Tu propia narrativa (2): Cómprame y fidelízate


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Vivimos de acuerdo con una historia que nos contamos. Pero ahora podemos darle una vuelta de tuerca más. Vivimos en la Era de la Identidad: ahora lo más importante no es sólo la historia que te cuentas; es construir una identidad, una marca, y que los demás la compren.

¿Somos todos narcisistas? No, realmente no. La mayoría nunca lo seremos. Pero ahora tenemos más herramientas que nunca para ello. Entra Internet.

Antes de seguir, hay que aclarar algo que puede no ser evidente para algunos lectores. Esto no es una charla sobre lo malo que es Internet, los peligros de Facebook, ni ninguna chorrada de esas. Culpar a la herramienta por el uso que se le da es la clase de evasión de la responsabilidad de la que hablaremos aquí en detalle.

De modo que no es culpa de Internet. Es culpa nuestra.

Tenemos Youtube, y miles de webs similares. Tenemos Facebook, Twitter y blogs. Tenemos una explosión de los llamados medios sociales. Estos medios sociales tienen una inacabable gama de posibilidades positivas, que no enumeraré aquí porque creo que no necesitan defensa alguna, y que en manos de personas responsables son una más de las cosas buenas de la tecnología. Vamos a mirar el otro lado.

Muchas empresas se han dado cuenta (muchas más siguen en la inopia) de que estos social media son una magnífica herramienta de venta y de llegar a más usuarios. En esta magnífica columna podéis leer más sobre el hype, la propaganda, y demás cosas que son la otra cara del fenómeno del que hablo aquí. Quedaros con esta definición de la primera entrada de esta columna:

El Hype es el envoltorio del regalo que hace que el regalo sea bonito y deseable independientemente de lo que sea el regalo.

Las empresas llegan tarde. Muchos, muchos individuos ya han descubierto el valor de marketing que tiene Internet para vender tu identidad como si fuera una marca. Los narcisistas son muy muy rápidos detectando esto, y podrían (y quizá la idea global de esta serie es que esto sucede, aún no tengo una conclusión) estar influyendo en la cultura de una manera que es, a largo plazo, insostenible. Una cultura de personas que se centran en crear bonitos envoltorios de sí y venderlos.

Esto no tiene que ver con el deseo humano de agradar a otros y ser admirado y querido. Ese deseo es normal y saludable. La diferencia entre un narcisista y otra persona es esta: probablemente ambos se ven como los protagonistas de su propia película. No el bueno, ni el más guapo, ni el mejor, pero sí el actor principal.

La diferencia es que para el narcisista, no hay otras películas. Los demás son extras, secundarios. Para el narcisista, los otros no son personas con entidad completa en su propia película: son tipos. ¿Recordáis que en cada género cinematográfico siempre hay determinados arquetipos? Esta es la mujer del prota, que es sarcástica, un punto sexy pero que apoya al prota. Este es el poli cumplidor de la ley y su compañero salvaje y que no sigue las reglas pero al que le perdonan las burradas porque es eficaz. El empollón desagradable y misógino. Nombra el género y ahí están los arquetipos. Eso es la gente a su alrededor para el narcisista. Es incapaz de reconocer que las demás personas tienen pensamientos, sentimientos o hacen cosas no relacionadas con el narcisista. Los pensamientos no han de ser positivos, pero han de ser sobre él / ella.

Así que, por un lado tienes una necesidad enorme de que los demás crean en tu identidad. Por otro lado tienes una enorme incapacidad de ver a los demás como personas completas, independientes, que existen fuera de su relación contigo.

Entra en un medio que te permite hacer ambas cosas de manera absolutamente perfecta.

En el año 2006 la revista TIME decidió que la Persona del Año eras… Tú. El usuario de Internet. La versión corta del artículo es que los individuos hemos formado una comunidad en Internet y que esa comunidad está construyendo un “nuevo entendimiento internacional, no de político a político,… sino de persona a persona.”

Eso es tan, tan erróneo.

El autor es Lev Grossman.  Es un crítico literario muy famoso. El problema con su premisa se ejemplifica en el primer párrafo que dice:

La teoría histórica del “Gran Hombre” se atribuye habitualmente al filósofo escocés Thomas Carlyle, que escribió que “la historia del mundo es la biografía de los grandes hombres.” Carlyle creía que son los pocos, famosos y poderosos, los que conforman nuestro destino como especie. Esa teoría se ha llevado un buen varapalo este año.

Sin embargo eso no es lo que dice Carlyle. Esta es la cita real:

En todas las épocas de la historia del mundo, encontraremos al Gran Hombre que fue el salvador de su época; la chispa, sin la que el combustible no habría ardido. La Historia del mundo, ya lo dije, era la biografía de Grandes Hombres.

Carlyle no dice que los grandes hombres conforman el destino; dice que los grandes hombres, y sólo ellos, causan la historia. Para Carlyle estos grandes hombres deben tener el poder porque sólo a ellos se les puede confiar. Ellos guían la historia, no le dan forma.

Así que Grossman no cita a Carlyle correctamente.  Esto es importante porque Grossman es un crítico literario, doctor por Harvard en literatura comparada.  O bien simplemente no conocía la cita original, lo que me parece imposible, o no importó: él hizo con la cita lo que necesitó para usarla. Y eso, exactamente, es lo que describe el problema: la verdad y la realidad no son importantes, lo importante eres tú.

Estar en YouTube, tener un blog, un iPod, Facebook,  MySpace – todas estas cosas son auto-validadoras, permiten la ilusión que es crucial para los narcisistas: que somos los personajes principales en una película. No los mejores, o los buenos, sino los protagonistas. Que todos a nuestro alrededor son secundarios; el amigo gracioso, la ex chalada, la madre neurótica. Y todo eso hace que los recordatorios de nuestra insignificancia, de lo poco que contamos como individuos, sean más enfurecedores.

Mirad las fotos del artículo de Time: un DJ, un punkie, un tipo con rastas, un chaval bailando con auriculares, un tipo cantando con un micro, una maciza echándose una foto a sí misma – ninguno de estos podría ser jamás la Persona del Año. Apenas tienen identidad aparte de su imagen. Y observa cuántos de ellos se definen por la música que escuchan. Deben ser definidos por algo externo, como un tatuaje. Pero merecen todo lo que cualquier otro pueda tener. Es su derecho.

No digo que cada uno de nosotros como individuo debamos ser insignificantes. Deberíamos, podemos importar. Pero para protegernos de la dura realidad, nos definimos a través de imágenes y signos, en vez de por lo que hacemos: esa falta de una identidad fundada sobre algo real nos hace vulnerables a la ira, al resentimiento. Pero nunca responsabilidad. El narcisista nunca siente culpa o responsabilidad. Sólo vergüenza.

Grossman pudo transformar a Carlyle en lo que él quiso porque Carlyle no importa (aparte de que lleva muerto mucho tiempo), lo que importa es lo que Grossman quería, lo que Grossman necesitaba. Carlyle no existe, o sólo existe para que podamos usarlo. Se conviere en una herramienta, otro actor de reparto. ¿Alguien se ha molestad en leer algo de Carlyle? ¿Para qué? Sólo necesitamos unos fragmentos para nuestro uso.

Elegirte a ti como la Persona del Año refuerza la ilusión de que nuestra individualidad importa más que la de otro, que un bien comú, una ideología, la verdad, o el Bien y el Mal. Es relativismo con una vuelta de tuerca.

Y no puede durar. Es imposible.

Próxima entrada: la generación de los realities, o qué pasa cuando tu hija, en vez de artista, quier ser famosa.

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5 comentarios en “Tu propia narrativa (2): Cómprame y fidelízate

  1. Realmente notable esta entrada. Excelente.
    Tengo que meditar sobre ella porque creo que tiene ramificaciones interesantes que merece la pena explorar.

    Un saludo y gracias por escribirla!

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