¿Nos hace Facebook unos solitarios?


Hace un tiempo, cuando publicamos aquí la última entrada (en abril, qué cosas), un amable lector que firmaba como bandujo dejó este enlace. The Atlantic es… bueno, es difícil de clasificar. Baste decir que es la clase de revista que a menudo me da artículos sobre narcisismo ya hechos, porque es un panfleto superficial. Y que tiene un público muy claro.

Sin embargo la idea es interesante porque liga con experiencias que he tenido y sobre las que he discutido recientemente. De modo que vamos a comentar el artículo por un lado, hablar de mi libro por el otro, y a ver a dónde nos lleva.

El artículo empieza como es habitual con una anécdota superficial que en realidad no demuestra ninguna de las conclusiones a las que el artículo pretenderá llegar. Yvette Vickers, ex-modelo Playboy y conocida por su papel en El Ataque de la mujer de 50 pies de altura se muere en su casa y tardan casi un año en darse cuenta y hallar su cuerpo. Eso sí, la señora estaba conectada a Internet, y cuando investigaron sus facturas de teléfono descubrieron que hacía muchas llamadas, pero no a personas cercanas sino a fans que había conocido en convenciones y mediante las redes sociales. O sea, que era una señora vieja que en vez de pudrirse abandonada en su casa, podía al menos contactar con otras personas. Pues vale. Por cierto, esta historia no lleva a ninguna parte ni dice nada más.

A continuación el artículo se explaya sobre el enorme gasto / inversión que se ha hecho en tirar cables para que todo el mundo tenga una conexión a Internet más rápida y potente (aunque esto no tiene que ver con Facebook porque, como el artículo reconoce, se hizo para acelerar 3 ms las transacciones bursátiles, y además, uno no necesita fibra óptica para el uso habitual de Internet). De ahí salta a la conclusión de que estamos más alienados que nunca, porque (cuando se escribió el artículo) Facebook tenía 845 millones de usuarios y hay muchos “me gusta” diarios y usando métricas en Internet uno puede demostrar lo que se quiera. Sobre todo usando el cliché de “empresa muy grande” = “el mal absoluto.”

Al fin se mete a dar algunos datos que pueden tener alguna relación con el supuesto contenido del artículo: el número de hogares donde vive una sola persona ha aumentado. Matiza que los datos muestran que es la calidad de las interacciones y no su cantidad lo que determina si eres verdaderamente un solitario, para a continuación decir por sus cojones “hemos de reconocer igualmente que no sólo aumenta el aislamiento, sino la soledad también, y la soledad nos hace miserables.” Pero lo dice así: aunque los datos no soportan mi hipótesis, la realidad es la que yo digo que es.

¿Os suena de algo? Si lo estás leyendo, es para ti.

Esto es así porque, como tiene que reconocer, los “nuevos estudios” sobre la soledad en realidad no son concluyentes.  Así que vuelve a afirmar, porque sí, que nos reunimos menos con gente, que salimos menos, y añade un dato que menciona que los americanos creen que tienen menos personas de confianza con las que hablar de cualquier cosa.

¿Primera conclusión? Fíjate cómo ha aumentado el número de psicólogos y otros profesionales de la salud mental y el bienestar. Uy, ha subido mucho porque “hemos externalizado nuestro bienestar diario.” Ojo al parche. No tendrá que ver con que la población general ha aumentado, con que la población que puede estudiar ha aumentado, o que, por ejemplo, ahora los negros también pueden ir a un terapeuta. No, es porque estamos muy solitos.

Por supuesto, la soledad tienen consecuencias para la salud y el autor las enumera todas. Y además, añade, los americanos (y por extensión los occidentales, porque God Bless America y tal) pagamos mucho dinero para estar solos: nos mudamos a suburbios alejados del centro, y además “la soledad tiene mucho que ver con el espíritu de los pioneros americanos.” Ahora es cuando me tienen que rematar. No, esperad a que lleguemos a hablar de este tío.

Tras petardear un poco más se mete en harina y cita un estudio de “Australia” (no referencias, no enlaces, ni universidad) que muestra que la gente que usa Facebook (la mitad de la población), reporta menos aislamiento social y en cambio reporta más aislamiento de sus familias. Otro estudio dice que Facebook ayuda a tu capital social si te lo curras un poco y compones comunicaciones escritas, en vez de simplemente darle al “me gusta.” Escribir en tu muro y darle a “me gusta” sin interactuar más parece aumentar la soledad y correlaciona con un incremento marginal en depresión.

Y sin embargo esta investigación tampoco soporta la idea de que Facebook cree soledad. La gente solitaria en Facebook lo es también fuera de Facebook, y ya lo traía puesto.

Tras toda esta pollardez, el autor finalmente se refiere a John Cacioppo, que ha publicado en 2008 un libro llamado Loneliness. Cacioppo muestra que la soledad prolongada tiene efectos fisiológicos negativos. También afirma que las amistades en Facebook tienen un efecto atenuado, no equivalen a la realidad. La conclusión de Cacioppo (por más que el autor trata de retorcerla para adaptarla a lo que quiere conseguir) es que Facebook es, como los coches, una herramienta, que puede o no aumentar nuestras redes de apoyo según cómo lo usemos.

Hemos pasado el 90% del texto y todavía el autor no ha podido presentar un sólo estudio concluyente en la dirección de su artículo. Entonces entra la falsa responsabilidad personal.

El autor comenta que claro, en la tienda nadie le obliga a evitar interactuar con la cajera y otros clientes en vez de usar la máquina de autopago. Que lo hace porque las interacciones humanas son complicadas. Y claro, Facebook y Twitter y similares las simplifican. Es fácil usar Facebook.

Claro, según este autor (recordemos que esto lo saca de la manga) el precio a pagar por tener una socialización más simple es que continuamente tratamos de dar una imagen de que nuestra vida es súper apasionante. Y ese fingimiento es agotador. Cuanto más feliz pretendes ser, menos feliz eres.

Por supuesto encontraron una correlación entre Facebook y narcisismo. Obviamente. Como ejemplo: “mirá cuán casualmente posteo estas fotos de una fiesta, en la que en realidad tiré 300 fotos.”

Esta es la web del autor. A ver qué os dice su cara. Hablamos más en la próxima entrada.

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7 comentarios en “¿Nos hace Facebook unos solitarios?

  1. “(…)A ver qué os dice su cara.”
    Puessss… “Soy un nice-to-meet-me, molo mucho y soy un tertuliano del copón que sabe más que los expertos”.

    Claro que la pose que tiene me ha influido en la decisión. Si me ponen una foto de carnet (http://tinyurl.com/dywla89), no sé si cambiaría de opinión, pero hay algo (no sé qué) que hace que no confíe del todo en ese payo.

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  2. Un tontopollas más con ínfulas que busca titulares apoyados en evidencias flimsy at best. Dejé de hacer colección cuando fueron más abundantes que el silicio en la naturaleza.

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  3. Es que yo diría que ni siquiera es así. No tengo cuenta ni en el Jetalibro ni en el Piador, pero tengo blog y he participado en varios foros y sé que todo lo que hace falta para presentar una “imagen chula” es currarte el diseño, lo cual suele ser la inversión inicial. Luego, sólo tienes que decir lo que te apetezca. Es decir, te ahorran el tener que dar una buena imagen de ti mismo.

    También habría que revisar qué significa eso de que algunos usuarios de Facebook que se sienten más unidos a sus amigos que a sus familiares, porque puede significar que comparten con los primeros gustos y aficiones y no necesariamente tener relaciones infelices con los últimos, como supone este señor.

    Aparte, gran parte del artículo se va por las ramas, como esa supuesta búsqueda de la soledad de la cultura americana que podría desmontarse con mil ejemplos: la federación, las protestas en favor de los derechos civiles, la camaradería de una buena parte del cine…

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  4. Acho, con lo bien que te expresas y el gusto que da leerte, ¿por qué enlazas esa bazofia? Es otro tipejo más que fomenta el miedo a la Internet por temor a perder cuota en su propio medio. Como el estéril debate sobre si los móviles educan o distraen (http://www.elchupete.com/es/portada), cuando sería más productivo un taller sobre cómo educar con el móvil: a los tertulianos no les pagan para educar.

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  5. Me parecía que este artículo te podía interesar, pero no pensé que fuera a dar para tanto. De verdad, tengo ganas de leer tus próxima entrada.

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