajar en mis cosas, y te dejo esto para ti que tienes más experiencia, creo que si me pongo a pensar que la disonancia y su libre albedrío pueden estar retroalimentandos cultural y socialmente, como entre disonancia y sociedad se pueden estar parasitando mutuamente y creando un sesgo marcado me estaría metiendo a mear en tus mieses y va a ser que no, cada uno mea en su zona, pero… Sí, me parece un tema interesante para darle unas vueltas mientras paseo.

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    1. De hecho, es una cosa que dicen Elliot Aronson y Carol Tavris en Mistakes were made (but not by me): nos hartamos de decir que hay que aprender de los errores, pero en realidad ni siquiera somos capaces de reconocer que los hemos cometido.

      Y el libre albedrío es un mito 😉

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  2. Los errores hacen mucha pupa a la autoestima y si el error que has cometido puede conllevar que pierdas un puesto de poder y de gran remuneración, pues ya apaga y vámonos. Antes muerto que reconocerlo.
    Rara vez reconoce un político un error, y menos ante la oposición. JAMÁS. Ni en España ni en ningún país, por mucho que los medios nos quieran vender que nosotros somos unos bárbaros y los del norte son nuestros vecinos civilizados y ejemplares. Mentira cochina.
    De todas formas, a grandes esferas, como aparece en esta entrada, es un tema un tanto complejo de tratar.

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