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Comprad, comprad mis hermosos jabalíes

POR QUÉ COMPRAR EL LIBRO

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De Maldita Ciencia, de podcast y más.

De Maldita Ciencia, de podcast y más.

Mi amigo Darío Pescador, del blog Transformer, me ha entrevistado para su podcast, donde hablamos de por qué cuesta tanto cambiar. Y dicen que he estado más comedido que otras veces. Quizá queráis escucharlo. O quizá no. Pinchad en la imagen y descubridlo.

Por otro lado, me contactó Fermín Grodira, de Maldita Ciencia, para hablar sobre la atención y la concentración en el confinamiento. Muchas personas han descrito que desde que empezó todo esto, les cuesta la vida concentrarse. En el artículo mi compadre Eparquio señala que no tenemos datos para saber si es algo generalizado (y estoy de acuerdo), pero yo sí apunto evidencia que indica que podría haber algo de esto, que el confinamiento podría agudizar. Énfasis en podría.

Gracias a Fermín, también, me ha llegado un artículo de uno de estos medios que llevan la palabra “digital” donde un supuesto psiquiatra, neurólogo y médico de familia (ya me diréis qué pollas tienen que ver esas dos especialidades con lo que viene ahora) diagnostica de psicopatía a Pedro Sánchez, en una soflama que es un mero delirio, y que no enlazo porque en esta casa no se enlazan mierdas. Pero recordad: ningún profesional que tenga el más mínimo respeto por su trabajo y su profesión haría la mamarrachada de diagnosticar a una figura pública de la que no sabe realmente nada, en base a sus ideas políticas.

Podéis leer el artículo aquí.

De salvar vidas

De salvar vidas

La foto de cabecera es de Corey Hearne en Unsplash.

A menudo me pregunto si la divulgación es realmente importante. En ocasiones alguna persona me ha comentado si puede ser que los eventos de divulgación tienen el problema de ser demasiado para los de la tribu, si realmente tenemos alcance porque al final parece que público y ponentes somos siempre los mismos. Y yo no sé decir seguro si sí o si no. No lo sé. Tampoco sé si el tiempo que he invertido en discutir con gente en redes sociales es útil, además de divertirme. Una respuesta intuitiva sería que no.

He estado unos días de ayuno de redes sociales, y la verdad es que le veo un montón de ventajas. Y sin embargo, debido a que a veces llegan ofertas de proyectos interesantes, sí tengo activadas las notificaciones vía email de mensajes directos y cosas así, en caso que haya algo que responder. Y me encuentro con esto.

No conozco a esta persona. No recuerdo la discusión con esa persona. No tengo idea. A veces llegan mensajes de gente que no conoces, agradecida por el trabajo que haces. A veces (pocas) te reconocen, y puede ser hasta divertido, como el taxista en Granada que no me quiso cobrar. A veces te recomiendan a otras personas. A veces, por supuesto, te recomiendan que te calles, o que te tires por una ventana. Pero nunca algo tan desgarrado como esto. Se me escapó más de una lágrima leyendo esto. Porque cuando un cliente te agradece el estar mejor, no es una sorpresa. Le has acompañado, sabes lo que sucedió. Nada de esto te puede sorprender.

Por otro lado, al poco de recibir lo anterior me llega esto por el formulario de contacto del blog:

Esto es, quizá, menos dramático, pero no por ello menos bonito. Y le da un sentido estupendo al trabajo de mantener, aunque sea irregularmente, este blog. Y es lo que siempre digo: por muy ingeniosos que podamos ser en redes sociales, por mucho que nos peleemos contra el interfaz de Twitter para tratar de preservar hilos y demás, la realidad es que lo que escribimos en redes sociales es efímero, o al menos difícil de buscar e indexar. En eso el blog sigue siendo imbatible. Alguien puede llegar, leer algo que escribiste hace mucho, y sigue siendo fácil de localizar.

Supongo que puedes dar todos los flames por buenos cuando te dicen algo así. De modo que gracias, desconocidos. Me alegrásteis unos días bastante jodidos.

En otro orden de cosas, Victòria me regaló un kit de construcción de libretas de una tienda maravillosa que hay en mi barrio, que se llama La Frivé. A mí este tipo de sitios me parecen más sexy que un sex-shop. Y la Carla es un sol, y amiga de Yeray porque el mundo es un pañuelo.

El caso es que esta mañana hemos empezado a hacer los cuadernillos y las tapas, le hemos dado la primera cola y se ha secado mientras comíamos, y ahora acabamos de terminar de montarlo todo. Estoy muy emocionado. Es una cosa muy chula, muy sencilla y muy satisfactoria, como suele ocurrir con el trabajo manual.

El otro día pasé un largo rato hablando con Uriel Lizama, que es un muchacho muy simpático que me contactó desde México (¡el libro ha llegado allí!), y me invitó a su podcast Entre humanos. Son como dos horas de conversación, y podéis encontrarlo en el siguiente enlace.

Oye, igual hemos conseguido hacer un post sin hablar sobre la pandemia, pero hay una buena noticia y la quiero comentar: de acuerdo con Lo País hace un rato, llevamos 24 horas sin registrar fallecimientos por la COVID-19. No ha pasado todo, hay que estar vigilante, pero eh, es una buena noticia. Así que a festejar.

En breve, vamos a hablar un poco a fondo sobre propaganda y persuasión y demás. Al menos esos son los borradores que tengo. Me gustaría de verdad volver al contenido divulgativo, no tanto al contar que he dado una charla aquí o que me entrevistan allá. Que se vienen al menos dos conferencias más, una sobre altas capacidades y otra sobre creencias en mierdas aplicadas a los psicólogos Pero coño, no todo va a ser follar, como decía Krahe.

ESTATUS

Leyendo: Me he consumido un par de libros rápidos sobre entrenamiento, porque son rápidos y fáciles de leer, y porque quiero una cosa muy específica y enfocada. Pero vaya, la lista de pendientes bien, gracias.

Jugando: Un poco de Scribblenauts, juegos de mesa con las niñas. Ya llegará el momento de jugar fuerte.

Escuchando: Mientras Victòria y yo hacíamos libretas, sonaba esto en el comedor. Nunca me canso de esta mujer. Después de la playlist, mis tres favoritas.

Viendo: Pacino ha llegado al Ministerio del Tiempo.

Trabajo: Corrige, notas, actas y demás. Este verano a la vuelta de vacaciones empieza el nuevo Proyecto de la Muerte.

Quisiera que lo recordaras (II)

Quisiera que lo recordaras (II)

Hoy cumples 4 años.

Todo en torno a tu venida al mundo fue complicado. El embarazo fue un embarazo de riesgo, y hubo veces que pensamos que podíamos perderte. Tu madre las pasó moradas, por el reposo forzado, las incomodidades y el miedo. Viniste al mundo y te detectaron un soplo en tu corazoncito, que era menos que una pelota de pingpong, y la noche antes de irnos a casa contigo, una enfermera vino a llevarte a la UCI porque tenías ictericia y había que tenerte unos días con lámparas de luz todo el rato. Que no era nada grave, pero el susto de despertarte a la 1 de la mañana porque se llevan a tu bebé no es poco.

El día que cumpliste un mes yo estaba en la consulta y me llamó mi madre porque no conseguía localizar a mi padre. Ese día tuvimos que dejarlo todo y salir volando a Granada en un viaje que, gracias a la incompetencia habitual de Vueling, fue una reputísima mierda. Pasamos una semana horrible allí hasta que finalmente no se pudo hacer más, y el abuelito se fue sin llegar a despertarse.

Volvimos y entonces supimos que no tenías un soplo, sino dos, que además no se estaban cerrando. No estabas creciendo como debías, te fatigabas demasiado al tomar teta. Y había que operarte. Con menos de seis meses. Y era una operación que me sigue pareciendo hechicería: te congelaron hasta que se paró tu corazoncito, te conectaron a una máquina para que tu sangre siguiera circulando con el corazón parado, te abrieron y cosieron los diminutos soplos por dentro, en ese espacio tan diminuto. Y luego coser, cerrar, y volver a calentarte para poner en marcha el corazón. Me acuerdo de verte salir de quirófano, tan pequeñita y diminuta en aquella camilla tan inmensa, con el tubito saliendo de tu boca.

Pero como si supieras que tenías que hacer honor a tu nombre, desde ese momento empezaste a ir a tope. A las pocas horas te quitaste las gafas de oxígeno y empezaste a demandar teta. A los dos días te sacaron de la UCI y te subieron a una habitación. Y te fueron sacando tubos poco a poco, mientras había que sujetarte con correas porque no parabas quieta y te habrías desconectado todos los tubos y todo. Una semana después de entrar estabas fuera.

Y desde entonces, sólo tienes dos posiciones, dormida y sprint. Creces y creces, y eres una continua fuente de movimiento, palabras en torrente, canciones, bailes desde que te puedes tener sentada, historias que te cuentas con cualquier cosa que tengas a mano, escalar todo lo que haya cerca, perseguir a los gatos, y besos, montañas de besos y abrazos, y risas, siempre risas. Los que te conocemos decimos que nunca hubo un bebé más feliz. La frase que más pronuncio al cabo del día es Valeria, deja eso.

El otro día viniste a mí y empezaste a darme besos y abrazos, y me dijiste:

Valeria: Te quiero mucho, papá.

Yo: Yo también te quiero mucho, peque.

Valeria: Tienes una espada preciosa.

Yo: Es verdad, y no puedes cogerla.

Valeria (haciendo un puchero): GRACIAS POR NADA.

Valeria en confinamiento

Hace ya mucho tiempo, unos 7 años, le escribí a tu hermana que me gustaría que se acordara de todo lo que la queremos y la quisimos cuando era sólo un bebé. De cómo todo lo que hacía era perfecto, único, y lo que tenía que hacer. Y cómo querría que lo recordara cuando más adelante en su vida se sintiera mal, o dudara de sí misma, o se sintiera sola. Que siempre la querríamos así. Ahora escribo esto para que tú, algún día, puedas leerlo y recordarlo, cómo corrías con tu hermana a mi alrededor, agitando vuestras varitas mágicas y diciendo que me habéis convertido en rana y que os ponga Disney+, aunque claro, si soy una rana no os lo puedo poner, así que me volvéis a convertir en papá.

Feliz cumpleaños, Valeria Imperator Furiosa. Que cumplas muchos más.