La autora Merve Emre [1] ha sacado el libro The Personality Brokers, donde narra la historia del test de personalidad Myers-Briggs, y me ha parecido un tema interesante para tratar. Aunque aparentemente el test tuvo su época dorada en los 80 y 90, lo cierto es que es una de estas mierdas pseudocientíficas que uno sigue encontrando en empresas y departamentos de RRHH. Porque si de algo os podéis olvidar es de esa idea de que las empresas son sitios ultrarracionales, movidas únicamente por los fríos datos y la evidencia. La autora no cuenta nada nuevo o sorprendente, pero la historia está bien contada e investigada

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La autora, Merve Emre.

Un test de personalidad no puede ser muy bueno cuando lo haces una semana y eres ISTJ y a la siguiente eres ENTP. Pero esto es lo que tiene.

El Myers-Briggs es un test compuesto de afirmaciones a las que debes contestar en verdadero o falso según si crees que se te ajustan o no. En eso se parece a muchos otros tests de personalidad. Así mismo te asigna uno de 16 tipos de personalidad, basado en combinar 4 rasgos: introverted/extroverted, sensing / intuitive, thinking feeling, y judging / perceiving. Las iniciales de cada uno de esos rasgos es lo que forma el perfil.

En los 80 y 90 este test lo petaba mucho en el mundo corporativo (a España llegó algo más tarde). Se usaba para ver qué tipo de carrera era la más adecuada para uno, en RRHH se usaba hasta para decidir sobre contratar o ascender. En algunas compañías llegaron a poner tazas de café para que cada empleado pusiera su “personalidad”, de modo que los demás supieron cómo tratarles, o alguna pollada así.

Las autoras del test, Briggs y Myers, eran madre e hija, y a las dos les molaba mil la psicología. Estudiar psicología ya tal. Katharine Briggs era licenciada en química, algo excepcional en su generación, pero como solía pasar entonces, no ejerció al casarse pronto y quedarse en casa cuidando de su familia. En vez de la química, empezó a estudiar a sus hijos, porque la psicología es algo que hace cualquiera, porque si tienes un problema te tomas unas cervezas con unos amigos y lo arreglas. Eso lo sabe tu cuñado. Lo saben todos los cuñados. 

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Madre e hija, no he encontrado fotos de ambas juntas posteriores.

Briggs quería encontrar un método científico para criar niños inteligentes y educados. Su hija Isabel parecía serlo, así que Briggs empezó a escribir columnas en varias revistas sobre conducta infantil y crianza, gracias a los contactos que tenía. No, seguía sin haber estudiado psicología.

Para compensar que no había visto un manual de psicología ni de canto, se escribía frecuentemente con… Carl Jung. Ya os podéis imaginar por dónde va esto. Y cómo va a acabar.

Los 16 tipos de personalidad reflejan los arquetipos del horóscopo de Carl Jung, porque eso no merece otro nombre. Jung dijo que aquello le parecía súper bien, y que lo estaba petando muy fuerte. Recordemos que esta mujer no hizo nunca una sola investigación, todo eran pajas mentales por correspondencia.

(Bola extra: Jordan Peterson, el psicólogo clínico de moda entre los conservadores, es un devoto jungiano que disfraza sus paparruchas de CENCIA hablando de la serotonina, invocando para ello investigaciones que han sido desmontadas por biólogos. Dios los cría y ellos se juntan [2]).

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El tío se hizo esta foto voluntariamente. En serio, son imparodiables.

El test Myers-Briggs (MBTI) vino después, de la mano de su hija Isabel (que adoptó un apellido diferente al casarse). Al igual que con su madre, sus contactos eran importantes. Entre otros, conocía a Edward Northup Hay, uno de los primeros “consultores de personalidad” en EEUU. ¿Os suena una empresa de RRHH llamada Hay Group? Sí, este era el fundador. No, tampoco era psicólogo. Como podéis ver, estas cosas vienen de lejos.

En 1943, Hay fundó su consultora y permitió a Briggs ofertar el MBTI como parte de los servicios de la compañía, a pesar de que ella no tenía formación ni experiencia. Hay pretendía aprovechar el taylorismo imperante, una filosofía de gestión supuestamente basada en la CENCIA, enfocada en la eficiencia y demás. Matthew Stewart ya desmontó eficazmente la validez de esta aproximación (y de todo el entramado de la consultoría de gestión hasta ahora) en The Management Myth [3]así que no seguiremos por aquí. El caso es que se suponía que las pruebas de aptitud e inteligencia podrían ayudar a seleccionar al mejor candidato a un trabajo.

En aquella época algunos tests prometían filtrar a trabajadores “subversivos” o problemáticos. El MBTI tenía una aproximación diferente, basada en que no había respuestas incorrectas, simplemente gente más adecuada para unas cosas y otras.

A Hay, Myers y Briggs les tocó la lotería cuando la mítica OSS (Oficina de Servicios Estratégicos), la antepasada de la CIA, eligió el MBTI como test para administrar a los espías reclutados en la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, Myers y su hija no tenían ni puta idea de lo que requiere ser un buen espía, ni nadie, ya que estamos. Pero eso lanzó el test, porque mucha gente cree que si un gobierno o una empresa grande adoptan X, es porque eso tiene todas las garantías. Es como cuando en algunas charlas alguien me ha preguntado que, si la telepatía y los fenómenos psíquicos no existen, por qué Stalin gastó millones de rublos en investigarla. 

Luego la universidad de Berkeley usó el test en los 50 para estudiar la creatividad. Así mismo, Myers usó esto para que ETS (nombre desafortunado en castellano), la marca que vende el SAT y otros muchos tests estandarizados que se usan en la educación estadounidense, incluyeran su test en el catálogo.

Los estadísticos que trabajaban en ETS las pasaron canutas, porque las respuestas del test eran muy subjetivas, los rasgos demasiado vagos, y el test era, en general, una mierda como la manga de un abrigo. Además, Myers insistía en que los tests tenían que valorarse a mano, no con una plantilla, para meter más subjetividad en el tema, como si tuviera poca. Los técnicos y psicómetras en ETS nunca consiguieron hacer nada realmente útil con el test, que permaneció con la etiqueta de “experimental”, hasta que lo acabaron abandonando en los 70.

La lotería les volvió a tocar justo entonces, porque la moda de la autoayuda, el “desarrollo personal” y esas polladas empezaba a dispararse justamente en ese momento. La clave es que empezaron a vender el test, no sólo a empresas y escuelas, sino a los propios consumidores, al gran público, como un test que se podía autoadministrar. Y el test explotó. A fin de cuentas, era lo mismo que leer el horóscopo o hacer un cuestionario de una revista. Al comienzo de los 80 habían vendido más de un millón de ejemplares del test.

La autora propone una idea con la que yo concuerdo: antes de los 60, la autoayuda (por ejemplo, el libro clásico de Dale Carnegie Cómo hacer amigos e influir en las personas) se enfocaba en hacer lo correcto. Tras los 60, el foco pasa a convertirse en lo correcto. Polladas como la programación neurolingüística y la autohipnosis vendían que podías transformarte por completo. El MBTI vendía que podías conocerte, y saber dónde encajabas, sin tener que cambiarte.  El tema es que el test y su interpretación son una muestra maravillosa de efecto Forer [4]: todo es aplicable a todo el mundo, dependiendo del momento, por tanto siempre te vas a identificar con lo que lees. 

Es curioso cómo todas las mamarrachadas en torno a la psicología suelen tener una serie de cosas en común. El test refleja una época, del mismo modo que el psicoanálisis refleja el entorno de Freud. Las autoras del test son gente con pasta y ansiosas, y el test refleja sus preocupaciones e ideas. No hay nada más, en cuanto rascas un poco, que la pura expresión literaria de una época. Por supuesto, el proceso para llegar a esas conclusiones no es más que la especulación literaria, sin más comprobación, y sin ningún marco teórico detrás.

El test nunca se tomó en serio en el mundo de la psicología, al menos en la ciencia de la psicología (sobre los compañeros que hacen otras cosas ya hablamos a menudo). Sigue teniendo influencia en el mundo de las empresas, sobre todo en entornos como el de la consultoría, que les gusta mucho hacer seminarios sobre desarrollo personal y esas cosas. Hay gente (bastante) que pone su perfil del test en Linkedin,como podrían poner su horóscopo o su comida favorita.

Cómo no, al final lo que importa es el negocio. Antes de morir, Isabel Myers estableció el Centro para la Aplicación del Tipo Psicológico, que son los que controlan el acceso a todos los documentos como si fueran cienciólogos: Emre cuenta que le pidieron 2000$ por recibir un curso de “asesoramiento” antes de poder siquiera mirar los archivos.  De nuevo, esto es así siempre con estas pseudociencias o sectas. Por ejemplo, todos los papeles de Lacan están controlados por un tipo (Jacques Alain Miller) que no se los deja ver a nadie, sino que va publicando lo que le rota. Cito de la Wikipedia:

Jacques-Alain Miller es el único editor de los seminarios de Lacan, los cuales contienen la mayor parte de su trabajo. “Ha habido considerable controversia acerca de la precisión, la transcripción y la edición”, además de “la negación de Miller a permitir la publicación cualquier edición crítica o comentada”.14​ A pesar del estatus de gran figura de Lacan en la historia del psicoanálisis, algunos de sus seminarios siguen sin publicar. Desde 1984, Miller ha llevado a cabo regularmente una serie de conferencias, “L’orientation lacanienne.” Las enseñanzas de Miller han sido publicadas en los Estados Unidos por la revista Lacanian Ink.

Ya os podéis imaginar el percal. Otro día si eso nos cagamos en Lacan, que eso es la fiesta que no se acaba, aunque viendo la reacción que hubo la última vez que hablamos de Freud, supongo que aquí ya sería el despiporre total (muchos de los defensores del psicoanálisis que vinieron a los comentarios eran lacanianos). De hecho, Lacan es mucho más estafador y mucho más absurdo que Freud. Pero de largo.

Como podéis ver, el MBTI sigue al pie de la letra las características de las pseudociencias que tratan de arrimarse al paraguas de la psicología para vestir sus mierdas de ciencia. No tiene la menor validez interna, ni de constructo, no se ha sometido a validación empírica (y cuando se ha intentado ha salido mal [5]), y sus seguidores se comportan más como miembros de una religión con su fe y su creencia ciega que como personas que intentan estudiar algo rigurosamente.

De modo que si en una empresa o en otro sitio os proponen pasar el MBTI, o el eneagrama, o alguno similar, ya sabéis lo que son. Pilas de bosta que cuelan porque a los departamentos de RRHH no hace falta correr mucho para venderles motos. Véase por ejemplo la avalancha de coaches cuñaos hablando de liderazgo, motivación y mil cosas más (sin abandonar nunca las inevitables neurochorradas), sin la menor formación ni referencia a nada que tenga que ver con la psicología.

ENLACES

  1. Página web de Merve Emre.
  2. Una parrafada que escribí sobre Jordan Peterson.
  3. La página web de Matthew Stewart.
  4. El efecto Forer en Wikipedia.
  5. Falta de validez del MBTI.

2 comentarios en “De por qué el Myers-Briggs es basura

  1. La verdad es que hasta ahora estaba convencido de que el test de marras era algo, digamos, empírico. Sobre todo por el hecho de que se vea tan en todas partes, incluso en ciertas entrevistas de trabajo.
    En realidad es todo un desahogo (aunque también un choque brutal) saber que fue una invención absoluta por parte de dos personas que encima fueron apoyadas por otras igualmente desconocedoras de lo que es la psicología.

    Le gusta a 1 persona

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