Hoy os voy a contar una historia extraída de The Mind is Flat, de Nick Chater, que muestra lo peligroso que es creerse las narrativas cipotescas de cada uno. Estad avisados. 

Herbert Graf (1903-1973) fue un legendario director de orquesta austríaco. Cuando tenía sólo 4 años, presenció un suceso que le asustó mucho mientras paseaba con su madre. Un caballo de los que se usaban en los carruajes que eran comunes en Viena tropezó y cayó al suelo empezando a tirar bocados y cocear salvajemente. Herbert temió que el caballo se estuviera muriendo. Como era un crío sensible, este incidente le dejó huella y le produjo un miedo a que otros caballos también pudieran “caer al suelo y morirse” de repente. Este miedo se generalizó y Herbert empezó a tener miedo a los caballos y los carruajes que los empleaban, y específicamente a que los caballos pudieran morderle. Herbert explicaba que le asustaba particularmente “las cosas negras que los caballos llevan en los ojos y alrededor de la boca”, presumiblemente las anteojeras y las bridas que los caballos usaban. Más adelante esta ansiedad se generalizó a un miedo a salir a las calles de Viena, que estaban siempre llenas de carruajes y coches de caballos. Para los padres de Herbert, claro, esto era muy preocupante.

Desde el punto de vista de la psicología conductual, nada de esto requiere una explicación compleja: Herbert experimentó unas sensaciones de ansiedad muy fuertes, que asoció al caballo. Cuando Herbert intenta explicarse el por qué de estas sensaciones, la explicación es que el caballo le podría morder. A medida que Herbert evita la presencia de los caballos, la respuesta de ansiedad se afianza más y más. Una fobia normal y corriente. De hecho, con el tiempo la ansiedad de Herbert acabaría pasando, como suele ocurrir con muchas fobias y miedos infantiles

Pero claro, nuestra habilidad de proyectar explicaciones imaginativas en conductas normales no iba a dejar estar tranquila una cosa así. Y fue el padre de Herbert, Max Graf, el que proporcionó un gran ejemplo de esta tendencia. Max Graf, un reputado crítico musical, estaba muy inmerso en las teorías del momento sobre la sexualidad infantil. Y escribió a un cierto doctor vienés para comentarle que él creía que el miedo de Herbert a los caballos se debía a “haber sido predispuesto por una sobreexcitación sexual debida a la suavidad de su madre, y que el miedo a los caballos estaría conectado de alguna manera con que los caballos tienen un pene muy grande.” No, no es broma, este es un caso real. [1]

El doctor estuvo de acuerdo con esa idea, concluyendo que el crío era “un pequeño Edipo que quería quitar a su padre de enmedio para poder estar a solas con su hermosa madre y poder dormir con ella.” Por tanto, Herbert veía a su padre como un rival por el afecto de su madre y, en realidad, no estaba asustado de los caballos, sino de su padre.

A raíz de esto, Max Graf y el doctor dedujeron que el miedo de las anteojeras y las bridas podía ser en realidad una manifestación simbólica de miedo a las gafas y al mostacho de su padre (joder, me siento sucio escribiendo esto), y que en realidad el miedo a salir de casa escondía un motivo distinto a evitar a los caballos: “el propósito de esta fobia es restringir sus propios movimientos, permitiéndole quedarse en casa junto a su amada madre.”

Esto, como podéis imaginar, no tiene el más mínimo puto sentido: Herbert nunca había tenido la menor ansiedad cuando su madre no estaba cerca, y tenía la misma ansiedad al salir a la calle cuando su madre estaba y cuando no. Lo lógico, claro, si lo que te dan miedo son los caballos y no tu padre, o separarte de tu madre. 

Pero Max y su doctor pensaban que lo que ocurría era que Herbert se ocultaba a sí mismo las razones de su fobia. No podía ser tan simple como que un niño pequeño se asusta de un animal muy grande y le coge miedo a esos animales, no. Tenía que haber una explicación inconsciente. El propio crío, por cierto, estaba en desacuerdo más adelante:

No, eso no es lo que pasó. Lo desarrollé entonces. Cuando el caballo del carruaje se cayó. ¡Realmente me asusté! Ahí fue cuando desarrollé esa tontería (como Herbert llamaba a la fobia).

– Herbert Graf.

Ojo: el padre del crío era un psicoanalista aficionado (que, en realidad, no se diferencian mucho de los expertos), y el doctor desarrolló toda esta teoría a partir de las cartas de Max Graf y una muy corta entrevista con el niño. Porque total, si te vas a inventar todo, tampoco necesitas ni evaluar, ni conocer el caso ni tonterías campestres. 

Meme cortesía de @Li3PO en Twitter.

Este caso merece particular atención, porque Herbert Graf, futura leyenda en el mundo de la ópera, sería conocido como el pequeño Hans. El doctor era, como muchos habréis adivinado ya Sigmund Freud, y esta gigantesca pollada de caso es uno de los más importantes en el canon del psicoanálisis. Como todos los casos fundamentales citados por Freud, el doctor no hizo una mierda por ninguno de sus pacientes, como no lo hizo por Anna O (Bertha Pappenheim), ni sus conclusiones tienen más validez que la especulación literaria. Sin embargo, si miráis la página de Wikipedia de Herbert Graf, esta pequeña fobia infantil ocupa mucho más espacio que su muy importante carrera.

Freud con Herbert Graf, la única vez que se vieron en persona.

Y cedemos la palabra a Nick Chater cuando analiza este caso:

Max Graf y Freud estaban tratando de mirar en los más oscuros rincones de la mente del “Pequeño Hans”; más tarde otros analistas han hecho distintos diagnósticos del caso. El problema con estas disputas no es que discrepen sobre el mundo interior de Herbert sino que Herbert, como el resto de nosotros, no tiene ningún mundo interior, sólo una colección de fragmentos mentales. Preguntarse si “Hans” deseaba inconscientemente matar a su padre para acostarse con su madre no sólo está equivocado en los detalles. No tiene más sentido que preguntarse cuántas rayas tenía el tigre del poema de William Blake, si Tom Sawyer nació o no un martes, o si el número de martinis con vodka que James Bond se ha tomado en su vida es un número primo. Nuestras imaginaciones pueden, por supuesto, rellenar esos detalles y más – pero el producto de nuestra imaginación es, por supuesto, ficción y no hechos. 

Puesto tan claro como es posible: el error de Graf y de Freud fue confundir la creación literaria con la psicología.

– Nick Chater, “The Mind is Flat”, página 106.

No existe el inconsciente. No existe un océano de deseos oscuros y reprimidos, de miedos, creencias, imágenes mentales, argumentos lógicos e ilógicos, justificaciones, emociones, flashes de ira o penas enterradas. Existen conductas aprendidas que ejecutamos de manera automática, pero no hay múltiples yoes enterrados en nuestro cerebro esperando a salir. Y todas las teorías sobre la mente y la conducta que asumen que existe algo así no son más que ficción literaria. Agravado lo de la ficción por el hecho de que Freud mentía constantemente acerca de sus casos, por otro lado. 

Y con este post inicio una serie de entradas en las que presentaré la idea desarrollada por Nick Chater de que el funcionamiento que solemos asumir de nuestra mente no sólo no es correcto, sino que además es imposible debido a cómo percibimos la realidad. Los que anden por la RAM de San Fernando (y vosotros sabéis quiénes sois) este puente de la Constitución podrán escuchar la explicación resumida en una conferencia el sábado 8 por la tarde 😉 El resto podrán ir leyéndolo, espero, durante las próximas semanas. Va a ser una pasada de viaje. Creo que este libro es uno de los más importantes e interesantes que he leído desde que me dedico a la psicología. 

REFERENCIAS

  1. S. Freud, ‘Analysis of a phobia in a five-year-old boy ‘Little Hans’ (1909), Case Histories I, Vol. 8, Penguin Freud Library (London: Penguin Books 1977)

3 comentarios en “La mente es plana: Del cuento de Herbert Graf

  1. Me encanta todo lo que publicas sobre Freud, porque siempre me ha gustado mucho la psicología y no sabía que muchas cosas que creía saber estaban basadas en la imaginación de un señor obsesionado con el sexo.
    Recomiendas algún libro para aprender más sobre estos mitos tan comunes en la psicología?

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  2. Claro, un tio que suelta esos rollos, yo me veo esa foto y lo primero que pienso es que está restregando cebolleta (voy a lavarme la mente con salfumán)…

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