Hoy es el Día de Todos los Santos, que para los cristianos (y en otras culturas también, incluyendo culturas precristianas) es una fecha en la que se rememora a los que nos han dejado, a los muertos cercanos. La víspera es la ahora frecuentemente conocida como Noche de Halloween, en la que se creía que el mundo de los muertos y el de los vivos estaban más cerca que nunca, pudiendo los muertos visitar a los vivos.

Hoy día mucha gente visita los cementerios a poner flores, limpiar un poco nichos, lápidas y tumbas, y recordar a los suyos. Por tanto, parece adecuado el comentar una técnica que la psicología ha confirmado que es útil para tratar con el duelo por la pérdida de un ser querido, o por la mayoría de sucesos traumáticos. Se trata de la escritura expresiva.

La escritura expresiva consiste, simplemente, en escribir para uno mismo acerca de sus sentimientos y pensamientos, sin restricción ni guardarse nada para uno mismo. Es una práctica antiquísima, puesto que tener un diario (y no es más que eso) es algo, probablemente tan antiguo como la escritura. No es necesario conservar lo escrito. Puedes quemarlo al terminar, o guardarlo en un diario, los beneficios son los mismos.

En los últimos años la evidencia se ha ido acumulando a favor de los beneficios de escribir regularmente. Desde el clásico estudio de Pennebaker y Beall en 1986 (1), los beneficios sobre la salud física y psicológica están bien establecidos. Podéis encontrar aquí una revisión sobre el tema que es concluyente (2).

Beneficios

Los beneficios para los sujetos experimentales que realizaban prácticas de escritura expresiva frente a los controles, en estudio de doble ciego (tened en cuenta que es el resultado acumulado de muchísimos estudios), son:

  • Descenso del estrés y las visitas médicas relacionadas con el estrés.
  • Incremento de la función del sistema inmune.
  • Bajada de la tensión sanguínea.
  • Mejor funcionamiento respiratorio.
  • Mejor función hepática.
  • Descenso de días de ingreso hospitalario.
  • Mejora en el estado de ánimo.
  • Sensación subjetiva de mayor bienestar psicológico.
  • Reducción de sintomatología depresiva en los casos en los que estaba presente previamente al experimento.
  • Reducción de sintomatología en trastornos de estrés postraumático.
  • Reducción de absentismo laboral.
  • Mejora en la memoria a corto plazo.
  • Incremento del rendimiento deportivo.
  • Mejores resultados académicos.
  • Los sujetos tardaban menos tiempo en encontrar empleo tras perder el empleo anterior.

Como podéis ver, los beneficios son muy muy amplios. Estos beneficios se han replicado abundantemente. Por otro lado, no parece que afecte otros comportamientos como el hacer ejercicio, hábitos de alimentación o consumo de sustancias. Así mismo, los efectos fisiológicos son más sólidos que los psicológicos (lógico, dado que estos se miden con escalas de autoinforme, que son menos fiables que las pruebas médicas).

O sea, que la escritura expresiva tiene un buen montón de beneficios, aunque no sea la panacea. Es un gran hábito que incorporar a nuestro repertorio de conductas, con muchos beneficios a cambio de un pequeño esfuerzo.

Cómo hacerlo

Es muy sencillo. Para beneficiarse de la escritura expresiva, basta con escribir durante al menos 4 días durante 15-20 minutos, acerca de aquello que más te preocupe, sacando tus más profundos pensamientos y emociones sobre el tema. Es importante no ponerse límite alguno, dado que nadie tiene por qué ver lo que escribes para que el ejercicio sea eficaz. Puedes escribir varios días seguidos sobre el mismo tema, o cada día sobre algo distinto. No te preocupes de gramática, ortografía o composición del texto. Da igual si escribes a mano o en el ordenador, si lo conservas o no. La única regla es que escribas tanto como puedas hasta que el tiempo acabe. 

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Sólo necesitas un ratito cada día, unos cuántos días consecutivos. El café es opcional.

Yo perdí a mi padre hace algo más de un año, de manera súbita e inesperada (3). Un ictus fulminante causó su muerte mientras estaba con mi  madre y mi hija mayor en Granada, y yo en Barcelona. Mi padre estaba en perfecto estado de salud hasta aquel momento, y hasta tal punto fue súbito el ataque, que el médico que llevaba su caso me dijo que no debía pensar en una enfermedad, sino más bien en un accidente, como si mi padre hubiera sido atropellado o algo similar, imposible de prever. Tras una semana en estado vegetativo en la UCI, los médicos dictaminaron con una prueba de potenciales evocados que nunca recuperaría la consciencia por el extenso daño cerebral sufrido, y decidimos retirar el soporte vital y dejarle morir.

Le he escrito muchas veces a mi padre, en público (en este blog o en otros lugares), y en privado, en mi diario. Soy ateo, no creo en ninguna clase de vida después de la muerte. Soy consciente de que mi padre no existe, no queda nada de él salvo los órganos que donamos y que han ayudado a otras personas, y sus genes en mí y en mis hijas. Escribo para él, aunque sé que no puede escucharme, pero en realidad es que no escribo para él. Escribo para mí, para ayudarme a regular mis emociones. No hay día que no le eche de menos. No hay día que mis hijas no hagan algo maravilloso, divertido o fantástico y no piense por un momento “Verás cuando le cuente esto a mi padre”, antes de recordar que no podré contarle nada más. Escribirle y escribir acerca de cómo me siento me ha ayudado a aliviar esa tristeza. Una parte nunca se irá. Y está bien que sea así, porque me quiso muchísimo y yo le quise con locura, y fue un padre y abuelo maravilloso.

De modo que escribir cartas a vuestros muertos, mensajes a los seres queridos que echáis de menos, o escribir acerca de vuestros sentimientos, es algo muy positivo. No hace falta escribir mucho, ni mucho tiempo. Es algo al alcance de todo el mundo, porque no importa si escribes bien o mal, si tienes experiencia o no. El mero acto de poner tus emociones y pensamientos sobre papel basta.

Y en una época en la que la introspección y la atención sostenida se ven disminuidas constantemente, quizá el hábito del diario sea una magnífica costumbre a recuperar (4).

ENLACES

  1. Pennebaker, J. W. & Beall, S. K. (1986) Confronting a traumatic event. Toward an understanding of inhibition and disease. Journal of Abnormal Psychology95274–281.
  2. Revisión de 2005 sobre los beneficios de la escritura expresiva.
  3. Cuando perdí a mi padre.
  4. Tu teléfono está drenando tu cerebro. 
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