Adam Ward es investigador en la Universidad de Texas, y ha publicado este paper (1). Su título es: “Brain Drain: The Mere Presence of One’s Own Smartphone Reduces Available Cognitive Capacity (Drenaje cerebral: la mera presencia del propio smartphone reduce la capacidad cognitiva disponible).”

Seguramente muchos estáis leyendo esto en un móvil. Veréis qué risa.

En el artículo se describen los resultados de dos experimentos que ponen a prueba la tesis del “drenaje cerebral (brain drain), que estipula que el mero hecho de tener el smartphone cerca consume recursos de nuestra atención, empeorando nuestro rendimiento en tareas cognitivas. Los dos experimentos muestran que, incluso cuando las personas tienen éxito en mantener la atención sostenida – esto es, evitar la tentación de mirar sus móviles – la mera presencia de estos les hace rendir peor cognitivamente. Y el coste cognitivo es más alto cuanto mayor se valora la dependencia del dispositivo. O sea, cuanto más enganchado te encuentras al móvil, más afecta tu capacidad de concentración, incluso si no lo estás usando. 

Fijaos: no basta con desconectar las notificaciones. El mero hecho de tenerlo a la vista es suficiente para que te distraiga (es una de las conclusiones del estudio de Ward).

Ya sabemos que las notificaciones tienen un enorme coste en atención, que baja significativamente nuestro rendimiento en un gran número de tareas cognitivas (3). Pero la cosa parece tener un alcance aún mayor. También sabemos que la retención y comprensión de la información es muy superior en papel que en una pantalla, y que las notas manuscritas son superiores a los apuntes en un ordenador.

Las interacciones personales también se ven afectadas por el uso del teléfono móvil y su presencia. En este artículo (2) se muestra que las interacciones sin móvil son consistentemente valoradas como más positivas y significativas cuando el móvil no estaba presente, que cuando estaba en la mano de uno de los participantes o sobre la mesa. Los participantes reportaban mayor satisfacción y empatía. El efecto es más pronunciado entre personas más cercanas, esto es, hablar con gente querida con el móvil a la vista deteriora más aún la calidad de la interacción.

¿Qué podemos hacer?

El artículo de Ward muestra que ponerlo boca abajo pero a la vista es fútil. Tenerlo a la vista, pero desconectado, igual. El único recurso que funciona es la separación física. Esto es, tener el móvil fuera de la vista (y del oído, para las notificaciones por vibración). Deja tu móvil en el bolso, en la chaqueta, en otra habitación (yo tengo una caja para dejar la cartera y demás en la entrada de casa). Pasa de vez en cuando a ver si ha llegado un mensaje, pero no lo tengas delante cuando estás tratando de hacer algo que requiera concentración. Porque te mantendrás hipervigilante, dedicando una parte de tu atención a controlar continuamente si ha llegado algo, si ha sonado algo.

Planeta de adictos.

En promedio, usamos nuestros móviles 85 veces al día, incluyendo lo primero que hacemos al levantarnos, justo al acostarnos, y durante la noche, para una media de 5 horas diarias (3). El 91% de usuarios dicen que nunca salen de casa sin el móvil (Deutsche Telekom 2012), y el 46% dice que  no podrían vivir sin el móvil (Pew Research Center 2015).  In 2007, sólo el 4% de los estadounidenses adultos tenía móvil (Radwanick 2012). En enero de 2017, el 77% de estadounidenses adultos — y el 92% de los menores de 35 años — poseen un smartphone (Pew Research Center 2017). La penetración de los dispositivos es similar en los países occidentales, y aún más alta en naciones de Oriente Medio y Asia. Corea del Sur, por ejemplo, muestra que el 88% de los ciudadanos tiene uno, el 100% si contamos sólo los menores de 35 (Pew Research Center 2016).

Todo esto ya ha pasado, dicen.

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Hay quien cree que esto es comparable con los móviles.

Si os fijáis en la foto de arriba, es una imagen que se ilustra mucho por parte de los defensores de las nuevas tecnologías para mostrar que es infundada la preocupación por los posibles efectos de estas, ya que otras tecnologías han tenido también a gente prediciendo el apocalipsis y nos hemos adaptado. Yo no estoy de acuerdo.

En la imagen, cada pasajero lee un periódico. Pero, y esto es lo importante, el periódico no reclama tu atención. El periódico no va contigo al baño, a la cama, al cine, al trabajo, a absolutamente todas partes, haciendo ruidos y vibrando para llamar tu atención continuamente. Los artículos del periódico no interactúan contigo en maneras diseñadas para reforzar la conducta de mirar el periódico. Ni la TV, ni la radio, ni nada como los smartphones.

El primer rasgo que marca toda la diferencia es la ubicuidad. Ninguna tecnología anterior ha tenido una presencia tan constante, te ha acompañado a todas partes de modo inescapable. Antes (hace unos pocos años), para navegar por internet y mirar tu correo, tenías que sentarte ante un ordenador. Pero no podías recibir notificaciones en la calle, en el metro, en la cama. Si estabas con tus amigos en un bar, no podías mirar facebook. Si estabas en el cine, no sabías si tenías email o no (y la gente apagaba los móviles normales en el cine; eso ya no sucede).

El segundo rasgo es la interrupción activa de la atención. El teléfono reclama tu atención de manera constante, porque está diseñado para ello. Los desarrolladores diseñan las aplicaciones y páginas web para que el consumidor las use cuanto más mejor. Y cuantas más interrupciones tenemos, peor funcionamos cada vez. Y el impacto no es sólo cognitivo. El uso de móviles afecta también a nuestro estilo de afrontamiento emocional, incrementando nuestro estrés. A más fragmentación de la atención, más ansiedad. Por eso, técnicas como la meditación reducen el estrés. Hay una relación directa entre fragmentación de la atención y aumento del estrés. Podéis buscar las investigaciones de Clifford Naas sobre el tema, que son demoledoras.

Conclusión

Es mi opinión que, en unos años (y mejor ya), tendremos que replantearnos el uso de los smartphones, del mismo modo que antes tuvimos que plantearnos el uso del tabaco. Hay muchísima más tela que cortar en referencia a este tema, porque la investigación sólo ahora empieza a manejar datos significativos. No podemos limitarnos a tildar de ludditas o tecnófobos a los que nos preocupamos sobre cómo nuestra conducta está cambiando en relación a esta tecnología.

A fin de cuentas, incluso los propios diseñadores de estas tecnologías están tratando de dejar de usarlas por temor a sus efectos (5).

ENLACES

  1. “Brain Drain”, por Adam Ward et al.
  2. “The iPhone Effect: The Quality of In-Person Social Interactions in the Presence of Mobile Devices”, de Misra, Cheng, Genevie y Yuan (2014).
  3. Perlow 2012; Andrews et al. 2015; dscout 2016
  4. “The attentional cost of receiving a cellphone notification”, de Stothart, Mitchum y Yehnert (2015).
  5. “Our minds can be hijacked” en The Guardian.
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19 comentarios en “De tu teléfono y tu cerebro

  1. El smartphone es un invento cojonjudísimo, como lo fue el automóvil en su momento. Obviamente, si en lugar de aprovechar sus múltiples aplicaciones te dedicas a metertelo por el culo, acabarás haciéndote daño.
    Puedo estar de acuerdo en que es muy adictivo y disminuir tu capacidad de atención. Pero para eso no creo que sea necesario hacer ningún estudio. También se pierde cuando se está enamorado, cuando tienes problemas, cuando te toca la primitiva o cuando te toca Monica Bellucci.

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    1. Bueno, Pedro, que algo parezca evidente no nos exime de tener que investigar dado que, a menudo, lo que parece evidente resulta no serlo tanto, o viceversa. 😉

      Sobre los fenómenos con lo que comparas, la diferencia es su extrema temporalidad. Si no me crees, prueba a dejar el móvil en casa 😉

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  2. Fastidia leer estas cosas porque uno se da cuenta de hasta qué punto se ha vuelto adicto. Te dices: “no, yo controlo”. Pero lo cierto es que no.

    Cierto que el móvil proporciona un placer individual, que “acompaña” en cierto modo y casi es una extensión del cerebro. Pero creo que no compensa todo lo que se pierde a cambio.

    En realidad creo que incluso puede estarnos afectando social y políticamente, no se si hay estudios sobre ello. Pero me da la sensación que este nuevo “opio del pueblo” hace que toleremos situaciones frustrantes como sociedad que en cualquier otro momento histórico habrían hecho explotar revoluciones.

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  3. Eso es cierto. El móvil siempre lo llevas encima. Es difícil desprenderse de él y eso debilita nuestra libertad de acción. Tampoco niego la necesidad de investigar en cualquier terreno. Más bien me refería a los actuales resultados. De momento, bastante previsibles.
    Si sirve de algo, hablaré de mi experiencia personal. Tengo 53 tacos y era de los que se incorporó tarde al móvil. Lo que pasa es que el smartphone tiene poco o nada que ver con los móviles de antaño. La posibilidad de recibir información alternativa a la convencional me seduce mucho. Pero esto no es solo culpa del smartphone, sino de las nuevas tecnologías. Gracias a ellas he descubierto que hay un universo paralelo a las verdades “oficiales”. Gracias a las nuevas tecnologías que se supone alienan al individuo descubrí a Ramón Nogueras hablandome de un tal James Randhi, etc…
    Al margen de esto, admito el enganche, como estuve enganchado al tabaco o como ahora lo estoy al deporte. Si tengo que hacer un balance personal, estoy mucho más “despierto” ahora que hace 15 años. Puedo prescindir de llamar, de chatear y de muchas otras aplicaciones, pero reconozco que me cuesta más desconectarme de la actualidad.

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    1. La clave es que las ventajas son innegables, pero no quiero que perdamos los costes de vista. Es posible, creo, que podamos hacer un uso de estas tecnologías que no nos cause los perjuicios cognitivos a los que parece que nos exponemos.

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      1. Por cierto. Hablar con mis hijos de veintitantos cuando tienen el móvil en las manos… complicado. Se cumplen sobradamente las conclusiones del estudio aunque el tema generacional también haya que tenerlo en cuenta.

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  4. Yo lo noto mucho y me cansa y me sigue enganchando de manera cíclica (ciclos muy cortos, ojo, estoy hablando de minutos). Intento desengancharme pero es muy difícil, en parte porque hemos basado nuestra interacción social en los smartphone. Pero ya ha habido dos periodos de vacaciones (4 y 10 días respectivamente) que mi pareja y yo nos hemos ido sin el teléfono listo, cambiándolo por un teléfono tonto (un nokia-de-los-de-antes) y yo quiero crear el hábito de que sea el teléfono de los fines de semana. No es nada sencillo, porque los colegas quedan por telegram, se hacen planes ahí… es sencillo cuando estás a cientos de kilómetros y no tienes que coordinarte con nadie, no es sencillo en el día a día.

    Por otro lado, tengo una duda acerca de lo que cuentas de que se aprende más y mejor leyendo y escribiendo en papel que en dispositivos electrónicos. ¿Cómo se hacen estos estudios? ¿Tiene que ver con cómo hemos aprendido a aprender? Yo no tuve ordenador hasta los 9 años y sólo lo usaba para algún trabajo, no para estudiar de forma activa. ¿Puede influir ese aprendizaje en cómo respondemos de adultos? Que yo sepa, ahora se sigue aprendiendo a estudiar en papel, ¿no?

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    1. Justo este artículo concluye que ya se verá cuando se investigue con los “nativos digitales”, que no tendrán esa pérdida de experiencia del libro de papel. Para mí hay mucha diferencia entre leer en el móvil (con iluminación) y en el reader (un sony ya antiguo, que es tinta electrónica). No soy capaz de calibrar si es la misma diferencia entre estos dos que entre el último y el papel, la verdad.

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      1. Mi experiencia personal es que lo que leo en Kindle o en el ordenador se me evapora enseguida, mientras que si lo imprimo y lo leo me quedo con más cosas. Y la evidencia parece ir en esa dirección.

        En serio, como bien dice Eparquio Delgado, no existen los “nativos digitales”. Sus cerebros no son diferentes de los nuestros. Y si los móviles e internet tienen efectos perjudiciales en habilidades cognitivas, eso sólo quiere decir que ellos van a estar igual o más jodidos que nosotros. Menudo panorama.

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  5. Me gusta la dirección a la que apuntas en este artículo. La adición es algo natural y fácilmente explotable. La solución es una educación al respecto y en ese aspecto estamos lejos del ideal. Son tantos y tan poderosos los grupos que explotan nuestras adicciones que los intentos para dotarnos de armas para defendernos suelen ser aplastados.
    Te agradezco las técnicas sugeridas (soy adicto a las tecnologías desde la Game boy) y creo que una de las mas usadas para engancharnos al móvil son los bonos de datos, yo no tengo y me siento en otro mundo. Me da igual dejarme el movil y me sorprendo si me llega una notificación fuera de casa, pero las tecnologías siguen siendo prioritarias en mi tiempo de ocio.
    Lo de estudiar es porque la caligrafía a veces expresa mas que las propias palabras, más aún si es la nuestra y escribir con letras grandes ayuda a memorizar.
    La manía de enseñar el móvil es porque ha sustituido al coche como muestra de éxito y otra vez chocamos con intereses de corporaciones influyentes para que se extienda una educación que enseñe a dejar de faltar el respeto a los que nos rodean para complacer las fantasías que forman las redes sociales.
    Espero que se extienda el conocimiento de estas adicciones y sus consecuencias. Sólo así conseguiremos los beneficios de la tecnología que ahora monopolizan Facebook, Google, Apple…

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  6. Me gusta mucho el articulo, pienso que esto ocurre desde hace tiempo. He leído los comentarios y sobre todo este último de “Dédalo” resume bien el tema de memorizar mejor bajo nuestra caligrafía. En mi caso, soy diseñador e ilustrador digital, y he de decir que he conseguido mejorar gracias a las tecnologías. Por ejemplo, en vez de una mesa de luz para los dibujos, y las tintas, y sus complicaciones, ahora uso una tableta gráfica, un simil de la wacom, y para mi es el paraíso. Sin embargo, sigo haciendo los bocetos iniciales por ejemplo, de un logo, o un dibujo artístico a mano, y después continuo todo el proceso en digital. Porque realmente te concentras más. Porque seamos sinceros, aunque esté super agusto dibujando en digital, no me concentro igual, al fin y al cabo estás en un PC y acabas abriendo facebook, o cualquier otra cosa que te distráe, pero bueno, también tienes la opción de desarrollar mejor tu creatividad en base a lo que ves por internet, algo que antes pues no estaba, con lo que es más fácil enfrentarte al folio en blanco.

    Creo que la tecnología nos ayuda y mejora en muchos aspectos, pero por otro lado, el uso que hacen las empresas para tenerte enganchado da mucho miedo. Creo que son más los perjuicios en muchos sentidos que los beneficios. Soy de los que ha notado como en los últimos años la gente no es igual, ya no se relaciona igual, las redes sociales han dominado por completo el como la gente se relaciona, y creo que es algo enfermizo, porque un perfil de facebook no eres tu! En fin, veremos en unos años hacía que rumbo va la civilización, aunque soy bastante pesimista.

    Un saludo, gran articulo.

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  7. Personalmente,y lo digo como una joven de 23 años, el futuro tecnológico me da miedo.Esta claro que los avances en la tecnología, nos han ayudado en muchos aspectos pero en cuanto al ámbito personal ,es lo que bien dice el articulo, es algo dependiente para nosotros ,y en las relaciones interpersonales…

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