Empatía


Vergüenza ajena
A veces el peso de mi ombligo me impide alzar la vista. Nos pasa a todos.

Mira que llevaba tiempo queriendo hincarle el diente a esto.

La gente tiene una idea de lo que es la empatía que es sólo una idea parcial de ello. Es mejor que nada, claro, pero a veces lleva a errores desastrosos. Relájate: si no sabías qué es, no quiere decir que seas un narcisista. Esta entrada no va sobre eso. Pero he pensado en ello recientemente, con la situación de los controladores aéreos de AENA y otras cosas.

Para la mayoría de la gente, empatía viene a ser algo como esto:

Si yo soy soy empático, entiendo lo que siente la otra persona porque yo me sentiría de tal manera en su situación.

Eso explica por qué, por ejemplo, si un niño pequeño se da un golpe y llora, otros niños lloran. Ven al crío de boca en el suelo, y piensan: “Eso debería doler.” Y lloran.

No está mal, y es algo funcional. Pero a veces lleva a problemas cuando nos relacionamos con otros. Porque el pensar “qué haría yo en esa situación” a menudo nos lleva a dar una solución y un enfoque que valdrían… si fuéramos nosotros, y no la otra persona. Que es, probablemente, lo que la otra persona no necesita. La otra persona no necesita que entendamos su situación, necesita que la entendamos a ella. Esa es una de las razones, por cierto, por las que con alguien alterado, decirle simplemente “cálmate, no pasa nada” no suele funcionar. ¿Cómo puedes decirle que se calme? ¿No ves por lo que pasa? Al decirle eso, niegas su derecho a sentir lo que siente, evidencias que sus sentimientos no son importantes.

Hay una definición de empatía que me gusta mucho más, aunque no es la única válida.

An affective response more appropriate to another’s situation than one’s own. (Martin Hoffmann)

O sea, una respuesta afectiva más apropiada para la situación del otro que para la nuestra. Porque no pensamos como nosotros, sino que tratamos de pensar como si fuéramos el otro, asumir su papel, por así decirlo. Esto es un esfuerzo que muchas veces no tomamos, y da lugar a que a menudo nuestros esfuerzos empáticos sean poco efectivos y bastante falsos. Claro, eso a su vez nos frustra porque nosotros, genuinamente, queríamos ayudar. Además, si la otra persona rechaza nuestra empatía, ¿no significa eso que somos unos egoístas ¡Eso no puede ser!

Yoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyoyo mimimimimimimimimimimimimimimimimimimimimi. ¿Veis el patrón?

Para poder empatizar con una persona, debes dejarte atrás a ti mismo. Si quieres empatizar con tu pareja, o con un familiar, o con un amigo, o con un desconocido, debes dejar de pensar “eso está mal, yo haría esto otro” o “cuánta razón tiene, si yo haría lo mismo en su lugar.” Debes pensar qué significa ser esa persona: porque es a veces la única manera en la que puedes realmente entenderlos, y desde ahí, ayudarlos.

Entenderlos, ayudarlos, no disculparlos. Ese es el otro error más común respecto de la empatía: entender a alguien no implica para nada el estar de acuerdo con ese alguien, ni disculpar su acción. A lo sumo, entender a alguien dificulta el que nos enfademos tanto con esa persona cuando la caga. Nada más.

Yo trabajo todos los días con gente a la que, a veces, tengo todos los motivos para detestar. Salvo que consiga ponerme en su lugar, no puedo trabajar con ellos. No puedo ayudarles si sólo me sale pensar que son adictos, o maltratadores, o simplemente estúpidos. Así que no puedo limitarme a pensar qué haría yo en su lugar, porque es una idea fútil: siempre haría algo distinto. Yo tengo herramientas que ellos no tienen, así que no me vale. Tengo que imaginar lo que es ser esa persona, para entender lo que siente y hace, y con ese conocimiento tratar de conectar con ella y trazar un camino que la ayude.

Así que una herramienta de terapeuta para vosotros, fácil de aplicar (cuando de verdad queráis ayudar a alguien): cuando alguien cercano se encuentre mal o molesto, sea con vosotros o con cualquier otra persona o cosa, no os dediquéis a decirle a esa persona que no tiene razón. No despreciéis sus sentimientos. Y sobre todo: haced que hablen. Preguntadles detalles. Haced que os expliquen qué piensan y sienten. No les deis una solución, la mayor parte de las veces la gente que cuenta un problema no quiere una solución, quiere simpatía. Del problema ya se ocuparán luego.

Nota final: mira, han anunciado que retiran el trastorno narcisista de la personalidad de la próxima edición del DSM. Supongo que cuando algo se vuelve lo bastante mayoritario, ya no es un trastorno. Más sobre ello, en breve.

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9 comentarios en “Empatía

  1. En la facultad, tenía a un compañero tremendamente inseguro. Lo era tanto que, para consultar la resolución de los mismos ejercicios, llamaba por teléfono a varias personas (entre estas, yo) todos los días. Al principio me hacía gracia, hasta que con el tiempo lo conocí en profundidad.

    Pasaron algunos años y acabó abandonando la carrera con apenas un curso completo. Hubo quienes lo criticaron porque les pareció que tirar la toalla tras tanto esfuerzo y dinero en matrículas era una lástima. Efectivamente, lo que ellos mismos hacían bajo la misma situación.

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  2. Me gusta mucho la psicología, así que me gusta leer posts de este tipo.

    Me interesa especialmente saber como ayudar a los que quiero, pero ¿cómo ayudarles a encontrar su propio camino su propia solución?

    Por ejemplo, como ayudar a un paranoide a dejar de serlo??????????

    Gracias por los posts sobre psicología

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  3. Depende del grado, y por desgracia, el explicar qué hacer se sale con mucho de lo que se puede contar en un comentario en un blog.

    Paranoide es una palabra que en sí no dice mucho. Hay muchos grados: en algunos grados, la medicación es imprescindible. En otros, se pueden aplicar técnicas cognitivas. En muchos casos llamamos paranoico a alguien que es muy desconfiado y suspicaz, pero que no es un esquizofrénico.

    Necesitaría saber mucho mucho más de esa persona para siquiera empezar a pensar en darte un consejo. Si quieres algo de ayuda por privado, usa el formulario de Contactar arriba, donde dice “Mándame un email y dime que me odias”

    Desde luego, ser el familiar de una de estas personas es algo muy muy duro.

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  4. Tendría que encontrar fuerzas (pero soy un vago, empatize usted) para ponerme a investigar sobre el nuevo Dsm, aún sin tener ni idea de sicología, ni de nada por el estilo. Me interesaría mucho algo que hablara de la evolución desde los anteriores tomando un punto de vista sociológico o antropológico.

    Es una idea muy muy vieja, pero aún fascinante, lo mucho que dice sobre la sociedad a quién considera “loco”, y bajo qué preceptos.

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  5. Increíble.
    Se me ocurrió lo mismo hace unos años, en una situación extraña y que me da un poco de verguenza:
    Estaba leyendo Brisingr (de la Trilogía El Legado, de Christofer Paolini), uno de los primeros capítulos. En él, el protagonista principal captura a un asesino que había sido vecino suyo tiempo atrás, y decide qué castigo darle. La primera opción que se le ocurre es la muerte. Luego piensa en otras. A medida que avanza el capítulo, me doy cuenta de cierto patrón… estaba pensando que haría él en lugar de el asesino.
    Ahí, sin poder evitar mi compulsión a corregir y/o hacer notar los errores (propios y de los demás), me dije a mí mismo: “lo importante no es pensar qué harías vos en su lugar, sino qué haría él en su lugar”.
    Al seguir leyendo, me sorprendió que el protagonista empezara a pensar justamente en eso. En la vida de el asesino, en su familia y las situaciones en las que había vivido, con la presión social y demás cosas que lo explicaban en cierto sentido. Así, pensando en las razones que llevaron al asesino a ser lo que era, terminó comprendiéndolo. Entendió el por qué de todas sus acciones, empatizó con él. Pero no pudo perdonarlo aún, y decidió que su castigo sería no poder hablar con su familia, ni verla, ni siquiera indirectamente. Dado que era para proteger a su familia que hizo todo lo que merece castigo, ese era no sólo el castigo más “adecuado” sino también el más irónico. Por cierto, pudo hacer todo esto porque sabía hacer magia y en el proceso, es decir, cuando empatizó con él, descubrió su nombre verdadero (muy a lo Terramar, al menos esa parte).

    Y ahora me doy cuenta no sólo de que pensé lo mismo que vos, sino que semi-inconscientemente empecé a escuchar y aconsejar siguiendo el método que proponés: simpatía, preguntas para que hable, algo de intentar también que él empatice consigo mismo, que se entienda a sí mismo (esto creo que es cosecha propia, pero deducible de lo que decís también).

    Y me sorprende que, incluso del otro lado del charco, y aunque no compartamos profesión (soy estudiante pre-universitario aún) llegaramos a la misma conclusión. Acrecenta mi ego, pero también me hace sentir “acompañado”.

    Gracias, :). En serio. Es bueno saber que alguien te entiende, a veces, aunque no lo hayas visto ni oído nunca, ^^.

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  6. Muy buena filosofía. “La verdadera Empatía no es ponerse en los zapatos del otro, sino poder quitarse los propios.”

    Respecto al Narcisismo. Loco es aquel que es diferente de lo que es normal. Por tanto es lógico que cuando algo comienza a ser común, deja de asustar tanto a la mayoría.

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    1. Pues deberíamos recordarlo. Aunque en general es razonable el decidir sobre patología en base a la frecuencia, es mejor no olvidar que ciertas conductas son destructivas igual.

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      1. Pues si. Pero ahí está precisamente la cuestión.

        El concepto general de lo que es considerado locura tiene más que ver con la percepción de las masas que con su verdadero bienestar y funcionalidad.

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