Después del programa de radio de hoy, en Twitter se ha visto bastante interés en profundizar en el tema. A fin de cuentas, la intervención con Àngels Barceló ha tenido que ser muy muy breve.

El pueblo ha hablado alto y claro

Y como cuando el Pueblo habla yo escucho (pero pregunto primero, que ir pa ná es tontería), pues vamos a hablar un poco de la suerte. Si queréis leer más sobre el tema, el referente aquí es The Luck Factor, del estupendo Richard Wiseman.

Lo primero que tenemos que entender es que la suerte no existe. Eso lo sabemos ya, y hemos hablado extensamente de ello. La idea que tenemos de la suerte es simplemente una expresión de nuestra tendencia a ver patrones y nuestra necesidad de aprender cómo funciona el entorno. Tocar madera sale de la creencia de que así podíamos atraer la buena voluntad de los dioses de los árboles. El 13 da mala suerte porque en la Última Cena había 13 comensales y mira el Cristo que se formó (jeje). Pasar por debajo de una escalera da mala suerte porque al apoyarla contra la pared se forma un triángulo, que representa a la Santísima Trinidad. Pasar por debajo “rompe” la Trinidad y eso hace que Dios se cabree, porque como buen señoro mayor es muy sensible con sus cosicas y se siente amenazado por casi todo. De todo esto ya hablamos.

Hoy día no estamos mejor. Según una encuesta Gallup de 1996 el 72% de estadounidenses usan o han usado un amuleto de la suerte. Nacy Reagan era tan supersticiosa que los vuelos del Air Force One se planeaban de acuerdo con las indicaciones de su astrólogo personal. Miles de personas gastan dinero en horóscopos telefónicos, lecturas de manos, auras, y mierdas de esas.

Es comprensible. Eventos aleatorios pueden tener enormes impactos en nuestra vida, para bien y para mal. Es lógico que intentemos encontrar estímulos ambientales que predigan la aparición de estos sucesos, y que establezcamos asociaciones entre ellos y lo que nos pasa.

Por supuesto, esto no funciona. El psicólogo Mark Levin, por ejemplo, ha estudiado el efecto de cruzarse con gatos negros, llevar talismanes , romper espejos, cruzar bajo escaleras… Lo que quieras. No sirve de nada.


Richard Wiseman decidió ponerse serio y estudiar con un poco más de rigor todo esta mierda de la suerte, conduciendo un estudio longitudinal de una década con más de 400 participantes que se consideraban, bien unos suertudos, bien unos desgraciados. Gente de todo tipo y condición. ¿Y qué es lo que encontró?

Pues como tantas otras cosas en el mundo, nuestra suerte tiene mucho que ver con nuestro comportamiento. Esto no tiene nada que ver con la mierda del pensamiento positivo de los coaches cuñaos, la Ley de la Atracción ni polladas de esas. Tiene que ver con 4 comportamientos que comparten las personas afortunadas:

  • Son más hábiles a la hora de percibir y crear oportunidades.
  • Toman decisiones más afortunadas al ser un poco más propensos a aceptar pequeños riesgos.
  • Crean profecías autocumplidas mediante el manejo de sus expectativas y autoinstrucciones.
  • Adoptan una actitud resiliente (le estoy empezando a coger manía a esa palabra), de modo que perciben la mala suerte como buena.

Vamos a ver esto en un poco más de detalle.


OPORTUNIDADES: VERLAS Y CREARLAS

La gente suertuda encuentra frecuentemente oportunidades que la gente desafortunada no. Pero esto no es mala suerte: es que las personas desafortunadas no ven esas oportunidades. No prestan atención, y por ello se les pasan. Y no es porque mala suerte: cuando presentas a unos y otros las mismas oportunidades, unos las ven y otros no.

Wiseman hizo un experimento sencillo y elegante para ello: propuso a los sujetos de su experimento una tarea sencilla. Se les daba a todos un ejemplar de un periódico (el mismo ejemplar a cada sujeto, claro), y se les pedía que contaran las fotos que había en el periódico. Se medía el tiempo que tardaban en hacer la tarea. Los desgraciados tardaban unos pocos minutos. Los suertudos tardaban segundos. ¿Por qué?

En la segunda página Wiseman había insertado un anuncio que ocupaba media página, con letras de más de 5 cms de alto. El anuncio decía: Deja de contar, hay 43 fotos en el periódico. Estaba ahí, en tu cara, pero los desgraciados estaban tan enfocados en buscar fotos que no lo veían. Los afortunados estaban más abiertos a percibir lo que hubiera, y lo veían.

Para echar unas risas, Wiseman había insertado un segundo anuncio a mitad del periódico, similar en tamaño al primero. Este decía Deja de contar, dile al experimentador que has visto esto y ganas 250$. De nuevo, la gente con mala suerte no lo veía, estaban demasiado ocupados buscando específicamente fotos. La gente afortunada, una vez había acabado la tarea al ver el primer anuncio, a menudo hojeaba más el periódico por si acaso, y topaban con ello.

Los tests de personalidad administrados mostraban que las personas desafortunadas tienden a ser más tensas y ansiosas, y sabemos que la ansiedad dificulta el percibir aquello que es inesperado. Hay una gran abundancia de experimentos que muestran que incrementar la ansiedad hace que la gente se fije excesivamente en la tarea, y perciban peor cosas que no esperan ver.

Y claro, eso te jode toda la vida: vas a una fiesta buscando al amor de tu vida, y no te fijas en gente que podrían ser buenos amigos, o rollos simpáticos. Miras anuncios de empleo buscando el trabajo perfecto y no ves otras oportunidades. La gente suertuda está más relajada, más abierta a ver lo que haya que ver, no sólo lo que están buscando.

Pero además de ver, las personas suertudas hacen: Las personas suertudas introducen de manera habitual variedad y cambio en sus vidas, de modo que aumentan las posibilidades de tener eventos afortunados. Algunos ejemplos de estos hábitos:

  • Antes de tomar una decisión importante, uno de los participantes alteraba la ruta que seguía para ir a trabajar, y trataba de ir por un sitio diferente.
  • Otro se obligaba a conocer gente diferente haciendo lo siguiente: antes de ir a un evento, elegía un color. Y entonces buscaba hablar con gente que llevara ropa de ese color. A veces hablaba sólo con chicas de rojo, otras sólo con hombres de negro. Se había dado cuenta de que tendía a buscar siempre al mismo tipo de gente, y decidió variarlo un poco más. De modo que se hartaba de conocer a gente nueva e interesante.

Esto tiene todo el sentido, después de todo. Es fácil agotar las oportunidades si siempre vamos a los mismos sitios. Wiseman usa la analogía de un huerto de manzanas. Si siempre vamos a los mismos árboles, las manzanas se agotan. Si cada día intentamos ir a una parte diferente del huerto, es más probable que haya manzanas.

LIDIAR CON LA MALA SUERTE

Por mucha suerte que tengas, a veces te comes una mierda como el sombrero de un picaor. Eso es así. Y las personas afortunadas también se comportan de otro modo. Para empezar, se describen los acontecimientos a sí mismas de un modo distinto.

Un ejemplo interesante nos lo dan los atletas olímpicos que consiguen medalla, pero no de oro. Cuando los atletas ganan una medalla de bronce, a menudo se sienten muy felices, claro. ¿Quién no estaría contento? ¿Y si ganaras una medalla de plata? Deberías estar más contento, ¿verdad que sí?

Pues no.

Resulta que los atletas que ganan bronce suelen estar más felices con el resultado. ¿Por qué? Pues porque los medallistas de plata piensan en que, si hubieran hecho las cosas sólo un poco mejor entonces tendrían un oro. Y eso les jode. Casi, casi. En cambio, los medallistas de bronce piensan que si hubieran hecho las cosas un poco peor entonces no tendrían nada, así que están contentos.

Los psicólogos llamamos a esta capacidad de imaginar lo que podría haber pasado en vez de lo que ocurrió pensamiento contrafactual. La capacidad de imaginar escenarios que no han pasado. Y resulta que la gente afortunada es muy buena haciendo contrafactuales.

Wiseman preguntó a las personas en su experimento qué pensarían en la siguiente situación: imagina que vas al banco, y mientras estás allí hay un atraco. El atracador dispara su arma y la bala te da en el hombro. ¿Considerarías que esto es un suceso afortunado o no?

La gente desgraciada tiende a pensar que esto es pura mala suerte. Claro que sí, si hay un atraco seguro que es en la oficina donde yo estoy, y claro que si se dispara una bala me va a dar, a quién le va a dar si no. Y así todo el tiempo. Por el otro lado, la gente afortunada piensa que es un suceso afortunado. Piensan cosas como Pues qué suerte he tenido, que la bala no me ha dado en la cabeza o alguna mierda similar. Imagina si me deja paralítico. Además, seguro que salgo en la tele y en la radio. Lo mismo hasta gano dinero con esto. Y voy a poder contar la historia toda la vida.

Así que la gente afortunada se siente mejor con sus vidas. Cada acontecimiento negativo es un “podía haber sido peor”, y los acontecimientos positivos, pues son cojonudos. Esto a su vez produce que sus expectativas sobre el mundo sean más positivas, por lo que son más perceptivas y están más abiertas a las oportunidades, por lo que tienen más posibilidades de seguir teniendo vidas afortunadas.


LA ESCUELA DE SUERTE

Todo esto está muy guay, pero aquí siempre surge la misma pregunta que en todos estos casos: ¿esto es así para siempre o se puede cambiar? Pues la respuesta es que sí. Wiseman condujo un nuevo experimento con las personas con mala suerte de su grupo de sujetos, al que llamó la Escuela de la Suerte.

Los voluntarios empezaron a modificar su comportamiento de acuerdo con los patrones observados en la gente suertuda, y los resultados fueron bastante cojonudos. El 80% describieron ser más felices, y más suertudos. Describían que les iba mucho mejor en todo, sin necesidad de hacer cambios drásticos. Sólo pequeñas modificaciones aquí y allá.

Así que ya sabéis, gente estupenda. La suerte no existe. No hay que preocuparse por ello, ni talismanes, ni mierdas. Hay que estar atento, predispuesto a coger las oportunidades que nos surjan, y hacer lo que ya hacían los antiguos estoicos: amor fati (amar aquello que te sucede porque es lo que tenía que ser, y porque podía haber sido peor), y mirar de convertir las adversidades en oportunidades para sacar algo de ello. O sea, usar contrafactuales, y mirar las cosas como son realmente (que es la primera disciplina que un estoico debe aprender).

Tanto es así, que de hecho tengo esos dos lemas tatuados en los brazos, para que no se me olvide.

Lo que impide la acción, hace avanzar la acción. El obstáculo se convierte en el camino.

Marco Aurelio, Meditaciones.

Me gusta mucho cuando la ciencia y la filosofía me dan la razón, la verdad. Siempre he sido y me he considerado un tío afortunado, y leyendo en su día a Richard Wiseman puedo entender por qué. Consistentemente me aplico a conocer gente nueva, ir a sitios, probar cosas. Mi respuesta por defecto tiende a ser “Sí”, y eso me ha permitido conocer una y otra vez gente maravillosa, y encontrar oportunidades fantásticas una y otra vez. Joder, estoy sentado en mi casa escribiendo esto, porque en una reunión decidí sentarme en la mesa con mi mujer en vez de con mis amigos de Madrid.

ESTATUS

Leyendo: Casi he acabado Elric de Melniboné, y sigue siendo la maravilla que era. En 200 páginas pasan más cosas que en la mitad de la saga de fantasía que quieras. Es heavy metal destilado en literatura.

Comiendo: Toca sushi.

Bebiendo: Nada destacable.

Jugando: Vampire: Coteries of New York está usando sus vampíricas dotes de seducción sobre mi, y no sé si podré resistir.

Trabajo: Último tirón de las clases. Último.

Escuchando: Spotify ha hecho la cosa esta de explicarme cómo ha sido mi año y mi década en lo musical. Dado que no tengo una cuenta de pago y normalmente escucho mi propia música los datos son bastante poco exactos, porque en realidad Spotify lo uso más para descubrir cosas nuevas y para decidir si algo vale la pena o no. Pero bueno, según Spotify mi banda favorita de la década es Depeche Mode (cosa que tiene sentido) y mi canción favorita de este año es Lo-Hi, de The Black Keys, cosa que también. Y como es un temazo, parte de un discazo (todo el Let’s rock es un pepino), pues aquí lo dejo, una vez más.

12 comentarios en “De la suerte

  1. Esta entrada es tan genial que la releeré varias veces.

    Solo tengo un comentario, y es respecto a lo de pasar por debajo de una escalera: yo tengo la teoría de que su origen es completamente terrenal y nada supersticioso. Yo creo que alguien debió pasar por debajo de una escalera y le cayó algo encima (quién sabe si hasta el propio que estuviera subido en la escalera). Y es que las posibilidades de sufrir un accidente si pasas por debajo de una escalera creo que son grandes. Sería un poco como decirle a la gente que salir a pasear por el bosque con tormenta da mala suerte. ja ja ja.

    Todo lo demás, joder, es que no existe la suerte, pero se puede “crear”. Y te peta la cabola. Ahora solo hay que intentar ponerlo en práctica, porque no es que uno sea gafe, pero a veces desearía que las cosas le fueran un poco más encaminadas. 🙂

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      1. Pues habrá que leerla y aplicarla. 🙂

        De entrada, si para “fabricar suerte” hay que pasar a la acción, ya te comento algo muy loco y freak: cuando acabes de leer Elric, si quieres seguir leyendo fantasía, te regalo un libro escrito entre mi novia y yo, que es de fantasía oscura medieval (ambientada en la península ibérica del siglo XV). Que yo también soy fan de Elric, Conan, Philip K. Dick, Lovecraft, sí, Hyperion… Y, quién sabe, lo mismo si te gusta (que si no te gustase, sería jodido, por las referencias citadas… jaja ^^U) como eres influencer, lo mismo se hace famosa. Je je. 😉

        PD: No, no va en coña. Ja ja ja.

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  2. Buenos días Ramón, estoy bastante de acuerdo en la mayoría de lo que has escrito pero aún así sigo pensando que sigue existiendo un elemento de azar, incontrolable, que te puede poner las cosas muy difíciles. Yo he perdido a mis dos hermanos pequeños en los últimos dos años por un cáncer, y yo misma he tenido el mio del cual sigo en tratamiento y obviamente no veo suerte por ningún lado, ni creo que lo hayamos buscado, ni pienso que nos haya pasado porque hemos dejado de hacer algo que otros si han hecho, ni creo que haya un lado bueno a eso (ni siquiera a ser la superviviente, es una mierda cuando has perdido a tus hermanos. El duelo es intensamente doloroso)

    Yo antes de esto era un poco como tú dices, de ver las oportunidades, de tratar de ver el lado bueno, de levantarme tras las adversidades, y esto lo siento como un ostión de la vida , que pese a lo que nos enseñan no es justa, y me hace pensar más en que a pesar de todo hay un lado de ella que escapa a nuestro control.

    Leer mensajitos de mr wonderful como puedes imaginar me jode al máximo y tengo una cruzada personal contra la happycracia. No contra seguir adelante, no contra intentar ser feliz o vivir lo mejor posible, pero sí frente a esa idea de sé feliz si quieres serlo o tendrás suerte si la buscas.

    Perdón por la extensión del mensaje. Un saludo y hasta la proxima, gracias por tu difusión de la psicología

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